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Del Domingo 13 al 31 de mayo de 2007 · Santuario de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil |
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“ Discípulos
y misioneros de Jesucristo
para que nuestros pueblos en Él tengan vida”
(“Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida”, Jn. 14,6).
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ENTREVISTA AL EL PBRO. ALEJANDRO GALLESIO
PRIORIDADES PARA UNA IGLESIA POST-APARECIDA: FORMACIÓN DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS Y LA PROMOCION HUMANA INTEGRAL
“La fecundidad, que si Dios quiere tendrá la Va.Conferencia para la Iglesia Latinoamericana, no hay que buscarla en los aspectos novedosos del Documento Final, sino en la realización misma de la Conferencia, en el proceso que se vivió y en algunos elementos significativos que aparecen en el documento”, señaló el actual Administrador Diocesano de San José. En este sentido precisó que “la común percepción de una realidad que nos desafía y la responsabilidad de responder como discípulos misioneros, es una vivencia profunda de Aparecida que tiene que repicar por todo el continente, en cada comunidad y en cada corazón cristiano”.
Consideró, asimismo significativa, la metodología usada del ver-juzgar-actuar, “que se trasluce en el documento” así como “la afirmación de la Iglesia Local o Particular como el lugar donde se vive la experiencia de la fe y desde donde los discípulos y misioneros se comprometen con la misión”.
El Pbro. Gallesio destacó tres desafíos principales para los presbíteros a la luz de Aparecida: “que seamos hermanos antes que padres, que transparentemos esa dimensión fraterna en el ejercicio de la misión pastoral, superando todo autoritarismo y clericalismo que nos aleja de la comunidad y de la colaboración de los laicos”; “conocer la cultura actual, para poder anunciar en sus códigos, de maneras sencillas y comprensibles, el mensaje salvador de Jesucristo” y el de “una vida personal del presbítero coherente, testimonial, ser un hombre íntegro, de relaciones fraternas con los demás presbíteros, el obispo y los laicos”.
Compartimos la entrevista efectuada por NOTICEU al Pbro. Alejandro Gallesio
¿Qué novedad presenta esta V Conferencia para la Iglesia latinoamericana en general y, particularmente, para los sacerdotes y su misión pastoral?
Creo que la fecundidad, que si Dios quiere tendrá la Va.Conferencia para la Iglesia Latinoamericana, no hay que buscarlas en los aspectos novedosos del Documento Final, sino en la realización misma de la Conferencia, en el proceso que se vivió y en algunos elementos significativos que aparecen en el documento. Es bueno recordar que la Conferencia comenzó hace mucho tiempo con la participación de las comunidades a lo largo de todo el continente. Ese proceso de participación se sintetizó en el Documento Síntesis, que manejamos mucho los participantes durante la conferencia, ya que era la voz directa de las comunidades cristianas del continente.
Luego la reunión en Aparecida contó con la participación de un amplio espectro de gente. Había no sólo Obispos, sino también sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas. Además, fueron invitados como observadores miembros de otras confesiones cristianas y miembros de otras religiones. Por ello, creo que la reunión misma, el clima de comunión y fraternidad reinante, la voz clara de todos los que participamos, constituye un fenómeno que ha de extenderse por todas las comunidades del continente.
Al reunirnos, escucharnos, dialogar, obispos de todas partes; laicos y laicas de distintas regiones y pertenencias eclesiales; sacerdotes, involucrados la mayoría en la pastoral concreta de las diócesis de las que proveníamos; religiosos y religiosas insertos en medios tan variados como la universidad o una comunidad indígena; encontramos, dentro de una sana variedad, una gran convergencia en cuanto a la visión de la realidad sociocultural, económica y política del continente, así como también de la realidad de la misma Iglesia. La común percepción de una realidad que nos desafía y la responsabilidad de responder como discípulos misioneros, es una vivencia profunda de Aparecida que tiene que repicar por todo el continente, en cada comunidad y en cada corazón cristiano. Luego creo que es significativa la metodología usada del ver-juzgar-actuar, que se trasluce en el documento, y que fue valorada como la que más ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia en América Latina. También creo que es significativa la afirmación de la Iglesia Local o Particular como el lugar donde se vive la experiencia de la fe y desde donde los discípulos y misioneros se comprometen con la misión. Como escuché decir a un obispo, Aparecida tiene que ser la Conferencia que de vigor a las Iglesias particulares.
Respecto a los sacerdotes en particular, a lo largo de la Conferencia tuvimos varias ocasiones de encuentro y de intercambio. La situación de los presbíteros a lo largo del Continente tiene anhelos y preocupaciones comunes. Se señalaron al respecto tres desafíos para los presbíteros: que seamos hermanos antes que padres, que transparentemos esa dimensión fraterna en el ejercicio de la misión pastoral, superando todo autoritarismo y clericalismo que nos aleja de la comunidad y de la colaboración de los laicos. Un segundo desafío es el de conocer la cultura actual, para poder anunciar en sus códigos, de maneras sencillas y comprensibles, el mensaje salvador de Jesucristo. El tercer desafío señalado es el de una vida personal del presbítero coherente, testimonial, ser un hombre íntegro, de relaciones fraternas con los demás presbíteros, el obispo y los laicos.
¿Cuáles fueron las principales preocupaciones expuestas respecto a la relación que mantiene la Iglesia con los bautizados y con el mundo?
Los bautizados son la Iglesia, no se trata de realidades distintas. Quizá Aparecida pueda ayudarnos a todos a tomar más conciencia aún de esta verdad. No existe una Iglesia de los laicos comprometidos, los sacerdotes, los religiosos y los obispos y otra de los que frecuentan de vez en cuando nuestras comunidades para una misa, un bautismo o un casamiento. Somos todos la Iglesia. Lo que es verdad es algo que el Card. Humes dijo con mucha claridad en la homilía de una misa durante los días de Aparecida: decía algo así, no es textual, como que “nosotros los bautizamos y nosotros los abandonamos”. Es decir, hay una gran cantidad de hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos, que habían venido a la Iglesia, a una parroquia, una capilla o habían pasado por un colegio católico o una universidad católica; allí se bautizaron o recibieron otro de los sacramentos de iniciación, o algún tipo de anuncio de la fe; quizá hasta habían sido invitados a ello por la misma Iglesia, pero después no hubo de parte de la comunidad un seguimiento, una formación como cristianos, un acompañamiento en los distintos momentos de su vida. Esos bautizados hoy están, algunos en los cinturones marginales de las ciudades, otros en la soledad de la campaña, otros como obreros o profesionales o trabajando en algún supermercado y otros hasta quizá como dueños del mismo supermercado o de otro comercio, otros sentados en el parlamento o trabajando en algún gobierno… pero no viviendo y actuando en la vida que les toca como cristianos… Esta es una preocupación de la Iglesia en Aparecida: la formación y el acompañamiento de los bautizados del continente, en cuanto tales, todos discípulos misioneros de Jesucristo.
Respecto al mundo, la Iglesia siempre ha tenido una mirada positiva, ¡estamos en el mundo! Y en un mundo que es creación de Dios, creación buena, en la que el Creador está presente y lo estará hasta el final. Eso no impide que con ojos de discípulos misioneros, los cristianos descubramos que Dios, sin quien la misma realidad no se entiende, como dijo el Papa en el Discurso Inaugural de Aparecida, está siendo marginado de la misma. Cuando Dios no está, todo se vuelve relativo… entonces se nos hace normal la pobreza, la injusticia y la exclusión de tantos hombres y mujeres, los “sobrantes” o “desechables” como los llama el Documento Final; se nos hacen normales los atentados contra la vida humana o el uso irresponsable de los bienes de la tierra. Por ello Aparecida proclama con voz forme la buena nueva de la dignidad de la persona humana, la buena nueva de la vida, la buena nueva de la familia, la buena nueva de la actividad humana y la buena nueva de que los bienes de la tierra son de todos y para todos.
¿Cuáles son las prioridades que deberá tener en la mira una Iglesia post- Aparecida?
Supongo que cada Iglesia Particular y cada Conferencia Episcopal como espacio comunión y de discernimiento de los grandes temas de la sociedad y de la Iglesia en cada país, podrá profundizar los aspectos que brinden caminos de respuesta a los desafíos que enfrenta. De todos modos creo que hay dos prioridades que pueden ser consideradas comunes: la formación de los discípulos misioneros y la promoción humana integral. La formación involucra todo lo que es la catequesis en todas las etapas de la vida y todos los lugares donde una persona se puede encontrar con Jesús y puede profundizar ese encuentro: una parroquia, colegio, un movimiento, etc. Una formación que es integral y que apunta no al perfeccionamiento personal del cristiano, o a su formación doctrinal solamente. Una formación que tiene que ver con el percibirse a sí mismo como discípulo misionero y que sepa descubrirse como tal y actuar como tal en el contexto en el que se encuentra. No se trata de formar soldados o perfectos sabelotodos, sino de testigos de Jesús. La evangelización incluye la promoción humana, lo recordó el Papa en el Discurso Inaugural, y en un continente donde la vida está tan amenazada por la pobreza y la exclusión, la promoción humana ha de ser una de las prioridades. Este aspecto tuvo mucha fuerza no sólo en el discurso inaugural del Papa sino en el transcurso de la Conferencia.
¿Cómo definiría el documento final que estará a consideración del Papa para su aprobación? Es un documento bueno, más bien un punto de partida que un compendio donde encontrar respuesta para todos los problemas.
¿Qué expectativas a nivel personal llevaba a Aparecida? ¿Fueron colmadas? ¿en qué medida? En realidad no llevaba expectativas especiales, también porque en general me parece que no las había. En ese sentido Aparecida fue una sorpresa del Espíritu, por el proceso de la Conferencia y por el Documento Final.
¿En qué comisiones participó? Participé junto a Mons. Collazzi en la comisión de trabajo que trató el tema de Iglesia Local, cuyas conclusiones están en el cap.5 del Documento.
¿La experiencia de los sacerdotes es bastante similar en América Latina o hay situaciones muy disímiles? Cada realidad vive diferente o impactan de manera diferente problemas que son comunes. De los problemas comunes que más compartimos los sacerdotes fue el escaso número de sacerdotes y la dificultad de atender a todas las comunidades que se nos encomiendan de un modo aceptable. Hay muchos lugares en extensas parroquias, donde el sacerdote puede llegar sólo periódicamente para celebrar la Eucaristía. Eso hace sufrir a los sacerdotes.
¿Cómo imagina se pueda encarnar lo emanado de Aparecida en la Iglesia que peregrina en Uruguay? Yo creo que tiene que dar un nuevo vigor a las diócesis y a las pastorales diocesanas, sus planes de catequesis, de pastoral social y de formación de los discípulos misioneros. A nivel de la Conferencia Episcopal se comienza ahora el proceso de elaboración de las nuevas Orientaciones Pastorales, que seguramente serán el modo “uruguayo” de asumir Aparecida.
¿Qué le dejó a nivel personal y como sacerdote la participación en la V Conferencia General? Más allá de la anécdota, la experiencia de haber sido testigo de un momento fuerte de la vida eclesial latinoamericana. Hay un montón de vivencias, de charlas, de cosas escuchadas o vistas que no tienen consecuencias concretas inmediatas pero que animan, moldean, un modo de ser y de vivir en la fe y el servicio pastoral. Uno como que queda contagiado de un espíritu, de una “chispa”, con la que quiere encender a otros. En este sentido me siento absolutamente inmerecedor de lo vivido.
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Prioridades para la Iglesia en Uruguay: Catecumenado, Iniciación Bíblica y Catequesis social
MONS. FRANCISCO BARBOSA: LA GRAN NOVEDAD DE APARECIDA ES LA RECUPERACIÓN DEL MÉTODO “VER-GUZGAR-ACTUAR”
En una entrevista concedida a NOTICEU, el Prelado señaló que la novedad de la Conferencia de Aparecida reside en la recuperación del método “ver-juzgar-actuar”, en tanto a nivel de contenidos sería “la ubicación bien explicitada de las Comunidades Eclesiales de Base, como uno de los lugares eclesiales para la comunión”. Mons. Barbosa opinó que “finalmente, lo más novedoso, se encuentra en el itinerario formativo de los Discípulos y Misioneros; la iniciación cristiana y la catequesis como herramienta clave para lograr que los bautizados lleguen a ser Discípulos y Misioneros”.
Consideró que para la Iglesia en Uruguay la gran prioridad pastoral, a la luz de Aparecida, deberá ser el Catecumenado, la Iniciación Bíblica y la Catequesis Social
Consultado sobre las expectativas presentadas por los presidentes de la Conferencias Episcopales el Obispo de Minas comentó que la mayoría ha expresado la necesidad de contar con orientaciones pastorales lo más concretas posibles para cumplir su misión evangelizadora. “En el documento conclusivo se podrá encontrar en qué medida hemos tenido en cuenta como pastores la realidad de nuestros pueblos”, enfatizó Mons. Barbosa.
1) Monseñor cuando evoca los momentos vividos durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe ¿cómo describiría en pocas palabras la experiencia personal y lo acontecido en Aparecida?
Como un verdadero regalo del Señor, que me permitió vivir una experiencia de Iglesia a nivel de toda América Latina y el Caribe. Lo acontecido en Aparecida ha sido una expresión más de esa Iglesia que abre sus ojos, sus oídos y su corazón a la realidad, para oír los llamados de Dios, y descubrir, sostenida por la oración y por la fuerza del Espíritu, los caminos para dar respuesta a los grandes desafíos. Lo elaborado en Aparecida pudo ciertamente ser mejor, pero lo que tenemos debe ser valorado como un punto de partida importante para nuestra acción pastoral.
2) Cada Conferencia Episcopal en la persona de su respectivo Presidente presentó al inicio de las sesiones de trabajo sus expectativas en torno a la V Conferencia. ¿Cuáles fueron las preocupaciones y los desafíos que más se reiteraron en las intervenciones? y ¿cuáles fueron finalmente las preocupaciones y las prioridades que se plasmaron en el documento final que se presentó al Papa para su aprobación?
Las mayorías de las voces han puesto el acento en la necesidad de asumir el método “ver-juzgar-actuar”. Han compartido las situaciones concretas de sus respectivos países y han expresado la necesidad de contar con orientaciones pastorales lo más concretas posibles para cumplir su misión evangelizadora. En el documento conclusivo se podrá encontrar en qué medida hemos tenido en cuenta como pastores la realidad de nuestros pueblos. Recuperar la identidad de discípulos y misioneros a través de un verdadero proceso de iniciación cristiana y de catequesis con adultos, para poder ser agentes de la acción evangelizadora y de la transformación del mundo de acuerdo al proyecto del Padre.
3) El Presidente de la CEU, Mons. Carlos Collazzi presentó las expectativas de la Iglesia que peregrina en Uruguay en relación a la V Conferencia (que se difundieron en su momento) ¿cómo fueron recibidas las apreciaciones de los obispos de Uruguay en la V Conferencia?
Las expectativas de la Iglesia uruguaya presentadas por Mons. Carlos Collazzi, ante la Vª Conferencia, fueron valoradas muy positivamente, por ser expresión de un esfuerzo colegial, concretas y abiertas a los cambios que nuestras Iglesias necesitan.
4) En su alocución ante los delegados de Aparecida Mons. Collazzi planteaba el imperativo de responder a la pregunta “¿cómo se hace un cristiano hoy, al comienzo del tercer milenio, en este continente... “ ¿Se obtuvo una respuesta más o menos clara a esa pregunta?
El planteo de Mons. Collazzi obtuvo ciertamente una respuesta en lo que constituye, podíamos llamar, el núcleo central de la propuesta de Aparecida: la iniciación cristiana y la catequesis permanente.
5) ¿Cómo fue la metodología de trabajo? Se agruparon en comisiones ¿en qué comisiones trabajó usted?
En la Vª Conferencia trabajamos en grupos, en comisiones, en subcomisiones y también personalmente. En el grupo me correspondió aportar sobre los temas que consideraba imprescindible que fuesen tratados. En la comisión nos correspondió aportar la iluminación sobre el Evangelio de la vida, de la dignidad humana, del trabajo, la familia, el destino universal de los bienes de ecología, y sobre América Continente de la Esperanza y del Amor.
6) Si bien ha trascendido que en general esta Conferencia se ha destacado por el buen clima reinante entre los participantes, más allá de las diversas posiciones que con libertad hubo espacio para exponer ¿con los delegados de qué Iglesias se ha sentido usted más afín de acuerdo a la realidad que los une, a las expectativas compartidas, o a las simpatías personales...?
El clima imperante fue ciertamente fraterno; me sentí muy afín con la problemáticas de las Iglesias de Centroamérica y de Venezuela. Claro está que mi relación, de muchos años, con las Iglesias de Brasil, favorecieron mi interés por sus vivencias y aportes.
7) ¿Cuál es a su juicio la NOVEDAD de esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe?
La novedad de esta Vª Conferencia General del Episcopado y del Caribe la identifico en la recuperación del método “ver-juzgar-actuar”. Y en cuanto a los contenidos, la ubicación bien explicitada de las Comunidades Eclesiales de Base, como uno de los lugares eclesiales para la comunión. Finalmente lo más novedoso se encuentra en el itinerario formativo de los Discípulos y Misioneros; la iniciación cristiana y la catequesis como herramienta clave para lograr que los bautizados lleguen a ser Discípulos y Misioneros.
8) A la luz de Aparecida ¿cuáles serían las prioridades a su entender para la Iglesia que peregrina en Uruguay?
Para la Iglesia en Uruguay, considero que la gran prioridad pastoral, a la luz de Aparecida, deberá ser el Catecumenado, la Iniciación Bíblica y la Catequesis Social.
9) La V Conferencia de Aparecida concluyó convocando a una misión continental ¿puede adelantarnos a grandes rasgos en qué consistirá esa misión? ¿Cómo se llevaría a cabo? La misión continental ha quedado en manos de cada una de las Conferencias Episcopales y de las Diócesis. Lo que sacamos más en claro es que deberá ser expresión de la dimensión misionera de la fe de las comunidades. Del CELAM se esperarán los subsidios necesarios para promover esta dimensión esencial de la fe cristiana.
10) Sabemos que ha tenido algunas experiencias particularmente intensas como concelebrar una de la Eucaristías, visitar algunas zonas marginales de Aparecida ¿podría contarnos sobre esas experiencias concretas?
La experiencia de Aparecida está henchida de vivencias que, en algunos casos, pertenecen al plano de lo inefable. Como fueron escuchar algunos testimonios, oír voces que mostraban a pastores muy cercanos a su pueblo. La Eucaristía celebrada diariamente en el Santuario constituyó siempre una experiencia particularmente intensa. El recorrido por el Río Paraíba, donde fue encontrada la imagen que pasó a llamarse “aparecida” fue uno de esos momentos muy fuertes; así como la celebración de clausura de la Conferencia, cuando reconocí a la bandera uruguaya formando parte del acompañamiento de los Presidentes de cada una de las Conferencias Episcopales, que iban a recibir simbólicamente el documento conclusivo.
MONS. NICOLÁS COTUGNO SOBRE APARECIDA Extractos de una entrevista radial publicada en Entre Todos
A su regreso de Aparecida, el Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno fue entrevistado por Julio Frade y el Pbro. Néstor Falco, en Algunas de las expresiones de Mons. Cotugno relativas a la experiencia vivida en Aparecida.
Una experiencia de fraternidad muy importante
Vivimos la posibilidad de intercambiar en la vida cotidiana.
Hemos convivido prácticamente 20 días. Con el Cardenal Re, que es el Prefecto de la Congregación de los Obispos, que tiene realmente una importante trascendencia en la vida de la Iglesia porque de él prácticamente depende el nombramiento y la renovación del episcopado en todo el mundo. Y en América Latina de una forma muy concreta donde casi la mitad de la Iglesia Católica está presente, hay muchos episcopados, muchas diócesis. Ahí en la vida cotidiana, al margen o dentro de la problemática de la V Conferencia no eran pocos los obispos que se acercaban a él para hablar no de temas de la Conferencia sino de temas concretos de la vida de las propias diócesis. Hay que decir que el Cardenal Re con una disponibilidad fraterna atendía a todos, tanto él como otros que estaban representando los Dicasterios de la Santa Sede. Por ejemplo el Cardenal Poupard de la Cultura, el Cardenal Barragán de la Salud, el Cardenal López Trujillo de la Familia y otros más.
Yo estaba justito en la segunda fila detrás de los Cardenales que venían por nombramiento del Papa y entonces tenía la posibilidad de poder hablar con unos y con otros con la misma naturalidad con la que estamos hablando aquí. Una experiencia de fraternidad realmente muy importante. Sentíamos todos que lo que nos une es que somos todos discípulos del Señor, El nos ha llamado,
El nos ha confiado una responsabilidad. Estamos aquí como para compartir nuestra única vocación y esta responsabilidad que llevamos adelante con todo cariño. Realmente con la preocupación de servir a nuestros pueblos en América Latina. Estaba también el Cardenal Claudio Hummes que ahora es el Prefecto del Clero y hasta hace poco era Arzobispo de San Pablo.
Por eso esta experiencia tan familiar. Nos hemos sentido familia. El Cardenal Re en su saludo final destacó este aspecto: nos hemos sentido, hermanos, todos hijos de ese mismo Padre que nos ha llamado a ser servidores de su Reino en medio de los hombres. Sentíamos que lo que decía San Agustín y que a menudo repetimos. “Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo”. Muy bonito esto donde se ve que la responsabilidad, en la autoridad que hay que ejercer como pastores, está en función de que todo el pueblo de Dios se sienta convocado, llamado a ser en el mundo portador de este evangelio de que Jesús vive en medio de nosotros y que estamos como para darle a este Jesús realmente presente, invisible, esa corporeidad y esa visibilidad.
De ahí que sentíamos la necesidad de ser mejores. Tengo que decir que la experiencia que más me llegó ha sido la celebración eucarística de todos los días, celebrada con toda solemnidad y con todo ardor en esa Basílica, donde nos sentíamos acompañados todas las mañanas por una cantidad de fieles que venían y celebraban con nosotros, casi 300 integrantes de la Conferencia, con un cuidado, con un amor verdaderamente exquisito que se manifestaba en los cantos, en todas las actitudes. Se sentía que estábamos ahí con ganas, celebrando el misterio de la presencia del Señor en medio de nosotros.
La experiencia comunitaria de ser todos discípulos del Señor
Yo me animo a decir que, tal vez, el aspecto positivo más importante, no es este documento que hemos elaborado, sino esta experiencia comunitaria de ser todos discípulos del Señor, cada uno desde la vocación específica dentro de la Iglesia y el llamado a la comunión con todos para ser todos evangelizadores como el Señor nos pide que seamos.
El diálogo interreligioso
Se dio de una forma más familiar que en Santo Domingo. Tuvieron la oportunidad también de expresar su punto de vista a toda la Asamblea. Muy interesante fue el testimonio del Rabino, el represente del judaísmo en toda América Latina. Ahí vimos cómo tenemos un gran trecho de historia en común y como realmente somos integrantes de ese único pueblo de Dios, de la Antigua Alianza y de la Nueva Alianza. De pronto ellos se quedaron en la Antigua Alianza, al no reconocer a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, pero contrariamente a otros momentos de nuestra historia, hemos visto como el ser hijos, descendientes de Abraham tenemos una fe en común en ese Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob . Se veía también en el trato personal, como si fuéramos integrantes de la misma Iglesia, sobre todo en los momentos en que tomábamos un cafecito. Había la posibilidad de intercambiar, de hablar, de recibir testimonios, de profundizar experiencias.
En esto favoreció mucho la estructura de la Basílica. Como ustedes saben nosotros nos reuníamos en el subsuelo que había sido acondicionado para que pudiéramos tener ahí nuestro encuentro. Fue sumamente favorable.
Es nuestro deseo fortalecer y potenciar el diálogo interreligioso porque vemos que es imprescindible en este mundo donde hay pluralidad de formas, de religiosidad, de expresión. Y sobre todo vemos que es imprescindible que los que tenemos una fe necesitamos tener encendida esa antorcha de la fe, valorizando todas las formas religiosas que se dan en la humanidad hoy en día sin que por eso vayamos a claudicar en los principios fundamentales de la identidad de cada uno.
Y una de las cosas interesantes es el respeto recíproco que hay por la fe de cada uno, de donde nos da la posibilidad de conocer mejor a los demás y los demás tienen la posibilidad de conocernos mejor a nosotros porque vemos que de un lado y de otro puede haber, de pronto, una forma limitada de ver la identidad de los demás.
La libertad religiosa en el Continente
Diríamos que se ha valorizado el hecho de una fundamental libertad religiosa a todos los niveles, aunque se ve con cierta preocupación, el Papa también lo hizo ver, ciertas tendencias de mirar a la fe católica o al cristianismo como un elemento de invasión cultural o religiosa, sobre todo de los elementos precolombinos como se suele decir. Todos estamos al tanto de esa dificultad que se creó cuando el Papa tuvo esa expresión en relación a la cultura precolombina. Pero también se vio como tomando una cierta distancia de esa reacción inmediata, el Papa mismo en su intervención en una de las catequesis del miércoles siguiente dio la respuesta a esa inquietud diciendo que el Señor no viene a quitar nada a nadie, al contrario.
Primero, que se reconoce el error y los pecados de los primeros evangelizadores, que no solo han traído el Evangelio sino otras cosas que con el Evangelio no tienen nada que ver, al contrario.
Por otro lado, la valorización de las semillas del Verbo que se dan en todo el universo, porque si el mundo ha sido creado por Dios a través de Jesucristo, todo el universo tiene en sí mismo este gusto, estas semillas que tienen su origen en el mismo Verbo, en el mismo Hijo todo ha sido creado por Él, en Él.
Entonces, la valorización de las culturas precolombinas. El Evangelio no viene para destruir sino para llevar a plenitud estas semillas del Verbo puesto que el Verbo en persona se hace presente entre nosotros y con su Evangelio nos trae la plenitud de la Verdad, la plenitud del camino que nos lleva a la Vida. De ahí que el Papa aseguró que no nos mueve ningún afán proselitista en relación a estas culturas, puesto que la fe católica, la fe en Jesucristo viene a potenciar todo lo positivo que hay en la creación, respetando esta cultura puesto que el Evangelio no se casa con ninguna cultura pero está como para promover desde dentro, todas las culturas que están sobre la faz de la tierra.
A la espera del Documento final aprobado por el Papa
Puesto que se trata de un acto de magisterio de los obispos de América Latina y del Caribe y la estructura del Colegio Episcopal tiene en el obispo de Roma, su cabeza para asegurar que haya plena y total comunicación entre los obispos de América Latina y el Sucesor de Pedro, el Papa antes de que un documento como éste pueda entrar en vigor y orientar la vida cristiana de los próximos decenios, como Jefe del Colegio Episcopal, el Papa se reserva el derecho y el deber de avalar con su responsabilidad la autenticidad del mensaje que nosotros hemos elaborado en estos 20 días. Es una praxis común que siempre se ha dado y que nos asegura que desde la comunión con el Sucesor de Pedro, tenemos la presencia de aquel Jesús de quien él es personalmente el Vicario para toda la Iglesia, el mensaje que nosotros vamos a potenciar para nuestros pueblos avalado por Aquel que dijo “Yo estoy con ustedes, todos los días hasta el fin de los siglos”. Para nosotros, el respaldo del Santo Padre quiere decir que estamos por el buen camino de la Verdad que nos lleva a la Vida.
Las tendencias de la Conferencia de Aparecida
El Documento tiene 3 partes. La primera de ellas es como normalmente se dice el Ver, luego viene el Juzgar y la tercera parte el Actuar. Yo quisiera poner en evidencia la originalidad de la primera parte. También en otras Conferencias nosotros nos hemos detenido en el Ver la realidad. Pero en esta Conferencia el Episcopado ha tenido la preocupación de ver la realidad desde la perspectiva de lo que somos, es decir desde la perspectiva de discípulos. Una cosa es ver la realidad a la luz de un microscopio, otra cosa es ver la realidad que no es sólo el dato positivo, fenomenológico sino el ver la realidad con esos lentes de la fe que no modifican la realidad pero nos dan la posibilidad de mirar también adentro de esta misma historia y ver aquellos aspectos que el microscopio no nos da, que la simple razón, la simple metodología del relevamiento de los datos históricos no nos permite captar.
La filiación divina no se ve a través del microscopio, la fe nos hace descubrir si somos hijos de Dios, si vivimos como hijos de Dios o al contrario si estamos retaceando aspectos fundamentales de nuestro ser. Por eso en la primera parte, analizamos la vida de nuestros pueblos hoy desde la mirada de discípulos misioneros sobre la realidad. De ahí que nos hemos detenido sobre la realidad que nos interpela como discípulos y misioneros. La situación socio-cultural, la situación económica, la dimensión socio-política, la biodiversidad, la ecología.
Yo estaba en una comisión donde había obispos brasileños que venían de Amazonia. ¡Qué preocupación para que no se destruyera ese mundo maravilloso del que depende la salud de todo el mundo! ¡No se puede destruir ese patrimonio inmenso de la humanidad en aras de intereses que sabemos por donde corren! Se veía el aspecto concreto de lo que acontece en este mundo desde la perspectiva de la humanidad como una sola familia salida de las manos, del corazón de Dios que lo hizo todo bien y nosotros no podemos destruir lo que El hizo todo bien.
La presencia de los pueblos indígenas y afro-americanos. Para nosotros, eso no nos dice mucho porque no tenemos realidades indígenas o afroamericanas como se puede ver en otros contextos.
También nos hemos detenido en la situación de nuestra Iglesia en esta hora histórica de desafíos. Y fue sumamente interesante este intercambio. Luego viene la segunda parte.
¿Cuáles son los desafíos que nos presenta la fe que nos hace leer toda esta realidad a la luz del Evangelio? Algunos títulos. La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros. Alegría de ser discípulos misioneros para anunciar en evangelio de Jesucristo. La vocación de los discípulos misioneros a la santidad. La comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia. El itinerario formativo de los discípulos misioneros. La tercera parte es el Actuar que tiene cuatro capítulos: 1. La misión de los discípulos al servicio de la vida plena. 2. Reino de Dios y promoción humana. 3. Familia, personas y vida. 4. Nuestros pueblos y la cultura.
Información proporcionada por Vicaría para las Comunicaciones Sociales. Agradecemos a ENTRE TODOS
¿QUÉ SIGNIFICÓ APARECIDA PARA LA LAICA ROSARIO ALVES?
“A medida que pasan los días, aparecen en mí distintos aspectos que han tenido significatividad.
Aparecida, en mi vida como persona de fe y parte de esta Iglesia uruguaya, empezó cuando el CELAM solicitó a Juan Pablo II la realización de una V Conferencia, pasados ya los 10 años de Sto. Domingo. Luego se estuvo estudiando la posibilidad de lugar para realizarla, muere Juan Pablo II, y al poco tiempo se reinicia el proceso y se define Aparecida como lugar. Se formula el tema al cual el Papa Benedicto XVI le hace algún agregado con fuerte sentido Cristológico.
Luego viví el proceso de consulta a toda la Iglesia Latinoamericana a través del documento de participación que estudiamos y respondimos con los delegados laicos del país y de movimientos y asociaciones laicales en un proceso durante el año 2006.
Seguimos nuestra vida como laicos participando en todo lo que son nuestras actividades cotidianas de trabajo, familia, compromisos diversos hasta que empezó a llegar una lista de participantes y se dijo que yo iría, más tarde me comunica Mons. Carlos Collazzi de la invitación a participar como laica uruguaya. Fue un momento de hacer memoria, de recordar el significado de otras conferencias, y la incidencia en el caminar de la Iglesia y disponerme a participar. Primero solucionar tema laboral, posibilidades de salir por 20 días, estudiar el documento síntesis e ir asumiendo la responsabilidad de participar. He vivido esta participación como regalo de Dios, como desafío en un momento de grandes cambios en el mundo y con responsabilidad. Cuando hablo de regalo me refiero a la gracia de estar juntos /as personas que vivimos nuestro ser bautizados, de diversos países, contextos y culturas discerniendo a qué nos invita el Dios de la vida para este momento de América. Cuando digo responsabilidad hablo de llevar la voz, los rostros y realidades de Uruguay a un marco más grande, a América y al mismo tiempo mirar con todos la realidad global así como volver comunicar y estar en esta nueva construcción. Pues desde esta Conferencia ahora iniciamos el camino de poner en diálogo nuestra realidad uruguaya con los aportes, reflexiones de Aparecida.
Este es el significado en el tiempo. Creo que también hoy puedo comunicar el gran apoyo que viví de la iglesia Uruguaya, de tanto laicos y laicas, religiosos /as, sacerdotes que se acercaron a compartir su alegría porque pudiera participar de esta momento de la iglesia, me sentí muy enviada. Esto no quita que haya personas que no me conozcan, que pensaron que podría haber sido otra persona pero es humano que pase esto y lo asumo como tal, lo comprendo.
Tres palabras para definir la experiencia: proceso-diversidad-esperanza
Proceso: porque a nivel de Uruguay la Conferencia episcopal generó un proceso participativo, de reflexión, consulta, de adaptación a diversos niveles y luego en Aparecida se pudo construir con el aporte de todos, desde la metodología a la letra, hubo cierta flexibilidad. Fue un proceso lento de escucha de las realidades, de las posturas distintas, de sensibilidades, de lo personal a lo colectivo, de la voz al voto, de la voz y del voto.
Diversidad: porque las realidades tienen algo en común como es el sentirnos y pensarnos como patria grande pero luego se constata que hay aspectos o dimensiones de las distintas culturas que se manifiestan y se resuelven distinto. También la mirada a la realidad quienes hacen aportes desde las ciencias, quienes lo hacen desde una mirada de fe, quienes integran ciencia y fe, Caminos pastorales que se hacen en diálogo con la realidad que son al final diversos.
Esperanza: porque allí renovamos nuestra fe en el Dios de la VIDA, del AMOR y la Esperanza. Porque nos vivimos débiles, frágiles pero con una gran tesoro que es la vida en Jesucristo, porque es lo que queremos anunciar para que nuestro pueblos tengan vida. Yo creo que es un momento eclesial que nos abre a hacer experiencias de renovación, caminos que irían por estar más cerca de la gente, por buscar caminos de comunicación de este Dios de la vida. Que nuestra vida sea casa, lugar de acogida, de consuelo, de sostenernos mutuamente en medio de tantas incertidumbres que nos genera este cambio de época. Que seamos lugar para reflexionar y proponer actitudes, valores, maneras de relacionarnos, de comunicar que vayan cambiando la realidad y hagamos nuestro mundo posible, que hagamos presente la cultura que Jesús nos anunció que es todo lo que haga al hombre y a la mujer vivir con la dignidad de personas”. |
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V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE EL 25 DE MAYO, FECHA PATRIA ARGENTINA, MONS. COLLAZZI INVITÓ EN APARECIDA A REZAR POR LA PAZ DE TODOS LOS PUEBLOS
Durante la homilía del rezo de las vísperas que Mons. Collazzi tuvo a su cargo, se refirió ante los más de 260 participantes del referido evento continental al conflicto existente entre Argentina y nuestro país: “Hoy es 25 de mayo, fiesta nacional Argentina. El río Uruguay riega nuestras naciones. Hoy lamentablemente es zona de conflicto. Nuestras Conferencias Episcopales han dado ejemplo de unidad: los Obispos varias veces hemos dialogado y hemos celebrado signos muy apreciados por nuestros pueblos”.
El Prelado invitó a los presentes a rezar “por la Paz en todos los Pueblos” y para “que el Espíritu Santo nos siga congregando todos en la unidad” .
Mons. Collazzi presentó a Uruguay a los asistentes de toda América Latina, el Caribe, EE.UU., Canadá, España y del Vaticano como un “país con particularidades que muchos de Uds. conocen y hoy pueden comprender más. Largas discusión durante casi un siglo sobre la laicidad y el laicismo, secularismo a la uruguaya, que han dado a las Iglesia una particular consistencia testimonial”. “Con gozo en la obra del Espíritu perseveramos en la Fe; somos una Iglesia pobre, enriquecida con el admirable testimonio de ayer y de hoy de laicos, religiosos, clero y obispos. Tantos momentos de nuestra historia marcados por ellos. La baja tasa de natalidad, las corrientes migratorias – hacia y desde – y con estas características, el Espíritu haciendo su obra de santidad” precisó el Presidente de la CEU.
Al comentar la lectura evangélica correspondiente al día, el Obispo destacó que “dar testimonio de Cristo con la fuerza del Espíritu significa implicarse en la Palabra del Evangelio, para que transforme y fermente toda la propia existencia hasta irradiarle con coherencia ante todo y a cualquier precio”. “El Espíritu es fuente de vida nueva. El hace nuevas todas las cosas!!!”, aseveró Mons. Collazzi.
Añadió que el Espíritu “hace de la Iglesia un acontecimiento salvífico que propone – a la luz de Jesús y escuchando la realidad – caminos de promoción humana y de encuentro con los hermanos, fundados en la relación de amistad con Dios y con su Hijo Jesús”.
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HOMILÍA DURANTE EL REZO DE VÍSPERAS CON ADORACIÓN EUCARÍSTICA DEL VIERNES 25 DE MAYO DE 2007
Vª CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO APARECIDA – BRASIL
Lectura Carta a
los Gálatas
cap 5., 16.22-23a.25 **********************************
En la celebración eucarística, con la plegaria n. II decimos: “que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo”. Nos dice el Papa Benedicto en Sacramentum Caritatis: “este pasaje permite comprender bien que la res del sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles en la comunión eclesial. La Eucaristía se muestra así, en las raíces de la Iglesia como misterio de comunión.” (15). Nos dice también el Papa: “será el Espíritu quien enseña a los discípulos todas las cosas y les recuerde todo lo que Cristo ha dicho, porque corresponde a él como Espíritu de la verdad, guiarlos a la verdad completa. (12)”
Terminamos de escuchar la Palabra. El Espíritu nos da libertad porque nos identifica con Jesucristo, el hombre perfecto y libre. Es decir:
El Espíritu es fuente de vida nueva. El hace nuevas todas las cosas!!!
Hace de la Iglesia un acontecimiento salvífico que propone – a la luz de Jesús y escuchando la realidad – caminos de promoción humana y de encuentro con los hermanos, fundados en la relación de amistad con Dios y con su Hijo Jesús.
Dominum et Verivicantem nos habla cómo el Espíritu, lo penetra todo y vivifica desde dentro, y en especial al Hombre (cfr., 54). La vida que da el Espíritu no constituye un proceso mágico misterioso, sino más bien un acontecimiento libre, hecho de aceptación y respuesta. “Si queréis vivir en el Espíritu Santo – afirma S.Agustín – conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad y alcanzaréis la eternidad” (Disc 267, 4.4.).
La “misión del Espíritu es la de transformar a los discípulos en testigos de Cristo” (Cat.Tr. 72); y el Maestro afirma: “cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, El dará testimonio de mi; y también ustedes darán testimonio, porque desde el principio están conmigo” (Jn 15,26-27).
Dar testimonio de Cristo con la fuerza del Espíritu significa implicarse en la Palabra del Evangelio, para que transforme y fermente toda la propia existencia hasta irradiarle con coherencia ante todo y a cualquier precio.
Así el Espíritu que rejuvenece la Iglesia, la renueva constantemente y nos hace descubrir las riquezas encerradas en nuestras Iglesias Particulares.
Cuantos hermanos y hermanas que marchan…viven según el Espíritu ¡!!
Vengo del Uruguay donde alabamos al Señor por todo lo que El nos ha regalado. Las riquezas de nuestras tierras…
Vengo del Uruguay. País con particularidades que muchos de Uds. conocen y hoy pueden comprender más. Largas discusión durante casi un siglo sobre la laicidad y el laicismo, secularismo a la uruguaya, que han dado a las Iglesia una particular consistencia testimonial. Con gozo en la obra del Espíritu perseveramos en la Fe; somos una Iglesia pobre, enriquecida con el admirable testimonio de ayer y de hoy de laicos, religiosos, clero y obispos. Tantos momentos de nuestra historia marcados por ellos. La baja tasa de natalidad, las corrientes migratorias – hacia y desde – y con estas características, el Espíritu haciendo su obra de santidad.
María Francisca Rubatto, italiana, fundadora de una Comunidad Religiosas dedicada a enfermos, niños y pobres. Sigue la ruta de los emigrantes hacia América para ofrecer su celo hacia los necesitados. Recorre Uruguay y Argentina, nordeste de Brasil. Muere en Montevideo. El Papa Juan Pablo II la saluda como la primera beata uruguaya.
Dos jóvenes hermanas nacidas en Montevideo Dolores y Consuelo Aguiar, laicas, se trasladan con su familia a España donde residieron hasta su martirio. Sufren el martirio junto a seis religiosas escolapias. Circunstancias familiares e históricas hicieron que ambas hermanas viviera fuera de Uruguay.
En la preparación de esta V Conferencia, donde las Diócesis de nuestro Uruguay se sintieron tan comprometidas en la participación, los Obispos en carta pastoral colectiva propusimos una vez más la figura del Siervo de Dios Mons. Jacinto vera como modelo de discípulo y misionero. Testigo audaz, fiel y valiente del evangelio, signo claro y llamativo de cercanía de Dios a nuestro pueblo.
Entendemos que a este Siervo de Dios se le aplican las palabras de la Exhortación Apostólica Ecclesia in America (30), “ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre en las obras que realizamos en nuestra vida”. Por ello, imitar la santidad de Dios, tal y como se ha manifestado en Jesucristo, no es otra cosa que prolongar su amor en la historia, especialmente con respecto a los pobres, enfermos e indigentes.
Allí están las convicciones profundas de Jacinto Vera.
Nace mientras su familia emigra. Recorre incansablemente el país con sus incesantes visitas pastorales. Muere en una de ellas.
Presta una atención particular al clero y a la formación del laicado. Defiende la libertad de la Iglesia para ejercer su propia misión evangelizadora. Sufre por la Iglesia, y hasta experimenta el destierro. Luego otro Obispo en tiempos tristes de nuestra historia, tendrá que vivir 12 años en el exilio.
Marchemos según el!!! que nos congregue en la unidad a cuantos compartimos la eucaristía.
Hoy es 25 de mayo, fiesta nacional Argentina. El río Uruguay riega nuestras naciones. Hoy lamentablemente es zona de conflicto. Nuestras Conferencias Episcopales han dado ejemplo de unidad: los Obispos varias veces hemos dialogado y hemos celebrado signos muy apreciados por nuestros pueblos. Recemos por la Paz en todos los Pueblos. Que el Espíritu Santo nos siga congregando todos en la unidad. |
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CONVOCANDO A UNA MISIÓN CONTINENTAL CONCLUYÓ HOY LA V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
NUEVO IMPULSO A LA MISIÓN DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA
Una Iglesia presente, cercana a las personas y de brazos abiertos. Así se propone ser la Iglesia en América Latina y el Caribe, al emprender hoy en Aparecida una nueva etapa en la Evangelización de sus pueblos y al declararse en estado de Misión Permanente.
Con la convocatoria a una Misión en el Continente ha concluido la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que se realizó en el Santuario Nacional de Aparecida (Brasil) entre el 13 y el 31 de mayo de 2007.
Los delegados de la Iglesia que peregrina en Uruguay, Mons. Carlos Collazzi, Presidente de la CEU; Mons. Francisco Barbosa (Obispo de Minas, delegado de la CEU para la V Conferencia), el Pbro. Alejandro Gallesio (Administrador Diocesano de San José) y la laica Rosario Alves arribarán esta noche al Aeropuerto de Carrasco.
“ Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo ”, señala el Mensaje Final dado a conocer este jueves, en la Sesión de Clausura. El texto, que fue leído por el Cardenal Julio Terrazas Sandoval, CSSR Arzobispo de Santa Cruz , Bolivia, agrega: “ Con firmeza y decisión, continuaremos ejerciendo nuestra tarea profética discerniendo dónde está el camino de la verdad y de la vida; levantando nuestra voz en los espacios sociales de nuestros pueblos y ciudades y, especialmente, a favor de los excluidos de la sociedad ”.
Junto con reafirmar su opción preferencial y evangélica por los pobres, los obispos se comprometen a defender a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, presos y migrantes. Dirigen, asimismo, una palabra especial a favor del derecho de los pueblos indígenas y convocan a todas las fuerzas vivas de la sociedad a “cuidar nuestra casa común, la tierra, amenazada de destrucción”.
“ Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos ”, agrega el mensaje, al tiempo que promueve condiciones de vida digna (alimentación, educación, vivienda y trabajo) para todos.
También invita a combatir los males que dañan o destruyen la vida, como el aborto, las guerras, el secuestro, la violencia armada, la corrupción, el terrorismo, la explotación sexual y el narcotráfico; a defender la verdad y a velar por el inviolable y sagrado derecho a la vida y la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural.
Iglesia que se hace discípula
Al terminar esta V Conferencia, los pastores anuncian que han “ asumido el desafío de trabajar para darle un nuevo impulso y vigor a nuestra misión en América Latina y el Caribe ”. Ante los desafíos que plantea esta nueva época, la V Conferencia ha renovado su fe, proclamando que Jesús es el camino “ que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida ” y que “ nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos ”.
“ El llamado a ser discípulos misioneros nos exige una decisión clara por Jesús y su Evangelio, coherencia entre la fe y la vida, encarnación de los valores del Reino, inserción en la comunidad y ser signo de contradicción en un mundo que promueve el consumismo y desfigura los valores que dignifican al ser humano. En un mundo que se cierra al Dios del amor, ¡somos una comunidad de amor, no del mundo sino en el mundo y para el mundo!”, agrega el Mensaje.
Los obispos se proponen reforzar la presencia y cercanía de la Iglesia. “ Estamos llamados a ser Iglesia de brazos abiertos, que sabe acoger y valorar a cada uno de sus miembros (…) Invitamos a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Hagamos que todos, al ser valorados, puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa ”.
Del mismo modo, los obispos invitan a hacer visible el amor y solidaridad fraterna y a promover el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. “ Queremos abrazar a todo el continente para transmitirles el amor de Dios y el nuestro. Deseamos que este abrazo alcance también al mundo entero ”, concluye el Mensaje, confiando a Nuestra Señora de Aparecida y a Nuestra Señora de Guadalupe, el nuevo impulso que brota a partir de hoy en toda América Latina y el Caribe, bajo el soplo del nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia.
“Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados!”, manifiestan los Obispos, al sintetizar su esperanza en la frase final de su mensaje: “ ¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!”
Fuente: CELAM.info |
| ANTES DE FINALIZAR LA V CONFERENCIA RECIBIMOS NOTICIAS DE LA LAICA QUE REPRESENTA A LA IGLESIA URUGUAYA EN APARECIDA |
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“PREPARÉMONOS PARA DESCUBRIR QUÉ NOS DICE ESTA CONFERENCIA A LA IGLESIA URUGUAYA”
Mañana jueves 31 de mayo finaliza la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que fuera inaugurada por el Papa Benedicto XVI el pasado 13 de mayo. Cerca de la medianoche de la próxima jornada ya arribarán al Aeropuerto de Carrasco los delegados de la Iglesia que peregrina en Uruguay en este gran evento continental.
Pese a la intensidad del trabajo de los últimos días y de los preparativos para el retorno y seguramente de las despedidas, la Secretaria Ejecutiva del departamento de Laicos de la CEU, Rosario Alves, se hizo un tiempito para darnos una pincelada de lo que está aconteciendo en los últimos días de la V Conferencia: las vísperas presididas por el Presidente de la CEU, Mons. Collazzi el pasado 25 de mayo y el reconocimiento del camino transitado por el laicado de Uruguay.
Nos relata Rosario Alves:
Hace unos días le tocó a Uruguay las vísperas y había sido invitado nuestro Presidente de la CEU, Mons. Carlos Collazzi a presidirlas. Tuvimos la gracia de que fuera una de las únicas que se hizo en la capilla del Santísimo y con exposición. Fueron sencillas como todo lo nuestro. Mons. Collazzi nos regaló unas palabras a la comunidad reunida donde se pudo sentir que desde lo pequeño habla el Señor. Fue muy significativo escuchar en medio de todo un pueblo el que nuestra experiencia de iglesia en medio de una realidad secular tiene algo que decir. Para mí y para muchos de los que allí estuvimos fue reconocer que no falta Dios en nuestra sociedad, sino que ella está llena de ese Dios que se expresa más allá de las palabras. Mons. Collazzi rescataba como valores que nos habían configurado: la flexibilidad, el diálogo con la diversidad y la apertura a lo plural. También la fuerte dimensión trascendente presente en la gente. Fue recorriendo nuestra historia y en ella destacando a nuestros beatos así como el proceso de Mons. Jacinto Vera. Allí también compartió los tiempos difíciles de la dictadura donde tuvimos que sufrir el exilio de un Obispo (por lo cual nos vino la imagen de nuestro querido Don Marcelo). Al final destacó el trabajo común de las conferencias de Argentina y Uruguay en vistas a fortalecer los lazos de fraternidad presentes entre nuestros pueblos a la hora el Conflicto por las aguas del Río Uruguay. Al terminar muchas personas y Obispos se acercaron a saludar y a agradecer sus palabras.
Otra experiencia de estos días ha sido para mí reconocer cuánto tenemos andado en torno a la vocación laical. Ha sido momento de recordar a personas como Patricio Rodé y Mons. Partelli (ya gozando del Padre) y a tantas otras que han dado mucho de sí y siguen construyendo hoy, para hacer camino de compromiso y participación.
Cuando reciban esto seguramente ya hemos terminado, mañana 31 se vota la ultima versión del documento. Estamos iniciando ya el camino de vuelta. Con la fiesta de la Visitación de María a su prima Isabel emprendemos el regreso. Llevo en mi mente y corazón la experiencia de estos días que será lo que intentaré compartir al estar por allí. Con la clausura se inicia el post Aparecida... preparémonos para descubrir qué nos dice esta Conferencia a la iglesia uruguaya” |
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EL OBISPO DE MINAS, MONSEÑOR BARBOSA CONCELEBRÓ L |