7 uruguayos estarán en la V Conferencia

En su edición Nº 13 de este año, correspondiente al 30 de marzo, el Osservatore Romano, en su versión impresa, publicó la lista de Participantes autorizada por el Papa para la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, que tendrá lugar del 13 al 31 de mayo, en Aparecida (Brasil). Los uruguayos que participarán:

 


Pbro. Alejandro Gallesio (Administrador Diocesano de San José) como sacerdote secular. Mons. Nicolás Cotugno sdb (Arzobispo de Montevideo) como miembro nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI. Mons. Francisco Barbosa (Obispo de Minas) como delegado elegido por la Conferencia Episcopal del Uruguay. Mons. Carlos María Collazzi sdb (Obispo de Mercedes) en su carácter de Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Sra. Rosario Alves (secretaria ejecutiva del Departamento de Laicos de la CEU) dentro de la categoría de Laicos. Hno. Edgardo Bruzzoni hsf invitado en representación de la Confederación Latinoamericana de Religiosos- CLAR, en la que es miembro de la Junta Directiva

 

 

Como Perito: Prof. Guzmán Carriquiry Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos, quien desde hace varios años se encuentra trabajando en la Santa Sede.
 

HNO. EDGARDO BRUZZONI SOBRE V CONFERENCIA

 

“ESPERO QUE SEA UNA PRIMAVERA PARA LA IGLESIA DE AMÉRICA LATINA”

 

Edgardo Bruzzoni, Hermano de la Sagrada Familia, uruguayo, fue convocado a participar de la V Conferencia General del Episcopado como invitado representando a la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR).

 

En esta edición de Noticeu el Hno. Edgardo comparte el significado que le atribuye a su participación en este gran evento eclesial y los desafíos que enfrenta la Vida Religiosa en Uruguay y América Latina.

 

 En cuanto a las expectativas que provoca esta V Conferencia destacó la importancia de que “Aparecida nos ayude a  suscitar un mayor ardor misionero, que la Iglesia tenga una mayor credibilidad por la cercanía con la gente y que el mensaje que surja toque el corazón de la gente, sobre todos el de los más necesitados y excluidos”.

 

Destacó que si bien al participar como invitado tendrá voz pero no voto  “el escuchar, reflexionar, discutir y poner sobre la mesa las grandes preocupaciones y problemas de América latina para ver qué nos dice el Espíritu y por donde nos orienta, me hace acordar a la primavera del Concilio Vaticano II.

Haciendo alusión a las reflexiones efectuadas en la última Asamblea de la CLAR señaló que los religiosos están llamados a “Animar y acompañar con audacia a la VR L.AM. y C, como discípula, en sus procesos de opción por la vida, por los pobres y por las relaciones fraternas, re-significando nuestra vida consagrada místico-profética”.

 

“Ser religiosos Hermanos en este tercer milenio exige una permanente puesta al día de corazón y de espíritu y un contacto muy atento con el Evangelio, para redescubrir que somos gratuitamente hijos de un Padre único, hermanos de todos, amados por Dios y en consecuencia capaces de amar a los otros como hermanos, asevera el Hno. Bruzzoni.

 

Compartimos el testimonio elaborado por el Hno. Bruzzoni

 

Significación de la Participación en la V Conferencia

 

            Por un lado significó una gran alegría cuando fui invitado personalmente por el presidente de  la CLAR para representar a los religiosos “Hermanos” del continente, pero también una gran responsabilidad y un sentido de comunión con los institutos de religiosos Hermanos y con la Vida Religiosa que en los diversos países de América Latina están presentes desde los inicios. El hecho de participar como Hermano uruguayo y desde la CLAR, de un acontecimiento de Iglesia que sin duda va a marcar un nuevo rumbo en el continente, como ha pasado con las anteriores Conferencia del CELAM, representa un desafío muy grande para mí. La  confirmación de la participación de un religioso-sacerdote, de una religiosa y de un Hermano representando a la CLAR, me llegó el mes pasado junto con los 20 libros que editó el CELAM preparando el encuentro,  recién ahí tomé conciencia de lo que significaba estar en Aparecida. Si bien tengo voz pero no tengo voto, el escuchar, reflexionar, discutir y poner sobre la mesa las grandes preocupaciones y problemas de América latina para ver qué nos dice el Espíritu y por donde nos orienta, me hace acordar a la primavera del Concilio Vaticano II.

 

Expectativas personales

 

            Me parece importante que a partir de Aparecida, se tome una mayor conciencia y que se refuerce  nuestra identidad cristiana, identidad que necesita un proceso de crecimiento y de una mayor pertenencia a Cristo. Que Aparecida nos ayude a  suscitar un mayor ardor misionero, que la Iglesia tenga una mayor credibilidad por la cercanía con la gente y que el mensaje que surja toque el corazón de la gente, sobre todos el de los más necesitados y excluidos. Espero que esta Conferencia sea una primavera para la Iglesia en América Latina.

 

Realidad y desafíos de la Vida Religiosa en Latinoamérica

 

            A la Vida Consagrada en general y a los Hermanos en particular,  a veces se nos conoce más por las grandes obras en el campo de la educación, de la salud… que llevamos adelante que por el testimonio de nuestra presencia carismática y del seguimiento de Jesús. El hecho de haber participado en las Asambleas de la CLAR, donde se reúnen las conferencias de los 22 países de América Latina y el Caribe, me ha puesto en contacto con la realidad de AL y también con la realidad de la VR que estuvo presente desde el descubrimiento atendiendo las necesidades que iban surgiendo. Hoy muchos religiosos/as están en los lugares de frontera, donde se dan las situaciones de pobreza, de marginación y de exclusión social tratando de ser testigos y presencia del Reino. En algunos lugares y situaciones de AL, la VR es la única presencia de Iglesia para la gente. En uno de los aportes de la CLAR a Aparecida encontramos la siguiente reflexión:

 

            “Dentro de la tradición de los discípulos de Jesucristo surgió en la historia de la Iglesia la vida de hombres y mujeres que buscaban un seguimiento peculiar de Jesús, que  con el transcurrir del tiempo se llamará Vida Religiosa, carisma del Espíritu que forma parte de la vida y santidad de la Iglesia (LG 44). Igualmente otras formas de consagración, desde la vida laical, fueron constituyéndose como comunión de consagrados y consagradas que han estado activamente presentes en la evangelización de América Latina  y el Caribe y han seguido floreciendo. Para ser, más que para hacer, para vivir una pasión por Jesucristo que se expresa como pasión por la humanidad. Estos discípulos y discípulas continúan buscando hacer realidad el sueño de una nueva vida consagrada, anclada en el evangelio, en los carismas fundacionales y abiertos a los signos de los tiempos (PC 2)

 

            La vida religiosa y las diversas formas de vida consagrada dentro de la Iglesia, tienen su fundamento en su condición de seguidores y seguidoras de Jesucristo, fuerza carismática y profética que supera los límites de su utilidad pastoral, sobre todo parroquial, para dejar oír su voz dentro de la Iglesia, en espíritu de comunión con el magisterio latinoamericano y caribeño. Es una vivencia en la historia de la comunión trinitaria que expresa la diversidad de servicios y ministerios en la unidad fundamental de un mismo espíritu, el Espíritu de Dios que nos conduce a vivir en la unidad de un solo cuerpo. Una espiritualidad encarnada e inculturada será la expresión histórica de estas dimensiones” (aportes de la CLAR a Aparecida).

 

            En la última Asamblea de la CLAR, realizada en Paraguay, nos propusimos como horizonte utópico: Ser discípulos/as apasionados/as de Jesús de Nazareth en medio del pueblo de Dios de Latinoamérica y el Caribe y desde una vida religiosa místico-profética, al servicio de la vida en la opción preferencial por los/as pobres y excluidos/as. (Jn 10, 10: “yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia”).

 

            Esto implica entre otras cosas: una dimensión antropológica-relacional que re-signifique hacia dentro de la VR, las experiencias de afectividad, vulnerabilidad, sanación, alteridad, diversidad, género, nuevas generaciones... para crear una nueva manera de relación que plenifique la vida. Una dimensión mística realizando una lectura sapiencial de la realidad (“desde la centralidad de la Palabra y la vida”) y dado que la identidad propia de la Vida Religiosa está fundamentada en su pertenencia plena al Pueblo de Dios, tejer comunión en la diversidad, con alegría y esperanza. Y una dimensión profética  que implica una opción audaz y práctica por los excluidos/as, con “misericordia”, “compasión” y “compromiso solidario” (Lc 10, 37: “practicó la misericordia con él... vete y haz tú lo mismo”; Mt 25,31: “... tuve hambre y me dieron de comer...”).Teniendo en cuenta la ética de la justicia y del cuidado del ser humano y de la naturaleza, atendiendo los nuevos escenarios: indígenas, afro descendientes, migrantes, niños y niñas maltratados, jóvenes, mujer, violencia, cosmos, tierra (nuevos escenarios y nuevos paradigmas, que sean propuestas alternativas en economía solidaria, autogestión, organización comunitaria y de salud... con otros/as actores/as sociales) y animando a vivir la misión desde nuestro sentido de minoridad, en la cotidianidad de nuestra vida y compromiso.

 

            Estamos llamados a “Animar y acompañar con audacia a la VR L.AM. y C, como discípula, en sus procesos de opción por la vida, por los pobres y por las relaciones fraternas, re-significando nuestra vida consagrada místico-profética”.

 

            En Uruguay, los religiosos/as también enviamos nuestro aporte a la CEU para Aparecida, donde se podía constatar por un lado la riqueza carismática de la presencia de la VR en Uruguay y la riqueza también del aporte y la misión en tantos lugares de pobreza y marginación.

 

            Los cuatro institutos religiosos de Hermanos que hay en Uruguay (Maristas, Lamenais, Sagrado Corazón y Sagrada Familia) tienen como misión principal la educación, pero todas están buscando nuevas formas de presencia y de misión en la Iglesia, sobre todo favoreciendo un mayor compromiso y compartiendo el carisma con los laicos, ante el desafío que implica la falta de vocaciones y el envejecimiento de los Hermanos. Creo que ser religiosos Hermanos en este tercer milenio exige una permanente puesta al día de corazón y de espíritu y un contacto muy atento con el Evangelio, para redescubrir que somos gratuitamente hijos de un Padre único, hermanos de todos, amados por Dios y en consecuencia capaces de amar a los otros como hermanos.

 

 

 

:::Perfiles:::

PARA SABER MÁS ACERCA DEL RELIGIOSO URUGUAYO QUE PARTICIPARÁ DE LA V CONFERENCIA

EDGARDO POR EDGARDO

 

Me llamo Edgardo María Bruzzoni Galluzzo, nací en Salto en el año 1949, en una familia cristiana, descendientes de italianos. Mis padres me enviaron a hacer la escuela al  colegio de los Hermanos de la Sagrada Familia de Salto, donde participé de los grupos de Acción Católica que dirigía el Padre Zordán. En ese tiempo sentí que el Señor me invitaba a seguir los pasos del Hno. Gabriel Taborin, a dedicar mi vida al servicio del Reino en la Congregación de los Hermanos. Ingresé en la comunidad de los Hermanos como aspirante y cursé el liceo en San José de Mayo. Hice el noviciado en Progreso y mi primera profesión como Hermano, en diciembre del año 1968.

 

A los dos años culminé el bachillerato pedagógico y un año de teología en  Córdoba, Argentina, estudios que retomé más adelante cuando me trasladé a Uruguay, en el ITUMS, haciendo algunos años de teología. Al mismo tiempo realicé la carrera de Psicología en la UCUDAL recibiéndome de psicólogo en 1978, profesión que ejerzo hasta el momento en la atención clínica y en la coordinación de los Centros de Atención psicológica de los Colegios Sagrada Familia y San Juan Bautista. También integro el equipo de psicólogos de la Conferencia de Religiosos del Uruguay y del Seminario interdiocesano. En estos momentos estoy cursando la Maestría en Psicología Analítica de la UCUDAL.

 

Durante varios años viví en la comunidad de los Hermanos del Colegio Sagrada Familia de Aguada y en las comunidades de animación juvenil y de formación de jóvenes con inquietudes vocacionales. Los Hermanos de la Sagrada Familia estamos abiertos a las necesidades de la Iglesia local, participando en su pastoral principalmente a través de la educación y la catequesis.  Recuerdo mucho las etapas en que fui catequista y animador juvenil del Colegio, por el contacto que mantenía con los adolescentes y jóvenes y por haber acompañado los procesos de crecimiento en la fe de los que se preparaban para la Confirmación.

 

En 1995 fui nombrado Director del Colegio Sagrada Familia de la Aguada, cargo que desempeñé hasta que la Congregación en 1998 me pidió que asumiera como Provincial de la comunidad en el Uruguay, servicio que realizo en este momento, sobre todo animando y coordinando la actividad de los Hermanos, su inserción en la Iglesia uruguaya y el fortalecimiento de la misión compartida con los laicos. Fui  también miembro de la dirección de AUDEC durante varios años

 

Participé en tres Asambleas de la CLAR (México, Venezuela y Paraguay), representando a la Vida Religiosa de Uruguay y el año pasado fui elegido Presidente de la Conferencia de Religiosos/as del Uruguay por tres años. Con los demás miembros de la Junta Directiva buscamos animar, articular y acompañar el compromiso de los religiosos y religiosas presentes, a través de múltiples servicios, en todo el país.

 

Testimonio de Rosario Alves

A partir de esta edición de Noticeu iremos presentando a los invitados a participar en la V Conferencia General de Aparecida desde Uruguay  dándoles su testimonio acerca del sentido que le adjudican a esta presencia en el evento eclesial y datos de su “biografía” personal de manera de saber más de ellos.

Comenzamos con Rosario Alves.

 

INVITACIÓN A LA V CONFERENCIA: UN DESAFÍO Y UNA RESPONSABILIDAD

 

La teresiana Rosario Alves, Secretaria Ejecutiva del Departamento de Laicos de la CEU, enterada de su inclusión en la nómina de participantes de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, expresó que esta invitación es una “llamada a fortalecer mi fe, a confiar en los procesos y a esperar activamente en que juntos como Pueblo de Dios nos abramos a la experiencia del Espíritu que nos impulsa a ser una comunidad latinoamericana comprometida con los desafíos de esta nuestra realidad”.

 

En sus primeras impresiones luego del impacto de tal invitación, Rosario evocó a las personas con quienes reflexionó y elaboró los aportes desde el laicado al documento preparatorio, así como a  varias personalidades de la Iglesia uruguaya que han dejado una huella en su vocación laical.

 

Planteó como un desafío para la coyuntura actual “ser una iglesia que se construye y que anuncia desde la pequeñez, desde la pobreza y que reconoce y da valor al otro /a, al diferente, porque allí está el rostro de Dios encarnado”.

 

“Pido a la comunidad uruguaya nos unamos en la oración para que la V Conferencia sea espacio  y tiempo de un nuevo impulso a la vida que se juega en todos los días, en lo pequeño y cotidiano”, concluyó Alves.

 

 

El testimonio de Rosario Alves ante la invitación para participar de la Conferencia en Aparecida.

 

“La noticia de que participaría en la V Conferencia de Aparecida trajo a mi memoria varios rostros de personas con quienes hemos estado reflexionando y construyendo aportes desde nuestra vocación laical al documento preparatorio. Recordé, también las vivencias, de niña y de joven que fui teniendo en el seno de mi familia con respecto al Concilio, a Medellín, Puebla y Santo Domingo.

Nombres e historia de la iglesia uruguaya, con Patricio, por su vocación laical expresado en tantas instancias, Partelli en su fuerte compromiso de promoción del laicado y Don Marcelo por su vida toda, llena de desafíos aún hoy ya en su ancianidad.

 

Y ahora yo en este momento recibiendo la invitación y el aliento de tantas personas. Una invitación que siento es una llamada a fortalecer mi fe, a confiar en los procesos y a esperar activamente en que juntos como Pueblo de Dios nos abramos a la experiencia del Espíritu que nos impulsa a ser una comunidad latinoamericana comprometida con los desafíos de esta nuestra realidad. Pueblo llamado a convertirse, a ser una iglesia que se construye y que anuncia desde la pequeñez, desde la pobreza y que reconoce y da valor al otro /a al diferente porque allí está el rostro de Dios encarnado.

Para mí es un desafío y una responsabilidad. Pido a la comunidad uruguaya nos unamos en la oración para que la V Conferencia sea espacio  y tiempo de un nuevo impulso a la vida que se juega en todos los días, en lo pequeño y cotidiano”. Titulares

 

 

Perfiles 

ROSARIO POR ROSARIO

 

Mi nombre es María del Rosario Alves.

 

Soy soltera. Me eduqué y formé en una familia cristiana, donde desde muy niña fui creciendo en el amor por la vocación de bautizada, de laica.

 

Me formé en comunidad, y es a esta Iglesia, pueblo de Dios, a la que pertenezco, acogiendo su historia, viviendo este presente donde la incertidumbre, las fragilidades y dificultades se transforman en desafíos.

 

He participado activamente en mi ciudad (Salto) del Sindicato de Maestros, donde fui miembro de su Directiva.

 

Soy miembro de la Institución Teresiana, comunidad de Laicos, que vive profundamente el Misterio de la Encarnación, donde Teresa de Jesús es modelo de persona, de mujer, humana y toda de Dios.

 

En el año 2001, por compromisos asumidos en mi comunidad, la IT, me trasladé a Montevideo. Aquí me integré al Departamento de Laicos representando a la Institución Teresiana. Desde el 2004 soy Secretaria Ejecutiva de dicho Departamento.

 

Este año (2007) trabajo en el Colegio-Liceo Pedro Poveda de Montevideo. Integro el Equipo Directivo de ese Centro.

 

Mi carrera es docente, Maestra de Educación Común, especializada en discapacitados intelectuales y en Dirección de Centros. Ahora estoy terminando el Post-grado en Gestión Educativa en la UCUDAL.  

 

En los años 1979 a 1982, hice Teología para Laicos en una Comunidad que se formó en la Parroquia Sagrado Corazón (Cerro) de Salto acompañados por El Pbro. Aroldo Ponce de León, que viajaba desde Montevideo.

 

Junto con otros jóvenes pertenecí al movimiento de ex - alumnos salesianos y desde ahí estuve integrada a la Pastoral Juvenil. En los años 84 a 90 fui miembro del Equipo Diocesano de Pastoral Vocacional en Salto. También durante 10 años animé una Comunidad de base en la Catedral (Salto).

 

Mi compromiso laical lo he vivido en la comunidad eclesial y en la social, siendo maestra durante 20 años en escuelas especiales para discapacitados intelectuales, animando los proyectos de integración al contexto regular.

 

Durante 4 años coordiné un proyecto socio-educativo en un barrio de Salto destinado a adolescentes, jóvenes y adultos que habían abandonado el Sistema Educativo Formal.

 

Durante 9 años fui consejera de la Revista Nuevamérica. He participado en encuentros latinoamericanos del CELAM sobre mujer y compromiso político.

MONS. COLLAZZI Y MONS. BARBOSA REPRESENTARAN A LA CEU EN LA V CONFERENCIA

El  Obispo de Mercedes y Presidente electo de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Mons. Carlos Collazzi junto al Obispo de Minas y Coordinador Nacional de la Pastoral, Mons. Francisco Barbosa representarán a la Iglesia que peregrina en Uruguay en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebrará en Aparecida (Brasil) entre el 13 y el 31 de mayo con el tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida" ("Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", Jn 14,6)”.

 

Monseñor Collazzi asistirá en su carácter de Presidente del episcopado (elegido en la Asamblea Plenaria de noviembre del pasado año, asumirá funciones en la primera Asamblea de este año en el mes de abril) en tanto Mons. Barbosa fue designado para representar a la CEU en la V Conferencia mediante votación por los restantes obispos en la misma reunión plenaria del episcopado.

Los nombres han sido confirmados recientemente por el Santo Padre Benedicto XVI quien en la ocasión visitará Aparecida e inaugurará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

 

Participarán de la V Conferencia los presidentes de las 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe así como una representación de prelados de cada conferencia episcopal, en total 176, que incluye también a obispos de Canadá, Estados Unidos, España y Portugal. Además estarán presentes 24 sacerdotes, 23 religiosos y religiosas y 17 laicos y laicas, así como 6 representantes ecuménicos.

 

Conforme al reglamento aprobado por el Papa, el número de obispos que tendrían derecho a voto sería aproximadamente 160 (se elegiría según la clave: un obispo por cada 8 obispos en pleno ejercicio en cada país). De ahí que a nuestra Iglesia (9 obispos titulares, tres auxiliares,1 administrador Diocesano y 3 eméritos) le corresponda la representación de un obispo además del Presidente del episcopado.

ENCUESTA ON LINE SOBRE LA MISIÓN CONTINENTAL DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha lanzado una encuesta on line para que todos los fieles del continente puedan aportar ideas para la gran misión continental que tendrá lugar tras la cumbre episcopal.

 

La información proveniente del sondeo que se realizará hasta el 18 de marzo será entregada al grupo de expertos en misión, que entre el 19 y 23 de marzo se reunirán en Bogotá para preparar el documento sobre misiones que será visto en mayo en Brasil por los obispos participantes de la V Conferencia General.

Para participar en la encuesta puede ingresar a:
http://www.celam.info/encuesta/index.php?sid=1&newtest=Y&encuesta=1

 

EL PAPA BENEDICTO XVI REALIZA NOMBRAMIENTOS PARA LA V CONFERENCIA

Este 12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe, a las 12 del mediodía de Roma, se hizo público el nombramiento de las autoridades que dirigirán los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, evento que ha convocado el Papa Benedicto XVI para que se realice en Aparecida, Brasil, los días 13 al 31 de mayo del
2001, y que será inaugurado por el mismo Papa en su primera visita a América
Latina.
 

A continuación el texto del comunicado de prensa publicado en italiano por la Sala de Prensa de la Santa Sede:

El Santo Padre, acogiendo el deseo expresado por el CELAM, ha convocado la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tendrá lugar en Aparecida (Brasil) del 13 al 31 de mayo del 2007 y que tendrá como tema: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida" ("Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", Jn 14,6).

El Papa ha nombrado Presidentes de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano:

- al Eminentísimo Cardenal Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación
para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina;

- al Eminentísimo Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Arzobispo de
Santiago de Chile y Presidente del CELAM;

- al Eminentísimo Cardenal Geraldo Majella Agnelo, Arzobispo de San Salvador
de Bahía y Presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña.

El Santo Padre también ha nombrado Secretario General de la mencionada Conferencia General a S.E. Mons. Andrés Stanovnik, O.F.M. Cap., Obispo de Reconquista y Secretario General del CELAM; y Secretario Adjunto a S.E. Mons. Odilo Scherer, Obispo Auxiliar de Sao Paulo Y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Brasil.

 


MONS. GALIMBERTI EN REUNION PREPARATORIA DE LA V CONFERENCIA EN CHILE
 

HACIA LA V CONFERENCIA GENERAL DEL 
EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
 
 

PARA COMPRENDER Y UTILIZAR ESTAS FICHAS

FICHA 0
Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida
(Jn 14,6)

FICHA 1
EL ANHELO DE FELICIDAD, UN ANHELO UNIVERSAL

FICHA 2
Gratitud por la Buena Noticia

FICHA 3
La Iglesia ha sido Bendecida con Muchos Dones

FICHA 4
EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO, DISCÍPULOS Y MISIONEROS SUYOS

FICHA 5
SER Y FORMAR DISCÍPULOS DE CRISTO

FICHA 6
DISCÍPULOS Y MISIONEROS EN COMUNIÓN ECLESIAL

FICHA 7
SER Y FORMAR MISIONEROS DE CRISTO

FICHA 8
EL CAMBIO DE ÉPOCA, LUCES Y SOMBRAS

Ficha 9
LA GLOBALIZACIÓN, OTRO DESAFÍO PARA LA IGLESIA

Ficha 10
SUFRIMIENTOS Y ESPERANZAS DE NUESTROS PUEBLOS

Ficha 11
OTROS DESAFÍOS A LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA

FICHA 12
LOS ROSTROS DE INHUMANA POBREZA NOS CONMUEVEN E INTERPELAN

FICHA 13
LA VIDA DE NUESTROS PUEBLOS EN CRISTO

FICHA 14
La Vida de nuestros pueblos en Cristo: Tarea de Todos

Ficha 15
LA GRAN MISIÓN CONTINENTAL

Para poder descargar las fichas de la V Conferencia, deberá tener instalado el programa
Adobe Reader
o descargarlo desde aquí

PBRO. PABLO BONAVÍA: EL EPISCOPADO DE AMÉRICA LATINA CON VOZ PROPIA 
(Entrevista: REVISTA UMBRALES)

 

Fichas de trabajo de Uruguay

 

Oración para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe

Fecha de la realización de la 
V Conferencia
 

http://www.celam.info 

 

PBRO. PABLO BONAVÍA: EL EPISCOPADO DE AMÉRICA LATINA CON VOZ PROPIA

Umbrales entrevistó al pbro. Pablo Bonavía, experto uruguayo en teología latinoamericana, que es consultor del CELAM en los trabajos de preparación de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano.

 

¿Cómo se ubica la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la trayectoria de las anteriores Conferencias?

 

Creo que el anuncio de esta V Conferencia ya es una muy buena noticia para los cristianos de América Latina. Porque algún sector de la Iglesia proponía que, en lugar de una Conferencia, se hiciera un Sínodo. Pero los sínodos, por su propia naturaleza, son instancias meramente consultivas y no tienen la posibilidad de tomar decisiones ni de elaborar un texto propio como Episcopado regional.

 

En cambio la convocatoria de la V Conferencia significa retornar a una muy sana tradición que tiene que ver con la valoración de la experiencia original que las comunidades de América Latina tienen del seguimiento de Jesús en nuestro concreto contexto histórico y social. Se trata de un evento que no culminará -como hacen las asambleas sinodales- con una serie de consideraciones generales para luego ser retomadas y reformuladas por algún documento de la Iglesia Universal. Por el contrario, se devuelve al Episcopado Latinoamericano su propia voz, su capacidad de decir el Evangelio desde una realidad específica de nuestro continente, retomando el espíritu del Concilio Vaticano II que es darle mayor protagonismo a las Conferencias Episcopales regionales y nacionales.

 

Las Conferencias Generales anteriores fueron: la de Río de Janeiro en 1955, la realizada en Medellín (Colombia) en 1968, la de Puebla (México) en 1979 y la de Santo Domingo, en 1992, a los 500 años de la llegada de los europeos a América. En realidad, la primera no tuvo gran trascendencia porque se realizó antes del Concilio y no recogió la nueva conciencia que allí adquirió la Iglesia de su misión. En cambio, la conferencia de Medellín, la primera después del Concilio, es considerada la matriz de un reconocimiento de la originalidad y valor de la experiencia cristiana de América Latina. A partir de entonces las Iglesias latinoamericanas ya no se consideran menores de edad frente a las Iglesias más antiguas. Tampoco se sienten invitadas a seguir el mismo camino de las Iglesias de los países desarrollados porque se descubre que desde la pobreza y aun la violencia institucionalizada, Dios llama a toda la Iglesia a reformular el modo de seguimiento de Jesús y de su Evangelio. Esperemos que esta V Conferencia reasuma esa tradición y sobre todo que pueda retomar en su arquitectura fundamental, el método del ver - juzgar - actuar que reconoce que Dios actúa desde la historia y desde allí, nos ofrece su salvación y nos invita a responderle personal y comunitariamente con todo nuestro ser.

 

Frente a esta nueva Conferencia del CELAM, ¿cuáles son los desafíos que más interpelan a la Iglesia Latinoamericana?

 

No soy quién para dar cátedra en este sentido, pero sí puedo compartir sencillamente mi opinión.

- Un primer desafío tiene que ver con la actitud básica que la Iglesia asume frente al devenir histórico y a las situaciones del contexto latinoamericano. Una actitud que creo debe ser de escucha: que no pretenda tener una respuesta ya elaborada para cada problema, sino que asuma una actitud de discernimiento de la presencia de Dios en los acontecimientos. Esto supone superar cierta tendencia a tomar una postura directiva o puramente magisterial ante situaciones nuevas y complejas. Creo que hay que cambiar el esquema que predominaba antes del Concilio Vaticano II en que el mundo aparecía sólo como el problema y la Iglesia sólo como la solución.

 

Hay que retomar la perspectiva conciliar: todos formamos parte del problema y todos tenemos algo que aportar en la búsqueda de soluciones. La Iglesia, claro está, tiene su perspectiva propia, la que surge del seguimiento de Jesús y de la renovada docilidad a su Espíritu.

 

- Otro desafío tiene que ver con el hecho de que en una realidad social en la que muchas cosas cambian vertiginosamente, sin embargo la pobreza y la exclusión de amplios sectores sociales no sólo no han cambiado sino que se han acentuado en los últimos años. Por eso la necesidad de retomar la perspectiva de las conferencias de Medellín y Puebla que encuentran en el acercamiento al pobre y en la perspectiva de los excluidos, un criterio espiritual y teologal insoslayable para enfocar adecuadamente cualquier tema social o pastoral.

 

- Por otra parte hay otras realidades que sí son nuevas:

 

1) hay una mayor conciencia de la originalidad de la experiencia social y religiosa de la mujer así como de la necesidad de que asuma y se le reconozcan nuevos roles en la familia, el trabajo, la sociedad y la Iglesia.

 

2) Hay una nueva presencia y valoración de las tradiciones originarias de América Latina: los grupos indígenas ya no son vistos ni se ven a sí mismos como un resabio arqueológico respetable pero anacrónico, sino como culturas con derechos, riquezas y aportes insustituibles para la gestación de sociedades más justas y respetuosas de lo ecoló-gico.

 

3) Otra realidad que nos desafía, es el diálogo con los nuevos grupos religiosos que tienen una presencia fuerte en América Latina. Esto nos plantea también la necesidad de revisar lo que fue la primera evangelización del continente con sus luces y sombras. Sólo una adecuada autocrítica nos permitirá superar la tentación de tratar a los demás simplemente como destinatarios del mensaje y no como verdaderos interlocutores, sean cuales sean las diferencias que nos separen.

 

4) También me parece fundamental tener presente en la V Conferencia el surgimiento del Foro Social Mundial no sólo como evento anual o cada dos años sino como un proceso permanente en el que se está descubriendo y ayudando a gestar "otro mundo posible".

 

- Por último diría que si, como parece, hay ya una clara determinación de culminar la Conferencia de Aparecida con el impulso de una gran misión continental, esa misión deberá ser muy cuidadosa de sus objetivos y de sus métodos para no repetir viejos errores o caer en un espíritu de "cruzada". Y deberá ver cómo involucrar activamente al conjunto del pueblo de Dios en esta iniciativa. Por otra parte, la misión siempre tiene un movimiento de ida y de vuelta: ella siempre nos interpela respecto de la forma como estamos viviendo la comunión y participación al interior de la Iglesia. Las dificultades que encontramos en la misión tienen que ver, en buena parte, con las inmadureces y contradicciones que tenemos como comunidad eclesial y que el Evangelio nos invita también a mejorar.

 

 

En el Documento de Trabajo, ¿qué aspectos se subrayan y cuáles quedan para subrayar?

 

En mi opinión lo primero que hay que decir es que es muy bueno que exista un documento de participación y que ese documento haya suscitado la consulta y la participación activa de multitud de grupos cristianos en América Latina.

 

También es positivo que a la hora de hacer el análisis de la realidad retome la importancia cuantitativa y cualitativa del tema de la pobreza. Lo que encuentro negativo es la carencia de una referencia a las causas de esa pobreza: se hace una descripción de este fenómeno que alcanza niveles absolutamente intolerables en América Latina, pero sin asumir lo que Puebla (n. 30) ya recomendaba: para comprender y revertir la pobreza hay que conocer los mecanismos estructurales que la producen. Esta falta de referencia a las causas da lugar a respuestas de tipo asistencialista que ciertamente no me parece que sean las mejores. Otra dificultad es que se habla de la situación social recién en el 4º capítulo, con lo cual la realidad latinoamericana aparece casi exclusivamente como objeto de la acción de la Iglesia y no como el contexto en que la propia Iglesia debe discernir la acción de Dios, descubrir lo que se opone a ella y, en ese contexto, reformular su propia identidad y misión.

 

Creo que otra dificultad tiene que ver con la anterior pero se refiere concretamente a la cristología, a la imagen de Jesucristo que se presenta. No da importancia a la actividad de Jesús, a sus actitudes, su práctica, sus conflictos y por eso su mensaje aparece artificialmente descontextualizado de su propia realidad. Un Jesús así presentado es más fácilmente neutralizado o manipulado porque se le quita la mordiente histórica, el sentido de su actuar y los motivos concretos por los que en última instancia lo mataron, Dios lo resucitó y hoy es nuestra esperanza. 

 

Para ser discípulo se necesita una conversión al Maestro: ¿qué exigencias comporta esta adhesión a Él? ¿Por qué la opción por ser discípulos de Jesús implica también una opción por el otro, por el pobre?

 

Una de las características del "discipulado" tal como aparece en el Evangelio es que no se trata de un aprendizaje limitado a un tiempo o que finalice con un examen académico. Se trata de un seguimiento y aprendizaje que no termina nunca, que nos pone en una actitud de aprender hasta el último día de nuestra vida. Porque el ser discípulo de Jesús es hacer propia su actitud ante Dios y ante los demás, asumir su "causa", hacer pie en su motivación más profunda: el Reino de Dios y el Dios del Reino, tal como aparece en los Evangelios. Pero siempre referido a las situaciones que hoy nos toca vivir.

 

El seguimiento de Jesús implica transformarse en algo así como en un artista: el cristiano no es un soldado que acata órdenes o un ejecutivo que implementa programas, sino un artista que debe inventar todos los días la mejor forma de ser fiel al mensaje, al estilo y a la motivación teologal que animaba a Jesús.

 

Eso supone dejarse interpelar por los demás y tomar siempre como referencia lo que otros sufren, lo que otros enseñan, lo que otros aportan, sobre todo en la perspectiva de los más pobres. Pero sin olvidar que los pobres antes que nada, son personas. Son personas que viven una experiencia de despojo y de bloqueo de sus posibilidades.

 

Debemos por eso superar esa actitud paternalista, que se centra en sus carencias y en lo que nosotros podemos hacer por ellos y no en lo que ellos pueden hacer por sí mismos y por nosotros, en la medida en que tengan las mismas posibilidades que tuvimos quienes no somos pobres.

 

La teología latinoamericana nos invita a descubrir que la única perspectiva que no excluye, la única auténticamente universal, es la que parte de los que son sistemática-mente dejados de lado.

 

Si ésta no es la perspectiva central, es seguro que todo lo que hagamos va a perpetuar las relaciones existentes y los esquemas que todos llevamos adentro: porque todos estamos programados para mirar hacia el centro, para descartar lo que no es rentable, para creer que la salvación viene de la fuerza, y de todos aquellos espejismos de los que Jesús vino a liberarnos.

 

En eso creo que la Iglesia de América Latina ha hecho un valiosísimo aporte a la Iglesia Universal: un don del Espíritu que, por otra parte, ella debe custodiar como un tesoro y hacer crecer permanentemente.

 

 

Gloria Aguerreberry 

 

* Entrevista publicada en la sección Testimonios del Nº 172 de la REVISTA UMBRALES  correspondiente al mes de octubre de 2006

(La revista Umbrales es una publicación de los Sacerdotes del corazón de Jesús- Padres Dehonianos) www.chasque.net/umbrales 

 

La Oración enviada por el Santo Padre Benedicto XVI, para la V Conferencia General