
| 7 uruguayos estarán en la V Conferencia | |||
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En su edición Nº 13 de este año, correspondiente al 30 de marzo, el Osservatore Romano, en su versión impresa, publicó la lista de Participantes autorizada por el Papa para la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, que tendrá lugar del 13 al 31 de mayo, en Aparecida (Brasil). Los uruguayos que participarán:
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HNO. EDGARDO BRUZZONI SOBRE V CONFERENCIA
Edgardo Bruzzoni, Hermano de la Sagrada Familia, uruguayo, fue convocado a participar de la V Conferencia General del Episcopado como invitado representando a la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR).
En esta edición de Noticeu el Hno. Edgardo comparte el significado que le atribuye a su participación en este gran evento eclesial y los desafíos que enfrenta la Vida Religiosa en Uruguay y América Latina.
En cuanto a las expectativas que provoca esta V Conferencia destacó la importancia de que “Aparecida nos ayude a suscitar un mayor ardor misionero, que la Iglesia tenga una mayor credibilidad por la cercanía con la gente y que el mensaje que surja toque el corazón de la gente, sobre todos el de los más necesitados y excluidos”.
Destacó que si bien al participar como invitado tendrá voz pero no voto “el escuchar, reflexionar, discutir y poner sobre la mesa las grandes preocupaciones y problemas de América latina para ver qué nos dice el Espíritu y por donde nos orienta, me hace acordar a la primavera del Concilio Vaticano II. Haciendo alusión a las reflexiones efectuadas en la última Asamblea de la CLAR señaló que los religiosos están llamados a “Animar y acompañar con audacia a la VR L.AM. y C, como discípula, en sus procesos de opción por la vida, por los pobres y por las relaciones fraternas, re-significando nuestra vida consagrada místico-profética”.
“Ser religiosos Hermanos en este tercer milenio exige una permanente puesta al día de corazón y de espíritu y un contacto muy atento con el Evangelio, para redescubrir que somos gratuitamente hijos de un Padre único, hermanos de todos, amados por Dios y en consecuencia capaces de amar a los otros como hermanos, asevera el Hno. Bruzzoni.
Compartimos el testimonio elaborado por el Hno. Bruzzoni
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A partir de esta edición de Noticeu iremos presentando a los invitados a participar en la V Conferencia General de Aparecida desde Uruguay dándoles su testimonio acerca del sentido que le adjudican a esta presencia en el evento eclesial y datos de su “biografía” personal de manera de saber más de ellos. Comenzamos con Rosario Alves.
INVITACIÓN A LA V CONFERENCIA: UN DESAFÍO Y UNA RESPONSABILIDAD
En sus primeras impresiones luego del impacto de tal invitación, Rosario evocó a las personas con quienes reflexionó y elaboró los aportes desde el laicado al documento preparatorio, así como a varias personalidades de la Iglesia uruguaya que han dejado una huella en su vocación laical.
Planteó como un desafío para la coyuntura actual “ser una iglesia que se construye y que anuncia desde la pequeñez, desde la pobreza y que reconoce y da valor al otro /a, al diferente, porque allí está el rostro de Dios encarnado”.
“Pido a la comunidad uruguaya nos unamos en la oración para que la V Conferencia sea espacio y tiempo de un nuevo impulso a la vida que se juega en todos los días, en lo pequeño y cotidiano”, concluyó Alves.
El testimonio de Rosario Alves ante la invitación para participar de la Conferencia en Aparecida.
“La noticia de que participaría en la V Conferencia de Aparecida trajo a mi memoria varios rostros de personas con quienes hemos estado reflexionando y construyendo aportes desde nuestra vocación laical al documento preparatorio. Recordé, también las vivencias, de niña y de joven que fui teniendo en el seno de mi familia con respecto al Concilio, a Medellín, Puebla y Santo Domingo. Nombres e historia de la iglesia uruguaya, con Patricio, por su vocación laical expresado en tantas instancias, Partelli en su fuerte compromiso de promoción del laicado y Don Marcelo por su vida toda, llena de desafíos aún hoy ya en su ancianidad.
Y ahora yo en este momento recibiendo la invitación y el aliento de tantas personas. Una invitación que siento es una llamada a fortalecer mi fe, a confiar en los procesos y a esperar activamente en que juntos como Pueblo de Dios nos abramos a la experiencia del Espíritu que nos impulsa a ser una comunidad latinoamericana comprometida con los desafíos de esta nuestra realidad. Pueblo llamado a convertirse, a ser una iglesia que se construye y que anuncia desde la pequeñez, desde la pobreza y que reconoce y da valor al otro /a al diferente porque allí está el rostro de Dios encarnado. Para mí es un desafío y una responsabilidad. Pido a la comunidad uruguaya nos unamos en la oración para que la V Conferencia sea espacio y tiempo de un nuevo impulso a la vida que se juega en todos los días, en lo pequeño y cotidiano”. Titulares
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MONS. COLLAZZI Y MONS. BARBOSA REPRESENTARAN A LA CEU EN LA V CONFERENCIA |
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El Obispo de Mercedes y Presidente electo de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Mons. Carlos Collazzi junto al Obispo de Minas y Coordinador Nacional de la Pastoral, Mons. Francisco Barbosa representarán a la Iglesia que peregrina en Uruguay en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebrará en Aparecida (Brasil) entre el 13 y el 31 de mayo con el tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida" ("Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", Jn 14,6)”.
Monseñor Collazzi asistirá en su carácter de Presidente del episcopado (elegido en la Asamblea Plenaria de noviembre del pasado año, asumirá funciones en la primera Asamblea de este año en el mes de abril) en tanto Mons. Barbosa fue designado para representar a la CEU en la V Conferencia mediante votación por los restantes obispos en la misma reunión plenaria del episcopado. Los nombres han sido confirmados recientemente por el Santo Padre Benedicto XVI quien en la ocasión visitará Aparecida e inaugurará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.
Participarán de la V Conferencia los presidentes de las 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe así como una representación de prelados de cada conferencia episcopal, en total 176, que incluye también a obispos de Canadá, Estados Unidos, España y Portugal. Además estarán presentes 24 sacerdotes, 23 religiosos y religiosas y 17 laicos y laicas, así como 6 representantes ecuménicos.
Conforme al reglamento aprobado por el Papa, el número de obispos que tendrían derecho a voto sería aproximadamente 160 (se elegiría según la clave: un obispo por cada 8 obispos en pleno ejercicio en cada país). De ahí que a nuestra Iglesia (9 obispos titulares, tres auxiliares,1 administrador Diocesano y 3 eméritos) le corresponda la representación de un obispo además del Presidente del episcopado. |
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ENCUESTA ON LINE SOBRE LA MISIÓN CONTINENTAL DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha lanzado una encuesta on line para que todos los fieles del continente puedan aportar ideas para la gran misión continental que tendrá lugar tras la cumbre episcopal.
La información
proveniente del sondeo que se realizará hasta el 18 de marzo será
entregada al grupo de expertos en misión, que entre el 19 y 23 de marzo
se reunirán en Bogotá para preparar el documento sobre misiones que será
visto en mayo en Brasil por los obispos participantes de la V
Conferencia General.
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EL PAPA BENEDICTO XVI REALIZA NOMBRAMIENTOS PARA LA V CONFERENCIA |
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Este
12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe, a las 12 del
mediodía de Roma, se hizo público el nombramiento de las autoridades
que
dirigirán los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe, evento que ha convocado el Papa Benedicto
XVI
para que se realice en Aparecida, Brasil, los días 13 al 31 de mayo del2001, y que será inaugurado por el mismo Papa en su primera visita a América Latina. A continuación el texto del comunicado de prensa publicado en italiano
por
la Sala de Prensa de la Santa Sede: |
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PBRO. PABLO BONAVÍA: EL EPISCOPADO DE AMÉRICA LATINA CON VOZ PROPIA |
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Umbrales
entrevistó al pbro. Pablo Bonavía, experto uruguayo en teología
latinoamericana, que es consultor del CELAM en los trabajos de preparación
de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano. ¿Cómo
se ubica la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la trayectoria
de las anteriores Conferencias? Creo
que el anuncio de esta V Conferencia ya es una muy buena noticia para los
cristianos de América Latina. Porque algún sector de la Iglesia proponía
que, en lugar de una Conferencia, se hiciera un Sínodo. Pero los sínodos,
por su propia naturaleza, son instancias meramente consultivas y no tienen
la posibilidad de tomar decisiones ni de elaborar un texto propio como
Episcopado regional. En
cambio la convocatoria de la V Conferencia significa retornar a una muy
sana tradición que tiene que ver con la valoración de la experiencia
original que las comunidades de América Latina tienen del seguimiento de
Jesús en nuestro concreto contexto histórico y social. Se trata de un
evento que no culminará -como hacen las asambleas sinodales- con una
serie de consideraciones generales para luego ser retomadas y reformuladas
por algún documento de la Iglesia Universal. Por el contrario, se
devuelve al Episcopado Latinoamericano su propia voz, su capacidad de
decir el Evangelio desde una realidad específica de nuestro continente,
retomando el espíritu del Concilio Vaticano II que es darle mayor
protagonismo a las Conferencias Episcopales regionales y nacionales. Las
Conferencias Generales anteriores fueron: la de Río de Janeiro en 1955,
la realizada en Medellín (Colombia) en 1968, la de Puebla (México) en
1979 y la de Santo Domingo, en 1992, a los 500 años de la llegada de los
europeos a América. En realidad, la primera no tuvo gran trascendencia
porque se realizó antes del Concilio y no recogió la nueva conciencia
que allí adquirió la Iglesia de su misión. En cambio, la conferencia de
Medellín, la primera después del Concilio, es considerada la matriz de
un reconocimiento de la originalidad y valor de la experiencia cristiana
de América Latina. A partir de entonces las Iglesias latinoamericanas ya
no se consideran menores de edad frente a las Iglesias más antiguas.
Tampoco se sienten invitadas a seguir el mismo camino de las Iglesias de
los países desarrollados porque se descubre que desde la pobreza y aun la
violencia institucionalizada, Dios llama a toda la Iglesia a reformular el
modo de seguimiento de Jesús y de su Evangelio. Esperemos que esta V
Conferencia reasuma esa tradición y sobre todo que pueda retomar en su
arquitectura fundamental, el método del ver - juzgar - actuar que
reconoce que Dios actúa desde la historia y desde allí, nos ofrece su
salvación y nos invita a responderle personal y comunitariamente con todo
nuestro ser. Frente
a esta nueva Conferencia del CELAM, ¿cuáles son los desafíos que más
interpelan a la Iglesia Latinoamericana? No
soy quién para dar cátedra en este sentido, pero sí puedo compartir
sencillamente mi opinión. -
Un primer desafío tiene que ver con la actitud básica que la Iglesia
asume frente al devenir histórico y a las situaciones del contexto
latinoamericano. Una actitud que creo debe ser de escucha: que no pretenda
tener una respuesta ya elaborada para cada problema, sino que asuma una
actitud de discernimiento de la presencia de Dios en los acontecimientos.
Esto supone superar cierta tendencia a tomar una postura directiva o
puramente magisterial ante situaciones nuevas y complejas. Creo que hay
que cambiar el esquema que predominaba antes del Concilio Vaticano II en
que el mundo aparecía sólo como el problema y la Iglesia sólo como la
solución. Hay
que retomar la perspectiva conciliar: todos formamos parte del problema y
todos tenemos algo que aportar en la búsqueda de soluciones. La Iglesia,
claro está, tiene su perspectiva propia, la que surge del seguimiento de
Jesús y de la renovada docilidad a su Espíritu. -
Otro desafío tiene que ver con el hecho de que en una realidad social en
la que muchas cosas cambian vertiginosamente, sin embargo la pobreza y la
exclusión de amplios sectores sociales no sólo no han cambiado sino que
se han acentuado en los últimos años. Por eso la necesidad de retomar la
perspectiva de las conferencias de Medellín y Puebla que encuentran en el
acercamiento al pobre y en la perspectiva de los excluidos, un criterio
espiritual y teologal insoslayable para enfocar adecuadamente cualquier
tema social o pastoral. -
Por otra parte hay otras realidades que sí son nuevas: 1)
hay una mayor conciencia de la originalidad de la experiencia social y
religiosa de la mujer así como de la necesidad de que asuma y se le
reconozcan nuevos roles en la familia, el trabajo, la sociedad y la
Iglesia. 2)
Hay una nueva presencia y valoración de las tradiciones originarias de América
Latina: los grupos indígenas ya no son vistos ni se ven a sí mismos como
un resabio arqueológico respetable pero anacrónico, sino como culturas
con derechos, riquezas y aportes insustituibles para la gestación de
sociedades más justas y respetuosas de lo ecoló-gico. 3)
Otra realidad que nos desafía, es el diálogo con los nuevos grupos
religiosos que tienen una presencia fuerte en América Latina. Esto nos
plantea también la necesidad de revisar lo que fue la primera
evangelización del continente con sus luces y sombras. Sólo una adecuada
autocrítica nos permitirá superar la tentación de tratar a los demás
simplemente como destinatarios del mensaje y no como verdaderos
interlocutores, sean cuales sean las diferencias que nos separen. 4)
También me parece fundamental tener presente en la V Conferencia el
surgimiento del Foro Social Mundial no sólo como evento anual o cada dos
años sino como un proceso permanente en el que se está descubriendo y
ayudando a gestar "otro mundo posible". -
Por último diría que si, como parece, hay ya una clara determinación de
culminar la Conferencia de Aparecida con el impulso de una gran misión
continental, esa misión deberá ser muy cuidadosa de sus objetivos y de
sus métodos para no repetir viejos errores o caer en un espíritu de
"cruzada". Y deberá ver cómo involucrar activamente al
conjunto del pueblo de Dios en esta iniciativa. Por otra parte, la misión
siempre tiene un movimiento de ida y de vuelta: ella siempre nos interpela
respecto de la forma como estamos viviendo la comunión y participación
al interior de la Iglesia. Las dificultades que encontramos en la misión
tienen que ver, en buena parte, con las inmadureces y contradicciones que
tenemos como comunidad eclesial y que el Evangelio nos invita también a
mejorar. En
el Documento de Trabajo, ¿qué aspectos se subrayan y cuáles quedan para
subrayar? En
mi opinión lo primero que hay que decir es que es muy bueno que exista un
documento de participación y que ese documento haya suscitado la consulta
y la participación activa de multitud de grupos cristianos en América
Latina. También
es positivo que a la hora de hacer el análisis de la realidad retome la
importancia cuantitativa y cualitativa del tema de la pobreza. Lo que
encuentro negativo es la carencia de una referencia a las causas de esa
pobreza: se hace una descripción de este fenómeno que alcanza niveles
absolutamente intolerables en América Latina, pero sin asumir lo que
Puebla (n. 30) ya recomendaba: para comprender y revertir la pobreza hay
que conocer los mecanismos estructurales que la producen. Esta falta de
referencia a las causas da lugar a respuestas de tipo asistencialista que
ciertamente no me parece que sean las mejores. Otra dificultad es que se
habla de la situación social recién en el 4º capítulo, con lo cual la
realidad latinoamericana aparece casi exclusivamente como objeto de la
acción de la Iglesia y no como el contexto en que la propia Iglesia debe
discernir la acción de Dios, descubrir lo que se opone a ella y, en ese
contexto, reformular su propia identidad y misión. Creo
que otra dificultad tiene que ver con la anterior pero se refiere
concretamente a la cristología, a la imagen de Jesucristo que se
presenta. No da importancia a la actividad de Jesús, a sus actitudes, su
práctica, sus conflictos y por eso su mensaje aparece artificialmente
descontextualizado de su propia realidad. Un Jesús así presentado es más
fácilmente neutralizado o manipulado porque se le quita la mordiente histórica,
el sentido de su actuar y los motivos concretos por los que en última
instancia lo mataron, Dios lo resucitó y hoy es nuestra esperanza. Para
ser discípulo se necesita una conversión al Maestro: ¿qué exigencias
comporta esta adhesión a Él? ¿Por qué la opción por ser discípulos
de Jesús implica también una opción por el otro, por el pobre? Una
de las características del "discipulado" tal como aparece en el
Evangelio es que no se trata de un aprendizaje limitado a un tiempo o que
finalice con un examen académico. Se trata de un seguimiento y
aprendizaje que no termina nunca, que nos pone en una actitud de aprender
hasta el último día de nuestra vida. Porque el ser discípulo de Jesús
es hacer propia su actitud ante Dios y ante los demás, asumir su
"causa", hacer pie en su motivación más profunda: el Reino de
Dios y el Dios del Reino, tal como aparece en los Evangelios. Pero siempre
referido a las situaciones que hoy nos toca vivir. El
seguimiento de Jesús implica transformarse en algo así como en un
artista: el cristiano no es un soldado que acata órdenes o un ejecutivo
que implementa programas, sino un artista que debe inventar todos los días
la mejor forma de ser fiel al mensaje, al estilo y a la motivación
teologal que animaba a Jesús. Eso
supone dejarse interpelar por los demás y tomar siempre como referencia
lo que otros sufren, lo que otros enseñan, lo que otros aportan, sobre
todo en la perspectiva de los más pobres. Pero sin olvidar que los pobres
antes que nada, son personas. Son personas que viven una experiencia de
despojo y de bloqueo de sus posibilidades. Debemos
por eso superar esa actitud paternalista, que se centra en sus carencias y
en lo que nosotros podemos hacer por ellos y no en lo que ellos pueden
hacer por sí mismos y por nosotros, en la medida en que tengan las mismas
posibilidades que tuvimos quienes no somos pobres. La
teología latinoamericana nos invita a descubrir que la única perspectiva
que no excluye, la única auténticamente universal, es la que parte de
los que son sistemática-mente dejados de lado. Si
ésta no es la perspectiva central, es seguro que todo lo que hagamos va a
perpetuar las relaciones existentes y los esquemas que todos llevamos
adentro: porque todos estamos programados para mirar hacia el centro, para
descartar lo que no es rentable, para creer que la salvación viene de la
fuerza, y de todos aquellos espejismos de los que Jesús vino a
liberarnos. En
eso creo que la Iglesia de América Latina ha hecho un valiosísimo aporte
a la Iglesia Universal: un don del Espíritu que, por otra parte, ella
debe custodiar como un tesoro y hacer crecer permanentemente. Gloria
Aguerreberry * Entrevista
publicada en la sección Testimonios del Nº 172 de la REVISTA UMBRALES
correspondiente al mes de octubre de 2006 (La revista Umbrales es una publicación de los Sacerdotes del corazón de Jesús- Padres Dehonianos) www.chasque.net/umbrales |
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La Oración enviada por el Santo Padre Benedicto XVI, para la V Conferencia General
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