ADVIENTO 2007


 
CARTA DE
MONS. JULIO BONINO PARA EL ADVIENTO 2007
NAVIDAD, TIEMPO DEL REENCUENTRO PEREGRINOS DE LA ETERNIDAD

MENSAJE PARA EL ADVIENTO 2007 DEL OBISPO DE FLORIDA,
MONS. RAUL SCARRONE

 

"La Navidad es un misterio que exige ser descubierto y al cual hay que prepararse"

 

MENSAJE PARA EL ADVIENTO 2007 DEL OBISPO DE FLORIDA,
MONS. RAUL SCARRONE

 

"La Navidad es un misterio que exige ser descubierto
y al cual hay que prepararse"

 

 

Queridos Diocesanos:

 

Al acercarse la Navidad, la celebración de mis Bodas de Plata Episcopales y la culminación de mi misión como Pastor en esta querida Diócesis de Florida-Durazno he sentido la necesidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre estos acontecimientos tan importantes para nuestra Comunidad Diocesana.

 

La Navidad nos recuerda, como decía el venerado Juan Pablo IIº que

“Dios Padre ha cruzado el umbral de su trascendencia: mediante su Hijo Jesucristo se ha echado a las calles del hombre y su Espíritu de vida y de amor ha penetrado en el corazón de sus criaturas”.

En Cristo, Dios se  nos hace cercano, sobre todo cuando estamos tristes y desanimados, podemos sentir el calor de su palabra: “Vengan a mi cuando estén tristes y angustiados… yo los aliviaré”.

 

El paso de Dios en  nuestras vidas es misterioso y  silencioso por eso requiere de todos nosotros oídos disponibles a la escucha y ojos limpios para poder descubrirlo.  Dios al encarnarse ha venido a convertirse para todos  en el sentido auténtico de nuestra existencia, ha venido para ser el Emanuel o sea el Dios con nosotros para encontrarse en lo íntimo de nuestro corazón.

 

En este tiempo de Adviento se nos invita a estar vigilantes y a fortalecer nuestros corazones porque la venida del Señor está cerca. Para encontrarnos con el misterio de Dios en esta Navidad necesitamos paciencia con nosotros mismos, purificación interior, silencio y espera.

Los signos que revelan la presencia de Dios en nuestra vida y en la historia

son muchos, pero para que no se nos escapen tenemos que ser capaces de admirar, sorprendernos y maravillarnos de ese Dios que viene a nosotros en un niño nacido en un pesebre. El pesebre es la señal que da el Ángel a los pastores para encontrar a Jesús.  Por eso, que la Navidad es un misterio que exige ser descubierto y al cual hay que prepararse. La Navidad ha quedado sepultada por tantas ofertas de una sociedad consumista y por tantas tradiciones que ocultan su maravillosa realidad.

 

En Jesús, el Niño de Belén se nos revela la dimensión divina del hombre y la proyección humana del amor divino. Dios viene al hombre para que el hombre vaya a Dios. Dios se hace en Jesús nuestro hermano para que los hombres seamos hermanos entre nosotros. Nos preparamos a la Noche Buena, porque es la noche del amor que nace, del amor que llama a nuestra puerta y del amor que exige.

 

Invito a todos, en estas semanas previas a la Navidad a esperar con alegría  la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, de nuestro Redentor, de nuestro hermano Jesús, hecho hombre como nosotros y nacido para redimirnos. Y mientras esperamos su venida gloriosa, el Señor nos recuerda que hemos de estar siempre vigilantes, para que cuando llegue nos encuentre despiertos y preparados con las manos llenas de buenas obras  y con un corazón noble y generoso.

 

Les recuerdo lo que decía un poeta alemán del siglo XVIII : “Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en tu corazón, seguirías siendo un desgraciado”. Si nosotros queremos que Cristo venga a nuestra alma y nazca en nosotros en esta Navidad 2007, tenemos que abrirle nuestra casa desde dentro. Porque Él no obliga a nadie ni nos fuerza contra nuestra voluntad.  Pues  el “Dios invisible,  nos dice el Concilio Vaticano IIº , en su gran amor, habla a los hombres como amigos y se entretiene con ellos para invitarlos y admitirlos en la comunión con Él” ( Dei Verbum n.2).

 

Durante el Adviento, celebraré  mis 25 años de Ordenación Episcopal , las Bodas de Plata y  deseo reunirme con todos ustedes para cantar con el salmista con corazón agradecido: ¨ ¿ Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?  Por esto, en estos momentos quiero recordar con gratitud el pasado, celebrando la bondad y fidelidad del Señor en estos largos 25 años de episcopado, primero en Montevideo y luego en esta Diócesis de Florida, a la que me he entregado, con mis pobres fuerzas pero con mucho amor.

Por mis fallas y faltas de generosidad porque la entrega podría haber sido  mayor o por lo que he retaceado en mi entrega imploraré, ese día, misericordia y perdón.

 

Esperando del Señor fuerza, luz y generosidad que me permitan seguir amando y sirviendo en la nueva etapa de la vida que se avecina. En esta etapa de mi vida que se acerca y en la que esperamos la llegada de un nuevo Pastor que guíe la Diócesis, se que el Señor me tiene reservada una nueva tarea y aunque cueste una lucha interior dejar esta misión, después de 20 años en Florida y Durazno, confío que lo que vendrá será mucho mejor que lo que yo pueda imaginar.

 

Rueguen para que pueda caminar con la esperanza y con la convicción radiante de que todas las cosas sirven para el bien de los aman a Dios y como decía Luther King: “Aún las tinieblas de media noche pueden proclamar la aurora de una gran realización”. Conscientes que no somos más que instrumentos en sus manos. Quien da el impulso es Dios. Quien da la supervivencia a la evangelización es Dios. Quien lleva firme el timón por los caminos de la historia es Dios. El hombre es como un andamio, necesario por unos instantes. Después la casa se mantiene sin ellos. Hasta la afearían. Se hace necesario ceder a otro, como si fuese el mismo Dios, el espacio que hemos llenado con nuestra persona y con nuestro trabajo, ceder el espacio que sentíamos tan nuestro como un pedazo de nosotros mismos.

 

 A todos, mi más sincero agradecimiento por la comprensión y afecto que me han brindado en tantas ocasiones en que nos encontramos en mi recorridas por las Parroquias y Capillas. Recen por mi y recen para que Dios les envíe  un Pastor a la medida de su Corazón.

 

Colaboren con él con generosidad, para potenciar más en esta Iglesia Diocesana, tal cual lo pide la Vª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, la misión y el discipulado desde comunidades que centren sus vidas en Jesucristo y que se renueven en una auténtica espiritualidad cristiana que genere vida abundante para colaborar en la transformación de nuestra realidad y posibilitar una nueva esperanza.

 

Que nuestro gozo sea siempre testimoniar y transmitir el Evangelio de Jesús. Evangelio es buena  noticia, es la novedad de Dios para que la vida del hombre sea plena, el Evangelio es lo que Dios tiene que decirnos cada día en nuestra vida para en ella reine la paz, la solidaridad y florezca nuestro corazón como un hermoso jardín. “La fe se fortalece dándola” decía el Papa Juan Pablo IIº. El Evangelio sin misión, sin manos  que lo compartan, sin voces que lo anuncien, sin vidas que lo testimonien deja de ser luz y sal que ilumine y deja de dar sabor de  eternidad a nuestro mundo que se pierde en la inconsistencia de lo efímero.

 

Llamados a ser discípulos de Jesús en una comunidad, seamos testigos vivientes y comprometidos para que su Evangelio impregne nuestras vidas y la de todos nuestros hermanos.

 

A todos queridos diocesanos de Florida y Durazno mil gracias y que el Señor en esta Navidad plenifique nuestros corazones con su amor y su bondad.

 

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

 

                                + Raúl Scarrone

                                Obispo de Florida

 

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TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DE
MONS. JULIO BONINO PARA EL ADVIENTO 2007

 

 

Queridos Hermanas y Hermanos:

 

1. Un Nuevo Adviento.

Hemos comenzado un nuevo Adviento, un nuevo Año Litúrgico, una nueva propuesta para iluminar con la Palabra de Dios nuestra vida personal y comunitaria.

 

De la mano del Evangelio según San Mateo, iremos animando el transcurrir de las semanas y los meses de este tiempo que queremos vivir como discípulos/as misioneros/as de Jesús.

Como Diócesis preparamos el acontecimiento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en el Santuario de Aparecida (Brasil) cuyas conclusiones hemos recibido en el Documento que abundantemente distribuimos en todas nuestras comunidades y será inspirador del camino a seguir en este cambio de época.

En comunión con todas las diócesis del país, contribuimos en la elaboración de las Orientaciones Pastorales de la Conferencia Episcopal Uruguaya. Reitero mi agradecimiento por el esforzado trabajo común realizado.

 

 

2.. El compromiso de elaborar el Proyecto Pastoral Diocesano.

No hay duda estamos inaugurando un nuevo tiempo pastoral. Habiendo evaluado nuestro Plan Pastoral Diocesano 2001-2006, nos lanzamos a la elaboración de un nuevo Proyecto Pastoral 2008-2013; disponiéndonos a recorrer las etapas del VER social y eclesial, del JUZGAR descubriendo la voluntad de Dios para nuestra realidad y comprometiéndonos a ACTUAR  según el discernimiento comunitario que hayamos realizado.

 

3. Compromiso comunitario de una auténtica conversión pastoral.

En el Espíritu esperanzado de este Adviento convoco a todos los diocesanos a vivir el proceso de una auténtica conversión pastoral, apostando lo mejor de nosotros mismos en la construcción de la Iglesia Diocesana, porción del Pueblo de Dios que peregrina en el territorio de los departamentos de Tacuarembó y Rivera.

Hago un particular llamado a ponernos en este camino común: a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas, lacios y laicas; a los participantes de los cuatros Consejos Pastorales Zonales, a los integrantes de los Consejos Pastorales Parroquiales, a las Comunidades Eclesiales de Base, a los Organismos y Servicios, a los Movimientos, Asociaciones Laicales y grupos similares.

 

La próxima celebración de la fiesta de Navidad, es una convocatoria a adorar “al Rey que viene, al Señor que se acerca”. Recibir a Jesús, nacido de María, nos compromete a trabajar por una vida digna para todos/as. Que en esta Navidad la luz del Pesebre de Belén, del Hijo del Dios hecho Hombre, nos ilumine a todos y todas.

Aprendiendo de Él -que así como el Padre nos lo ha enviado - nos envía también a nosotros con humildad acercándonos a adorar a este Dios-con-nosotros.

 

¡Les deseo de corazón una Feliz Navidad!

 

En Jesús Buen Pastor

 

 

 

+Mons. Julio César Bonino

Obispo de Tacuarembó-Rivera

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1 de diciembre de 2007

 

NAVIDAD, TIEMPO DEL REENCUENTRO PEREGRINOS DE LA ETERNIDAD

 

A la Comunidad Diocesana:

 

                                               Con la festividad de Cristo Rey del universo hemos concluido un tiempo litúrgico denso en vivencias, guiados por el Evangelio de San Lucas, en el que hemos tomado mayor conciencia de nuestra condición de discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestras comunidades tengan en Él vida abundante.

 

El Adviento inicia un nuevo año litúrgico e invita a nuestras comunidades a reempezar desde Cristo pero, esta vez, guiados por el Evangelio de San Mateo. Es el Evangelio de la comunidad de discípulos donde nacen y crecen todos los llamados al seguimiento de Jesús.

 

En la vida tenemos el riesgo de acostumbrarnos a vivir la fe, al igual que en otros aspectos de la realidad humana. Perdemos  la capacidad de sorprendernos ante la bondad y la presencia de Dios en lo cotidiano de la vida. Los impactos en la mayoría de las veces son transitorios tanto los positivos como los negativos que suelen ser los más numerosos. No nos damos el tiempo de ser conscientes y precavidos dejándonos atrapar por situaciones que ya no nos permiten prevenir dando lugar a decisiones que después lamentamos o a improvisaciones que nos perjudican.

 

La Palabra de Dios nos invita en este tiempo en el que vivimos a que “es hora de despertarse” de “estar prevenidos y vigilantes”, que nos dejemos instruir por el Señor para poder caminar por sendas de luz, que abandonemos las obras propias de la noche y revistámonos de los sentimientos del Señor Jesús. Es verdad que el Señor ya ha venido para estar y caminar con nosotros. Pero sigue viniendo lo que reclama la apertura del corazón y quitar todo obstáculo a su presencia comenzada.

 

¿Cómo nos ubicamos sabiamente ante la vida? Caben aquí las preguntas que siempre tienen vigencia: ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿por dónde vamos?

 

                                               Se cuenta del pensador y gran novelista Chesterton que era una persona muy despistada:

“En una ocasión, viajando en tren, el inspector le pidió el boleto. El empezó a buscarlo por todos los bolsillos y  no lo encontraba. Se iba poniendo, cada vez, más nervioso. Entonces el guarda le dijo: “Tranquilo, no se inquiete que no le haré pagar otro boleto”. “No es pagar, lo que me inquieta, repuso Chesterton, lo que me preocupa es que he olvidado a donde voy”.

 

¿Sabemos a donde vamos? La imagen del camino refleja el dinamismo de la vida, integramos un pueblo cuya identidad es ser peregrino de la eternidad; la vida de cada uno nos lo hace experimentar: nacemos, crecemos, nos desarrollamos y llegamos a un destino que nos hemos propuesto.

 

No somos frutos de una casualidad sino del amor de quien quiere compartir su vida con nosotros. El amor de nuestros padres es expresión de quien está en el corazón de todo amor: “Dios-amor”. “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes que salieras del seno, yo te había consagrado…” (Jer.15). Dios está en el comienzo de la vida de cada uno y nos llama a ser santos e inmaculados en su presencia. A esto apunta San Pablo cuando dice: “A los que Dios conoció de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo Jesucristo… y a los que predestinó, también los llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó” (Rom.8,29-30).

 

Por esto la vida es un viaje que, como todo viaje, tiene su destino que nos  guía y no permite  que andemos a la deriva.

 Tanto el acostumbramiento como el aturdimiento al que nos expone el trajín diario, las preocupaciones inmediatas, los desencantos y frustraciones nos adormecen apagando las ilusiones y debilitando la esperanza.

 

El tiempo del Adviento nos invita a remotivar la fe en la presencia comenzada del Emmanuel, Dios con nosotros, nos llama nuevamente a la vigilancia, a estar prevenidos con la puerta del corazón abierta para acoger al “Hijo del Hombre que vendrá a la hora menos pensada”.

 

Juan, el Bautista, pregonero del Reino de Dios que se acerca, nos invita a allanar el camino: quitando impedimentos, limpiando suciedades, podando las ramas secas para que el árbol dé más frutos, liberándonos de la rutina que esteriliza, en una palabra, Juan nos invita a la conversión para rectificar el camino.

 

Miremos, especialmente en este tiempo, a María la mujer de fe, a José  el hombre disponible, y Juan el Bautista pregonero del Señor que viene, que son los compañeros de camino en este adviento del reencuentro  con el Verbo encarnado.

Jesús es el camino, por donde hemos de ir, ya que es principio y fin “de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de  la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones” (GS.45).

 

Este tiempo que transcurre entre gozos y esperanzas, entre tristezas y  angustias, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, y que son también gozos y esperanzas, tristezas y angustias de quienes intentamos cada día ser discípulos de Cristo, nos afiance a reproducir sus sentimientos. Navidad es tiempo de reencuentro en la conversión y en la comunión con el Señor. ¡Feliz Navidad!

 

                                                                      

                                                                                   +Orlando Romero

                                                                              Obispo de Canelones

 

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