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*Ambientación:
¡Ojalá que les preste este servicio! siendo para mí la ocasión de un fraterno saludo navideño lleno de las bendiciones del Señor y de esperanza para el nuevo año 2011.
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(Obispo de Tacuarembó)
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Primera Carta Pastoral del Obispo de Canelones Mons. Alberto Sanguinetti : La esperanza cristiana hay que buscarla, cuidarla y pedirla
En 6 páginas, el Obispo profundiza sobre distintos aspectos de la renovación en la esperanza poniendo la mirada en Cristo “verdadera esperanza para todos”, al tiempo que exhorta, en ese espíritu esperanzador, a renovar la catequesis y la Sagrada Liturgia.
El Pastor señala, asimismo, el Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental y el Año Jubilar por el cincuentenario de la Diócesis de Canelones, que se celebrarán el próximo año, como ocasiones “para renovarnos en la vida nueva de la esperanza en Cristo”.
En la edición anterior de NOTICEU dimos un avance genérico del contenido de la Carta Pastoral, en este número presentamos la síntesis de los principales ítems de la misma:
1. La alegría del encuentro con la Iglesia de Canelones
“Ahora, por estas líneas, quiero compartir con ustedes la creciente alegría que brotó en mí al recorrer campos y ciudades e ir descubriendo las comunidades, constatando los frutos de fe, amor y vida, que fructifican en nuestra Iglesia local. También me he reunido con grupos diversos, con los sacerdotes y las religiosas, catequistas y jóvenes, familias y movimientos. ¡Por cierto, aún me falta mucho por recorrer en esta querida, fecunda e inagotable Iglesia canaria! “
2. Un llamado a renovarnos en la esperanza
a) La importancia de la esperanza
“Los seres humanos y las comunidades son según su esperanza. Somos seres prospectivos, hacia adelante. La esperanza es el dinamismo de nuestra existencia. Obramos y somos de acuerdo con lo que esperamos y según lo esperamos”.
“Ahora bien, ¿da lo mismo esperar una cosa que otra? No. El valor de la esperanza lo da el bien verdadero que esperamos. Y, también, la esperanza es valedera si de alguna forma es alcanzable: de lo contrario es un escape, una ilusión”.
b) La esperanza según las Sagradas Escrituras: Jesucristo esperanza de la gloria
“…La esperanza del Reino glorioso de Cristo es la única, definitiva y verdadera esperanza para todos los hombres y todas las generaciones. Esa esperanza de la justicia, la vida, la verdad, la santidad definitiva es la que da realidad a las esperanzas parciales de nuestro peregrinar en este mundo: de lo contrario, todo sería vano y terminaría en la nada”.
c) Esperanza del mundo futuro y esperanza actual
“Hoy mismo Cristo es nuestra esperanza. Hoy mismo es nuestro salvador. Hoy queremos abrirnos a la esperanza de Cristo, buscando ya la vida nueva que Él nos entrega y confiando que entre, viva y reine en nuestra Iglesia y en cada uno de nosotros”.
•” Esta esperanza en Cristo, se traduce en confianza en su Palabra, es decir, en fiarnos de su palabra, escuchándola y apoyándonos en ella, para que guíe nuestra mente, nuestros valores, nuestras opciones, nuestros actos”.
• “ La esperanza en Cristo nos abre a la esperanza de una vida justa y santa, según su Palabra. Un mundo sin esperanza nos quiere convencer que no hay lugar a una vida santa, o porque no importa la santidad, o porque es una utopía imposible. Sin embargo, Jesús nos dice que la santidad es la verdadera vocación del ser humano, la verdadera vida digna”.
• “La esperanza en Cristo nos dice que es posible la conversión, el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios y con los demás, que podemos recomenzar, que podemos crecer en santidad”.
• “Esta esperanza en Cristo, se traduce en buscar su presencia salvadora, actual, en la oración y los sacramentos de la Iglesia”.
• “La esperanza del mundo futuro nos hace comprender que la Santa Misa ya el comienzo del mundo futuro.(…). En la Misa, con Cristo estamos en el cielo ante el Padre, con los ángeles y los santos, junto con Santa María”.
• “Nuestra esperanza en Cristo, Señor y Juez de la Historia, nos permite leer los signos de los tiempos, aún en lo relativo de la historia humana. Si bien, el juicio definitivo es sólo de Jesucristo, sí podemos con cierta modestia comprender y valorar los acontecimientos y tomar responsabilidades”.
. “La esperanza de la vida eterna, fundada en el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, nos hace ver la grandeza de cada ser humano, el sentido de su existencia y su vocación, porque “bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre” (GS,10)”.
. “Esta esperanza plena, defiende la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural”.
. “También hemos de renovar la esperanza en la verdad de la familia, fundada en el matrimonio estable e indisoluble”.
d) Esperanza y purificación
“La esperanza verdadera está unida a la verdadera humildad, a la humildad de los santos”.
“En una palabra, la esperanza cristiana, nos hace esperar a Dios, de Dios, cuando y como Dios quiera. Hay que buscarla, hay que cuidarla, pero sobre todo, hay que pedirla. La esperanza está unida a la oración”.
3. La esperanza vivida en el Adviento y la Navidad.
“El Adviento es una invitación a renovarnos en la esperanza de que Cristo vendrá glorioso, en la resurrección de los muertos y la vida eterna, la vida del mundo futuro”.
4. La esperanza vivida hoy en nuestra Iglesia diocesana.
“La Iglesia toda y en ella nuestra Iglesia de Canelones, peregrina hacia la Iglesia celestial, Jerusalén de arriba, entre luchas y consuelos, con su esperanza firme en Cristo, su Cabeza, Señor y Esposo”.
Puntos más concretos y ocasiones para renovarse “en la vida nueva de la esperanza en Cristo”:
a) En el Bicentenario del Proceso de emancipación
“La Iglesia local, el pueblo católico, acompaña el pueblo cívico del que forma parte.
Como un acontecimiento singular el año próximo participaremos de la celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental, que recuerda entre sus hechos señeros la batalla de Las Piedras. Nuestros mayores, sacerdotes y laicos, tomaron parte en aquella gesta”.
b) El año Jubilar por los 50 años de creación de la Diócesis “Un Año Jubilar, es particularmente un año de gracia del Señor. Es un tiempo para reconocer los dones recibidos y elevar súplicas y acciones de gracias a Dios. Tiempo de conversión, para reconocer los pecados y buscar el perdón. Tiempo de reconciliación. Tiempo para gozar la vida de santidad y gracia de Dios y celebrar las maravillas del Señor en su Iglesia. Tiempo de misión para anunciar a los que nos rodean, que Cristo vive en su Iglesia”.
c) La renovación de la catequesis “Siguiendo los esfuerzos de tantas generaciones de catequistas, habiendo escuchado el pedido de buscar líneas comunes para la catequesis en la Diócesis, abrigamos la esperanza de que juntos nos encaminemos a implementar y mejorar una catequesis renovada”.
d) La renovación de la Sagrada Liturgia “La esperanza crece, nos purifica y nos da vida si más y más nos dejamos atraer por la acción del Espíritu Santo y unir con Jesús el Señor. Esto es posible si nos dejamos purificar por la esperanza humilde de que la Iglesia en sus palabras y ritos nos une con Cristo. Hemos de creer que Ella sabe lo que hace y lo que debemos hacer. La Liturgia es la patria de la esperanza”.
Texto completo de la Carta Pastoral en www.iglesiacatolica.org.uy
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Mons. Rodolfo Wirz : “Buscar, encontrar, adorar y anunciar a Cristo es la prioridad absoluta, nuestra identidad más profunda” En su 44ª Carta Pastoral el Obispo aboga por una evangelización más decidida y convencida
“A los 25 años de estar entre ustedes…renuevo mi disponibilidad a lo que el Señor quiera y hasta cuando quiera” expone el Obispo de Maldonado al inicio de su Carta Pastoral en la que presenta reflexiones escritas “desde el corazón”, las que “no llegan a ser un ‘balance de la gestión’, pero tampoco meras impresiones al pasar”.
El Obispo dirige las 20 páginas que componen la Carta Pastoral no sólo a “la ‘interna’ de la comunidad católica” , sino que pretende abarcar en su “preocupación y afecto a toda la sociedad, por ser mi misión un envío de la Iglesia en nombre del mismo Jesús, tan solidario con la gente más diversa.
LA CARTA PASTORAL EN GRAGEAS
“Bien recuerdo esa Misa inicial de mi ministerio episcopal que se me confiara, en la Plaza de San Fernando de Maldonado, en aquella tarde de un sábado 21 antes de la Navidad, con un ánimo evangelizador que no ha decaído, no para seguir sin más en el “trillo”, sino atento a nuevos desafíos, consciente de mi experiencia y de mis limitaciones, pero sobre todo de la gracia que procede del único Pastor”.
Dentro de la variada evangelización de Maldonado y Rocha, la Iglesia, de los cuales responsabilizo estos 25 años, con sus logros, omisiones y limitaciones, ha tratado de estar cerca de la gente.
Experiencias diversas me han marcado a fuego: la Eucaristía festiva, sencilla o a solas en situaciones variadas, visitas pastorales desde el Chuy hasta Solís Grande en las 15 parroquias, la “pastoral ordinaria” en lo público como en lo oculto y sólo conocido por el Señor, la guía de planes pastorales, la atención a todos los que se acercaran al Obispado por los motivos más diversos, mediaciones en situaciones conflictivas, la Casa Diocesana de “La Paz y la Alegría”, las vivencias en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, los más de 10 años de visita casi semanal a la Cárcelde las Rosas, la promoción del diaconado permanente y los ministerios laicales, la catequesis familiar y recientemente el itinerario catecumenal y la Escuela Diocesana de formación “Emaús”, etc. ¡Cuánta gente estuvo presente, dedicando tiempo, afecto, experiencia, etc. en lo que aquí resumo brevemente!
Pero tomo conciencia de quedarme corto en lo que debiera haber hecho mejor y de las omisiones: de un diálogo más evangelizador con los centros educativos, los grupos de jóvenes, los medios de comunicación, los profesionales y responsables de la sociedad, con los laicos en general en su animación de las realidades temporales, en la promoción de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada... Pido comprensión y apoyo: porque sólo juntos es posible.
¿Qué saco en limpio y considero irrenunciable a esta altura de mi vida personal, en el contexto de la vida de la Iglesia y de la sociedad toda, con tantos cambios significativos, acelerados y globalizados? Hay un aporte de la Iglesia siempre moderno, actual y necesario que nos beneficia a todos y del que estoy cada vez aún más convencido que al primer día de la llegada: evangelizar. O sea promover la vida nueva en Cristo, que ante todo y siempre es un Don, es decir crear cada día de nuevo el ambiente, los conocimientos, actitudes, comunidades, organización pastoral, etc. de modo que ese regalo pueda transformarnos por dentro, en la visión, motivación, iniciativas y gestos solidarios, que hacen posible la “salvación” que siempre será iniciativa de Él.
Buscar, encontrar, adorar y anunciar a Cristo es la prioridad absoluta, nuestra identidad más profunda que justifica todos los esfuerzos y sintetiza todas nuestras motivaciones. ¡ Si será importante por estar en juego la felicidad, el compromiso tenaz, una vida en plenitud…!
Mi sincero agradecimiento a todos los que han aportado desde el “vamos” como en el transcurso del camino, su tiempo, vocación y entrega a los demás. Son hermanos y hermanas que desde el bautismo, vocación laical, ordenación ministerial sacerdotal o diaconal, vida consagrada, hombres y mujeres de buena voluntad que se van acercando, en la riqueza de tantos servicios, tareas, profesiones, carismas en el mundo y en la Iglesia, y se han brindado al bien común, a las comunidades y a los más necesitados. Tanto el testimonio público en defensa de la vida y de la familia como la entrega silenciosa junto al que está postrado en el lecho del dolor y el aporte concreto a una solución social de tantas materias pendientes son signos de presencia evangelizadora que nos estimulan a todos. Sin duda que el compromiso laical de la mayoría del pueblo de Dios merece un apoyo mucho más decidido de mi parte.
El tema del sacerdocio ministerial debe estar en la mesa de la casa, centros educativos, grupos y comunidades, porque toca a nuestra identidad más profunda. La oración, el interés y el apoyo a las vocaciones condiciona nuestro futuro de los próximos tiempos. Aunque sean unos 140 sacerdotes que en estos 25 años, con tiempos, motivos, nacionalidades, títulos muy variados, han dejado sus huellas en las comunidades, no hay proporción entre las necesidades crecientes y urgentes por una parte y los pocos sacerdotes permanentes, una veintena, para enfrentarlas por otra.
Si descubro y vivo mi vocación, la que sea, inclusive la sacerdotal, descubro el sentido para superar dificultades y plasmar un proyecto que me hace feliz a mí y a los demás. Esto vale para toda vocación de verdad y lo aplico al ejemplo en cuestión.
Y reconozco, empezando por mi mismo, que al tener en nuestra patria una libertad de culto, de expresión y de reunión, parroquias, capillas, colegios, liceos, educación no formal, obras sociales, sacerdotes, diáconos, religiosos/as, catequistas, ministros laicales, etc. en una sociedad democrática, sin embargo no aprovechamos “a full” nuestras posibilidades. (…) en nuestra situación privilegiada tendríamos que “sacarle mucho más jugo” a nuestras posibilidades para una evangelización valiente y concreta, además de abundancia de vocaciones misioneras (…). Es decir, pienso en una evangelización más decidida y convencida, casi diría, aunque suene duro, “provocativa” como sinónimo de directa, incisiva y propositiva que invite a una definición. El desafío de la Iglesia es vivir con fuerza tal la identidad y fundamentación en las convicciones, que nadie, al vernos, escucharnos y tratarnos, tenga muchas dudas de los valores y del magisterio que nos guían y que hemos asumido, unido a una cordialidad y sensibilidad que tienden puentes en las direcciones más diversas. ¡Sólo una identidad muy definida y arraigada hace posible una amplitud de un relacionamiento evangelizador hacia la diversidad de formas de vida y de opinión!
Hay una discriminación evidente y explícita en no respetar nuestra Constitución de la República en lo referente a la libertad de enseñanza, al no poder elegir los padres, gratuitamente, con igualdad de posibilidades, una educación coherente con sus valores y convicciones para los hijos, prolongando la vida que ha sido engendrada. La educación pública para todos, de gestión oficial o privada, dentro del ideario valeriano bien entendido en todas sus implicancias, nos debe brindar una garantía tal que nadie se sienta discriminado.
Comprenderán que otro tema en la agenda de la ciudadanía, creyente o no, debe estar en nuestra sensibilidad, por motivos de coherencia humanitaria. Me refiero a la problemática de los atentados a la vida en los debates en torno a la despenalización del aborto. Dentro de los diversos aspectos, con cordura y sensatez, no nos olvidemos de algo elemental: un ser concebido ya desde el “vamos” es un ser humano, hijo o hija, con mamá y papá (éste tantas veces “desconocido”), que supone todo el apoyo y defensa de la sociedad, por ser persona, además de frágil e inocente. Si la sociedad atenta contra sus hijos/as más indefensos, está labrando su propia tumba y el mensaje que deja es que la vida es negociable. Lo digo sin ser tremendista, sino simplemente lógico. Con esto no quito importancia a los diversos sentimientos, aspectos, realidades que rodean cada situación concreta, donde toda solución supone diversos protagonistas que más que antes tendrán que obrar en común.
Consecuencia de esto es el decidido apoyo legal, cultural, económico, etc. a la institución familiar, que supone estabilidad, formalidad jurídica, fidelidad y complementación entre un hombre y una mujer, fecundos en los hijos físicos o adoptados, éstos necesitados de un sentido de la vida, cariño, alimentación, educación sino… somos responsables de los huérfanos de facto que vamos criando.
Nuestra Constitución reconoce la vida y la familia como valores esenciales de la convivencia ciudadana. Como Iglesia además recordamos y celebramos en la fe la fundamentación última de toda vida y de toda familia.
No quiero dejar pasar esta Carta sin mencionar a dos personalidades que merecen un “rescate” histórico, por lo que significaron en otros tiempos con su vinculación particular a esta región del país y aporte a la querida Iglesia uruguaya en los inicios, no de su historia, pero sí de su configuración jerárquica en el territorio patrio.( …) Mons. Jacinto Vera (3/7/1813 - 6/5/1881), el primer obispo, el misionero incansable, el hombre más conocido en su tiempo por un trato personalizado con prácticamente todos los habitantes del Uruguay de mediados del siglo XIX.
Una vocación suya surgida en esta región fue su sucesor en los nuevos tiempos del inicio del siglo XX: el gran carolino Mons. Mariano Soler (25.3.1846-26.9.1908), quien sobre los cimientos del anterior pastoreó la Iglesia en el diálogo con la cultura de la modernidad y en las definiciones de la doctrina social, pionera en la época, por sólo nombrar estas realidades nuevas.
¿Qué harían estos “colosos” de la Iglesia si vivieran hoy? ¡Ojalá aprendamos de los dos a vivir con el mismo ardor y fervor en estos tiempos, en la variedad de vocaciones en la Iglesia y en el mundo !
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RECURSOS PARA PREPARAR EL ADVIENTO Y LA NAVIDAD “NUEVE MESES EN EL VIENTRE DE LA VIRGEN MARIA- PARA REZAR EN ADVIENTO ESPERANDO LA VIDA” El P. Guillermo Buzzo pone a disposición un material para preparar el Adviento en familia. El trabajo presenta un tema de gran actualidad, ( tras los últimos debates en torno al derecho a la vida) y está desarrollado para 12 encuentros, a la vez que incluye una oración para la mesa de Nochebuena. |
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