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Presentación a la prensa de la Carta Pastoral de la CEU
"Nuestra Patria: gratitud y esperanza"
Martes
15 de noviembre de 2011
Mons.
Collazzi, presidente de la Conferencia Episcopal, Mons.
Cotugno, arzobispo de Montevideo y Mons. Bodeant, secretario
de la Conferencia, presentaron hoy en a la prensa, en la
sede de la CEU, la Carta Pastoral de los Obispos uruguayos
en ocasión del Bicentenario: "Nuestra Patria: gratitud y
esperanza".
Resumen entregado a la Prensa
Se trata
de una carta dirigida “a todos los fieles católicos y a todo
el Pueblo Oriental”, que los Obispos han preparado a lo
largo de este año y presentaron el pasado domingo 13 en
Florida, en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los
Treinta y Tres.
La carta
se inicia con una mirada al pasado en la que prima el
recuerdo agradecido de las personas y bienes que han
contribuido al desarrollo y grandeza de la Patria, con
especial énfasis en quienes lo hicieron animados por su fe
católica.
En
segundo lugar, se exponen los dos focos con los que los
Obispos invitan a mirar nuestra realidad. El primero es
Jesucristo y su mensaje, “cuyo anuncio es el aporte
específico que la Iglesia brinda a la sociedad”.
También
se señala el centro de convergencia para la construcción de
la comunidad nacional: la dignidad de la persona humana y
sus derechos inalienables, con especial énfasis en el
carácter natural de esos derechos, tal como están
reconocidos en los tratados internacionales. El derecho a la
libertad de conciencia y a la libertad religiosa tienen
también un importante desarrollo.
A
continuación, en solidaridad con quienes ansían y procuran
una sociedad cada vez más justa y fraterna, los Obispos
presentan algunos aspectos de la realidad social que les
preocupan: el envejecimiento de nuestra población, el alto
índice de suicidios, la violencia, la pobreza –especialmente
en los niños–, el aumento del consumo de alcohol y drogas,
la situación de las personas encarceladas y la violencia
doméstica.
El
futuro del Uruguay, hacia el cual la carta mira con
esperanza, se juega en gran medida en la familia y en la
educación. Cada uno de esos dos grandes temas ocupa,
respectivamente, un capítulo de la carta.
Se
destaca, así, la centralidad de la familia, “valor
primordial al que aspiran la inmensa mayoría de nuestros
hombres y mujeres” y se exponen algunos de sus problemas:
matrimonio y divorcio, cultura de la vida, espiritualidad de
la vida familiar y la vigencia de los valores evangélicos.
Se propone dar validez civil del casamiento religioso, tal
como se da en otras legislaciones.
El
capítulo sobre educación comienza con las significativas
palabras “hacia adelante”, subrayando el valor transformador
de la enseñanza y la educación. Los Obispos recuerdan el
aporte histórico de la Iglesia en el campo educativo.
Reafirman el derecho de los padres, aún los de escasos
recursos, a elegir la orientación de la educación de sus
hijos, replanteando el tema de la laicidad y la
confesionalidad. Proponen que se abra el sistema de
enseñanza a una mayor pluralidad de formas y centros,
entendiendo la educación como servicio público de gestión
tanto estatal como privada.
Antes
del saludo final, dirigido a todos, la carta tiene palabras
para la comunidad católica, alentando a los fieles en su
misión de contribuir al cambio de la sociedad, con libertad
y responsabilidad personales, “trabajando con rectitud en
favor del bien común de los uruguayos”.
La carta
concluye con un llamado a la unidad de nuestro pueblo: “en
el mutuo respeto, en la sana confrontación, juntos
reconocemos que el fin no es vencer al otro, sino que hay
realidades superiores que, trascendiendo las diferencias,
impulsan a la unidad”.

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