Asamblea de la Conferencia Episcopal del Uruguay
ABRIL DE 2005

Conferencia Episcopal del Uruguay - Asambleas ANUALES del Episcopado 

 

MENSAJE PARA EL DÍA DE LOS TRABAJADORES

HOMILÍA DE MONS. PABLO GALIMBERTI

Iglesia Catedral Basílica de la Virgen de los Treinta y Tres, Florida,
Jueves 7 de abril de 2005

Iglesia apoya la solución carcelaria
EL OBSERVADOR 14/04/2005

 

MENSAJE PARA EL DÍA DE LOS TRABAJADORES

 

  1. En este primero de mayo, los Obispos saludamos a todos los trabajadores de nuestro país, de la ciudad y del campo, hombres y mujeres de todos los sectores.

 

  1. La democracia se fortalece cuando nos asociamos para lograr objetivos de bien común, que superan la capacidad y los medios de que pueda disponer cada uno aisladamente. Por eso, apoyamos los esfuerzos que buscan incluir a todos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

 

  1. Alentamos a todos los trabajadores que integran organismos intermedios de participación: gremios, sindicatos, actividades docentes y culturales, cooperativas, mutualistas, grupos de vecinos, emprendimientos productivos de perfil solidario, y sectores laborales que hasta ahora no estaban representados.

 

  1. El trabajo no es sólo un medio para percibir un salario, sino también un camino de crecimiento personal, familiar y social. Nos preocupa la pérdida del significado del trabajo que agrava la pérdida del sentido de la vida.

 

  1. E l Papa Juan Pablo II, en su visita a Melo el 8 de mayo de 1988, nos dijo: “Por medio del trabajo, la persona se perfecciona a si misma, obtiene los recursos para sostener a su familia, y contribuye a la mejora de la sociedad en la que vive. Todo trabajo es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación, y cualquier trabajo honrado es digno de aprecio.”

 

  1. El trabajo es un derecho y es también un deber. Nos incumbe a todos hacer realidad esta dignidad y esta responsabilidad.

 

  1. En este tiempo pascual, pedimos a Jesús Resucitado, por la intercesión de San José Obrero, a quien invocamos hoy como patrono de los trabajadores, que nos fortalezca en la opción por la justicia y la necesaria paz para todos los habitantes de nuestra tierra.

 

 

Florida, 1º de Mayo de 2005

 

Los Obispos de la Iglesia Católica en Uruguay

 

COMUNICADO DE PRENSA

FINALIZÓ ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DEL URUGUAY

En la tarde de hoy culminó la primera Asamblea Plenaria anual de los Obispos de la Iglesia Católica en Uruguay. 

Destacamos de la Asamblea los siguientes aspectos:

1. PASCUA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

El jueves 7, los integrantes de la Conferencia Episcopal, junto al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Janusz Bolonek, (compatriota del Santo Padre), concelebraron la Misa en el Santuario Nacional “Virgen de los Treinta y Tres”.

La Catedral de Florida estuvo colmada, así como las demás Iglesias del país que reunieron a los fieles en oración, para asociarse a los funerales de Roma. 

2. AÑO DE LA EUCARISTÍA

El centro de los intercambios de estos días fue el Año de la Eucaristía convocado por el Papa.

Luego de compartir las experiencias de cada Diócesis, se propusieron algunos enfoques como aporte para el Sínodo de Obispos que tendrá lugar en Roma, en octubre, con este tema. 

Para vivir la Eucaristía como camino de solidaridad, los Obispos prepararon orientaciones para la pastoral y la promoción social.

Este año se espera acentuar la dimensión social de la fe, favoreciendo la participación activa en la construcción de una sociedad más solidaria, desde la propia identidad como Iglesia.

3. NUEVO GOBIERNO

El comienzo de un nuevo período de gobierno, con nuevos protagonistas, mereció el análisis de los Obispos a los efectos de mantener el relacionamiento adecuado con los distintos sectores y niveles de la nueva Administración.

4. LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA

Los Obispos estudiaron los documentos preparatorios de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que se reunirá a principios del 2007, para compartir las respuestas a los nuevos desafíos que se presentan en nuestro continente.

 

EPISCOPADO URUGUAYO HOMENAJEÓ A JUAN PABLO II

 Ante una Catedral colmada de fieles, todos los obispos uruguayos le rindieron
anoche homenaje al Papa Juan Pablo II.

La Homilía de la  Eucaristía celebrada en la Iglesia Catedral Basílica Virgen de los Treinta y Tres de Florida, estuvo a cargo del  Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Pablo Galimberti . El Prelado rememoró la figura de Juan Pablo II, su pasaje por Uruguay, el nombramiento de la Primera Beata uruguaya, al tiempo que destacó que “el mundo de hoy necesita justicia pero mucho más necesita de misericordia”. Mons. Galimberti vinculó este aspecto, central en el legado del Papa fallecido, al tema de los desaparecidos de nuestro país.

HOMILÍA DE MONS. PABLO GALIMBERTI

Iglesia Catedral Basílica de la Virgen de los Treinta y Tres, Florida,  jueves 7 de abril de 2005

La Iglesia Universal, la nuestra aquí, peregrina en Uruguay, vive días de tristeza, vive días con sabor a Pascua, con momentos de dolor, seguramente con lágrimas, con momentos de llanto, porque hemos perdido un Padre y con momentos también de Resurrección en que los seres queridos, particularmente el Papa Juan Pablo II, lo miramos a la luz del Resucitado. El resplandor de Cristo está como introduciendo en las moradas eternas en el cielo para ser un intercesor nuestro.

 

Hacemos en la Misa memoria de Jesucristo muerto y resucitado, una memoria fuerte, intensa, que penetra nuestra vida y nuestro presente, y agradecemos también, hacemos una memoria, de todas aquellas bendiciones que  Dios nos ha regalado: la vida, la familia, la educación, el pueblo donde hemos nacido, las personas que nos han dado una ayuda para caminar y crecer. Agradecemos también el don de la fe, el haber  entrado por el Bautismo en la Iglesia, el haber crecido, el haber tenido tantas oportunidades para descubrir el rostro cercano de Dios, y por pertenecer y continuar militando, avanzando y caminando en esta Iglesia de Dios. Entonces en este recuerdo hoy está presente nuestro recuerdo agradecido por Juan Pablo II. Sin duda que cuando una persona muy cercana muere, al mismo tiempo cae una tristeza profunda, es la oportunidad de  empezar a entresacar de nuestros recuerdos frases, fotos, palabras, situaciones, muchos recuerdos que se agolpan a veces un poco desordenadamente. Sin duda ustedes pueblo iglesia de Florida que tuvieron la cercanía y mantienen todavía en la memoria tan fresca la visita de Juan Pablo aquí a esta ciudad. Sin duda que tendrán muchas  anécdotas para mantener viva esa imagen, y para sacar las cosas, de pronto accesorias, y dejar que penetren en el corazón las enseñanzas de fe, que un Pastor ardoroso, lleno de vigor, nos ha dejado.

 

Dice el Evangelio esta frases de Jesús: “El Padre ama al Hijo”. Podríamos pensar que ese amor del Padre  manifestado en el Hijo, aún en los momentos más difíciles, más oscuros, más tenebrosos, el Viernes Santo, es lo que sostenía el corazón y el alma de Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María. El Padre ama al Hijo. Ese es el rasgo del corazón creyente y lleno de amor que hemos visto en Juan Pablo II. Un hombre, un cristiano, uno como nosotros que caminó en la fe, guiado por la fe, en esa fe aprendida en su familia, de pequeño, en el hogar, primera escuela de la fe. Hombre de fe, porque entre todas las  cualidades que uno podría destacar, eso es lo primero: la fe vivida, la fe hecha actual, la fe alimentada, la fe expresada, la fe pensada, la fe cantada, la fe manifestada en todas las dimensiones, pequeñas o grandes en las que el sucesor de Pedro participa de una manera tan visible. Hombre de fe. La fe que él tanto había profundizado a la luz de las enseñanzas de San  Juan de la Cruz, a quien había particularmente leído y hasta  había empezado allí a estudiar el español, leyendo esos textos tan fuertes sobre la fe, que es la luz en la noche oscura. Sin duda que el Papa, aún antes de ser Papa, aún antes de ser Obispo y aún antes de ser sacerdote, tocó, vivió, palpó esas noches oscuras que se refieren a los momentos en que la vida o la historia te presentan un escenario doloroso, difícil, un país derrumbado, invadido, un país que tiene que detenerse porque no puede ejercer aquellas libertades fundamentales de expresión, escribir, cantar, participar en un grupo de música, o de teatro, todo eso fue cortado. Vivir en la clandestinidad. Pero no perdió esa luz de la fe que nos guía aún en los momentos más oscuros, en los momentos más difíciles, más dolorosos en que toda la noche, toda la vida, todo el entorno te parece  que es desgracia, soledad. Y allí la luz de la fe lo mantuvo, lo alimentó, lo llevó adelante a escuchar mejor ese llamado que empezó a surgir en su corazón. La noche oscura ciertamente, que se repitió muchas veces en la vida de Juan Pablo II, después como Obispo y como Papa, en todos los lugares que él quiso llegar, escuchar y tocar. Recuerden cuando fue a un campo de concentración y dijo: “Desciendo al Gólgota, uno de los lugares del Gólgota del mundo contemporáneo” y entró a la celda del Padre San Maximiliano Kolbe, en Auschwitz, de modo que hay momentos que se repiten, en que uno toca las heridas del mundo, las llagas, las miserias, los pecados. De modo que en medio de eso, no basta constatar como un observador, como un periodista, como un investigador.  No. La mirada de fe es otra, es unir todo eso y meterlo y tratar que la luz de Dios que ama al Hijo y a todos los que estamos unidos al Hijo permita sobrellevar esta carga, no interpretarla, elaborarla, teorizarla. El primer momento es aceptarla. Aquí también está Dios presente en este Gólgota, en este Viernes Santo, en esta muerte, en esta herida, en esta noche, en todas las noches que nos toca vivir también en la vida personal, en la historia y en nuestros pueblos.

 

Juan Pablo II tocó estas noches profundas. La fe alimentada en la oración. No la fe a la cual adherimos cuando renovamos nuestro Credo, gustosamente, sino esa fe que también se alimenta en esos ratos de oración que nosotros, algunos que hemos podido tener esa gracia de poder participar en una Misa con el Papa Juan Pablo, nos sorprendía tanto… nos teníamos que colocar los ornamentos y nos decían, “entren en punta de pie casi”, adonde el Papa estaba, en su Capilla privada, rezando. Y allí nosotros en silencio, atrás, para no molestarlo, ni siquiera toser, el Papa, unos respiros profundos y allí nos dice, en ese libro: “Cruzando el umbral de la esperanza”, a la pregunta un  poco audaz o atrevida del periodista: ¿cómo reza el Papa? No tiene vergüenza en decir cómo reza. Dice que muchas veces lee mensajes, o una carta, o solicitudes que le hacen a él como Pastor, que le hacían, que hacían llegar, y él las incorporaba en su oración. Había momentos en los cuales como que todo eso alimentaba, era parte viva, es esa oración que a veces le llamamos de intercesión, en que uno pide a la Misericordia de Dios que llueva mansamente, sobre todas aquellas heridas que necesitan ser lavadas en el mundo. Y uno no sabe cuál es la respuesta de Dios para aquel, para aquella, para el niño, para el anciano, para aquella familia, pero uno como que de alguna manera empieza a interceder. El Espíritu Santo va guiando, va abriendo, te va mostrando imágenes, situaciones, rostros, realidades. ¡Qué lindo es cuando el Papa nos habla de cómo obra!. Obviamente, la oración es un acto tan íntimo, tan profundo, que no es que esté allí la receta y cada uno tiene que aventurarse, entrar todos los días en ese clima de oración viva, de oración que alimenta. Eso es lo que también nos ha dejado como gran testimonio. En esa línea, ¡que lindas que son esas Canonizaciones!, a veces cuando declaraba santos o beatos modelo de cristianos a muchos, a tal punto que muchos decían: es una exageración. Todos los meses hacía declaraciones, en fin había ceremonias muy importantes de canonización, tanto en Roma como en otros lugares. Sin embargo, una vez ocurrió que el Papa había declarado Beata a una religiosa que está enterrada en Montevideo: Beata Francisca Rubato, una religiosa de las que están en el hospital Italiano, de esa misma comunidad y, bueno, era italiana, estaban todos los italianos de su tierra natal, pero ella había fallecido en Montevideo y por lo tanto la Iglesia de Montevideo tiene el honor de tener enterrada a esta mujer santa, beata, en Belvedere. Entonces el Papa dijo: “Primera Beata del Uruguay”. Los italianos querían morirse. Nos sacan a esta Beata que es nuestra. Después, almorzando con el Papa en esos días, estábamos los Obispos uruguayos, y yo intuía por qué lo había hecho, pero quise preguntarle: “¿por qué tuvo este gesto tan bondadoso Santo Padre?” El dijo: “Yo quiero promover que en todos lados haya modelos, santos, santas, en todos los países” como una invitación a decir “también en esta tierra” 

 

Que es difícil, que es complicado, la mano viene mal, en todos los lugares, no hay excepción y  hay modelos de santidad y la santidad no es para un grupito selecto, es para todos. Esa radicalidad de santo. El santo es aquel que ama pero en grado heroico. Siempre, en modo permanente y ama aún en los momentos de cruz, de dificultad en que se siente que todo se le derrumba, en que lo han olvidado y allí el corazón creyente sigue amando, sigue creyendo, confiando, sin odios.   Otro testimonio de esa fe profunda del Papa, que quiere que existan, que se promuevan, que se señalen para que todos sintamos que la santidad está a nuestro alcance.  Y por eso esa cantidad de modelos, esposos, grandes, chicos, pequeños, trabajadores, estudiantes, de todas las categorías y tiempos para decir estamos en ese camino hacia una fe cristiana fecunda, fuerte, valerosa.

 

El Papa nos ha mostrado eso que es la esencia del Evangelio. ¿Qué es el Evangelio?  ¿En qué consiste? El resumen, cuando le preguntaban, Jesús, dinos en qué consiste? ¿cuál es el mandamiento principal? Es el amor a Dios. Con toda el alma, con todas tus energías, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mimo. Pero el Papa descubre en estos tiempos difíciles que nos toca vivir, este amor de Dios tiene un aspecto que es muy característico, pero que valía la pena destacarlo, ponerlo de relieve. El siglo XX que conoció genocidios, miserias, guerras mundiales, bomba atómica  y tantas formas de conflictos de guerra de odio, de sangre, convenía. Era bueno descubrir que en ese mar de culpa que había quedado, descubrir a Dios, lleno de misericordia, rico en misericordia, abundante en misericordia. Ante la miseria, la misericordia. Ese diálogo desde la miseria hacia la misericordia ¡qué fuerza que tuvo ese mensaje! El Papa había providencialmente, profundizado en sus años juveniles. Esa carta sobre  la misericordia nos lo muestra, esa dimensión Hoy el mundo necesita justicia, pero también y más misericordia.

 

Supongamos que mañana se encuentran los nombres, los restos de los desaparecidos en Uruguay. ¿Está todo arreglado?. ¿Está todo solucionado?. No habrá también rabias, odios, sed de venganza?. No que se exprese  públicamente, pero decirle: este es el culpable, si no le hago un escrache, si no le hago algo público, creo que no me contengo… Y hay siempre en el corazón humano, o familias que han perdido a seres queridos que han sido asesinados. ¿Qué hacemos ante esta realidad? Primero, que haya justicia. El juez descubre, está preso el culpable. Está reconocido, socialmente tiene una sanción moral pública. Pero el corazón humano necesita algo más, no basta la justicia. Necesita el salto hacia la misericordia. Es algo gratuito que Dios nos mostró en Jesucristo y esa  misericordia la podemos también pedir, implorar, sobre todas aquellas realidades oscuras, difíciles, que hoy hieren, preocupan, angustian y a veces ponen las armas en la conciencia. Afuera estamos limpios, pero por dentro  la conciencia está armada siempre con respuestas, con odios, con polémicas, con debates. La misericordia de Dios nos desarma. Nos muestra qué miserables que somos. Como nos ha amado y entonces nos dejamos purificar por ese amor, por ese fuego purificador de Dios. Son muchos los aspectos que nos muestra esta figura de Juan Pablo.

 

Por último el amor a la Virgen, ese amor fuerte, ese amor constante, esos ojos de María para descubrir a Cristo, esos ojos de María para ir desgranando facetas, dimensiones, pasos, misterios del Evangelio, mientras rezamos el Rosario de tantas otras maneras. Sin duda que eso también es un legado, que nos deja una página testimonial, como se confió permanente, una y otra vez, en forma casi dramática, como cuando fue víctima del atentado el 13 de mayo de 1981. Una mano disparó y otra mano, la de la Virgen, dirigió el proyectil. La mano de María está presente en los momentos más dolorosos y difíciles. ¡Qué lindo este testimonio permanente, que dio también aquí entre nosotros, ante la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres. Estuvo presente, presidiendo la celebración de la Misa en Tres Cruces, y allí el Papa le hizo gestos de veneración, de honra y cuando estuvo acá también, tuvo palabras estupendas. La llamó memorial de la historia religiosa, creyente, de fe, del pueblo uruguayo. Que ella nos siga protegiendo y que presente en sus manos misericordiosas a Juan Pablo, este hijo fiel de la Iglesia pastor, evangelizador, que nos sigue estimulando, que nos sigue apoyando con su ejemplo,  con su testimonio, para que sigamos, crezcamos, avancemos, no nos detengamos en las cosas adquiridas, que sigamos anunciando el Evangelio en los mares turbulentos de la cultura actual.

 

Que a través de María nos de esa confianza que necesitamos para anunciar a su Hijo y para imitar también el ejemplo tan luminoso y tan íntimo que en estas horas de dolor estamos viviendo. 

 

Así sea

 

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