BEATOS y Siervos de
Dios del Uruguay

 

Portada NOTICEU

 

Beata Madre Francisca Rubatto

Fundadora de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto

9 de agosto de 2006 - Fiesta de la Beata Madre Francisca Rubato en Montevideo

2-2Las hermanas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Diaz, mártires de la Guerra Civil Española

DOLORES Y CONSUELO NACIERON EN MONTEVIDEO A FINES DEL SIGLO XIX

ESPECIAL. Sus restos han sido traídos a Uruguay 

El Siervo de Dios Mons. Jacinto
Vera 

Primer
Obispo del Uruguay


Evangelizador incansable y reorganizador de la Iglesia uruguaya tras las luchas independentistas, muerto en fama de santidad, ha sido introducida ya hace un tiempo su causa de beatificación.  

Walter Elías Chango Rondeau

1º/noviembre/1921 - 18/noviembre/1939 

Joven, laico  y uruguayo.
La vida no se mide por los años ni la santidad por cuanto has hecho se puede vivir mucho y vivir mal y hacer obras muy grandes sin amor

 

Beata Madre Francisca Rubatto
Primera Beata del Uruguay
(Fiesta 6 de AGOSTO)

Sitio WEB oficial: http://www.scmrubatto.org/spagnolo/index.htm

 

Hija del fuerte Piamonte

Carmagnola es un floreciente centro agrícolo-comercial poco distante de Turín. Tierra de fe robusta y de intensa práctica religiosa. En esa región de sanas tradiciones y de fuerte celo pastoral, nació en el seno de una familia de fe simple y genuina, Anna Maria Rubatto, el 14 de febrero de 1844. Su futuro director espiritual, refiriéndose a este período, dirá de Anna María: “se ofreció a Dios desde la infancia con voto de virginidad, rechazando una posición acomodada con un escribano de Carmagnola, quien, la esperó en vano durante muchos años para convertirla en su esposa.”

Vicisitudes familiares, entre ellas la muerte de hermanos más pequeños, a causa de la difundida mortalidad infantil, así como también la pérdida de sus padres, determinaron su traslado a Turín a la edad de 19 años.

 

En Turín la recibe la ilustre Señora Marianna Costa Scoffone. Anna Maria fue para ella colaboradora, dama de compañía y consejera en la administración de su grande patrimonio, el que, a su muerte, y de acuerdo al testamento, pasaría al Cottolengo de Turín. Comienzan así a revelarse las primeras expresiones de caridad unidas a una inteligente capacidad de organizarla; más tarde, tales dotes darán origen a una empresa de relevancia no poco común.

 

La Casa de la Divina Providencia

Los años de permanencia en Turín fueron para Anna María un período de intenso compromiso espiritual y caritativo. Tuvo óptimos directores espirituales, como por ejemplo el Padre Felice Carpignano y el Canónico Bartolomeo Giuganino. Pero la medida del nivel espiritual de un alma está siempre dada por la vivencia de la caridad.
 

Turín, ciudad de Santos
En ese momento florecía en Turín toda una constelación de Santos dedicados a fomentar obras de caridad. Entre ellos se pueden mencionar a San Leonardo Murialdo quien daba vida a establecimientos destinados a la preparación
profesional de los adolescentes para diversos trabajos; a Don Bosco, con la fundación de los oratorios, quien salvaba a los niños de los peligros de la calle, encaminándolos hacia una vida honesta.

 

En medio de estas obras, transcurría su vida, también inserta en la pequeña casa de la Divina Providencia fundada por Cottolengo. Para Anna Maria Rubatto esta casa representó el inicio de su camino hacia la caridad: aquí Dios iba infundiendo en ella el amor y el servicio a los más pobres.

 

Los testimonios en los procesos de su beatificación, presentan un abanico muy amplio de obras de caridad con las cuales la joven Rubatto se comprometía: “asistía a muchas Parroquias de la ciudad con el fin de enseñar el catecismo a los niños”; “visita a los enfermos del hospital del Cottolengo”. Además, “se dedicaba a pedir limosna para los pobres y llegaba hasta los suburbios de Turín para socorrer a los abandonados”.

 

Retoños de caridad y de servicio los que, a la hora del llamado de Dios, irán asumiendo formas propias en una congregación que florecerá desde el interior de su corazón. A través de circunstancias aparentemente fortuitas, Dios va siempre preparando a aquellos a quienes destina para grandes empresas.

    
En Liguria de Poniente
Establecida en Loano, sobre la costa lígure del Poniente, en el verano de 1883, para
aprovechar los baños de mar junto con su hermana Magdalena, Anna Maria empezó a asistir a la iglesia de los Capuchinos. Cerca de la iglesia había un edificio en construcción. Una mañana de agosto, saliendo de ella, se encontró con una escena dolorosa. Una piedra que había caído de los andamios de la obra había herido a un adolescente albañil en la cabeza de la que emanaba abundante sangre. 

 

Anna María socorrió al joven, lavó y curó la herida; y, otorgándole un salario equivalente a dos días de trabajo, lo mandó a su casa para que pudiera descansar. La obra en construcción estaba destinada a albergar a una naciente comunidad religiosa femenina. Como resultado de su comportamiento con el obrero, Anna María fue invitada a formar parte de dicha comunidad. La promotora de la iniciativa fue la Señorita María Elice, ayudada por el Padre Angélico, capuchino. Se trataba de un pequeño núcleo de jóvenes que iniciaban una vida comunitaria inspirándose en el ideal de San Francisco como Terciarias Capuchinas.

 

Refugiada en la oración, en la reflexión y en los consejos, Anna María comenzó el noviciado el 23 de enero de 1885, adoptando el nombre de Sor María Francisca de Jesús. Paralelamente al enfoque del noviciado como escuela de vida religiosa auténticamente franciscana prontamente demostró su formidable capacidad organizativa en obras de beneficencia. Se perfilaba desde ya como la futura misionera serenamente libre, porque estaba entregada por entero a Dios, deseosa sólo de la salvación de las almas, sin preocupación por los prejuicios y los condicionamientos puramente humanos. Tuvo como claro objetivo desde sus comienzos la inclinación para evangelizar a los más pobres mediante obras de caridad. Niños y adultos encontraban en ella un recibimiento amoroso: los buscaba y los ayudaba a resolver situaciones difíciles. Se acercaba a los pescadores y los instruía en la doctrina cristiana hasta que hubiesen recibido los Sacramentos.

 

El noviciado de Loano, bajo su conducción, continuaba mientras tanto su camino, con austeridad y fortaleza. Sus características eran la oración, la penitencia y la pobreza. No faltaron las duras pruebas. La pobreza, en los primeros años, no fue menos heroica de aquella vivida en San Damián en los tiempos de Clara de Asís.

 

El Obispo de Albenga, monseñor Felipe Allegro, no dejaba de interesarse y de ofrecer su bondad paterna. El Señor, siempre pródigo de luz con sus pastores, les hacía ya entrever proféticamente el futuro desarrollo de la naciente Congregación y sus preciosos servicios a la Iglesia. En el Obispo, las primeras Capuchinas de Madre Rubatto encontraron la ocasión de experimentar la paternidad y la maternidad de la Iglesia.

 

Los Padres Capuchinos no dejaban de ofrecer al pequeño grupo de seguidoras de San Francisco los estímulos oportunos para que pudieran dar los primeros pasos en la dirección correcta, es decir, en un camino de estilo y de espiritualidad auténticamente seráfico-capuchino.

 

La primera profesión de Madre Francisca y de sus primeras compañeras tuvo lugar el 17 de septiembre de 1886, fiesta de los estigmas de San Francisco. "La nueva Comunidad, que encarna en femenino el espíritu franciscano-capuchino de vida contemplativa y de acción apostólica, es acogida

por Mons. Filippo Allegro, Obispo de Albenga.” (Const. 2003 – 11)

 

Durante los veinte años de dirección de la Madre se abrieron veinte casas, y, en cada fundación, todo debía prepararse y ordenarse con cuidado. Italia y América Latina fueron los escenarios de sus fatigas y de su celo por la extensión del Reino de Dios.

 

Alto Alegre: un nombre glorioso para la Congregación, constituyó una de las etapas más sufridas y queridas de su vida. Su corazón latía ya con intensísimo amor por aquellos pobres indios y por esas regiones signadas por la extrema pobreza, las que se habían transformado en 'su patria'.

La muerte la sorprendió allí, en las nuevas fundaciones de frontera, el 6 de agosto de 1904. Desde ese día sus restos descansan en Montevideo, tal como lo solicitara en su testamento, en la primera casa abierta en el nuevo continente.

 

La glorificación otorgada por la Iglesia, la muestra oficialmente a sus hijas como verdadera maestra de vida espiritual.

9 de agosto de 2006 - Fiesta de la Beata Madre Francisca Rubato
“...mártir de caridad y primera beata del Uruguay”, así proclamada el 10 de Octubre de 1993, el día de su beatificación, por el Papa Juan Pablo II, en Roma.

Mujer fuerte, según el texto bíblico ¿quién la encontrará? Es más valiosa que las joyas (Prov: 31.10).

Nació en un hogar cristiano, el mismo día de su nacimiento, el 14 de Febrero de 1844, en Carmagnola, Italia, es bautizada. Con esmero cultivó las virtudes teologales: FE activa alimentada en la contemplación de la Eucaristía y oración constante. Esperanza plena en Dios. Todo lo confiaba en la Divina Providencia y de manera admirable lo obtenía. Caridad sin límites. “Quién pasó a su lado recibió gestos fraternos”.

A los 19 años, huérfana de padre y madre, se traslada a Turín y allí llena sus días sirviendo a los hermanos en el Cottolengo, a los niños y jóvenes en los Oratorios de Don Bosco, visitando a los enfermos en los hospitales y a las familias pobres, ayudándolos con sus propios medios.

Su existencia fue derramar en la sociedad de su época abundantes tesoros de bondad y de gracia que Dios le había regalado. Aliviando a los que sufren, dando a conocer a Jesús, ayudando a crecer en madurez humana y cristiana.

A los 40 años descubre que Dios la llama a un nuevo servicio en la Iglesia. Atenta al querer del Señor, se traslada a Loano y junto a cinco de sus compañeras funda el Instituto de las Hermanas Capuchinas.

Su riqueza de laica, fuertemente comprometida con el Pueblo de Dios, lo vuelca en el Instituto. Mujer fuerte, audaz, emprendedora, heroica, totalmente centrada en Jesús. Eucaristía que la hace disponible y sacrificada en el servicio a los hermanos.

Su pasión misionera hace que en 1892 comience la expansión del Instituto a Uruguay, Argentina y Brasil. Hoy presente en Perú, Ecuador, África, Canadá, Rumania.

El 6 de Agosto de 1904 muere en Montevideo y a su pedido es enterrada entre sus queridos pobres. Belvedere. Sus restos descansan en el Santuario que lleva su nombre. Constantemente es visitado por los fieles que van en busca de alivio, fuerza y paz.

La fiesta de la Madre Francisca coincide con la Semana Vocacional Arquidiocesana. Motivo para una creativa y entusiasta preparación y fervientes oraciones, implorando al “Dueño de la mies que envíe nuevos obreros a su misa”.(Mt: 9.38)

DÍA 9 DE AGOSTO

Programa del SANTUARIO

Hora  8:30

Misa

Hora  9:30

Misa

Hora 10:30

Misa

Hora 13:45

Misa

Hora 16:15

Rosario Vocacional

Hora 17:00

Concelebración Eucarística

¡Todos invitados!

Av. Carlos Ma Ramírez, 56 - Belvedere

Montevideo.- Teléfono 309 39 83

 

Beata María Francisca Rubatto
(1844-1904)

Primera Beata del Uruguay
Fundadora de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto
Centenario de su muerte:
1904  - 6 de Agosto -  2004

"Para ser toda de Dios y servirlo en los más pequeños
Francisca nace en Carmagnola (Turín) el 14 de febrero de 1844 y es bautizada el mismo día en la Iglesia parroquial.

 
Desde niña educada por su madre una mujer recta y de gran fe, ella aprende a abrir su corazón a los más necesitados especialmente a los que viven cerca de la familia, tanto que se tiene que frenar su generosidad.
Siendo adolescente aún se consagra con voto a Dios para ser toda de El y servirlo en los más pequeños.

 "El Espíritu Santo la guía hacia el mundo de los pobres"
Turín : En 1863, después de la muerte de su madre, Francisca va a Turín y se inserta en los lugares de la caridad, afirmando de este modo su sensibilidad hacia el mundo de los pobres y su deseo de dedicarse a servirlos enteramente.

 "Un cambio decisivo en su vida"
Loano: En 1884 pasando sus vacaciones en Loano socorre a un joven obrero herido en la cabeza. En este episodio Dios se le revela con una sorprendente llamada: ser la fundadora de una nueva Comunidad religiosa.

Deseando ardientemente hacer el bien comprendiendo que es la Voluntad de Dios que dedique toda su vida al servicio del Señor como religiosa, Francisca Rubatto el 25 de enero de 1885 se consagra a  Dios con el nombre de María Francisca de Jesús.

HACER EL BIEN CON ALEGRÍA

 " Un amor sin límites y sin fronteras"

Uruguay  y Argentina: En 1897 ardiente de fervor misionero la Madre Francisca para  las lejanas tierras de América del Sur. En Montevideo y más tarde en Buenos Aires y Rosario (Argentina ) la Madre funda los oratorios festivos para enseñar a amar y servir a Dios; abre escuelas para la educación y promoción de niños y adolescentes, sirve con indecible ternura y cuidado materno a los enfermos en los hospitales y en sus casas.

 "Cuando recuerdo los días pasados en Brasil se enciende en mi el vivo deseo de volver"

Brasil - Marañón: En junio de 1899, para volcar los tesoros de bondad y generosidad que Dios había acumulado en su corazón, Madre Francisca viajó con 6 de sus hermanas al Marañón, en el Nordeste brasileño. Este viaje se reveló como una de las pruebas más salientes de su espíritu evangélico y marcó para siempre su amado Instituto. Allí 6 de sus hijas "como grano fecundo en el suelo" dieron su vida por sembrar el Evangelio y hacer un poco de bien entre aquella buena gente.

1904: Muere en Montevideo y es sepultada en el cementerio de La Teja, lugar de su servicio misionero en el Uruguay: "Mi cuerpo sea sepultado en medio de mis queridos pobres" (Testamento)

1993: Es beatificada por el Papa Juan Pablo en Roma: "la Iglesia te saluda hermana María Francisca, fundadora de las Hermanas Capuchinas, que hiciste de tu existencia un continuo servicio a los últimos".

Mujer de fe y de entrega hasta el heroísmo:
"Sacrifíquense por amor del Señor, sean grano fecundo en el suelo". (Carta 159)

Mujer profundamente humana:
Queridas hijas procuremos hacer un poco de bien, recemos mucho, soportemos con paciencia las dificultades de la vida presente, a fin de que un día podamos alcanzar en el cielo a nuestras queridas mártires. (Carta 423)

Mujer solidaria y abierta a los problemas:
Mientras mi madre estuvo enferma la hizo asistir día y noche por sus hermanas y cada día ella misma la visitaba y curaba (Testimonio de la Sra. Pizzorno)

Misionera ardiente y audaz:
La Divina Providencia quiso que por algunos años viviese lejos de ustedes para poder establecer en otros pueblos, también ellos hijos de Dios, las obras misioneras que el Señor nos confió para socorrer a la pobre humanidad.

Después de la muerte de sus hermanas en Marañón exclamó: "Porque no estuve yo también allí para entregar mi sangre por el Señor" (Testimonio de la hna. Catalina Romelli).


DE LA HOMILÍA DE JUAN PABLO II EN LA MISA DE BEATIFICACIÓN
( 10-X-1993)

La Iglesia te saluda, sor María Francisca de Jesús, fundadora de las religiosas Terciarias Capuchinas de Loano, que hiciste de tu existencia un servicio continuo a los últimos, testimoniando el amor especial que Dios siente hacia los pequeños y los humildes.

Siguiendo fielmente las huellas de Francisco, el enamorado de la pobreza evangélica, aprendiste a servir a los pobres y a hacerte pobre tú misma, y marcaste a tus hijas espirituales este camino particular de evangelización. Con el crecimiento del instituto, esta intuición inicial se convirtió en profundo impulso misionero que te llevó a ti y a tu Obra a América Latina, donde algunas de tus hijas espirituales sellaron con el sacrificio de su vida ese servicio a los pobres que constituye el carisma confiado a tu congregación, para el bien de la Iglesia. Hoy te saludamos como primera beata de Uruguay.

Prosigue tu profético testimonio de caridad también hoy en los numerosos campos de apostolado donde trabaja la congregación, contribuyendo a hacer que llegue a todo hombre, y en especial a los que sufren y a los que están abandonados, la invitación universal al banquete de las bodas celestiales (cf. Mt 22, 9).

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 15-X-93]


DEL DISCURSO DE JUAN PABLO II A LOS PEREGRINOS QUE ACUDIERON A LA BEATIFICACIÓN (11-X-1993)

La llamada de Dios a la consagración religiosa le llegó a Ana María Rubatto en los últimos años del siglo XIX, cuando tenía apenas treinta y nueve años, después de haber vivido una significativa experiencia de trabajo y solidaridad. Desde los humildes comienzos de la primera fundación en Loano, bajo la guía espiritual de los hermanos capuchinos, el servicio incansable a los pobres fue el compromiso constante de la nueva Congregación y el signo más elocuente de su gran amor a Cristo pobre y crucificado.

La vocación misionera, que caracterizó el último período de la vida de la beata María Francisca de Jesús, sigue siendo hoy una de las opciones principales de la Congregación, que se manifiesta en la actividad apostólica y asistencial que desempeña tanto en América Latina como en Etiopía.

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 15-X-93]


ORACIÓN A LA BEATA MADRE FRANCISCA RUBATTO

Oh Dios, rico en misericordia, que concediste a la Beata María Francisca Rubatto un amor grande a Jesús Sacramentado y a todos los hombres, particularmente a los más débiles, concédenos por su intercesión la gracia que necesitamos... (pídase la gracia que se desea alcanzar)

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

 

Informaciones extraídas de: http://www.scmrubatto.org/spagnolo/index.htm 


Si desea contactarse con las hermanas capuchinas de la Madre Rubatto: 
E-mail: franasis2002@hotmail.com ; provimont@yahoo.com 
curtaran@adinet.com.uy

Página Web: www.suorecaprubatto.org 

Montevideo: Carlos Ma. Ramírez 56 Hna Beatriz Maggiani
Montevideo: Minas 1393: Hna. Gladis Benítez Tel. 408.32.75
Salto: Paraguay 2511: Hna. Carmen Urtarán

 

Hermana María Francisca Rubatto: la primera beata que residió en Uruguay

La italiana María Francisca Rubatto -considerada por la Iglesia Católica de nuestro país como la primer beata "uruguaya"- recibió en agosto de 2000 el reconocimiento por su trabajo con los enfermos por parte de la familia franciscana, y del propio arzobispo de Montevideo, en la fiesta celebrada junto a su tumba.

En las instalaciones de la capilla del Colegio San José de la Providencia del barrio Belvedere, el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno acompañó a la familia franciscana de nuestro país de la fiesta de la beata María Francisca Rubatto, considerada la "primera beata del Uruguay", por realizar su obra social y religiosa mayormente en nuestro país.

El prelado, en la homilía resaltó el esfuerzo hecho por la beata y exhortó a las Hermanas Capuchinas (seguidoras de la obra de Rubatto) a ser contemplativos en el servicio y a continuar prestando el trabajo solidario hacia los más desamparados.

Buscando voluntarias
La religiosa homenajeada llegó a nuestro territorio a edad adulta, a pocos años de haberse decidido por la vida espiritual y tras fundar la congregación de las Hermanas Capuchinas. Aquí, desarrolló su trabajo de atención espiritual en el Hospital Italiano, y en cinco años el Instituto contaba con 50 hermanas en la zona del Río de la Plata.

En nuestra ciudad atendían el Hospital, dos casas en el centro y una en Belvedere. Concurren buscando dar catequesis en la zona oeste de Montevideo, desde el Paso Molino a la Barra de Santa Lucía.

Construye el Colegio San José de la Providencia ubicado en Carlos María Ramírez y Agraciada.

Fallece un 6 de agosto y uno de sus pedidos fue que luego de su muerte sea trasladada junto a los más pobres. Aunque murió en el convento de la calle Minas, sus restos descansan en la capilla de Belvedere, el barrio por el que tanto luchó durante su vida.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993, en la Plaza de San Pedro en Roma.

Los devotos de la beata Rubatto asisten los días 9 de cada mes a su tumba en la capilla del Colegio de la Divina Providencia para depositar sus peticiones y oraciones de gracias junto al altar.

Esta orden está presente, en la Casa Provincial en la calle Guayabos, en la Casa Madre Santa Elena, la comunidad del Círculo Católico, la Capilla del Hospital Italiano, el pensionado Schiaffino, el Noviciado, la Residencia Universitaria, entre otros lugares.

Por falta de voluntarios, las seguidoras de Rubatto debieron abandonar el trabajo sistemático hecho en el hospital Pereira Rossell, con las madres embarazadas y las mujeres con cáncer; por el mismo motivo cortaron sus servicios en el hospital departamental de Treinta y Tres.

La Protectora de Tres Cruces
El arzobispado de Montevideo, le dedicó en octubre de 1998 la Capilla de Tres Cruces a pocos días que monseñor José Gottardi cumpliera sus 75 años de vida, la edad que el Derecho Canónico le obliga a dejar el cargo de Arzobispo.

La beata "uruguaya" y su congregación fue tenida en cuenta en los servicios sociales que la Iglesia Católica brinda desde la estratégica capilla de Tres Cruces. Allí, un grupo de Hermanas tiene su centro de trabajo espiritual hacia los enfermos, destinando tiempo junto a un grupo de voluntarias para visitar diversos nosocomios y ayudar a los pacientes que están pasando por un difícil trance.

Francisca Rubatto fue la "protectora" de la capilla de Tres Cruces, mientras la edificación se estuvo construyendo con retrasos debido a la escasez de recursos de la Arquidiócesis. Por tal motivo, se puso a disposición un número telefónico para donaciones y se esperó que el "Dios mesericordioso, que no deja de recompensar "un vaso de agua", ayudara a para concluir el Templo donde Dios-Padre será adorado por sus hijos, y la Beata Madre Francisca, intercederá, en bien de toda la iglesia".

Según manifestó monseñor Nicolás Cotugno en la ceremonia, el propósito era terminar en primera instancia el exterior de la Capilla, para que su fachada se convirtiera en un símbolo en reconocimiento al trabajo social y religioso que se brinda en esta edificación. Se había llegado al 85% de la terminación de la fachada y se estimaba que a fin de año se culminarían las obras en el exterior de la capilla.

 

 

Walter Elías Chango Rondeau

Joven, laico  y uruguayo. La vida no se mide por los años ni la santidad por cuanto has hecho se puede vivir mucho y vivir mal y hacer obras muy grandes sin amor

El 1 de noviembre de 1921, en la ciudad de Montevideo, nació Walter Elías Chango Rondeau.
Sus padres fueron Pedro Chango y Teresa Rondeau. Creció en un hogar cristiano dignificado por el trabajo y la honradez.


Fue bautizado en la parroquia Ntra. Sra. de la Paz (Canelones), el día 6 de enero de 1922.
Celebró su primera Comunión el 8 de noviembre de 1931, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción (vascos) en Montevideo.


Ingresó al Colegio de la Sagrada Familia, dirigido por los Hermanos del Instituto del mismo nombre, el 6 de marzo de1933.

“Un apóstol de la Eucaristía”
Desde niño se distinguió por su amor a la Eucaristía. Walter que tanto amaba a Jesús, no se contentaba con manifestarle su amor, sino que conducía a otros al encuentro con Cristo. En una ocasión un compañero de su colegio, hacía alarde de que ya llevaba bastante tiempo sin confesarse y sin comulgar. Walter por su parte encendido de fervor comenzó a hablarle de la importancia de recibir los sacramentos y de la presencia de Jesús en ellos, que su compañero no tardó demasiado en retomar la práctica sacramental.

 

“La comunión es la vida del alma.
Lejos de ella nuestra alma languidece y muere, incapaz de esfuerzo ni de mejoramiento”.
(miércoles 17 de agosto, 1938).

“Incompresible grandeza de la Eucaristía!
El Dios eterno, infinito en toda perfección, oculta su grandeza bajo el velo aparente de una blanca hostia, para darse en alimento al hombre infinitamente indigno de recibir la suprema grandeza”.
(jueves 18).

“Si el hombre no tuviera más pruebas de la Presencia Real que los efectos de una comunión bien hecha, con esa sola le bastaría”. (jueves 18).

“El hombre tan presto en agradecer los mezquinos favores de las criaturas, cuan insensatamente ingrato se muestra para con Cristo que en un acto de generosidad infinita le da su propia carne en alimento”. (viernes 19).

“Dios se dio a sí mismo”...

Durante la preparación al Congreso eucarístico de 1938 que se realizó en Montevideo, trabajó incansablemente. Había reproducido con sus propias manos el logotipo del congreso y lo repartía entre sus vecinos para que estos lo colocasen en sus puertas, creando de este modo ambiente para la celebración de dicho congreso. Pero Walter no solamente se quedaba en una mera propaganda sino que vivía ese momento como un apostolado, una ocasión para encontrarse con otros y compartir la fe. Durante el proceso diocesano uno de los testigos declaró que Walter le hablaba a la gente con tanta elocuencia que bien parecía un sacerdote. Sin embargo Walter sentía profundamente su vocación laical y la vivía con radicalidad y entrega.

 

"La misa es una acción, un acontecimiento visible,
una relidad exterior, en la que debemos tomar
parte y colaborar. La misa no es una representación
o recuerdo, es una realidad presente."

"La misa del domingo debe influir, debe
modificar toda nuestra vida durante la semana entera.
Toda la semana debe estar centralizada,
regida por la misa, que debe ser algo así  como el sol que ilumine,
que transforme toda aquella semana."

Su devoción por María


Diariamente rezaba el rosario, pero en sus últimos días cuando ya no era capaz de concentrarse en la oración repetía jaculatorias marianas mientras pasaba las cuentas.

 

Su amor por los pobres y los enfermos
Solía repetir: “lo que doy a los pobres a Cristo se lo doy”, y tenía la capacidad de ver en el prójimo al propio Jesucristo “que fácil nos sería un pequeño sacrificio de un gusto para poder darle a Cristo en sus pobres”.
Cada vez que podía iba al mercado a buscar frutas y verduras que le daban y que luego repartía entre los más carenciados. En los ratos libres fabricaba juguetes para los niños más pobres de su barrio. Visitaba a los enfermos infundiéndoles ánimo y serenidad.

 

Catequista a tiempo completo
Su primo y ahijado Enrique Rondeau afirma haber tenido el honor y privilegio de que el mismo Walter fue quien lo preparó para hacer la primera comunión. Y así lo dijo: “Era un catequista a tiempo completo, no solamente cuando nos encontrábamos para el momento específico de recibir el catecismo, sino que en todo momento y con naturalidad me trasmitía valores cristianos y me hablaba de Cristo”.

 

Amaba su parroquia y su colegio
Su vida parroquial estaba marcada especialmente por dos actividades: la Acción católica y la congregación laical a la cual pertenecía dedicada a la Inmaculada Concepción y a San Estanislao de Kostka. En la parroquia - Basílica de Ntra. Del Carmen de la Aguada, se dirigía espiritualmente con el padre Atilio Nicoli quien posteriormente se convirtió en un propagador entusiasta de la conocida fama de santidad del Siervo de Dios.
En el colegio Sagrada Familia, Walter era el encargado de juntar la limosna para las misiones, y mostraba mucha alegría y entusiasmo cuando la misma era abundante. El por su parte no escatimaba en generosidad.

 

Estudiante y oficinista ejemplar
Como estudiante Walter era el mejor alumno de su clase, pero no competía para alcanzar o mantener este puesto buscando premios o aplausos. Humildemente y hasta con cierta timidez se acercaba a recibir los numerosos premios que le eran concedidos. Llegó incluso a ganar la medalla de oro que en aquellos años concedía el colegio de la Sagrada Familia a los mejores estudiantes. Sus compañeros le recordaron siempre con simpatía y aprecio porque no veían en el a un estudiante soberbio que hiciera alarde de sus conocimientos sino que por el contrario a un compañero ejemplar, siempre dispuesto a dar una mano a quien se le acercaba pidiendo ayuda.
Walter sabía aprovechar bien el tiempo y estudiaba con gran esmero. Al acercarse el período de exámenes intensificaba las horas de estudio. Valoró el tiempo según sus propias palabras, “como precio de la eternidad” y trató de no perderlo.
Al finalizar sus estudios consiguió un empleo donde trabajo como oficinista. Si bien trabajo poco tiempo porque comenzaron pronto los síntomas de su enfermedad, dejó huellas imborrables por su compañerismo.

 

“No tenemos derecho a ser mediocres.”

“Deseo conquistar la santidad.”

“No basta que yo sea bueno,
es necesario que trabaje para que sean buenos mis compañeros,
no basta que yo sea honrado,
también debo anhelar que sean honrados mis compañeros.
El apostolado exige el sacrificio, nada grande, nada bueno se hace sin ningún sacrificio, el que es cristiano y oriental
debe saber que no debe amar las vulgaridades sino lo que es bueno, excelente aunque deba sacrificarse hasta lo último.”

Siguió a Cristo por el camino de la Cruz


Al sentir cercana su muerte pidió la Santa Unción y luego de recibirla besó sus manos ungidas con extraordinario fervor.
Pidió a sus padres la bendición y luego tomando su crucifijo los bendijo a ellos. La enfermedad avanzaba. Llamaba la atención su serenidad, su cristiana entereza frente al sufrimiento, su profunda paz interior, su fe inmensa y su alegría durante la enfermedad.
Con total abandono a la voluntad de Dios decía:

 

“Estoy en manos de Dios. Sea lo que Él quiera.”

Siguió a Cristo por la vía del dolor, valientemente, sin mirar atrás. Un día estaba muy abatido porque a causa de sus frecuentes vómitos no podía comulgar.
El padre Atilio Nicoli, su confesor y director espiritual, le habló del abandono de Jesús en la Cruz. Esta reflexión lo tranquilizó y tomando en sus manos un crucifijo se puso a contemplarlo profundamente. Poco después apretándolo entre sus manos exclamó: “Muero tranquilo”. Estas fueron sus últimas palabras.
Walter que amaba a Cristo irradiaba a Cristo tanto en su vida como en el instante de su muerte.

 

“No somos de este mundo,
somos de Dios
y vamos a Dios.”

A las 19.00 horas del día 18 de noviembre de 1939 entregó su alma a Dios.
Fue enterrado en el cementerio de la Teja. Sesenta años después, el 18 de noviembre de 1999 sus restos fueron trasladados a su Parroquia, la Basílica de Nuestra Señora del Carmen de la Aguada.
Es visitado con respeto y devoción por muchos fieles, especialmente los días 18 de cada mes en que se celebra la Eucaristía por su eterno descanso.
El padre Nicoli dejó escrito que aquellos que lo conocieron dijeron: “Ha muerto un santo”.

 

“Y florecieron los rosales”
Cuando Walter enfermó de tuberculosis, sus padres se trasladaron con el desde el centro de la  ciudad a un lugar más alejado, tranquilo y lleno de árboles, con la esperanza de que el cambio de ambiente le haría bien a su salud. En la nueva casa había un jardín con una fuente. Allí, Walter cuando se sentía mejor y no estaba en cama, recorría el jardín o se sentaba bajo la sombra de un magnolio. Un día mientras estaba en el jardín con su madre, le dijo: “Mamá cuando yo muera me has de cubrir con esas rosas”. Dijo eso señalando los rosales que rodeaban la vieja fuente. Cuando Walter murió, su madre recordó el pedido de las rosas y fue al jardín esperando encontrar al menos una, pero desafortunadamente no encontró ninguna. Más tarde, gente que estaba en el velatorio comentó acerca de la agradable fragancia que se sentía. De inmediato corrió la noticia entre los presentes, el magnolio y los rosales están cubiertos de flores. Cortaron las rosas para colocarlas en el féretro y nuevamente volvieron a florecer. El portento se repitió tres veces hasta cubrir por completo el cuerpo del Siervo de Dios. El hecho fue presenciado por diversas autoridades eclesiásticas entre las cuales se encontraba el Obispo coadjutor de Montevideo, Mons. Barbieri, quien posteriormente se convirtió en Cardenal de dicha sede.


Entre los laicos presentes se hallaba también un compañero de trabajo de Pedro Chango, padre del Siervo de Dios, quien siendo testigo de los milagros acaecidos comenzó en ese momento un proceso de conversión cristiana.

 

Rosales que siguen floreciendo
Si bien es bastante común encontrar rosas sobre la tumba de Walter, que con devoción depositan los peregrinos en recuerdo de aquellas que florecieron en su muerte; otros son los rosales que siguen floreciendo. Pues la caridad del Siervo de Dios se continúa en tantas personas que acercan alimentos, ropa, juguetes y útiles escolares u ofrecen desinteresadamente parte de su tiempo para dedicarlo a Cristo y así poder decir con Walter: “lo que doy a los pobres a Cristo se lo doy”.


Otras obras que llevan su nombre son el Instituto Walter Chango y el Museo parroquial, este último fue inaugurado durante el jubileo del año 2000. El Instituto brinda a los estudiantes un sin fin de posibilidades para aprender manualidades, idiomas, pintura al óleo, dibujo, fotografía, cocina, repujado en cobre, computación, etc. Y el museo además ofrece a los visitantes la ocasión de poder apreciar ornamentos antiguos, objetos sagrados y algunas pertenencias del Siervo de Dios como por ejemplo libros que utilizó, documentación propia y fotos. El museo Walter Chango, si bien es pequeño deja en los visitantes un rico sabor a historia y es al mismo tiempo un estímulo para valorar nuestro patrimonio y poder así compartirlo con otros.

 

Nota: Esta biografía del presbítero Raúl Díaz Corbo, está basada en los testimonios y documentos recogidos en las actas del proceso de canonización del Siervo de Dios, durante la fase diocesana.

 

Roma, 21 de marzo de 2004

 

Oración

Padre de Bondad y de Gracia, principio y fuente de toda santidad, que miraste a tu hijo Walter Elías y enriqueciste su corazón con un amor inmenso a Jesús Eucaristía y a los pobres, concédenos por su intercesión la gracia que necesitamos.
(indíquese aquí la gracia deseada).
Te rogamos, conforme a tu Voluntad, podamos pronto venerarlo en la gloria de los altares como modelo y guía de tu pueblo en camino. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)

Páginas web que se pueden visitar en relación a Walter Chango:

www.oremosjuntos.com
newsaints.faithweb.com (en inglés)

Se ruega comuniquen los favores obtenidos por la intercesión Walter E Chango, al postulador diocesano:
P Raúl Díaz Corbo.
diazcorbo@yahoo.com 
o a la Secretaría para la Causa del Siervo de Dios:
adrianacmar@hotmail.com

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