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Mons. Romero celebró sus 25 años de Ordenación Episcopal Mons. Orlando Romero celebró sus bodas de plata episcopales “La Catequesis “ha sido para mí el ámbito de un compromiso articulador de toda mi vida de pastor” El domingo 5 de junio, Solemnidad de la Ascensión del Señor, Mons. Orlando Romero Cabrera, obispo emérito de Canelones celebró su jubileo de plata episcopal. Al mediodía fue agasajado con un almuerzo junto con varios Obispos en Villa Guadalupe. A las 16 hs. tuvo lugar la Solemne Eucaristía, presidida por Mons. Romero en la Santa Iglesia Catedral, Nuestra Señora de Guadalupe. Lo acompañó el Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Guido Pecorari, el Obispo Diocesano, Mons. Alberto Sanguinetti Montero; el Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), Mons. Carlos Collazzi (Obispo de Mercedes); el Vicepresidente de la CEU, Mons. Rodolfo Wirz (Obispo de Maldonado); el Secretario General de la CEU, Mons. Heriberto Bodeant (Obispo de Melo); Mons. Martín Pérez Scremini (Obispo de Florida), Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José), Mons. Julio Bonino, (Obispo de Tacuarembó), Mons. Raúl Scarrone (Obispo emérito de Florida) y Mons. Roberto Cáceres(Obispo emérito de Melo). Más tarde se unió el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes. Un numeroso grupo de presbíteros de la diócesis de Canelones y de otras diócesis concelebraron. Mons. Romero fue ordenado Obispo el 13 de julio de 1986 por imposición de manos del entonces Arzobispo de Montevideo, Mons. José Gottardi. Se desempeñó durante 9 años como Obispo Auxiliar de Montevideo y 15 años como Obispo de Canelones. En una iglesia colmada de fieles, la bienvenida estuvo a cargo del Obispo de Canelones quien recordó que esa Iglesia diocesana se encuentra celebrando su Jubileo, y que de esos 50 años, 15 Mons. Romero fue “el Pastor, la cabeza, quien representó a Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote”. “Has ido caminado bajo el único y Eterno Sacerdote que hoy especialmente celebramos glorificado en los Cielos y porque está en los cielos glorificado se hace presente de un modo especial en el Ministerio Episcopal”, le dijo Mons. Sanguinetti a su predecesor. LEVANTEMOS EL CORAZÓN En su homilía, Mons. Romero agradeció a quienes lo estaban acompañando y expresó su alegría e “inusitada gratitud” por este jubileo episcopal, “favorecido por el tiempo que el Señor me regala, en el Monasterio de las Monjas Clarisas capuchinas donde puedo saborear la gratuidad del amor, de la misericordia y de la paciencia del Señor que me ha regalado a lo largo de mi vida sacerdotal y episcopal”. “En este marco de silencio y de oración puedo decirles, con toda verdad, que la luminosidad del sol del atardecer es tan hermosa como la de amanecer de mi vida sacerdotal”, aseveró.
“No se trata de desinteresarme en lo que he invertido con dedicación, energía y entusiasmo en mis 25 años de ministerio episcopal, particularmente, en el acompañamiento de esta querida diócesis, abierta a la escucha de la Palabra, al aprendizaje evangelizador del estilo del Señor y al anuncio fiel del Evangelio y a las búsquedas planteadas en el corazón humano”, aclaró. Mons. Romero aseguró que la Catequesis “ha sido para mí el ámbito de un compromiso articulador de toda mi vida de pastor, ha sido fuente de alimento en mi espiritualidad, de experiencia de la fuerza transformadora del Evangelio, de empuje creativo del anuncio que tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso del tiempo se establece entre el Evangelio y la vida en todas sus dimensiones”. Refiriéndose a la solemnidad de la Ascensión del Señor, el Obispo emérito de Canelones destacó que Cristo es “el anuncio de la realización del proyecto de abrirnos la puerta hacia un nuevo camino de liberación, hacia la plenitud del hombre, hacia la comunión con el Dios vivo. El fin último del subir, del irse, del retornar es porque quiere elevar al ser humano”. “Tantas veces nos encontramos como tironeados entre el mal y el bien, entre el hombre viejo y el hombre nuevo. Todo depende de poder escapar del campo de gravitación del mal y ser libres para dejarnos atraer totalmente por la fuerza liberadora de Dios, que nos hace auténticos, que nos interpreta en las aspiraciones más profundas del corazón humano, nos eleva a la altura del misterio de Dios. Es la invitación que la Iglesia nos dirige al inicio de la plegaria eucarística: ‘Sursum corda’, ‘Levantemos el corazón’”, destacó. Antes de finalizar la Eucaristía se leyó una carta del Santo Padre (audio en iglesiacatolica.org.uy), e hicieron uso de la Palabra el Nuncio Apostólico en Uruguay así como en nombre de la diócesis un sacerdote, una religiosa y un laico, agradeciendo el ministerio episcopal del homenajeado y resaltando sus virtudes. Mons. Pecorari destacó el “servicio generoso, fructífero y rico de satisfacciones, si bien no exento de sacrificios, en favor del Pueblo de Dios que le ha sido confiado” de Mons. Romero. “Ha sido un buen Pastor, testigo de Cristo, el Supremo Buen Pastor. Ha sabido amar al clero, a los religiosos y a los fieles que el Señor le ha confiado, sin escatimar esfuerzos en bien de ellos. Ha dado su contribución a la vida y al crecimiento de la Iglesia Católica en Uruguay, en unión con sus hermanos en el Episcopado, dentro de la Conferencia Episcopal, junto a su Obispo Auxiliar, Mons. Hermes Garín. Ha amado la Iglesia y la Sede Apostólica, y al Santo Padre, primero en la persona del Beato Juan Pablo II y después en la del Papa Benedicto XVI”, reconoció. Terminada la Santa Misa hubo un encuentro fraterno en el Colegio María Auxiliadora.
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CARTA DE MONS. ROMERO
Canelones, 5 de mayo de 2011
Hermanos Obispos, queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, comunidades religiosas, recordados amigos y amigas:
Desde el Monasterio de las Hermanas Clarisas Capuchinas “Ntra. Sra. de los Ángeles” les escribo esta carta para invitarlos a la Concelebración de la Eucaristía en Acción de Gracias por mis 25 años de mi Ministerio Episcopal el próximo 5 de junio.
El 13 de julio de 1986 fui ordenado obispo en la Parroquia “Basílica de Ntra. Sra. del Carmen” de la Arquidiócesis de Montevideo en la que era cura párroco. Veinticinco años han pasado de entre los cuales 8 años (1986-1994) ejercí el ministerio episcopal como obispo auxiliar de Montevideo y 15 años (1994-2009) como obispo diocesano de Canelones.
Recuerdo con profunda gratitud mis 37 años de pertenencia al Presbiterio de la Arquidiócesis de Montevideo, primero como sacerdote y después como obispo auxiliar, donde he disfrutado de la bondad del Señor en medio de mis hermanos sacerdotes, diáconos, comunidades, catequistas bajo la guía paternal de mis sucesivos obispos.
No menos profunda es mi gratitud y mi reconocimiento a la querida Diócesis de Canelones, la que se me ha confiado, como su segundo pastor, durante 15 años “anunciando y celebrando con mis hermanos el Nombre del Señor” (Sal. 22,23), conforme a mi lema episcopal.
Al mirar el recorrido de este largo camino, no obstante mis límites y fragilidades, no tengo otra cosa que decirles sino que “no he hecho más que cumplir con mi deber como un simple servidor” (cfr. Lc.17,10).
Al atardecer de mi vida, el Señor me ha invitado otra vez “ve tú también a mi viña”; penúltima llamada, en que he dejado muchas de las tareas y responsabilidades que tenía entre manos, para emprender otras más apropiadas al momento en que vivo.
Es para mi un tiempo de desapropiación y de cambio radical en muchas cosas, pero también de mirar con simpatía las posibilidades que se abren ante mí: se acaba un ritmo acelerado de vida que me permite entrar en otro modo de estar presente a los demás en forma de acogida fraterna, de escucha, de acompañar sin apuros y de serena oración.
No se trata de que me desinterese de lo que he invertido con dedicación, energía y entusiasmo, sino ir buscando otros modos de acción y de presencia haciéndome más disponible a lo que Dios proyecta para mí en esta hora.
Puedo decirles, con verdad, que la luminosidad del sol de la tarde es tan hermosa como la del sol de la mañana. Por esto, será motivo de mucha alegría para mí podernos encontrar y compartir la Acción de Gracias en la Concelebración Eucarística en la Iglesia Catedral de Canelones a las 16 y 30 hs. y en el posterior compartir en familia.
Esperándolos, los saluda fraternalmente en el Señor.
+Orlando Romero Obispo emérito de Canelones
Tel. 4332 7856 – Cel. 095072899 - email: oromero@adinet.com.uy
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Datos de Mons. Romero
21 de diciembre de 1933. Nació en Fagina,
Departamento de San José. |
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SIMBOLISMO
DEL ESCUDO EPISCOPAL
En parte inferior derecha el libro de los Evangelios. Es al Obispo a quien especialmente se confía la proclamación de la Palabra de Dios a través de la evangelización de la catequesis y de la celebración de los sacramentos.
En la parte inferior izquierda el lirio, símbolo por excelencia de San José. Recuerda el Departamento que lleva su nombre y de donde es oriundo el Obispo. Fue bajo su mirada donde inició si preparación al sacerdocio en el preseminario.
Enmarcan el Escudo el capelo y la cruz que simbolizan la plenitud del Orden Sagrado y la jurisdicción episcopal.
Mons. Romero junto a Benedicto
XVI
Mons. Romero en el Sínodo de
Obispos
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