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ULTIMOS MENSAJES Y CARTAS PASTORALES DE OBISPOS URUGUAYOS |
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CARTA PASTORAL de Mons.
Luis del Castillo |
PORTADA | Conferencia Episcopal del Uruguay | |
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CON
MOTIVO DE LA ELABORACIÓN DE UN NUEVO PLAN PASTORAL 2005-2010 |
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Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres: Al comenzar el tiempo de Adviento les deseo un camino a la Navidad lleno de esperanza en Cristo, que al compartir nuestra existencia humana nos ha hecho sus hermanos, integrantes de su familia. De una manera especial nos invita a participar de la fiesta de su venida. Renueva visiblemente nuestra alianza de amor con el Padre que quiere mostrar su identificación con los que fuimos creados a su imagen y semejanza. La vida diocesana en camino. Con la libertad que brinda el poner a Dios ante todo, me corresponde continuar con la tradición apostólica en esta Iglesia particular que se inició en el año 1919 con la llegada del primer Obispo José Marcos Semería, cuyos restos descansan en nuestra Catedral como signo de un caminar que no se detiene, anuncio del Reino de Dios entre nosotros. Entre los sucesores debemos agradecer la presencia del Obispo Roberto Cáceres, quien continúa entregando la vida cada día por nuestra gente con su alegría y disponibilidad fraterna. Nuestra Iglesia de Melo es pequeña y pobre, pero es admirable contemplar la acción del Espíritu, que desde nuestra fragilidad, en comunidades y movimientos, en cada rincón de nuestro territorio sigue anunciando por medio de laicos, religiosos, religiosas y sacerdotes a un Cristo que vive en medio de su pueblo. No menores son los esfuerzoS que se realizan en el ámbito social, no sólo afrontando los años más duros de la crisis del Uruguay ante la emergencia social, sino promoviendo a la persona, en centros educativos no formales, internados, centros hospitalarios, hogares de ancianos y de otras muchas maneras, que desde el silencio de la acción evangelizan, reafirmando la opción por los pobres como buena noticia para nuestra gente. En la carta de Adviento del 2000 los invitaba a retomar las prioridades y los instrumentos organizativos para poner en marcha el Proyecto Pastoral surgido del Sínodo de 1996. Para ello
2005, Año de la Eucaristía. En su reciente Carta Apostólica "Quédate con nosotros, Señor" (MND), el Papa Juan Pablo II nos invita a "acentuar en el camino pastoral que estamos siguiendo, la dimensión eucarística propia de toda la vida cristiana". Nos propone "iluminar los programas pastorales de cada Iglesia anclándolos en el Misterio Eucarístico que es la raíz y el secreto de la vida espiritual tanto de los fieles como de toda iniciativa de la Iglesia local" (MND, 5). Como sabemos la Iglesia vive de la Eucaristía y a la vez por mandato de Jesús la celebra en toda circunstancia. Lo hace sin treguas a tiempo y a destiempo, en prosperidad y escasez, en tiempo de guerras y paz, cuando la comunidad está unida o sufre divisiones, ante los fracasos y lo éxitos; ya que sueña junto a su Maestro y Señor con la plena comunión. La Eucaristía nos envía en misión. En el relato propiamente eucarístico de la multiplicación de los panes (Mc.6, 34-44) encontramos a Jesús que plantea un desafío, una tarea, una misión a sus discípulos."Al bajar Jesús de la barca, vio todo ese pueblo y sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor" (Mc.6,34) De este sentimiento de compasión nace la misión pastoral de la Iglesia, el gran llamado a evangelizar. Evangelizar es anunciar a Cristo muerto y resucitado que ofrece la salvación a todo hombre y mujer en su tiempo, lugar y circunstancias, también al arachán u olimareño concretos, de hoy. Los discípulos inicialmente participan de la sensibilidad de Jesús por la necesidad del pueblo: "Cuando era ya muy tarde se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está despoblado y es muy tarde, despídelos para que se vayan a las aldeas y a los pueblos más cercanos y compren algo para comer".Él les contestó: "Dénles ustedes de comer" (Mc.6,35-37) Ante la ansiedad que provoca en los discípulos, el hambre de la gente, Jesús los desafía a dar respuesta y espera de ellos una solución creativa, audaz. Sin embargo ellos no arriesgan y responden proponiendo "lo de siempre": ¿Tendremos que ir nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? (Mc. 6,37) Jesús, desde nuestro bautismo, nos incluye en su misión y nos impulsa como a los discípulos a ser "buenos pastores" que contemplan con compasión la realidad y no se descansan en otros, sino que se sienten desafiados y comprometidos a actuar con ingenio. "Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio." (MND, 24) Ante la respuesta de los discípulos: Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?Vayan a ver" Volvieron y le dijeron: "son cinco panes y además hay dos pescados". Entonces mandó que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto .Y se acomodaron todos en grupos de a cien y de a cincuenta. (Mc. 6,38-41) Valoramos aquí dos actitudes pastorales básicas de Cristo. La primera es que para que haya milagro en el camino de la evangelización es necesario ofrecer nuestra vida, lo que somos y tenemos, y darle lugar a la creatividad que nos brinda el Espíritu. La segunda es que para que ese milagro sea eficaz nos debemos organizar en grupos, en comunidades, con objetivos y metas comunes, del tal manera que el compartir del anuncio nos enriquezca, nos potencie, nos complemente para realizar el sueño que Cristo anuncia desde la Eucaristía: la comunión. "Es el único pan eucarístico el que nos hace un solo cuerpo" (MND, 20) "Y él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió lo panes y los iba dando a los discípulos para que se los distribuyeran. Así mismo repartió los dos pescados entre todos" (Mc.41-42) Caminamos hacia un nuevo Plan Pastoral. A ocho años de la realización del Sínodo, creo conveniente rever nuestros objetivos como Iglesia desencadenando el año próximo un proceso de consulta y elaboración del Plan Pastoral, con el fin de que el anuncio de Cristo llegue a más hermanos, y que nuestros dones -por el fortalecimiento de la unidad- se potencien para un mejor servicio evangelizador. Por ello quiero proponer algunos criterios para este proceso común: · La Vicaría Pastoral será la responsable de animar el camino de elaboración, marcando un itinerario que comenzará en la Misa Crismal del 24 de marzo y culminará en el Consejo Pastoral Ampliado de noviembre del próximo año. · El Consejo Pastoral Parroquial, será el instrumento necesario en este camino. Este ámbito de comunión y participación está llamado a fortalecerse y ser junto al párroco el responsable de la animación pastoral de la comunidad. Para ello la Vicaría Pastoral está elaborando un subsidio para la reflexión en cada parroquia. · La familia como núcleo de nuestra acción pastoral, debe estar presente en las consultas. Como una de las prioridades del Sínodo, es nuestra tarea apoyar a cada familia para que llegue a ser "una pequeña iglesia dentro de la Iglesia", una "Iglesia doméstica". Desde el momento que una pareja se acerca a la parroquia para pedir el bautismo para un hijo o luego la preparación para la primera Comunión, merece el acompañamiento continuado de la comunidad. El frecuentar a cada familia permitirá que los padres crezcan en la fe, la conozcan mejor, la vivan, la celebren en la oración en la casa antes de ir al templo y la transmitan a sus hijos con el ejemplo de vida y la catequesis familiar. · La vitalidad demostrada por las CEBs en el Encuentro del año pasado nos desafía a vivir cada parroquia como comunidad de comunidades. Esperamos que sigan extendiendo sus aportes evangelizadores en la Misión Popular hasta convertirse en el referente cristiano del vecindario, la iglesia visible y activa en cada barrio. · Los jóvenes nos han mostrado su vitalidad y compromiso servicial tanto en los grupos parroquiales como en los encuentros vibrantes y entusiastas en Treinta y Tres y en Río Branco. La pastoral juvenil y vocacional, al mismo tiempo que da razón de la fe de modo que resulte inteligible a las nuevas generaciones, podrá expresarnos sus sueños para una Iglesia encarnada e inculturada en el siglo XXI. Conclusión. Atentos a la voz del Espíritu Santo que sigue hablando a las Iglesias de hoy como lo transmitía el Apóstol San Juan a las Iglesias de Asia, y confiados en la protección de María que nos acompaña en la espera de su Hijo en este nuevo Adviento, caminemos como Iglesia reunida en la Eucaristía y enviada para servicio de nuestros hermanos. Luis del Castillo, Obispo de Melo. Obispo de Melo. Melo, 18 de noviembre de 2004 |