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Carta
Pastoral de los Obispos uruguayos en ocasión del Bicentenario
"Nuestra Patria: gratitud y esperanza" ![]() |
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Compartimos el capítulo en el que los Obispos reflexionan sobre la
educación hoy:
V. Hacia adelante:
enseñanza y educación
En este
contexto, queremos dar un aporte al servicio de todos, en la búsqueda
común para el mejoramiento de la enseñanza de las nuevas generaciones.
Con
motivo del Bicentenario, es razonable que miremos los esfuerzos que se
llevaron a cabo a lo largo de los siglos, para ir mejorando la educación
de nuestro pueblo. La atención a la educación ha sido una constante en
nuestro país, en búsqueda de la formación de su gente, de la integración
de la sociedad, del desarrollo de las personas. Por cierto, ha habido
momentos de mayor desarrollo y situaciones más pobres.
Una
visión integrada nos lleva a tener en cuenta y a rescatar en nuestra
memoria las Universidades de Lima, Chuquisaca (Charcas), Córdoba, y
otros colegios en diversas ciudades de la región en los que se fue
formando la sociedad criolla. No podemos olvidar las diferentes misiones
de indígenas, entre las cuales destacamos los pueblos que formaron el
conjunto de las misiones jesuitas: allí está una buena parte del
sustrato de nuestra cultura.
En plena
revolución, Artigas se preocupó por la educación y, en nota que dirigió
el 10 de setiembre de 1815 al Cabildo de Montevideo, solicitó fundar en
Purificación, donde estaba instalado, la “escuela de la patria”, una
escuela de primeras letras para la enseñanza de los jóvenes, siendo
confiada al sacerdote José Benito Lamas. Éste fue el primero de los
maestros patriotas.49
Sin
dejar de reconocer cuanto de bueno se hace en la enseñanza, sea de
gestión estatal, sea de gestión privada, es perentorio mirar las
dificultades presentes.
Con
respecto a la educación debemos recordar que hay un conjunto de actores
y de derechos. Intervienen en la educación en primer lugar los padres y
la familia, las instituciones de enseñanza de gestión estatal o privada,
los variados medios de comunicación, las redes sociales, la llamada
educación no formal, las religiones y otras fuentes de saber y de
sentido.
Antes
que nada, está el niño, joven, adulto, que tiene derecho a recibir
aquella enseñanza y educación que lo prepare mejor para llevar adelante
su vida, que le haga posible desarrollar sus talentos y virtudes, que lo
habilite para su desarrollo individual y social.
En este
sentido el Estado, no sólo ha de tolerar las diversas creencias, sino
que tiene el deber de garantizar el ejercicio concreto del mencionado
derecho, facilitando que las familias puedan elegir el centro de
enseñanza y respetando la identidad de dichos centros52.
Esta
libertad de elección debe favorecerse sobre todo en los más pobres, con
subvenciones u otras formas que permitan que los menos afortunados
puedan verdaderamente elegir la educación que prefieren para sus hijos.
Hemos de
ser sinceros y reconocer que en nuestro país aún no se han encontrado
las formas más adecuadas para compatibilizar estos dos derechos
fundamentales: el derecho a la educación y el derecho de los padres a
elegir la enseñanza para sus hijos. Ambos derechos hacen a la dignidad y
la libertad de la persona; por ello son ampliamente reconocidos en las
leyes nacionales e internacionales. A ellos se une –como fue mencionado
en el capítulo II– el derecho de manifestar la religión por la
enseñanza, que no debe ser penado con una discriminación económica,
porque unos institutos sean totalmente pagos por lo recaudado por los
impuestos del pueblo y otros deban ser costeados por los padres.
Cómo se entiende la laicidad en la enseñanza
No ha
sido una solución justa la forma de laicidad de la enseñanza que impide
toda presencia de lo religioso en el ámbito de los institutos de gestión
estatal, porque es discriminatoria con los derechos de los padres, con
los derechos de las religiones y con la apertura del conocimiento a
todos los saberes y creencias53.
No hace
justicia al derecho de elección de los padres, ni el Estado lo garantiza
y promueve, el que simplemente se toleren instituciones privadas de
enseñanza, cuyo sostenimiento económico recae en los mismos padres.
Somos
conscientes de que volvemos a plantear el tan debatido tema de la
laicidad de la enseñanza, dentro de la concepción de laicidad del
Estado.
En una
concepción no dogmatizante de la laicidad, teniendo en cuenta la
libertad de conciencia y de religión expuesta anteriormente, creemos que
la opción de que el Estado no sostenga los actos de culto de una
religión, no significa que ignore, restrinja o prohíba la presencia de
las religiones en el ámbito de la enseñanza. De esta forma ha de
entenderse un sentido amplio de laicidad o laicidad positiva. El Papa
Benedicto XVI retomó el concepto de una laicidad positiva afirmando que:
“... es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el
ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa
de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por
otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones
insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de
la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la
creación de un consenso ético de fondo en la sociedad”.54
Sin
lugar a dudas es obligación de toda la sociedad, y por lo tanto del
Estado, atender a la universalidad de la enseñanza, con particular
cuidado por los menos favorecidos, para que tanto por medio de
instituciones estatales como privadas tengan a su alcance la educación
adecuada.
Según el
parecer general, también se requiere de todos, y con una particular
acción del Estado, la búsqueda de aquella enseñanza que logre el
desarrollo de los conocimientos y habilidades que hagan posible la
inserción de los educandos en la sociedad y el mundo de los adultos. Las
deficiencias comúnmente notadas en el manejo de la lengua materna, de la
comprensión de textos, de la expresión oral y escrita, junto con los
límites en el dominio de la matemática, reclaman una atención
prioritaria.
Al mismo
tiempo, es oportuno que se ofrezcan posibilidades –incluso de apoyo
económico– para que haya centros que llevados adelante por su personal
docente, ofrezcan sus planes, tengan el consentimiento de los padres a
su ideario, e integren mejor a los educandos.
En el
presente valoramos los esfuerzos que se están realizando desde el Estado
en la educación, con escuelas de tiempo completo, planes especiales para
escuelas en contexto crítico, proyectos para que los adultos puedan
culminar la enseñanza media, convenios para facilitar la enseñanza no
formal y el apoyo escolar.
La
urgencia del tema pide un gran esfuerzo de todos, a fin de que la
educación de las futuras generaciones mejore en múltiples aspectos. Es
imprescindible la grandeza y rectitud de ánimo para que no primen los
intereses particulares o de grupos, ni la búsqueda del poder, sino que
se busque el bien común, el desarrollo de los educandos y se atienda a
los derechos y deberes de todos. En todo esto, especialmente se debe
mirar a las necesidades de los más pobres y excluidos.
48. En la época colonial, (1746) se instalaron en Montevideo los
jesuitas, en la Residencia San Estanislao de Kostka. A los tres años, se
mudaron a la actual plaza Matriz, donde comenzó a funcionar la primera
escuela de Montevideo. En 1760, en el Hospicio de los Franciscanos, se
constituyó el Convento San Bernardino de Siena, casa que cumplió
posteriormente una importante actividad religiosa y cultural, y donde se
creó una escuela. Cf. Conferencia
Episcopal del Uruguay,
Criterios orientadores para la Pastoral Educativa en Uruguay,
Montevideo 2009, p. 9 ss.
49.
Más adelante, como Vicario Apostólico, trajo a las Hermanas de la
Visitación (Salesas), monjas de clausura que abrieron un colegio de
niñas, y a las Hermanas del Huerto, que, además de atender el Hospital
Maciel, abrieron el primer colegio para niñas (1861). También las
Conferencias Vicentinas crearon escuelas gratuitas.
50. Respondieron a su llamado los padres del Sagrado Corazón de Jesús de
Betharram (Vascos), los Salesianos, las Vicentinas, los Jesuitas, las
Hijas de María Auxiliadora, las Dominicas. El segundo Obispo, Mons.
Inocencio María de Yéregui,
invitó a los Hnos. de la Sagrada Familia. Es de destacar, también, la
importante obra de los laicos en la Educación católica. Junto al Pbro.
Nicolás Luquese, se reunió un grupo de señoritas y formaron “La
Asociación de la Enseñanza Católica” donde, a partir de 1885, se
desplegaron fundando y sosteniendo diecisiete colegios católicos.
Ha sido relevante en la educación la edición de libros de texto que
formaron a generaciones uruguayas en muchos colegios. Recordamos entre
otros esfuerzos, los libros elaborados bajo la dirección del Hermano
Damasceno, de la Sagrada Familia, para las más diversas asignaturas:
Matemática, Idioma Español, Ciencias, pero especialmente los libros de
Historia Nacional, popularizados con la sigla HD.
Para la formación de educadores, las Hijas de María Auxiliadora fundaron
en 1905 el Instituto Magisterial María Auxiliadora que ha formado a
generaciones de maestras.
Fue también importante el aporte eclesial a la enseñanza agrícola: la
Escuela Agrícola Jackson (1905-1995) del Manga; la Escuela Agraria San
52. Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, art. 18.4 “Los Estados Partes en el
presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en
su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban
la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias
convicciones”. Pacto de San José de
Costa Rica, art. 12. Libertad de Conciencia y de Religión.
Numeral 4. “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que
sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de
acuerdo con sus propias convicciones.”
53. Ley General de Educación, Nº
18.437, 16 de enero de 2009, art.17 (De la laicidad) “El
principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de
todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre
acceso a las fuentes de información y conocimientos que posibilite una
toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la
pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de
saberes y creencias”.
54. Cfr. Benedicto xvi,
Discurso en el encuentro con las autoridades del Estado.
París, Palacio del Eliseo, 12 de setiembre de 2008. Cf.
Conferencia Episcopal del Uruguay,
Criterios orientadores para la
Pastoral Educativa en Uruguay, Montevideo 2009, p. 916-20.
55. Cf. Constitución de la República
Oriental del Uruguay, art.71.
56. Cf. Ley General de Educación, Nº
18.437, 16 de enero de 2009, art. 4: “(De los Derechos
Humanos como referencia del ejercicio del derecho a la educación).
La Educación tendrá a los Derechos Humanos consagrados en la
Declaración
57. Benedicto xvi,
Mensaje para la celebración de la XLIV
Jornada Mundial de la Paz.
La libertad religiosa, camino para la
paz, 9. |
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Mons.
Bodeant entrevistado en El País de Montevideo
"Planteamos una especie de Fonasa de la educación"
DÉBORAH FRIEDMANN
- No quiero hacer una acusación porque a veces estas cosas
son resultado de una historia y no nos hemos planteado
alternativas. Simplemente decir, en realidad, hay otras
maneras y otras posibilidades de relación entre el Estado y
las religiones más incluyentes y más amplias. En ese sentido
apunta esa propuesta de la validez civil del matrimonio
religioso, en ese sentido apunta en el campo de educación la
propuesta de un sistema integrado de educación pública con
su aspecto estatal y su aspecto privado.
"Yo tengo página en Facebook"
- ¿Cómo observó que
adolescentes hayan matado, filmado y divulgado la muerte de
un perro en Nueva Palmira y todo lo que luego generó ese
hecho?
- Yo tengo una página en Facebook, voy a parroquias, voy a
colegios, saco fotos, después los chiquilines se etiquetan,
hacen sus comentarios, a mí me da otra forma de
relacionamiento también como obispo con ellos, son cosas
maravillosas de la redes sociales. Podemos hacer un buen uso
y también aparece esto otro.
"Queremos recuperar el vínculo con el Círculo"
- La Iglesia anunció que
apelaría la decisión del Ministerio de Educación, que
convalidó la asamblea en que el Círculo Católico decidió
desligarse. ¿Qué pretenden?
- Lo que nosotros quisiéramos es recuperar el vínculo con el
Círculo, que lleguemos de nuevo a una forma que puede ser la
que había antes u otra pero en la que se restablezca un
vinculo entre Iglesia Católica con esta institución, que
siga siendo católica. Por eso el camino que se sigue es la
apelación a esa resolución para que se revise lo que ocurrió
en esa asamblea donde se modificaron los estatutos. Por ese
camino se va a seguir hasta agotar las posibilidades. El
Círculo tiene 125 años y la vida da muchas vueltas. Hoy no
estamos en una actitud de ruptura, decimos es una
institución tradicionalmente católica, en este momento hay
una situación de ruptura de la forma en que se da ese
vínculo, queremos trabajar para restituirlo. (7)
(1)
"En el año 2011, igual que hace 200 años, Uruguay continúa
basando su identidad como nación en la familia. En los
sucesivos textos constitucionales que nos hemos dado, ha
sido reafirmada la familia como “la base de nuestra
sociedad”. Esta convicción de quienes formaron nuestra
patria, es hoy también el valor primordial al que aspiran la
inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres: formar una
familia. Del tesoro de valores que hemos recibido en
herencia, el aprecio por la familia unida brilla como un
diamante en nuestra sociedad uruguaya." (p. 25)
La expresión "ignorancia religiosa obligatoria" es de Mons.
Miguel Balaguer, obispo de Tacuarembó entre 1966 y 1983.
(7) En
realidad, debí decir 126 años. Ver historia
del Círculo Católico.
+ Heriberto A. Bodeant |
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Presentación a la prensa de la Carta Pastoral de la CEU "Nuestra Patria: gratitud y esperanza"
Martes 15 de noviembre de 2011
Mons. Collazzi, presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Cotugno, arzobispo de Montevideo y Mons. Bodeant, secretario de la Conferencia, presentaron hoy en a la prensa, en la sede de la CEU, la Carta Pastoral de los Obispos uruguayos en ocasión del Bicentenario: "Nuestra Patria: gratitud y esperanza".
Resumen entregado a la Prensa
Se trata de una carta dirigida “a todos los fieles católicos y a todo el Pueblo Oriental”, que los Obispos han preparado a lo largo de este año y presentaron el pasado domingo 13 en Florida, en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los Treinta y Tres.
La carta se inicia con una mirada al pasado en la que prima el recuerdo agradecido de las personas y bienes que han contribuido al desarrollo y grandeza de la Patria, con especial énfasis en quienes lo hicieron animados por su fe católica.
En segundo lugar, se exponen los dos focos con los que los Obispos invitan a mirar nuestra realidad. El primero es Jesucristo y su mensaje, “cuyo anuncio es el aporte específico que la Iglesia brinda a la sociedad”.
También se señala el centro de convergencia para la construcción de la comunidad nacional: la dignidad de la persona humana y sus derechos inalienables, con especial énfasis en el carácter natural de esos derechos, tal como están reconocidos en los tratados internacionales. El derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa tienen también un importante desarrollo.
A continuación, en solidaridad con quienes ansían y procuran una sociedad cada vez más justa y fraterna, los Obispos presentan algunos aspectos de la realidad social que les preocupan: el envejecimiento de nuestra población, el alto índice de suicidios, la violencia, la pobreza –especialmente en los niños–, el aumento del consumo de alcohol y drogas, la situación de las personas encarceladas y la violencia doméstica.
El futuro del Uruguay, hacia el cual la carta mira con esperanza, se juega en gran medida en la familia y en la educación. Cada uno de esos dos grandes temas ocupa, respectivamente, un capítulo de la carta.
Se destaca, así, la centralidad de la familia, “valor primordial al que aspiran la inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres” y se exponen algunos de sus problemas: matrimonio y divorcio, cultura de la vida, espiritualidad de la vida familiar y la vigencia de los valores evangélicos. Se propone dar validez civil del casamiento religioso, tal como se da en otras legislaciones.
El capítulo sobre educación comienza con las significativas palabras “hacia adelante”, subrayando el valor transformador de la enseñanza y la educación. Los Obispos recuerdan el aporte histórico de la Iglesia en el campo educativo. Reafirman el derecho de los padres, aún los de escasos recursos, a elegir la orientación de la educación de sus hijos, replanteando el tema de la laicidad y la confesionalidad. Proponen que se abra el sistema de enseñanza a una mayor pluralidad de formas y centros, entendiendo la educación como servicio público de gestión tanto estatal como privada.
Antes del saludo final, dirigido a todos, la carta tiene palabras para la comunidad católica, alentando a los fieles en su misión de contribuir al cambio de la sociedad, con libertad y responsabilidad personales, “trabajando con rectitud en favor del bien común de los uruguayos”.
La carta concluye con un llamado a la unidad de nuestro pueblo: “en el mutuo respeto, en la sana confrontación, juntos reconocemos que el fin no es vencer al otro, sino que hay realidades superiores que, trascendiendo las diferencias, impulsan a la unidad”.
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