CON FIRMA

Opiniones y Reflexiones

 

COLUMNAS DE OPINIÓN
Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Columnas en El Octavo Día
Diario El Pueblo | 2010

Columnas de Opinión del año 2007 - Diario CAMBIO Salto

Columnas de Opinión del año 2008 - Diario CAMBIO Salto
EL OCTAVO DÍA - Publicación del DECOS de Salto en el Diario El Pueblo

 

Artículos publicados en el BLOG de Mons. Heriberto Bodeant
http://dar-y-comunicar.blogspot.com/

En tiempo de Mundial

 

 

¿Una o muchas vidas?

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Hace pocos días escuché a una señora decir que una compañera de trabajo estaba muy interesada con la idea de la reencarnación.

 

Según esta creencia del hinduísmo, después de la muerte el alma de cada uno va a habitar otro cuerpo humano o un ser inferior (animal o vegetal) de acuerdo a la ley llamada “karma”. También el budismo profesa algo semejante, pero sin otorgarle identidad personal. Esta creencia, muy extendida en las religiones orientales, también es sostenida por la religión afro-brasileña y espiritista Umbanda. Entre las finalidades de la reencarnación, según los umbandistas, estaría la enmienda del pasado y el progreso y realización de misiones importantes.

 

En muchas ciudades de Occidente han desembarcado cientos de  gurúes que difunden e inician en estas creencias; otras veces también son conocidas a través de la práctica del yoga, no en cuanto posturas corporales sino en cuanto ideas que en el curso de tales sesiones, a veces, se proponen.

 

La idea de escribir esta columna se me avivó cuando leí que la actriz Julia Roberts se había convertido al hinduismo tras haber participado en la película “Comer, rezar, amar”, rodada en parte en India. “Soy hinduista practicante” dijo, añadiendo que la película fue ocasión para ahondar su interés por la meditación yoga y la práctica religiosa en los ashram o espacios donde se imparte la enseñanza del hinduismo.

 

Soy respetuoso de las personas con otras creencias. Y veo este hecho como un claro signo de que todos los seres humanos estamos “abiertos” a la dimensión religiosa, aunque muchos lo olviden, repriman  o lo vivan alternando con otros intereses y proyectos.

 

La reencarnación no es compatible con la fe cristiana, de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, según el cual al final de nuestro único recorrido vital, habrá un juicio y una eternidad, conforme a nuestras obras, puestas en la balanza por un Dios justo y misericordioso. Este final le imprime a nuestra vida un carácter único.

 

Estas ideas de algunas religiones, también pueden analizarse desde la filosofía. Julián Marías dice que el aspecto irrepetible de la vida humana podría expresarse así: “los días contados” y que esto nos obliga a tener que acertar. Es que si la vida fuera interminable no sería importante errar, porque el tiempo perdido sería indiferente; siempre quedaría otro capítulo para rectificar o volver a empezar.

 

Pero no sólo se trata de tener “los días contados”; también los tenemos, de algún modo, ordenados. Los días de la vida, dice Marías, más que al dinero se parecen a los cupones en las épocas de racionamiento. Si la riqueza es ilimitada (pensemos en la suposición bastante común que reinaba hasta hace algún tiempo de que las fuentes energéticas y los recursos naturales, como por ejemplo el agua, eran inagotables), no importa errar en lo que se compra con ella; si no sirve o no gusta, se descarta y se compra otra cosa. Pero si los recursos son limitados, esto no es posible. Cuando hay cupones de racionamiento,  concluye Marías con su ejemplo, no basta el dinero: hacen falta los cupones asignados a cada posible gasto, y si los he consumido ya no hay posibilidad de rectificación.

 

Cada porción de la vida gravita sobre todas las demás, de tal modo que cuando nos jugamos un fragmento de la vida, en cierta medida nos estamos jugando la vida entera. La vida es pues irrevocable. Aunque resulta curioso, comprueba  Marías (antes de conocer los play station) y  seguramente coincidirán muchos lectores de esta columna, nuestra época tiene una tremenda resistencia a aceptar la irrevocabilidad de la vida. El hombre actual no quiere que nada sea irrevocable (los años, envejecimiento, matrimonio, los votos religiosos…). “Lo malo es que esa resistencia es bastante inútil, porque nos guste o no, es así, y cuando se intenta contrariar esta condición, en primer lugar se desvaloriza aquello que se pretende hacer revocable.”

 

Termino citando a la Madre Teresa que por haber vivido largos años en Calcuta,  responde a esa concepción de la vida como sucesivas reencarnaciones. “Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.”  

 

Columna publicada el domingo 20 de agosto de 2010 en el diario “Cambio”

 

Educar para la inclusión

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

Las naciones latinoamericanas, que han consignado solemnes declaraciones de derechos humanos en sus constituciones, no pueden ocultar que en su población hay sectores significativos de ciudadanos que parecen vivir por fuera de las redes sociales continentadoras. Son marginados, desplazados, migrantes o campesinos sin tierra, que buscan sobrevivir en la economía informal.

 

La asamblea de obispos de nuestro continente, celebrada en Aparecida (Brasil) en  2007, registró algunos de estos grupos: los que pasan hambre o viven en la miseria, los portadores de VIH-SIDA  excluidos de la convivencia familiar y social, las víctimas de la violencia, terrorismo, conflictos armados e inseguridad ciudadana, los ancianos que se sienten excluidos del sistema productivo que además se sienten con frecuencia rechazados como personas incómodas e inútiles.

 

“Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente explotados sino sobrantes y desechables.” (Documento Aparecida, N. 65)

 

En algunas regiones de nuestro continente estos grupos humanos que no gozan de una adecuada inserción social, están conformados por amplios sectores de poblaciones indígenas y afroamericanas, cuya historia está atravesada por una exclusión social, económica, política y sobre todo, racial. Sufren discriminación  laboral, déficit educacional y desvalorización de sus expresiones culturales y religiosas.

 

Cabría la pregunta qué responsabilidad nos toca a quienes los miramos desde la vereda de enfrente y nos consideramos informados y educados, quejándonos –como buenos uruguayos- por  lo que aún no hemos alcanzado.

 

El fenómeno multicausal de la exclusión será abordado en la próxima cumbre iberoamericana a realizarse a fines del presente año en Mar del Plata, Argentina. Y el eje de sus debates tratará de explorar el papel de la educación como herramienta para llevar a un mayor grado de inclusión en el ancho campo de los derechos y deberes de una ciudadanía activa.

 

El siglo XXI está signado por el acceso al conocimiento. Los progresos tecnológicos del planeta son excepcionales y vertiginosos. Sin embargo, las cifras sobre la gente son inquietantes. El planea podría producir alimento para una población mucho mayor que la actual, sin embargo mil millones de de  personas padecen hambre. Las reservas de agua existentes podrían permitir suministrar agua potable a toda la población, sin embargo mil doscientos millones no tienen acceso a agua limpia. Tener un inodoro y sistemas de saneamiento es fundamental para una vida digna. Sin embargo dos mil seiscientos millones de personas carecen de ellos, lo que los lleva a una vida dura que afecta gravemente su salud. El déficit de agua y saneamiento podría reducirse a la mitad con sólo el presupuesto militar actual mundial de cinco días.

 

Todo esto en medio de la clonación de animales, los sofisticados aparatos electrónicos, computadoras de bolsillo, la biblioteca digital universal y otras maravillas de la tecnología. Son estas algunas pinceladas presentadas en el reciente libro “Primero la gente” escrito por el premio nobel de economía, Amartya Sen y Bernardo Kliksberg, asesor de organismos internacionales, activo militante de la comunidad judía y defensor de los valores éticos de honda raigambre bíblica y consistencia  ética.

 

Las desigualdades en el planeta resultan estridentes. El 10% más rico tiene el 85% del capital mundial mientras que la mitad de toda la población del planeta sólo el 1%.

 

El panorama de América Latina en lo referente a la deserción y repetición en etapa liceal, algo dramático en nuestro país, muestra que está concentrado en los sectores de menores ingresos. La mayoría de los jóvenes de extracción humilde van quedando por el camino. En el 20% más pobre sólo termina la secundaria un joven de cada cinco. En el 20% más rico son cuatro de cada cinco. 

Aún queda mucho por hacer.

 

Columna publicada el viernes 13 de agosto de 2010 en Diario “Cambio”

Mensajes opuestos

Natalidad o Envejecimiento

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

Dos iniciativas recientes del actual gobierno proponen mensajes opuestos. Por un lado  facilita y abarata la píldora anticonceptiva. Por otro, el Presidente  se alarma ante nuestra tasa de natalidad, la “más paralizada” de América Latina. Un invierno demográfico, como ya se ve en países avanzados, donde hoy hay más féretros que cunas.

 

Alguien dirá: a unos dice A y a otros dice B; eso es gobernar. Pero cuando A y B salen de una misma persona y ministerio, cabe la duda sobre la verdad y coherencia de sus dichos. Como una madre que dice a su hija: usá anticonceptivos todas las veces que quieras; pero también se lamenta porque faltan niños en las escuelas y los jóvenes se desalientan en un ambiente manejado mayoritariamente por la gerontocracia.    

 

Se calcula que en el 2040 los mayores de 64 años pasarán a ser más que los menores de 15.

 

Otra consecuencia del envejecimiento poblacional es el deterioro de la solidaridad entre generaciones: crecen los jubilados y los activos que siguen aportando disminuyen.

 

Nuestro Presidente ha creado un grupo interministerial, coordinado por el Ministerio de Salud Pública para proponer políticas adecuadas. Pero ya largó algunas ideas, como la de fomentar la radicación de indígenas ecuatorianos y atraer a jubilados extranjeros. La cuestión no es tan sencilla. Poblar no es sólo trasplantar. ¿Cómo se integraría una colectividad indígena, con alta tasa de fecundidad y cultura autóctona, con  poblaciones locales? 

 

El gobierno habla de medidas audaces. Lo expresó el ministro de Trabajo Eduardo Brenta el 1º. de mayo en cadena de radio y televisión: “La situación demográfica del país exige medidas audaces para promover el incremento de la natalidad”. Informó que el gobierno está revisando el subsidio por maternidad para “extender los plazos vigentes, igualar la situación de las trabajadoras públicas y privadas y mejorar la calidad de las prestaciones.”

 

Fomentar la natalidad requiere pensar en la mujer y la maternidad, la etapa del embarazo, del parto, del  amamantamiento y la educación de los hijos. En un congreso al que asistí, decía una mujer, profesora en la universidad de Oslo: “Después de haber alumbrado por primera vez, me dije: ahora no temo a nada y puedo hacer todo”.

 

Alcanzar esta meta resultará de la conjunción de muchos componentes, empezando por la defensa sin titubeos de la vida que se inicia naturalmente en el seno de una madre desde el primer día. Natalidad, maternidad y familia tienen que caminar juntas. Necesitamos enfoques globales sobre la vida humana, donde sexualidad y procreación no se presenten necesariamente desconectados. Necesitamos fortalecer la familia y las organizaciones de la sociedad civil como también instrumentar mecanismos para acompañar conflictos familiares. Necesitamos ampliar redes solidarias desde la etapa escolar hasta el fin del ciclo liceal, para asistir a niños y jóvenes en el estudio, el deporte y el tiempo libre.  Necesitamos educadores que ayuden a encarar las preguntas vocacionales, inquietudes espirituales y la educación sexual no sólo como mecanismo biológico y autocomplaciente sino como expresión de un don y un compromiso de amor que cuida y acompaña.

 

¿Cómo compaginar las propuestas a favor de la natalidad con  otra iniciativa tendiente a la facilitación masiva de anticonceptivos? El doble discurso hace perder credibilidad. En un piso proponen una cosa y en otro la contraria.

Además, el Presidente Mujica, no estaría dispuesto a vetar la ley de despenalización del aborto, en caso de que el parlamento la aprobara.

 

Durante una bicicleteada en el Cerro y Casavalle, Mujica aprovechó para agradecer a las madres su coraje por traer niños al mundo. Una solución radical, tan vieja y tan nueva, tan natural y tan urgente. Señales de aprecio, estímulo y aliento a las madres y a las familias que verdaderamente “hacen patria” con cada hijo que aceptan traer al mundo y educarlo.

Un planteo transparente e integral, con solidaridad y con verdad, debería poner las cartas sobre la mesa, tratando de atenuar las incongruencias de otras propuestas simultáneas.

 

 Diario “Cambio”, 18 de junio de 2010

¡ARRIBA LA CELESTE!
FÚTBOL, METÁFORA DE UN PAÍS

Escribe: Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Morir en la capital

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
Columna publicada en el Diario “CAMBIO” del viernes 28 de mayo de 2010

 

 

Un amigo me llevaba el domingo pasado desde la terminal de Paysandú hasta la parroquia San José Obrero donde iba a confirmar a un grupo de jóvenes y adultos. En el trayecto le pregunté por su hijo mayor que este año fue a estudiar a Montevideo.

 

Con pocos trazos me pintó la desigualdad de oportunidades de los jóvenes del interior que tienen capacidades y desean estudiar. Una equidad efectiva significaría una valiosa oportunidad de crecimiento profesional para ellos y un beneficio para el país, además de un alivio para los padres que los respaldan en todo sentido.

 

Sobre descentralización ya hemos oído bastante. El tiempo político de las declaraciones creo que se agotó. Igualmente el de los proyectos elaborados por técnicos pero que, por razones desconocidas para la mayoría, no se activan con celeridad. Con un impulso de generosidad y audacia, renunciando a parcelas de poder político y económico, redistribuyendo los recursos presupuestales en beneficio de los contribuyentes de todo el país y apurando trámites encajonados en los laberintos de la burocracia, los plazos seguramente se acortarían. Para bien de muchos jóvenes embalados por la sana impaciencia propia de la edad, que perciben que las respuestas no llegan cuando las necesitan.

 

Es cierto que el estado uruguayo intenta moverse y ha dado algunos pasos, como es el caso de las alcaldías, que por el momento generan más expectativas que realidades en los lugares donde se votaron.

 

En nuestro Departamento, este año un grupo de jóvenes, familias y sectores de la sociedad se sintieron defraudados cuando poco antes del inicio de la carrera de Medicina en Salto, llegó la noticia de que todavía no estaban dadas las condiciones.

Es cierto que salir del pago puede ser beneficioso, como también lo es, especialmente en algunas ramas de la ciencia, el intercambio continuo de quien estudia con la realidad social, laboral, científica y cultural que lo rodea. La academia y la vida cotidiana no pueden divorciarse. Gráficamente lo hacía el gran Aristóteles acompañado por sus discípulos, que leía y enseñaba deambulando por los pórticos del Liceo de Atenas.

 

Este amigo, que es profesional y conoce por propia experiencia el tema, me comentaba los gastos que demanda su hijo que empezó la carrera de psicología dependiente de la Universidad de la República en Montevideo.

 

Mandar un hijo a Montevideo puede tener ventajas pero también tiene costos, empezando por un lugar donde vivir. Ellos optaron por una residencia católica  que les sale cuatro mil pesos al mes. A lo que hay que sumarle gastos diarios de transporte que ascienden a doscientos pesos por día. Dos veces por mes el hijo viaja para estar con su familia y amistades. En total son unos once mil pesos por mes.

 

El próximo año viajará el segundo varón que se inclina por la carrera de biología. Y atrás viene un tercero. La situación lo ha llevado a plantearse varias preguntas a él y su esposa.

 

La llegada de las XO a los chicos de escuelitas de ciudad y campaña fue un avance muy promocionado. ¿Por qué, entonces, no habilitar carreras donde algunas materias puedan cursarse por internet? ¿O habrá que esperar que estos chicos lleguen al nivel terciario o que algunos de ellos lleguen un día a la docencia? Otra inquietud es que la permanencia en la capital aumenta las chances de que los jóvenes elijan quedarse en Montevideo. Nadie puede oponerse a esta probabilidad. Pero también es bueno que una carrera cursada en el interior pueda ayudar a explorar nuevos horizontes de aplicación en  ambientes distintos a la capital.

 

La descentralización tiene mucho camino por andar en este nivel de la enseñanza. Un estudiante de Montevideo puede darse el lujo de hacer una carrera de seis en diez años, mientras trabaja o hace otras cosas. Las distancias para él no cuentan.

 

Este padre, además, no se explica los insólitos horarios de su hijo: lunes sin clase, martes dos horas, los demás días con muchas horas libres.

“Cuando quieras estudiar morís en la capital. Cuando quieras progresar morís en la capital”, cantaba Pablo Estramín.

 

Aclaración: quien esto escribe nació y vivió en la capital algo más de tres décadas.

 

“Piqueteros”. Negación como actitud

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Asambleístas radicales de Gualeguaychú -“piqueteros”- decidieron seguir con el corte del puente; porque es lo que más molesta.

 

Conocido el dictamen de La Haya continúa el bloqueo mental. ¿Cómo es posible  tal estado de negación y miopía? Lo afirmo mirando desde esta orilla y acepto que todos usamos lentes para mirar la realidad. Lo que importa es darnos cuenta de los filtros que usamos para mirar y juzgar.

 

El viernes pasado en Fray Bentos, en una reunión convocada por el párroco anglicano, los asambleístas defendieron su posición. 

 

La consistencia de una realidad, sea cual sea, puede ser afirmada como negada. En el segundo caso estaríamos ante el mecanismo de negación o “Verneinung” estudiado por el psicoanálisis. Cada uno podría contar sus propias resistencias.

 

Una historia de superación dolorosa de la negación la encontré en el novelista italiano Giuseppe Pontiggia, entrevistado sobre su novela “Nati due volte” (Nacidos dos veces).

La novela es la historia verdadera del hijo de Giuseppe, discapacitado desde que nació pero vencedor de una batalla por la propia dignidad en la cual tuvo como enemigo al propio padre, que después llegó a ser su mayor aliado.

 

Pontiggia confiesa: “el esfuerzo más radical que tuve que hacer para escribir Nati due volte ha sido respetar la realidad inexorable”. Tuvo que aproximarse a ella aceptando su propia condición mental y afectiva de “discapacitado”, negador de lo que no encaja con una idea preconcebida. 

 

La actitud realista es el punto de llegada de un largo camino. Admite que en la primera etapa de su producción literaria domina el tema de la fuga de la realidad. Su primera novela (La morte in banca) plantea la fuga de la cotidianidad; el protagonista no tolera el mundo en que vive y se escapa hacia una secreta vida intelectual: la verdadera vida comienza después del trabajo, cuando puede dedicarse a tareas más satisfactorias. Pero la madurez consiste en aceptar que las dos vidas son una sola realidad. De lo contrario muchas horas diarias quedan en la zona gris, rutinaria e improductiva. 

 

Su segunda novela, (El jugador invisible) es sobre una persona ausente; otra forma de fuga. El tema es la falta de realización y la lucha con un enemigo desconocido que está dentro de nosotros. El protagonista se suicida por el “no” de una mujer, pero antes escribe una carta anónima, signo de un estado adolescente que no logra superar. Los otros reconocerán el signo de una vida frustrada: un malestar agudo en el que sucumbe.

 

El tema de la fuga y la ausencia experimenta una metamorfosis decisiva en otra novela (La gran noche) que habla de un hombre que desaparece cortando todos los vínculos con su vida.

Una desaparición voluntaria y definitiva. Al final de esta larga búsqueda sobre la fuga, una cosa quedó clara: que un hombre no existe fuera de los vínculos reales que lo sostienen.  

 

Río para no llorar o ironías del destino, se suele decir. Mantener los opuestos: el llanto y la risa, ha sido siempre su ambición, en especial encarando el tema tan cercano a su vida como en “Nacidos dos veces”.

 

Antes de escribir esta novela publicó “Vida de hombres no ilustres” reuniendo biografías de personas comunes. Aquí Pontiggia renunció a todo tipo de fuga, aceptando la peripecia humana con sus límites, desde el nacimiento a la muerte. No es que estos personajes no conozcan el declive hacia la negación. Pero él ha preferido narrar esas historias desde la antítesis de la fuga. 

 

Quien acepta la realidad o su destino hasta el fondo, asume una postura religiosa, haciendo coincidir libertad y obediencia. A partir del hecho más asombroso que “el verbo se hizo carne”, (Juan 1,14), asumir la realidad es condición para  transformarla.

 

 Hay formas evasivas de alejamiento de la realidad: droga, juego, etc. Los piqueteros han elegido el camino de la negación, borrando lo que están mirando y cortando caminos de comprensión. Así no pueden integrar lo que demonizan, porque el mal está en la otra orilla. 

 

Termino con la oración de la serenidad que resume lo que intenté exponer:

 

“Dios mío, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar las cosas que puedo. Y sabiduría para conocer la diferencia.”

 

Publicada el 21 de mayo de 2010 en el Diario “Cambio”

La vida y sus rituales

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

El largo ritual electoral de los uruguayos ha terminado. Ahora le toca a quienes han sido elegidos preparar sus equipos de gobierno y poner en práctica sus promesas.

 

Mientras tanto los ciudadanos volvemos a las rutinas. Quiero conversar sobre la importancia de otros rituales sociales, familiares y personales que entretejen,  dan ritmo y chispa a las rutinas cotidianas.

 

Menciono algunos rituales sociales que tienen sus lados débiles: el ritual casi compulsivo de comprar y cambiar, alimentado por campañas que proponen fechas y oportunidades.

 

Otro ritual son los espectáculos deportivos, donde la competencia, los periodistas, la televisación, algunas cifras astronómicas que se manejan en los pases, etc. consumen energías.

 

Tanto el comprar como el presenciar un partido de fútbol son ocupaciones que hoy están incorporadas en la vida social. Y si no es el fútbol es el basquetbol y si no es el torneo uruguayo son los goles de los nuestros en el extranjero. Y si no es por el día de la madre será por algún cumpleaños, que el ir a ver vidrieras, elegir y comprar es una ocupación habitual. Además de las necesarias y diarias relativas a la comida y atención de la casa y los hijos.

 

Pero están los rituales relativos al trabajo, al seguimiento de los hijos en sus estudios y en aspectos de salud, como vacunaciones y visitas al médico.

 

También en el amplio campo de la vida social tenemos los rituales de fechas patrióticas que reavivan nuestro sentimiento de pertenencia a un espacio social y cultural común y nuestro agradecimiento a los padres de la patria, que todo hijo o hija de esta tierra debe despertar en su pensamiento.

 

Pasando a los rituales familiares, están las fechas y aniversarios, que pueden ser ocasión de agradecer, hacer una oración, expresar nuestro afecto, hacernos el tiempo para acompañarlos. Hay veces en que la familia participa en el ritual de un nuevo nacimiento, reafirmado después cuando los padres eligen bautizarlo, que sirve para enfatizar que la vida no está guiada por la casualidad ni fuerzas extrañas sino por un Dios Providente que cuida de una pequeña flor que hoy es y mañana se marchita y cuánto más se preocupa de cada uno de nosotros.

 

Pero hay tiempos difíciles en la familia, cuando aparece una enfermedad o un mayor entra en una etapa terminal. Y la familia rodea a quien vive ese trance.

 

Los gestos de acompañamiento deberían intentar la mayor transparencia, evitando mentiras, como decir al que le han pronosticado un fin inminente: no te preocupes, vas a sanarte y vamos a comer un asado juntos!

 

Pero entre los rituales familiares están también los momentos del comienzo de la mañana. Cuando un niño o niña corren a la cama  de sus papás para darles un beso y la madre le pregunta cómo durmieron. Y si son padres cristianos los invitan a hacer la señal de la cruz y confiarnos en que el día arranca bien cuando ponemos nuestra confianza en el Padre que está en el cielo de nuestro corazón.

 

Otro momento, que recuerdo en mi niñez es el de ir a dormir. Mi padre entraba al cuarto de los cuatro varones que dormíamos en cuchetas, nos cantaba algún canto de iglesia que sabíamos de memoria y con esos buenos pensamientos y alguna mímica nos despedía.

 

Entre los rituales familiares recuerdo algunas veces que alquilábamos una casa en vacaciones y nos íbamos a descansar. Pero eran pocas las veces pues mi padre tenía otras obligaciones y entonces siempre habría forma de entretenernos entre los varones.

 

Pero también están los rituales personales, que cada uno va incorporando en su vida, los primeros pensamientos al abrir los ojos, poniendo los ojos y el corazón en las manos de Dios. Si es posible es bueno dedicar un rato antes de salir a cumplir las obligaciones laborales, a tomar contacto con alguna página de la Biblia o los Evangelios. Basta una palabra, como “les doy mi paz” para aplacar el rápido curso del reloj. Esto no nos garantiza que después todo saldrá bien. Pero nos predispone y sabemos que podemos volver a ese punto interior donde hemos finado nuestra coordenada fundamental.

 

El ritmo semanal requiere un descanso. Dios descansó el séptimo día, dice la Biblia. Una pausa siempre necesaria que nos reconforma.

 

Publicado en Diario “Cambio”, edición del viernes 14 de mayo de 2010

 

¿Democracias frágiles?

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Extraña pregunta en la antesala de una jornada electoral. Pero la pregunta vale porque se impone al ciudadano y al cristiano comprometerse con su ciudad. Por eso expongo algunos puntos tomados de la prestigiosa revista internacional Civiltá Cattolica de los Jesuitas de Roma.

 

Votar no es el único ni el más importante indicador para tomar el pulso a una democracia. Las campañas son una feria de slogans y rostros, insuficientes para decidir un voto  ponderado.

 

¿Qué sucede, democráticamente hablando, durante el tiempo intermedio entre cada jornada electoral?

 

Un principio fundamental de la democracia es la transparencia de los candidatos y partidos. “La transparencia de la vida pública, afirma F.P. Casavola, es requisito para las decisiones libres y responsables de los ciudadanos. Si estas cualidades de un acto humano se anulan, la democracia es pura ficción de ritos y procedimientos formales.”

 

Libertad es una palabra clave que, entendida como libertad-de o libertad-para, seduce al mundo político. Pero “dado que las ideologías políticas son tantas y tan diversas, -decía el filósofo y politólogo N. Bobbio, ocurre que cada una puede proclamarse defensora de la libertad, con la condición de entender por libertad una cosa distinta a lo que piensan los demás.”

 

Para unos, democracia es el conjunto de procedimientos, universalmente válidos, para la constitución del gobierno y para la definición de las decisiones políticas, vinculantes para la comunidad. Para J. Rawls, es el conjunto de los procedimientos universales sustentados como “reglas de juego”. Para J. Habermas es expresión del consenso a través del diálogo. Para las teorías pluralistas y económicas, la democracia es el “mercado político” al interior del cual vive un sistema de transacciones individuales o de competencia entre los partidos.

 

Observando las democracias actuales, filósofos y politólogos diagnostican algunas debilidades. 

-La garantía de las libertades civiles está amenazada por las técnicas de informatización que permiten el control de la vida privada de los ciudadanos. En nuestro país, el parlamento abrió un debate sobre la creación de una base de datos con la información del ADN de los violadores. Si se aprobara ¿quién pondría límites a esta intromisión en la vida privada? Mañana podrían ser los enfermos de Sida, alcohólicos o con otras patologías. La democracia de la era tecnológica, perpleja por el fantasma de la inseguridad, podría coartar libertades y derechos humanos.

 

-La doctrina del gobierno representativo, que permite a los ciudadanos juzgar  a los gobernantes mediante elecciones libres, se entorpece por la cantidad de conocimientos especializados que hoy son indispensables para juzgar el ejercicio de las definiciones públicas de los gobernantes. Por ejemplo, Botnia.

 

-Otra fragilidad es el pragmatismo cínico y la indiferencia ética. ¿Puede la democracia sobrevivir a la decadencia moral de las élites que deberían guiarla, defendiendo las libertades, demostrando capacidad de resistencia frente a sus enemigos y coraje ante los grandes intereses económico-corporativos que la acechan?

 

-El politólogo alemán Ralf Dahrendorf señala los riesgos que corren las sociedades occidentales. Procurando reducir los gastos del Estado de bienestar, tienden a no considerar el conjunto de la sociedad civil como un bien que hay que proteger. El problema fundamental de las democracias es un callejón sin salida o “cuadratura del círculo”: desarrollo económico con libertad política pero sin cohesión social. O bien, desarrollo económico y cohesión social,  pero sin libertad política. Esta es la alternativa que las sociedades modernas deben afrontar.

 

-Remo Bodei,  observa desde 1989 un debilitamiento de la democracia, que ha entregado a otras fuerzas los compromisos del crecimiento humano y civil de los individuos. Para él las religiones responden hoy más a las necesidades de comunidad y de normas seguras en sociedades donde se han debilitado los vínculos interpersonales.

 

Creciendo en libertad y responsabilidad podemos atenuar las debilidades de la democracia.

 

Publicada en el Diario “Cambio” de Salto, el 7 de mayo de 2010
 

Trabajo, descanso, ocio
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti


Publicada en Diario Cambio de Salto el 30 de abril de 2010

 

Saludo a los hombres y mujeres, de la ciudad y del campo, en especial a los que animan diferentes medios de comunicación, ayudando a vivir mejor, brindando información y entretenimiento.

 

Una aproximación al estilo de vida de quienes trabajan, nos muestra a mucha gente que corre de un lugar a otro y con poco tiempo para descansar y estar en familia. Crece el hábito de destinar muchas horas a tareas productivas o redituables para redondear un salario familiar. El afán de lucro en empleadores y empleados, descuida legítimos derechos y anula la vida libre y creativa. Cuando un trabajo es extenuante, al terminar la jornada sólo quedan ganas de comer y dormir, o  bien bufar y descargar broncas.  

 

Algo similar ocurre cuando alguien pierde el trabajo y se deprime sintiéndose inútil. Esto indica la confusión entre el trabajo o la profesión con la misión que cada uno tiene que descubrir y cumplir en la vida. Pero muchos trabajan pero el fin de semana experimentan malestar. Viktor Frankl habla de “la actitud deportiva del fin de semana, con el que algunos tratan de aturdir su vacío interior. Este ajetreo es necesario para el hombre que no hace otra cosa que trabajar. Al llegar el domingo y detenerse el ritmo de toda la semana, queda al desnudo la pobreza de sentido de la vida cotidiana.”

 

Hay personas que los fines de semana llevan trabajo “atrasado” para su casa, como coartada para esgrimir ante imprevistos domésticos, como el pequeño que llora o se lastima y requiere atención o el SOS de la esposa el Domingo, cuando hierve el agua para la pasta y se terminó el supergas.

 

Estos ejemplos indicarían una sobrevaloración del trabajo, que absorbe energías a tal punto que otros asuntos familiares, de los esposos, hijos, parientes enfermos, de la reunión en la escuela o en la comisión vecinal o el cumpleaños de viejos amigos, se van borrando.  

La Biblia valoriza el trabajo de un modo singular. Según leemos en la primera página, “el séptimo día terminó Dios lo que había hecho, y descansó”. Trabajo y descanso son inseparables. Incluso más: toda la actividad culmina en este día de descanso, el shabat, día para agradecer, alabar al Creador, respirar aires de libertad y recuperar energías poniendo nuestras pequeñas manos en las del Creador.

 

Aristóteles enseñaba: “trabajamos para tener tiempo de ocio”. Palabras sorprendentes para nuestra mentalidad imbuida en la supervaloración de la actividad, del esfuerzo y de los engranajes productivos y globalizados que interconectan los procesos económicos mundiales.

 

Josef Pieper comprueba, en el mundo actual, una incapacidad de dejar que suceda sencillamente algo; una especie de impotencia para recibir sin más y permitir que a uno mismo le ocurra algo. Se piensa que lo bueno es, por naturaleza, difícil y lo que se hace sin fatiga carece de valor ético. Sin embargo los antiguos decían que las formas más sublimes de realización del bien no requieren esfuerzo, ya que por naturaleza brotan del amor. Tampoco las formas más altas de conocimiento, como una idea súbita y genial, son “trabajo intelectual”.

Sin embargo la mentalidad de nuestro tiempo valora más lo costoso y difícil. En el calendario abundan fechas con gancho comercial y para muchos el valor de un regalo depende del precio. Pieper se pregunta: ¿No habrá que buscar la razón más íntima de esto en la actitud negativa del hombre actual frente a cualquier “don”, sea quien fuere el donante?

 

El ocio no es vagancia sino creatividad y libertad. Es la forma de silencio indispensable para poder oír algo. El ocio es la actitud de autoinmersión puramente receptiva en la realidad; una apertura de alma capaz, ella sola, de dar cabida a esas grandiosas y felices intuiciones que no pueden lograrse con ningún “trabajo intelectual”. El ocio es una actitud festiva, que es lo contrario de esfuerzo o fatiga.

Por último, el ocio no debe confundirse con la pausa. Esta, aunque dure una hora o tres semanas, es sólo un descanso del trabajo para retomarlo después. Mientras que el ocio es algo muy distinto; permite contemplar el mundo con espíritu festivo. La auténtica cultura, opina Pieper, no prospera sino en el suelo del ocio. .

 

La fe de los uruguayos

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti | Viernes 23 de abril de 2010

 

El pasado fin de semana se pudo apreciar una multitudinaria manifestación de fe en las cercanías de Minas. Se estima que unos 40 mil visitantes llegaron a las orillas del cerro del Verdún en las sierras minuanas y muchos ascendieron por la ladera rugosa hasta llegar a la cumbre, meta de su peregrinación.

 

A lo largo de los siglos la gente ha buscado lugares altos para escalar. Unos por deporte o para batir records que entrarán en el libro Guinness. Pero muchos más para encontrar seguridad y protección que se encuentran levantando el corazón y confiando en Dios que es Padre y nunca olvida.

 

Cuando los pies y las piernas suben, la sensación es que también suben los pensamientos hacia el cielo y la vida se mira desde otra perspectiva. Somos a la vez valle y montaña y los conflictos se superan cuando se miran desde la altura. Pero escalar nada tiene que ver con la fracasada empresa de la torre de Babel que pretendió apoderarse de las llaves del mundo y terminó en confusión. Tampoco tiene que ver con Prometeo, que al robar el fuego a los dioses sufrió el castigo y quedó sicológicamente encadenado. El anhelo de subir está propuesto en la pedagogía cristiana que reitera la invitación: ¡sursum corda! ¡Arriba los corazones!

 

Coronando la cima, manos creyentes colocaron una imagen de la Virgen Inmaculada y Madre de Jesucristo, que intercede por todos. Por los que suben gozosos para dar gracias, los que suben heridos y con el peso de angustias personales o familiares, los que necesitan oxígeno para sus vidas asfixiadas por adversidades, o los que buscan horizontes nuevos para superar la rutina gris de cada día. Todos con hilos de fe que, como hilos de oro enlazan la trama humana al designio de un Dios creador y providente.

 

Aunque mirando desde fuera, nadie puede medir la intensidad de cada palabra ni la fuerza sustentadora de esos hilos invisibles.

 

El pasado lunes 19 los obispos declararon a ese lugar Santuario Nacional, ya que efectivamente ese es un espacio religioso y cultural significativo para mucha gente de nuestro país. 

 

Muchos lugares toman en la memoria colectiva esa significación. En este caso convergen las iniciativas de un grupo de católicos a comienzos del siglo XX, en tiempos en que la comunidad católica experimentaba por parte del Estado uruguayo acciones secularizadoras, que pretendían eliminar signos religiosos. Pero la fe es más fuerte que un decreto gubernamental, porque nace del derecho humano más fundamental, como es el derecho a la libertad religiosa, que es como decir, el derecho a pensar, sentir, hablar y expresar lo que la conciencia nos indica.

 

En moto, ómnibus o auto pude ver un río de caminantes, chicos y grandes, mamás con sus bebés y gente mayor. Algunos recogían pequeñas piedras, que evocan la permanencia de lo sagrado que jamás se borra del alma. Vi a unos jóvenes, él y ella con pies descalzos, bajando despacio entre piedras filosas, con cara serena, como si hubieran renovado en la cima un pacto de amor fiel y duradero, que exige caminar de la mano entre las piedras del camino, aceptando rasguños de sangre como ofrenda de un destino compartido.

 

¿Me bendecís esto? Me dijo una niña mostrando una estampa que quizás sería para su madre o algún enfermo, a quien ella quería obsequiar. No es otra cosa lo que enseña la Virgen: confiar en la Palabra de Dios, aceptar caminar y subir cada día, tomar de la mano a otros para que también hagan camino al andar.

 

En nuestro país hay otros lugares que son también puntos de atracción para mucha gente, como la gruta de Lourdes en Montevideo o el pequeño templo donde está la imagen de San Cono, en Florida. Son lugares donde se busca la manifestación de lo sagrado, que es respuesta a lo que cada uno lleva escrito en su propia alma.

 

La fe siempre puede crecer. Tarea de la Iglesia es ayudar a tomar conciencia de esos rumores que susurran en los repliegues del alma e invitan a subir y levantar la mirada, fortalecer la fe vacilante y expresarla en gestos. Cada uno necesita también purificar la propia fe de aspectos supersticiosos, que sin darnos cuenta pretenden manipular a Dios, mercantilizando un vínculo que debe ser expresión de amor, súplica y agradecimiento.

 

AMOR ETERNO Y AMOR LÍQUIDO


Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Columna publicada en diario “Cambio” de Salto, el viernes 16 de abril de 2010

 

Cuando pasan los años y veo que sigo en la huella que tomé cuando joven me pregunto por qué yo sí y otros no. Doy gracias a Dios y a las personas que me alentaron. No soy superman, experimento vaivenes y reavivo el lema elegido al inicio de mi tarea de obispo: mi fuerza en la debilidad. Un plagio que pedí prestado a San Pablo.

 

Fuerza y debilidad respiran por mis poros. Los amores eternos luchan cada día contra los amores líquidos, que llevan al completo olvido. “Hoy un juramento, mañana una traición; amores de estudiante flores de un día son”, canta Gardel. Pero también en la vida adulta sorprenden amores estudiantiles.

 

“Es lo que hay”, se oye decir con sabor fatalista. Otros bucean en profundidad y perciben un núcleo duro como el diamante. Ulises no sería recordado si en lugar de su obstinado e ingenioso esfuerzo por regresar a Ítaca junto a su esposa Penélope, hubiera tirado la toalla ante las interminables adversidades. Pero héroe que no tiembla no es un héroe.

 

El frenético consumo de una sociedad de mercado ha deteriorado los vínculos personales a tal punto que el otro es rebajado a la categoría de una mercancía más, de la que uno puede desprenderse, desecharla o desconectarla con relativa facilidad.

 

El vivir juntos no exige mayores esfuerzos de afinidad. No se hacen promesas, y las declaraciones, cuando existen, no son solemnes, ni están acompañadas por música ni manos entrelazadas. Casi nunca hay una comunidad como testigo. Afirma Zigmunt Bauman en su libro sobre el “amor líquido”, que uno pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, hay una hipoteca menor para pagar, y el plazo del pago es menos desalentador. Es obvio que esto también afecta a la sexualidad, que desconectada del amor, se condena finalmente a la frustración y la falsa felicidad.

 

Para el italiano Filippo La Porta, que analiza “las euforias y depresiones de la vida flexible”, el cambio es el resultado del gran impacto sobre la sensibilidad por parte de la tecnología, la publicidad y los medios: “soy un poeta de plástico, tengo emociones de plástico y el alma de propenonitrilo. Quiero un trabajo en que no tenga que pensar, siempre con el walkman”, son fragmentos textuales a modo de manifiesto del homo technologicus, citados por La Porta.

 

Esta nueva especie mutante, mucho más integrada con lo artificial, está dotada de un desarrollo hipertrofiado de la mente, tiene capacidades menores de experiencia directa e interacción física con los otros seres vivientes. “Y en general lo que caracteriza a la tecnología es la investigación sobre los mundos manipulables a voluntad, la sustitución del cuerpo humano, siempre precario y defectuoso, con las máquinas, verdaderas depositarias de lo incorruptible, de la olímpica serenidad analgésica y en el futuro, quizás, de la inmortalidad.”

 

Pero los seres humanos no estamos obligados a conformarnos con esa condición  de plástico; podemos rebelarnos. Jaspers, filósofo alemán, examina la dimensión de lo humano, que él llama “el requerimiento incondicional”, eso que da razón de los grandes amores, luchas o arduas iniciativas.

 

Y destaca figuras como la de Sócrates, que marchó sin dejarse perturbar por el odio o la tentación de la fuga. La de Tomás Moro, mártir por obedecer lo que su conciencia le dictaba frente a los halagos, cambiados después por atropellos, de Enrique VIII. Y por encima de todos resplandece la figura humano-divina de Jesucristo, cuya vida plasmó los designios de su Padre.

 

Rob Parsons escribió un pequeño libro para padres, invitándolos a la paciente tarea de cultivar un amor incondicional hacia los hijos. Recuerda que al término de un seminario se le acercó un hombre contándole que una vez siendo niño corrió a su casa contento para contarle al padre que había salido segundo en toda la ciudad en la prueba de música. ¿Cuándo llegarás a ser el primero? Fue lo único que escuchó. Tenía 50 años y no  olvidaba aquella respuesta de un amor condicionado.  

 

En el amor incondicional del padre lo que importa no es tanto el éxito sino el vínculo permanente con su hijo. El corazón de un amor paterno es la aceptación. Sentir latir ese vínculo es el mayor regalo en la vida.


Abusos sexuales a menores

VALENTÍA Y HUMILDAD   
 

Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Carta humilde y fuerte. Actitud humilde para acercarse con respeto al dolor de las víctimas y fuerte para con los responsables directos e indirectos de los abusos sexuales de menores.

Documento honesto, que no busca excusas. Con estilo simple, sin palabras rebuscadas. Con una impronta personal y concreta, comprometida y sincera, como un padre que hilvana ideas con la lógica del corazón. Documento que no pretende descargar responsabilidades sobre otros.

Desde el inicio el Papa expresa que quiere compartir el profundo malestar y el sentido de traición experimentado por muchos al tomar conocimiento de los abusos y del modo inadecuado en que fueron encarados por las autoridades de la Iglesia católica en Irlanda.

La carta deja en claro el compromiso del Papa contra la pederastia en la Iglesia y contra la cultura del silencio. El encubrimiento no ha sido la mejor manera de evitar escándalos. Esta línea de conducta y acción la ha venido aplicando Benedicto XVI desde cuando dirigía la Congregación de la Doctrina de la Fe  (ex Santo Oficio).

Muchos dramas atormentaban a niños y jóvenes víctimas de estos atropellos. Los centros educativos, que debían favorecer el crecimiento sano e integral, fueron refugio para religiosos que abusaban de aquellos a quienes era su obligación proteger.

Hoy, esto no se tolera más. Pero lo que desde hace algunos años empezó a destaparse deberá recorrer seguramente un largo camino para hacer justicia contra los culpables y sanar las secuelas de tantas heridas.

La verdad que la Iglesia proclama como un requisito de la caridad se está  reflejando con mayor fuerza y de manera pública; y de esta manera podrá hacerse más creíble.

Múltiples iniciativas, tanto de personas afectadas como de instancias gubernamentales, han abierto el camino a investigaciones, obligando a la Iglesia a beber estas aguas amargas. El Papa se ha mostrado firme, exigiendo la renuncia de varios obispos irlandeses por haber omitido, en tiempo y forma, exhaustivas investigaciones, sanciones a los culpables y auxilio a las víctimas. Poniéndome en los zapatos de estos colegas, confieso que no es fácil denunciar a un hijo enfermo. Pero pensando en las víctimas no queda otro camino.   

Cabe destacar que la iglesia, además de sancionar a los autores a través de sus tribunales internos, ha manifestado su voluntad de respetar las leyes civiles de cada país y su disposición a colaborar con las autoridades en las investigaciones.

Ni excusas ni disculpas sino asumir responsabilidades ante lo que es grave. Nos parece que es el camino acertado y ejemplar.

Algunos dicen que los casos denunciados en instituciones de la Iglesia,

como es el caso de Austria, han sido 17, mientras que en el mismo período, en otros ambientes, los casos registrados han sido 510. Pero aún así, esto no quita la gravedad de los hechos.

Otros pensarán que justo ahora, que comenzamos la Semana Santa se divulgan estos hechos. Pero tratándose de cambios, con justicia y arrepentimiento, cualquier tiempo es oportuno. La verdad libera y la mentira prepara una bomba que explota tarde o temprano. Lo reprimido vuelve, no hay vuelta. Por un camino o por otro.  Por eso saludamos este gesto como un buen camino hacia la verdadera celebración de Pascua, en Irlanda como en cualquier parte del mundo. Porque el fenómeno de la pedofilia está lamentablemente presente en numerosos ambientes de la sociedad, donde se abusa sexualmente a menores.   

El Papa asume la responsabilidad de la Iglesia y en nombre de todos pide perdón a las víctimas de abusos cometidos por religiosos: “han sufrido inmensamente y me apena muchísimo. Sé que nada puede borrar el mal que han soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y vuestra dignidad violada.”

El Papa no omite dirigirse también a los culpables. “La justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocular nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia.” En síntesis: responder ante Dios y ante los tribunales.

Por este camino es de esperar una curación y renovación en la Iglesia.

 

Diario CAMBIO | 26 de marzo de 2010


REMEDIO CONTRA LA LOCURA:
CONÓCETE A TÍ MISMO

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Raptos de locura todos tenemos; el problema es cuando les permitimos timonear el barco. Dos hechos recientes, que fueron tapa de diarios, son ilustrativos.
 
 En la capital, cuatro hombres secuestraron a un ex corredor de bolsa, extorsionando a pagar como rescate la friolera de dos millones de dólares. Resultado final: un exitoso procedimiento policial y chambonada de los secuestradores. El suspenso tuvo un final feliz.
 
 Paralelamente en Salto cuatro personas fueron procesadas como consecuencia de un asalto simulado por el que embolsaron 209 mil pesos uruguayos. Cayeron en la misma trampa que habían tendido: declararon que saliendo del banco con la remesa de dinero destinada a la asociación de jubilados y pensionistas donde trabajaban, fueron abordados por dos sujetos en moto y uno de ellos exigió con un arma la entrega del dinero.
 
La policía tomó declaraciones, comprobó incongruencias y concluyó que se trataba de un testimonio fraudulento. Ilusos y con plata dulce salieron de compras: motos, Play Station, etc. Conclusión: procesados por calumnia y simulación de delito.

 

Planear este tipo de acciones delictivas exige invertir tiempo y cerebro, buscar cómplices, idear una estrategia y asumir eventuales riesgos. Cabe la pregunta si en algún momento se plantearon si la acción planeada era honesta o si era un buen ejemplo para sus familias -si es que la tenían- o para sus hijos, vecinos o compañeros de trabajo. ¿Podrían seguir, una vez consumado el delito, en la misma empresa donde trabajaban? La burbuja ilusoria que los envolvía los llevó a subestimar los procedimientos policiales y a la ingenuidad de pensar que se tragarían sencillamente el cuento. ¿Cuándo comenzó la erosión de valores éticos, si los hubo?

 

Hay un dicho castellano: “Aunque malicia oscurezca verdad, no la puede apagar”; esa es mi esperanza para todo ciudadano de mi ciudad y de mi país; que la verdad acabe por resplandecer, por mucho que las mentiras traten de ocultarla.

 

Me pregunto dónde queda la cultura del trabajo honesto como medio de sustento, perfeccionamiento personal y servicio comunitario. A quien ame el trabajo bien hecho, cualquiera que sea, no creo que le quede tiempo para pergeñar locuras.

 

Y al fin y al cabo, ¿para qué tanta adrenalina invertida en urdir tramoyas? ¿Será el dinero fácil el móvil último? Las compras realizadas por los responsables del falso atraco de los remeseros no indican que detrás hubiera urgencias familiares, pues se trata de objetos que no son de primera necesidad.

 

Aquí se ve otro perfil de los ejecutores de estas acciones. Una conciencia enredada, donde los valores de consumo trepan por encima del valor de ser honesto, ante uno mismo y llevar la frente alta ante los demás. Cuando esto no importa ¿qué está pasando por esas cabezas? Las pautas sociales parecen no interesar, aun viviendo en una ciudad relativamente mediana donde cada uno merece un buen nombre para sí y para su familia.
 
 Los padres jesuitas que nos educaban en el Seminario marcaban, en el horario de cada jornada, un cuarto de hora antes del almuerzo para el “examen de conciencia”.

Recuerdo mi libretita en el bolsillo del lado del corazón donde intentaba poner en palabras los movimientos interiores del corazón.

 

Los antecedentes de esa práctica se remontan al siglo VI antes de Cristo, y aparecen en la puerta del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”. ¿No será que a veces la educación olvida este sabio principio del crecimiento personal? Estudiar filosofía podría ser para muchos jóvenes estímulo para el propio conocimiento y crecimiento en libertad y responsabilidad. Y los padres deberían ser los primeros en inculcar valores de honradez y laboriosidad.

 

La ausencia de ese autoconocimiento nos empuja a concretar esas locas fantasías. Jesús advierte sobre la inútil pretensión de sacar la paja en el ojo ajeno si ignoramos la viga en el propio!

 

Cuando la imaginación, esa “loca de la casa” según Santa Teresa, susurra locuras con frecuencia, es oportuno aplicar el conócete a ti mismo. Y si persisten, aconsejo acercarse a un sacerdote o a un sicólogo. Para salud de todos.
 

Publicada el 9 de abril de 2010 en Diario “Cambio” de Salto

Columnas de Mons. Galimberti
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2 de mayo de 2010

 

Columna publicada en la página “El Octavo Día” del Diario “El Pueblo”, el 18 de julio de 2010

Columna publicada el domingo 25 de julio de 2010 en la página “El octavo día” del  Diario “El Pueblo”

 
   
   

 

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