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CON FIRMA |
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Opiniones y Reflexiones |
COLUMNAS
DE OPINIÓNMons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto DIARIO Cambio |
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Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto. Columna publicada en el Diario Cambio en la edición del viernes 21 de diciembre de 2007 |
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Por Mons. Pablo Galimberti. Columna publicada en el Diario Cambio en su edición del 14 de diciembre de 2007 |
Encíclica
de Benedicto XVIMons. Pablo Galimberti. Diario Cambio el 7/12/2007 |
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La fe y la ciencia ¿amigas o enemigas?
Mons. Pablo Galimberti. |
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Mons. Pablo Galimberti. |
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ESTRATEGIAS Y AMENAZAS
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Los hijos ¿no tienen derechos? Mons. Pablo Galimberti. Columna Diario Cambio el 5/10/2007 |
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Mons. Galimberti destacó esfuerzo de la familia Tonna por cuidar la gruta del Padre Pío - Crónica publicada por Diario Cambio el 24/9/2007 |
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Opina el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti. |
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Columna de Mons. Pablo
Galimberti, Obispo de Salto |
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Uruguayos, juegos de azar y religión
Opina Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto |
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Medio Ambiente y Trabajo - Opina
Mons. Pablo Galimberti. Columna publicada en Diario Cambio, del 31 de agosto de 2007 |
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¿DONACIÓN DE ÓVULOS? - Opina Mons. Pablo Galimberti Columna publicada en el Diario Cambio el 25/8/2007 |
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Por Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto |
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MONS. PABLO GALIMBERTI: SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA
Columna publicada en el Diario “Cambio” en la edición del viernes 10 de agosto 2007 |
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APARIENCIAS QUE ENGAÑAN
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Mons. Pablo Galimberti |
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SILENCIO...
Por Mons. Pablo Galimberti |
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PUEBLOS CON CÓDIGO GENÉTICO |
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“GENTE EN MOVIMIENTO” OPINA MONS. PABLO GALIMBERTI - Columna Diario Cambio, viernes 6 de julio de 2007 |
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MONS. PABLO GALIMBERTI:
“DON MARCELO SE FUE Y SE QUEDÓ” |
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MONS. PABLO GALIMBERTI: JUSTICIA Y CONVIVENCIA Columna publicada en Diario CAMBIO en su edición del Viernes 22 Junio 2007 |
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MONS. PABLO GALIMBERTI: “EMPLEO DIGNO PARA JÓVENES” Columna Diario Cambio 1/6/2007 |
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Orientaciones de Benedicto XVI Mons. Pablo Galimberti Columna Diario Cambio - viernes 18 de mayo 2007 |
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SER MADRE: BENDICIÓN Y RIESGOS Columna escrita por Monseñor Pablo Galimberti el 11 de mayo de 2007 en el Diario CAMBIO de Salto. |
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“UNIONES CONCUBINARIAS”POSICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto, en el Diario Cambio, correspondiente a la edición del viernes 4 de mayo |
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VIOLENCIA CONTRA MENORES Columna de Mons. Pablo Galimberti en el Diario Cambio del día 24 de abril de 2007 |
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LOS TESOROS DE LA MEMORIA Columna de Mons. Pablo Galimberti en el Diario Cambio del día 20 de abril de 2007 |
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Columna en Diario Cambio - Viernes 13 de abril 2007 PASCUA: ¿REALIDAD O FICCIÓN? |
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Columna publicada el viernes 30 en Diario Cambio EL AMOR, MÁS FUERTE QUE LA MUERTE |
Columna publicada el viernes 23 de marzo en el diario salteño CAMBIORECIENTE DOCUMENTO DE BENEDICTO XVI |
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Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto.
Belén, el pueblito tan pobre ayer como hoy donde nació Jesús, en hebreo significa «casa del pan». En la mesa improvisada de aquel pequeño poblado, Dios nos entregó un alimento indispensable para el alma y para el cuerpo, un pan de dulces frutos. A diferencia de aquellos vecinos, nosotros hoy podemos gustar los abundantes frutos de ese pan: bondad, paz, amor y reencuentro con la fuente de la vida: Dios Padre.
El pan, símbolo del sustento diario, tiene diferentes gustos según los lugares donde lo comimos o las personas con quienes lo compartimos. Nuestro idioma conserva palabras con sabor a «pan», como «compañero» y «compañía», que significan «los que partimos el mismo pan».
A veces evocamos el pan de alguna abuela, amasado con cariño y sabores que lo hacían único. O una torta de nuestra madre que la preparaba en un santiamén, para envidia de las nietas, que ni con el mejor curso del Crandon lograban empardar. Durante los diversos exilios que soportó el pueblo de Israel, entre nostalgias, amarguras y lágrimas comían el «pan de cada día». Entonaban coplas de duelo, como esta: «Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?» (Salmo 42-3, 4) A la tristeza se sumaban burlas a sus creencias entrañables. ¿Así que Dios es vuestro salvador? ¿Por qué no los saca del destierro? Pero las lágrimas expresaban también el apego a los símbolos de su identidad, el templo, la patria lejana, su Dios, que parecía guardar silencio.
Dios calma la inquietud de los humanos. Incluso cuando el hombre no trabaja, continúa la actividad silenciosa de Dios, empujando la fecundidad misteriosa de la tierra, para «dar semilla al que siembra y pan al que come». Sí, Dios nos cuida y regala el sustento, más allá de nuestras fatigas: «Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!» (Salmo 127)
Cuando sonó la hora para poner fin a la esclavitud de Egipto, los israelitas recibieron instrucciones para conmemorar este acontecimiento. Debían comer el cordero o cabrito con panes ázimos, o sea, sin levadura y con hierbas amargas, en recuerdo de la amargura de la esclavitud. Este pan sin levadura se debía a que la primera Pascua, al salir de Egipto, se había comido con pan sin levadura; sin tiempo de leudar. Es un pan que se parece a una galleta de agua. Se lo había usado en Egipto debido a que se puede hornear mucho más rápido que un pan con levadura.
En los tiempos de Jesús el pan adquiere nuevos significados. Primeramente Jesús enseña que los seres humanos, de acuerdo a nuestra doble condición de seres corporales y espirituales, necesitamos satisfacer dos niveles de hambre: el pan material y el pan espiritual. Cuerpo y mente.
En varias ocasiones esta atención a las dos hambres se hace muy patente. Ante una muchedumbre hambrienta de su palabra que lo había acompañado durante toda una jornada, Jesús tantea a sus discípulos: ¿con qué vamos alimentar a tanta gente? Ante el asombro los hace sentar y multiplica los pocos panes y peces escondidos en la mochila de un muchacho. Deja entrever que él es el alimento que nutre, el pan «partido», amor en acción. «Yo soy el pan bajado del cielo, quien come de este pan vivirá eternamente», dice Jesús. Pero el pan, como en nuestras familias, es un símbolo del amor que nos cuida de un padre o una madre, que se fatigan y trabajan para llevar el sustento al hogar y a la mesa.
La mención al pan ha quedado en el Padrenuestro: «Danos hoy nuestro pan de cada día». El pan del amor, el pan de la palabra, el pan para no desalentarnos. El pan «dulce» de un amor seguro y estable, que perdona y reconcilia. Un pan que tiene sabor amargo pero que asimilado nutre, alimenta y da dulces frutos.
El «pan dulce» es un lindo símbolo de la Navidad. Evoca un amor que nos abrazó en la Nochebuena. Y sigue alimentando a los que descubrimos hambres aún no satisfechas. Uno de los primeros nombres de la Misa era «fracción del pan». Hermoso nombre para recordarnos que ese regalo procede del sacrificio de Alguien que nos amó y «parte» cada día su vida con nosotros.
Columna publicada en el Diario Cambio en la edición del viernes 21 de diciembre de 2007 |
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Por Mons. Pablo Galimberti.
En los días de Navidad, comienzo de un nuevo año o en ocasiones especiales, por ejemplo a los novios que se casan o a quien toma una decisión importante en la vida, inicia una etapa con nuevas responsabilidades y riesgos, acostumbramos augurarles éxito, felicidad, bendiciones, suerte...
Muchas veces se expresa con un brindis. La copa levantada mira hacia un futuro que hay que subir como a una montaña donde están las esperanzas y sueños cumplidos. A diferencia de otros pueblos donde este ritual se hace con pausa, cruzando miradas y un primer sorbo en forma simultánea, los uruguayos no guardamos mucha formalidad. Al levantar una copa, encendemos esperanzas, aspiraciones y sueños; como semillas con promesas y compromisos. Nuestra libertad posee la estupenda capacidad de «precursar», o sea, adelantarnos de algún modo al futuro. Como creyentes, pase lo que pase, nos sostiene una fe y una esperanza firme.
Depositamos nuestra confianza en Dios, en cuyas manos paternas están nuestras horas, presente y futuro. La meta hacia la cual caminamos es segura. Un Amor providente nos cuida, acompaña y atrae. No navegamos a la deriva. Experimentamos sacudimientos y vientos contrarios. Pero hay una esperanza, simbolizada precisamente mediante la alegoría de un ancla, que nos impide sucumbir. La memoria del ayer nos arropa, ella nos dice que Jesucristo dio su vida hasta el final y esos gestos siguen teniendo fuerza en el vivir de cada día.
Dios no me abandonará ningún día, con salud o enfermedad, en el éxito o fracaso, en la vida, en la enfermedad o en la muerte. Existe un Amor que siempre está conmigo y que sabiamente escribe derecho en los renglones torcidos que borroneamos en las páginas de la historia. No es una seguridad infantil, para miedosos, ni sobreprotectora, que evita los riesgos ineherentes a la libertad. Ni es tampoco una protección que me regala éxitos económicos, pues sabemos que Jesús no vino al mundo a enseñarnos cómo ganar plata. El éxito de la fe es diferente. El Amor que nos regala es la mejor compañía y la esperanza más segura para caminar y afrontar los miedos, adversidades y apuestas de la vida.
Las esperanzas colectivas cambian según los tiempos. La época moderna, en la que vivimos y nos movemos, ha producido un cambio muy fuerte en cuanto a las esperanzas comunes. Los medios de comunicación distorsionan muchas veces la percepción de valores y muchas personas asumen con ingenuidad y poco espíritu crítico «lo que todos hacen». Se nos ofrece mejor calidad de vida, más derechos y una lluvia de ofertas que alimentan un mundo de espejismos. A tal punto que afirma, por ejemplo, el filósofo francés Gilles Lipovetsky en su reciente libro sobre la felicidad paradójica, que la identidad se construye hoy con marcas comerciales.
Escribe Benedicto XVI, que la época moderna ha alimentado la esperanza de la instauración de un «mundo perfecto», que parecía poder lograrse gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política fundada científicamente. «La esperanza bíblica del reino de Dios ha sido reemplazada por la esperanza del reino del hombre», por un mundo forjado por manos humanas, por la esperanza de un mundo mejor. Finalmente parecería haber llegado la esperanza grande y realista, la que la sociedad necesita! En lo político, ahí aparecen los líderes mundiales, brindando soluciones y promesas para ciudadanos cada vez con mayores deseos insatisfechos.
Los beneficios de la ciencia son indiscutibles. Pero ella no ofrece respuesta a todas las inquietudes humanas. Colmados de objetos símbolo de bienestar, se oculta a veces un corazón vacío y solitario. Solamente el «amor incondicionado» da alegría duradera. El progreso auténtico necesita ser también progreso moral, que hace buena a una persona, sin importar sus títulos o cuentas en el banco. Sin el cultivo y arraigo de estos valores crece la amenaza, el temor de que el vecino pueda ser de repente mi enemigo. Necesitamos mayor cuota de sensatez, compasión y juicio iluminado por el corazón. Por ahí van los ideales de un mundo mejor forjado por decisiones morales de las personas, capaces de dar sustento y contenido a los augurios que intercambiamos estos días.
Columna publicada en el Diario Cambio en su edición del 14 de diciembre de 2007 |
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Entre tantas metas que esperamos ver
cumplidas, entre tantas maneras, resignadas o proactivas, de caminar
hacia ellas, los cristianos decimos y nos comprometemos cada día:
¡que venga tu reino! Que Dios lo siga regalando y que no le cerremos
las puertas y cooperemos a su implantación. Ese es el futuro que nos
alegra porque conocemos el árbol que está creciendo; su savia corre
por nuestras venas!
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La fe y la ciencia ¿amigas o enemigas?
Mons. Pablo Galimberti.
Para muchos entre la fe y la ciencia existen relaciones amistosas. Para otros, por el contrario, se contraponen y refieren por ejemplo, que no es posible aceptar lo que dice la Biblia sobre la creación con la teoría del Big Bang, por ejemplo. O recuerdan los problemas que tuvo Galileo con la Iglesia.
La Biblia no es un manual de ciencia. Cuando habla de Dios modelando al primer hombre con barro, no está ni a favor ni en contra del evolucionismo. El texto usa un lenguaje propio de la época para transmitir una enseñanza religiosa. Plantea muy acertadamente en qué consiste la condición humana: barro y espíritu. Fragilidad y grandeza. Materia y espíritu divino circulando por nuestras venas. Ese es el mensaje tan actual en nuestros días, para armonizar cuerpo y espíritu. Y cuando en el mismo relato aparece Eva creada a partir de una costilla, lo que pretende transmitir es que Eva sale del costado, donde se consideraba que estaban alojados los sentimientos y afectos humanos y que ella es de la misma condición y dignidad que su compañero. Una relación entre iguales y a la vez complementaria. Y así todos los relatos tienen un «género literario» que es necesario conocer para extraer la enseñanza.
Pero para mí la principal dificultad radica en algunos científicos que se han «inflado» con sus conocimientos cometiendo gruesos errores. Un ejemplo reciente muy comentado lo protagonizó el Premio Nobel de Medicina James Watson, pionero en la labor de desciframiento del genoma humano, que expresó su pesimismo respecto al desarrollo de los africanos porque la inteligencia de ellos es inferior a los de raza blanca. Triunfalismos científicos como estos son los que demuestran que pueden ser buenos científicos pero decir tonterías o tener prejuicios, en este caso racistas. La celebridad y la fama no da derecho a opinar sobre todo.
Un británico, Clive James ha escrito un libro «Amnesia cultural» en el que repasa y afirma que 106 famosos escritores, científicos y artistas del Novecientos, lejos de constituir una voz crítica en su tiempo, apoyaron de diversas maneras los peores totalitarismos, rojos o negros, que ensangrentaron el planeta.
No menos duro es el ensayo del gran físico teórico Lee Smolin, residente en Estados Unidos, que en un reciente ensayo «Un mundo sin ataduras» reflexiona sobre la crisis que afecta la Física teórica y aprovecha para mostrar las debilidades del mundo académico científico mundial, mostrando sus límites, culpas y miserias humanas.
Dicho esto es bueno reconocer el aporte enorme que hacen muchos científicos con sus pacientes y laboriosas investigaciones. Y que lejos de oponerse a la fe, muestran que ambas pueden darse la mano.
Por supuesto que los avances científicos, en las diversas áreas del conocimiento, plantean preguntas al creyente. Cultivando una buena dosis de sentido crítico, hoy tan escaso, no mueven un pelo. «Diez mil dificultades no hacen una sola duda» decía J. H. Newman. La fe y la razón no tienen por qué estar enemistadas, al contrario, deben dialogar respetando las respectivas autonomías, porque la verdad es una sola. «El que cree piensa, y creyendo piensa y pensando cree. La fe, si lo que se cree no se piensa, es nula» decía San Agustín.
Me parece comprensible el hecho que el 51% de los uruguayos considere que, por encima de la alta tecnología se debería fomentar la tradición. Si me piden que explique los motivos empezaría diciendo lo que entiendo por «tradición». Para mí es el conjunto de imágenes o representaciones del mundo, o conjunto de valores, que poseen un carácter afectivo y que tienen que ver con la identidad de las personas, los grupos, familias o sectores de la población. Así definida considero natural que se experimente el impacto de modas o estilos que en determinado momento ingresan en el escenario cultural alterando el imaginario en el que un grupo se movía. Por ejemplo la fiesta de Hallowing, que tiene tan poco de uruguayo. Se comprende entonces que muchos prefieran mantener las tradiciones y valores en los que han crecido y con los cuales se encuentran más fácilmente identificados.
El tema da para más y en otra ocasión volveremos sobre él.
Columna publicada por el Diario Cambio, el viernes 16 de noviembre DE 2007 |
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Mons. Pablo Galimberti.
Lino Dinetto volvió a Uruguay, su segunda patria. A comienzos de los 50 había desembarcado con sus pinceles y colores con los que embelleció templos y acrecentó nuestra cultura. El desafío mayor lo vivió en el lugar donde se aquerenció, San José, pintando la cúpula y los muros laterales de la Catedral.
Cuando la semana pasada entró a este templo el pueblo lo abrazó con una calurosa ovación que lo colmó de emoción y agradecimiento. Las columnas de Carrara de la Catedral contagiaban la fe sólida que sostiene la vida. El templo es casa de todos, pues Dios hace llover sin discriminar entre amigos y adversarios, entre cercanos y lejanos, creyentes y ateos. En ese espacio diferente se alcanzan treguas y remansos y en su silencio se siente el abrazo de un Padre común. Arte, palabra y plegaria se fusionan para expresar que «la grandeza del hombre consiste en que él se trasciende infinitamente a sí mismo» como decía Pascal.
Dinetto repasó con anécdotas cómo nacieron aquellos frescos. Mientras comentaba la inspiración que quiso plasmar en la figura de la Virgen María, una mujer levantó la mano y dijo: ¡»Yo era la modelo de esa virgen!» El artista la miró complaciente y cayó en la cuenta del paso del tiempo (para ambos): ¡»Mamma mia, quanti anni son passati!».
El ritmo de su visita fue intenso. Participé en una cena con él en San José junto al Intendente y una alumna que se perfeccionó con él. Su espíritu artístico lo lleva a plasmar en figuras y colores los sentimientos de esa zona fronteriza donde los límites humanos escapan de este mundo y visitan el cielo, para utilizar imágenes de E. Amorim, hablando de la poesía.
Recientemente fue saludado por el Papa Benedicto XVI a raíz de un trabajo realizado para la capilla del Papa en el lugar montañoso donde va a descansar, en el norte de Italia. Pintó la escena de la Anunciación, instante donde cielo y tierra se abrazan, cuando la Virgen María pronuncia el «Sí» al Mensajero divino que la invita a ser Madre del Mesías.
Dinetto encarna un espíritu inquieto, que busca dar forma a sus intuiciones. Al arte que sólo se hace para satisfacer el paladar de la gente marcada por modas efímeras, no duda en llamarlo «arte basura». Porque el artista genuino debe ser un grito de libertad en una sociedad adormecida. Un artista tiene que trabajar sin dejarse llevar por la búsqueda de la gloria pasajera o la avidez de una fácil popularidad, y menos aún por la ambición de posibles ganancias personales.
Me contaba las peripecias por las que atravesó cuando le confiaron un fresco en la Basílica de un santo muy popular, Antonio de Padua. El lugar elegido estaba enfrente del lugar donde reposan sus huesos. Se preguntaba cuántos sentimientos y confidencias trae la gente que entra en ese recinto. Jóvenes y ancianos, mujeres y hombres. Y el pincel guiado por su alma sensible y cristiana quería abarcarlos a todos. Así el artista se hace mediador de una variada gama de sentimientos y situaciones a los que él con la paleta de colores intenta recoger. Sueños, dolores, impotencia y poder, búsqueda de belleza y verdad, de autenticidad y bondad.
Juan Pablo II alentaba a los artistas: «Que la belleza que transmitan a las generaciones del mañana provoque asombro: ante la sacralidad de la vida, del ser humano y las maravillas del universo. La humanidad de hoy y de mañana tiene necesidad de este entusiasmo que surge del asombro, para afrontar y superar los desafíos cruciales que se avistan el el horizonte. Gracias a él la humanidad, después de cada momento de extravío, podrá ponerse en pie y reanudar su camino. Precisamente en este sentido se ha dicho, con profunda intuición, que «la belleza salvará al mundo» (F. Dostoievski). La sociedad tiene necesidad de artistas, del mismo modo que necesita científicos, técnicos, trabajadores, profesionales, así como de testigos de la fe, maestros, padres y madres, que garanticen el crecimiento de la persona y del desarrollo de la comunidad por medio de ese arte eminente que es el «arte de educar». Lo decía también el Papa Juan Pablo II. ¿Podrá pensar alguno que no tiene ningún talento «artístico» para ejercitar y aportar a la sociedad?
Columna publicada en el Diario Cambio del viernes 19 de octubre de 2007- |
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Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto
Mientras hace su trabajo, el dueño de la peluquería me cuenta que vivía en Buenos Aires y allí conoció a su esposa, hace más de treinta años. Y agrega: fue un amor a primera vista; bastaron tres meses de noviazgo; conozco noviazgos largos que fracasan pronto como matrimonio.
Al verlo satisfecho, le pregunté si tenía alguna receta. En los primeros años las discusiones eran frecuentes, dice. Lo económico también influye; cuando falta dinero se hace difícil.
En el fondo todos tenemos el secreto deseo de que los vínculos afectivos, que nos unen con personas que queremos, no se rompan nunca. Cuando los lazos de amistad y lealtad se han atado de un modo conciente y libre, se presume, quizás demasiado ingenuamente, que van a durar... Pero la palabra «siempre» da miedo y parece no encajar en la mentalidad del «use y tire». Los jóvenes dilatan la adolescencia y el momento de una opción definitiva. Son frecuentes las parejas de hecho, sin pasar por el juzgado ni por iglesia, aún teniendo hijos. ¿Será que la fidelidad ha perdido su riqueza escondida y suena como aburrida? La fidelidad es una construcción de la libertad y del amor que necesita motivarse cada día para sacudir la rutina y la modorra. El que se duerme puede perderlo todo. Es un equilibrio inestable, como andar en bicicleta; el que no pedalea dura poco y en el primer repecho se queda.
Las fidelidades perezosas mantienen la forma pero sin esa cuota de adrenalina, inteligencia, combustible y estrategias de duración. Dos sacerdotes salteños, que recorrieron la ruta hacia Santiago de Compostela, me contaron las diversas estrategias empleadas que les permitía admi
Un objetivo claro impone cambios, como en el fútbol; una semilla es fiel a sí misma sólo si se transforma en planta. Congelar el reloj impide seguir la ley del crecimiento continuo. Un ejemplo hermoso de fidelidad creativa es lo que le ocurrió al joven Francisco en la pequeña iglesita de San Damián, en Asís. Contemplando una imagen de Cristo en cruz escucha una voz interior que le dice: repara mi iglesia. Interpreta que se refiere al deteriorado templo de piedra y comienza acarreando piedras para restaurar ese lugar de devoción. Más tarde comprenderá nuevos desarrollos de esa visión inicial. La iglesia que debe reparar es otra, de piedras vivas, de carne y hueso, la que vive en el cuerpo y en el alma de sus hermanos y hermanas, la que está amenazada por el utilitarismo mercantil, que ha verificado en su padre Bernardone. La fidelidad se continúa, pero las formas cambian, se agrandan, se interiorizan.
La fidelidad requiere la cercanía con lo que se ama; física, mental y espiritual. Hay soledades tristes de quienes viven como extraños bajo un mismo techo.
La fidelidad es una prueba. Por un lado arranca con el impulso de ser absoluta; como un sí que quiere abarcarlo todo. Por otro lado esta tensión tiene que concretarse en el día a día. ¡Qué lindo es el amor, pero qué difícil resulta la convivencia! podrían decir muchos esposos. Por eso la fidelidad es una continuidad frágil y hasta un drama. Además la voluntad está entremezclada de incertidumbre, humildad, angustia, trigo y cizaña. Sorprende comprobar cómo en los lugares más difíciles, donde la dignidad humana era pisoteada a cada hora, nacen sorpresivamente admirables gestos de fidelidad heroica a un ideal, como el de Maximiliano Kolbe, que en el peor escenario, un campo de concentración, pidió sustituir al compañero que iba a ser ejecutado; ese compañero tenía esposa e hijos y él era sacerdote.
Cabe aquí aquella frase: el héroe que no tiembla no es un héroe. El futbolista brasilero Kaká, del Milan, expresó cómo a una fidelidad decidida siempre se le cruza un opuesto. En declaraciones recientes se refirió a los obstáculos que se interponen en su fidelidad. Las tentaciones están ahí, pero las evita o previene. Por ejemplo, nunca va solo a las fiestas de Milán, siempre va acompañado por su mujer. Santa Teresita hablaba de «la astucia del amor». A la auténtica fidelidad le espera una lucha y una amenaza. Ahí radica su valor. Porque los vínculos esenciales no es bueno que queden a la deriva.
Columna publicada en Diario Cambio el 12/10/2007 |
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Los hijos ¿no tienen derechos?
Mons. Pablo Galimberti.
Hay varones interesados en vender su capital genético. Un uruguayo ofrece esperma por Internet a «mujeres que estén solas y lesbianas», por $ 5.000. Con garantía.
Dice haber ayudado a dos mujeres cuyos embarazos fueron exitosos. Otro vendedor de similar «producto» ofrece garantías sanitarias y dice que una clienta española le pagó 1.500 euros. Existen bancos o depósitos de conservación en frío, en algunos países, que ofrecen semen de hombres inteligentes y exitosos. Allí se manipula el material genético, clasificándolo según grupo étnico, complexión física, talla, color del pelo, ojos y grupo sanguíneo. Descartan, catalogan y lo ofrecen al segmento de mercado más codiciado, las mujeres solteras. Es la lógica mercantil aliada con la biotecnología, a disposición de hombres solitarios y mujeres insatisfechas, incapaces de una relación amorosa real y estable.
La propuesta combina tres factores. En primer lugar el asombroso avance de la biotecnología o ingeniería genética. En este caso utilizando una parte de un organismo vivo (semen del varón) para realizar la fecundación mediante diferentes técnicas de inseminación artificial. Así se inicia una gestación en el útero de una mujer («propietaria» de los óvulos o útero alquilado por nueve meses) que culminará con el nacimiento de un individuo humano.
Previamente se ha investigado el ADN, base de información que poseen todos los organismos vivos. Esta información está organizada en unidades o genes, que controlan todos los aspectos de la vida de cada organismo, por ej. el color de pelo, enfermedades o inclinaciones conductuales.
El segundo factor es el comercial. Este aspecto queda en penumbras cuando los laboratorios usan la palabra «donación» de semen. Estos laboratorios tienen altos costos de funcionamiento, entre investigadores de tiempo completo e instrumental de última generación. No somos contrarios, obviamente, a la investigación en este campo. Pero tenemos reservas viendo el modo en que se está usando y el estilo narcisista y anti-familia que propicia, usando el semen de un varón que no quiere saber nada con la paternidad real. La congelación del semen resulta una imagen altamente simbólica. Quizás transmita inteligencia o habilidad deportiva, pero dejará la huella de un desaparecido.
La pura ley del mercado no puede tener la última palabra, cuando está en juego el derecho humano fundamental del niño o niña. En nombre de ellos ¡cuántas declaraciones, convenios y organismos! ¿Dónde queda su derecho a conocer su propio padre real y a poder compartir experiencias fuertes en un hogar con ambas figuras parentales? Si el semen es parte indispensable para iniciar una nueva vida, la conclusión es que la vida y su dignidad se evaporan, son «material biológico» puesto a la venta.
El tercer factor es respecto a las usuarias finales de este «producto». Es el deseo de ser madre a toda costa. Manda la ley del deseo, sin preguntarse si es bueno o no. La ciencia dice lo que es posible hacer. Pero la conciencia ética me dice si es bueno o no. La ciencia me dice que se puede realizar una fecundación en un laboratorio combinando semen masculino adquirido con óvulos de mujer. Pero la ética me dice que lo que nace es un hijo, una persona, una libertad a la que no se le puede cometer un «crimen genealógico».
Ese descendiente vivirá obsesionado por la filiación, tema que por algo aparece tanto en el cine, la canción y la literatura. Porque le han robado una historia o memoria de familia.
Una cosa es paliar la situación de un niño abandonado de una madre adolescente. Otra es planear de antemano esa ausencia de padre y exponer a un hijo o hija a una dependencia casi patológica de una madre independiente y con rasgos posesivos. Como la que confesaba: «No sé si volveré a rehacer mi vida amorosa; lo único que sé es que estoy esperando un niño y que éste será el auténtico amor de mi vida».
Fantasías edípicas al equiparar el vínculo permanente con un esposo con el vínculo a término con un hijo al que hay que educar para salir: del útero, de la casa, de la esfera posesiva de la madre. Estamos pues ante una práctica que plantea muchas preguntas.
Columna Diario Cambio el 5/10/2007 |
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Mons. Galimberti destacó esfuerzo de la familia Tonna por cuidar la gruta del Padre Pío
En un ambiente de recogimiento y paz, el obispo Pablo Galimberti presidió la misa en la gruta del Padre Pío acompañado por el padre salesiano Andrés Boone. En 1991 fue la última vez que se realizó una celebración y estuvo a cargo de Mons. Humberto Tonna.
El titular de la Diócesis de Salto destacó la obra desarrollada por la familia Tonna en la estancia «La Aurora» en torno a la figura del Padre Pío y, principalmente, la iniciativa del titular del establecimiento, Angel María Tonna Zanotta (Toto). Devotos procedentes de distintos lugares del país, Argentina y España acompañaron la eucaristía.
El obispo destacó la personalidad del Padre Pío, que «tenía esa penetración de los corazones y, a veces, se dirigía a alguien adivinándole ese dolor que estorbaba su cuerpo o corazón. Tenía esa cercanía y la intuición para decir las palabras adecuadas, en el momento oportuno. Por eso fue que su fama se extendió y el entonces obispo de Salto, Mons. Alfredo Viola lo visitaba en Roma y también tenemos una foto con Mons. (Marcelo) Mendiharat.
Y, su figura vino acá a través de Angel Tonna, propietario de estas tierras. Hubo también una correspondencia epistolar que son una riqueza para sus hijos, su familia. Allí nació esta idea y buena intuición de levantar esta ermita, un lugar de oración y encuentro cercano». En estos lugares «a través del recogimiento, uno siente que está más cerca del cielo, del corazón y de ese Dios que está afuera en el libro de la naturaleza, de nuestra conciencia y de la palabra de Dios cuyo centro es Jesús, nuestro salvador, el hijo de María». cargando con yugos
Monseñor Galimberti dijo que el ser humano se encuentra «agobiado, angustiado» y enfrenta situaciones «atravesadas. Y, cuando venimos acá las depositamos en el Padre Pío, nuestro intercesor, para que ore por nosotros como tantas veces lo hizo diciendo: ’Vengan a mi y voy a rezar por estas cosas que me confían’. Pero», acotó Galimberti, «ustedes también recen porque no basta que ustedes vengan y descarguen para irse alegremente. Deben ser partícipes de que Dios derrame la lluvia de sus bendiciones para que cicatricen sus heridas, dándonos esperanza y firmeza en el horizonte de la vida». Expresó que también se debe aprender a «cargar con el yugo» y «responsabilizarnos» de las situaciones que acontecen en la vida diaria, repercutiendo en la vida familiar. «No vivimos aislados y debemos ayudarnos mutuamente a cargar ese yugo.
Si habrá cargado el Padre Pío miserias y recibido pedradas, incluso de aquellos que debían defenderlo; lo criticaron y aislaron, privándolo de celebrar la misa en público. Cargaba con rabias y después cuando volvía al comedor llegaba con su sonrisa del tano meridional, haciendo una broma. Hay que aprender a cargar esos yugos de la vida de cada día, que a veces nos pesan. Por eso Jesús dice dame ese yugo que te lastima y te ayudo a llevarlo; venga a mi, que el mío es suave porque solo te aplasta, te liquida y es demoledor. Ven a mi, que te daré esperanza, firmeza, paciencia, constancia, pureza de corazón, limpieza en tus intenciones, autenticidad para arrancar máscaras e hipocrecías».
un baqueano Dijo que «ciertamente hoy necesitamos la palabra del Padre Pío, buen consejero y baqueano para llevarnos por los caminos de Jesucristo». Recordó que era alguien a quien «le pinchaban las llagas pero al mismo tiempo hacía bien, no devolviendo un puntapié». Resultó «un hombre con una profundidad admirable y por eso, habiendo sido investigado una y otra vez, realmente se vio que llevaba una vida cristiana heroica, superior a la media. Entonces, se llega a la conclusión de que es un hombre que está cerca, junto a Dios e intercede ante nuestro salvador».
Finalmente, manifestó su agradecimiento a «Toto Tonna, a sus hijos, su familia y amigos que mantuvieron este lugar; que hicieron posible que hoy estemos aquí haciendo memoria de esta figura formidable» y que es «como es ese perfume del Padre Pío se difunde». |
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Opina el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti.
Los veamos o no en las esquinas, niños sin calor de hogar, que viven horas a la intemperie, guiados por un adulto en busca de una moneda, son una realidad en este país. Pero hay también muchas manos solidarias. El INAU hace años explora caminos alternativos a la institucionalización. Lo viví de cerca cuando firmamos un acuerdo entre la Iglesia Católica en San José y el entonces INAME.
Planteada la iniciativa encontramos en el Director Departamental amplio apoyo para abrir una casa-hogar para niños «de la calle»; espacio para sanar heridas, educar y restablecer vínculos en clima de familia. Tras la firma del convenio llegaron doce niños, entre cuatro y once años. Un matrimonio francés con experiencia, junto a una religiosa y un voluntario, asumieron la responsabilidad de la casa. Aude, la esposa, eligió llamarla «Talita kum», que significa «Levántate y anda»; expresión que usó Jesús para devolver la vida a una niña sin vida.
Las relaciones con el organismo estatal fueron frecuentes y cordiales. Una Asistente social y una Psicóloga se sumaron a la tarea. Quedó claro que podíamos ofrecer a los niños una educación cristiana, con la libertad que esta requiere. Al año bautizamos a varios, incorporando al hogar padrinos y madrinas, que se encargaban de festejar cumpleaños y de llevarse a sus ahijados algún fin de semana.
Rápidamente creció la integración al medio. El Colegio Católico del Huerto les concedió una beca. Frecuentaban la piscina municipal y tomaban parte en grupos de danza, coros y deportes. Alguno quiso aprender francés y cuando le preguntaban quién era el adulto que lo acompañaba, decía con orgullo: ¡mi papá! Cuando en el colegio se festejó el día del abuelo cumplí esta tarea acompañando a la niña más chica.
En algunos casos se restableció el vínculo con algún familiar cercano, por ejemplo, una abuela. A veces el esfuerzo valió la pena, aunque no siempre, pues la cercanía del padre, especialmente, despertaba a veces episodios traumáticos de violencia familiar. Un día conocí en la cárcel a un padre, pero nos dimos cuenta que no sería positivo restablecer ese vínculo.
Vida de familia, integración, educación con estímulos y límites, donde hasta los más pequeños tendían sus camas, lavaban la vajilla subiéndose a una silla y aprendían a usar útiles de limpieza. Ambiente de convivencia, con problemas pero también con adultos que acompañaban y enderezaban.
En el verano fuimos a La Esmeralda (Rocha), donde disfrutaron la costa oceánica, conocieron la Fortaleza de Santa Teresa y caminaron mucho hasta quedar rendidos al terminar el día.
Han crecido. Días atrás, en San José, encontré a uno de ellos. Concurre a UTU y su hermana, que ya tiene novio, cursa peluquería. El INAU ha permitido que prolongue un tiempo más su salida del hogar.
Cuando oigo hablar de «niños de la calle» pienso en los que yo conocí y que encontraron protección mediante la inserción en un clima familiar. Juntando esfuerzos, con la colaboración, en este caso, de la iglesia y organismos del Estado, se lograron frutos visibles, como la niña que no crecía y marcaba en la pared una escala de cuánto aumentaba por mes. Pero, lo más importante es el crecimiento en sentimientos y valores morales, que forjan buenos compañeros y ciudadanos activos. Sentirse libres y responsables para amar, trabajar, soñar y creer que todos tenemos una misión que hay que descubrir. Aunque algún papá o mamá no hayan sabido cumplir su tarea, igualmente cada uno tiene un Padre bueno que protege todos los días y nunca abandona. Cultivar un sentimiento religioso ayuda a cicatrizar heridas.
Multiplicando esta colaboración seguramente se podrían conseguir buenos resultados. Para que los abandonados no salgan a la vida con las manos vacías y el corazón herido por violencias.
La vida de familia es la primera escuela. Al llegar no tenían noción de los días de la semana. Cuando se programaba una fiesta para un día fijo, preguntaban cada día ¿es hoy? No conocían el flujo del tiempo, esas secuencias que alternan noche y día y son parte de nuestro vivir hogareño cotidiano. Esas cosas que aprendemos de un padre o madre, en una familia.
Columna publicada en Diario Cambio en su edición del 21 de setiembre |
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Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto
A diez años de su muerte, se han dado a conocer cartas en las que la Madre Teresa, muestra que durante largos años vivía un sufrimiento íntimo y contradictorio. Esto sorprendió a quienes conocían de ella solamente un rostro sonriente. Sufrió la ausencia de Dios. Su silencio y misterio. Sin embargo, ella seguía apoyándose en la roca de la fe. El acto de fe, en efecto, no consiste en un sentir volátil sino en la adhesión libre y voluntaria a un Dios que llama. La fe es cierta, más que cualquier conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir. Como lo expresaba J. H. Newman: «Diez mil dificultades no hacen una sola duda.» Hace pocos días creyentes y agnósticos de nuestro país discutieron en una mesa redonda radial sobre los abismos de la fe en esta mujer.
Una raíz profunda era la fuente de su radiante vitalidad. Es valiente. Asume el dolor de Jesús porque los pobres no le conocen y por lo tanto no le aman. Y decide no negar nada a este Amor que la cautiva. Esta certeza la guió a través de senderos oscuros. «Estuve a punto de dejarlo y entonces recordé el voto y esto me hizo levantarme». La pequeñez de Madre Teresa, visualizada en un cuerpo frágil, le servía para evidenciar que su obra llevaba la firma de Dios. Las oscuridades, a veces prolongadas que experimentan algunos santos modernos, son el medio de protección inventado por Dios para los que trabajan constantemente bajo las luces y cámaras de los medios. Es como la protección de amianto que usan los bomberos para caminar entre el fuego.
Sonriente y serena junto a famosos del mundo o al recibir el Premio Nobel de la paz, como ante un leproso, anciano o niño de la calle en Calcuta, hacía pensar que la atmósfera interior que la acompañaba era siempre luminosa y sonriente. Pero no. «Hay tanta contradicción en mi alma, un profundo anhelo de Dios que me hiere y al mismo tiempo el sentimiento de no ser querida por El, rechazada, vacía, sin fe, sin amor... El cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío».
Este desierto interior, que pesaba en su corazón, le servía para no identificarse con los aplausos que el mundo le regalaba. Por eso pudo mantener su equilibrio y libertad. Nada la apartaba de su objetivo. «El dolor interior que siento es tan grande que no experimento nada ante toda la publicidad y lo que la gente habla».
Un escritor juzgó a la Madre Teresa como producto de la era mediática. Pero los mediáticos son personajes de plástico, efímeros, sin raíces, que necesitan aplausos para sobrevivir, porque huyen de la soledad. Madre Teresa fue grande porque se hizo pequeña y débil. Se olvidó de sí para no obstaculizar la obra de Dios en su vida ni en el mundo. Maravillosa aventura y verificación de que los caminos de Dios no son siempre los nuestros.
Este sufrimiento no es debido a fallas o mediocridades sino que es una manera de compartir los sufrimientos físicos y morales de los que cargan frustraciones, dolores, los excluidos y más abandonados. Su dolor se ensancha, es solidario. Esta característica se observa en los santos y santas de los últimos cien años. Anclados en su fe pero, al mismo tiempo caminando en la noche más oscura. Algunos dicen: no creo en Dios porque no lo siento; le pedí a Dios pero no me oyó. La cultura científica oscurece a Dios en la conciencia de muchos.
Predomina la razón tecnológica, política, económica o militar. En todo caso, Dios sirve para «tapar agujeros» cuando se hunde el bote de las precarias seguridades. La fe cierta y oscura de Madre Teresa ayuda a percibir la presencia escondida de Dios.
El olvido de lealtades se ha propagado en la actual cultura, que rinde culto a lo efímero. Todo corre sobre ruedas mientras algo se siente, pero el día que el sentir se enfría llegó la crisis. La fidelidad a través de túneles oscuros, vivida por la Madre Teresa es alentadora. Descubre que Dios es Silencioso pero jamás el Ausente. En el desierto cae maná desabrido que alimenta; sin esperar milagros sensacionales, que son «pan para hoy y hambre para mañana». No obstante el rostro sonriente de Madre Teresa y sus manos que consuelan y rezan despertarán la sospecha que en ese corazón debe arder una luz más fuerte que la muerte.
Publicado en el Diario Cambio, el viernes 14 |
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Uruguayos, juegos de azar y religión
Opina Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto
Los uruguayos respondieron con creces. En el 2006 los juegos de azar oficiales fueron uno de los mayores atractivos para la población, sin distinción de edad, sexo, religión o filiación política. Prueba de esto son los 162 millones de dólares, cifra que supera el total exportado ese año en el rubro leche o lana. ¿Razones? Correr tras la fortuna, -con sus vértigos y reveses-, ansiedad de un cambio o algo diferente. Un ex adicto me confesó que para él eran dos los momentos claves: el de más riesgo era cuando ganaba mucho; las horas o minutos que tenía los bolsillos llenos era omnipotente. Lo otro era ganar y al día siguiente quedar sin nada. Euforias y depresiones.
Hace poco se realizó el primer sorteo de la «segunda generación de la Comboleta» en la que participaron casi 410.000 sobres con 10 boletas de compra cada una. Próximamente, Uruguay se colocará en el primer lugar de América Latina en timba telefónica. Esto se añadirá a la Lotería, Quiniela, Tómbola, 5 de Oro Revancha y Quiniela Instantánea. Además de los 12 casinos y 28 salas con tragamonedas. Las grandes inversiones privadas internacionales son atraídas por este señuelo.
Los patrocinadores sostienen que los casinos traen turistas. Yo ví llegar gente en bicicleta al casino montevideano del Parque Rodó, a primeras horas de la tarde. Esos no juegan lo que les sobra sino lo que les falta. Un quinielero decía en defensa del apostador chico: es la esperanza del pobre.
En su sentido más amplio el juego es una expresión de la vida humana, donde se lucha contra lo adverso y contra sí mismo: miedo, fragilidad, dudas. El juego implica atención, reglas, riesgos y libertad, como la vida real. En su origen, los juegos se vinculaban explícitamente a lo sagrado; así los Juegos Olímpicos se consagraban a Zeus. Durante los juegos públicos no había guerras ni ejecuciones capitales sino tregua general.
Los juegos toman a veces el valor de una ofrenda. Los antagonistas rivalizan en habilidad y resistencia, a veces hasta la efusión de sangre. Derrochando energía, sudor y lágrimas, honran a las fuerzas invisibles a las cuales están consagrados. Así los juegos aparecen, de una manera consciente o latente, como una forma de diálogo del ser humano con lo invisible. El recurso al juego cambia el ritmo monótono de la vida. El que apuesta vibra rastreando coincidencias, números y descifrando fechas, sueños o una noticia sorpresiva; ahí ve la mano de la fortuna.
Lo típico de la persona religiosa es la capacidad habitual de introducir «rupturas» o cambios de ritmo en sus horas diarias. La religión, desde el punto de vista subjetivo, antes que gestos exteriores, reside en el pensamiento afectivo con el cual el creyente carga algunos gestos. Parecido al apostador de quiniela que al oír un número no atiende el sentido aritmético o económico sino que usa otra clave y atribuye significado a sucesos como el día del nacimiento de un nieto, la matrícula de un auto, los años de Artigas o del Papa. Las cábalas, esa capacidad inagotable de resignificar las palabras y la realidad, abundan en los futbolistas y estudiantes, que repiten aquel gesto u objeto que, en su creencia, les dio suerte.
Desde el más racionalista al más místico, todos nos ponemos lentes para interpretar el mundo. El creyente reza: «Los cielos proclaman tu gloria, Señor». Otro exalta la Ciencia. ¿Se extrañará una mente quinielera de lo que decía Santa Teresa de Avila, que «entre los pucheros anda el Señor», cuando él usa una clave parecida en la lectura de la realidad? Y por ahí nos aproximamos a la experiencia subjetiva de lo religioso, consistente en atreverse a escuchar los pasos de Dios en el corazón.
La sospecha que la quiniela podía guardar algo religioso, la olfateó Ares Pons: «Cuando un pueblo se ve privado de sus fundamentos espirituales, lógico es que busque su perdido equilibrio con mil gestos torpes o frenéticos, que expresan una pasión que ha perdido su objeto. En el delirio del fútbol, en el vértigo de la timba, en la agresividad de la patota, en el reproche perenne del tango, se manifiesta el extravío de una pueblo que espera a un pequeño mesías en cada jugada de quiniela.» (Uruguay, ¿provincia o nación?).
Columna de Mons. Pablo Galimberti publicada en Diario Cambio, edición del 7 de setiembre de 2007 |
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Medio Ambiente y Trabajo
Las protestas de los vecinos de Gualeguaychú no han cesado. Los cortes de puentes, en particular a la altura de de Fray Bentos y Puerto Unzué (Gualeguaychú) continúan, por decisión de un grupo de gente organizada. El derecho a la libre circulación de personas, bienes y servicios, aceptado entre los países del MERCOSUR se quebranta. Los grupos de la sociedad civil, organizados o espontáneos, enriquecen la vida social; pero no pensamos que estén habilitados, normalmente, para estas decisiones. Cabe la pregunta: ¿qué hace el gobierno argentino?
La responsabilidad de todos por el bien común incluye muchos
derechos y es tarea de uruguayos y argentinos. El medio ambiente
sano es un valor a inculcar desde niños, aquí y del otro lado del
río, sin importar la cara, el dinero o los votos. «Timeo danaos et
dona ferentes», que traducido significa: «Temo a los griegos, aunque
me traigan regalos», escribía Virgilio refiriéndose al Caballo de
Troya, que al aceptarlo daba luz verde al propio enemigo! Los
uruguayos no queremos que Botnia sea un caballo de Troya.
Los obreros que allí trabajaban pertenecían a cuatro empresas
internacionales. Los afectados fueron solo algunos uruguayos,
sacados del lugar por sus compañeros, en andas. Los peritos que
reconstruyeron lo ocurrido se hacían la lógica pregunta por qué los
de otras nacionalidades, por ejemplo brasileros, no habían
experimentado ningún malestar. La pregunta queda planteada.
Junto al derecho a un medio ambiente saludable, los uruguayos
que miran a Botnia con una actitud favorable defienden con la misma
energía la ecología humana. O sea, la presencia de un hombre o mujer
junto a su familia y vecinos para desarrollar la ardua y apasionante
tarea de humanizar ese entorno. El primer encuentro del hombre con
su entorno natural, según la Biblia, aparece orientado en una doble
dirección. Debe en primer lugar trabajarlo, o sea, modificarlo para
perfeccionar su originario inacabamiento. Pero tiene que hacerlo
siempre de un modo mesuradamente limitado por las exigencias de la
ciencia del bien y del mal. No todo lo que de hecho se llega a poder
hacer debe sólo por ello hacerse. Desde ese primer instante el
imperativo de una ecología con rostro humano será dar paso a un
trabajo ennoblecido por su fin, que descarte drásticamente la
posibilidad de una ciencia sin conciencia. Asimismo el cuadro ecológico ambiental y humano se completa cuando los seres humanos fundan vínculos entre ellos. Nace así la familia y con ella nuevas esperanzas. El relato de la primera página de la Biblia sigue así custodiando el sentido de lo humano. También en los asuntos planteados por Botnia.
Columna publicada en Diario Cambio, del 31 de agosto de 2007 |
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Opina Mons. Pablo Galimberti
La palabra «donación» implica, tratándose de óvulos, una delicada situación. Los seres humanos necesitamos juzgar las cosas no sólo desde el punto de vista de lo que la técnica puede hacer sino también desde el punto de vista de los valores que están en juego. Así nos hacemos «cuidadores».
Ser cuidador es ser ético. Leonardo Boff, teólogo brasilero, escribe: «Albert Einstein despertó a la dimensión cuidadora de todo saber cuando Krishnamurti lo interpeló: ¿En qué medida su teoría de la relatividad ayuda a disminuir el sufrimiento humano? Einstein, perplejo, guardó silencio. Pero cambió. A partir de ahí se comprometió por la paz y contra las armas nucleares. En todos los ámbitos de la vida, necesitamos personas críticas, creativas y cuidadoras. Tarea de la educación hoy es crear tal tipo de personas.» Si se habla de donar óvulos, o sea, células sexuales femeninas, la acción merece una atenta consideración. Entramos en el ámbito de la procreación artificial, o sea, de las diferentes técnicas encaminadas a obtener de modo artificial una nueva vida humana. En el caso que ahora consideramos se trata de una fecundación realizada fuera del cuerpo de la mujer. Ocurrió en nuestro país a un matrimonio que no podían tener hijos. En una clínica les informaron sobre la eventual extracción de un óvulo de la mujer, para fecundarlo en el laboratorio con el semen del esposo; a un costo de 5.000 dólares. Pero que si la mujer donaba los óvulos sobrantes, el costo era algo así como 1.500 dólares. La propuesta fue descartada. El hombre occidental que logró desintegrar las misteriosas fuerzas del átomo ha incursionado en el campo de la ingeniería genética con capacidad de desarticular y manipular los procesos humanos de procreación de la vida humana. Ciertas técnicas desarman y manejan «fierros», pero una cosa es manejar la planta de Botnia o experimentar con ratones y otra es incursionar en el terreno de la vida humana. Los derechos tienen también límites. El biólogo construye el embrión, lo controla. Y la procreación así obtenida no dice referencia inmediata al acto de amor esponsal, sino a la actividad técnica del biólogo. Esto no significa rechazar las consultas que los esposos necesitan plantear al médico. Pero la cuestión delicada es cuando la técnica hace una sustitución de la misma relación íntima entre los esposos. Esto sería contrario a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a los padres y a los hijos. La prepotencia, censurada con razón en las relaciones interpersonales y en la convivencia social, se traslada al mundo biológico. El arte de lo posible, que se reconoce como la ley reguladora de lo político, pasa a ser la norma de la biología y se convierte en el arte del poder biotecnológico. Se sabe, además, que con el embrión «in vitro» se realizan pruebas, controles y modificaciones como con un producto de laboratorio. Se oye decir a veces que la mujer es estéril y quiere quedar embarazada a toda costa. Un deseo puede ser legítimo pero no puede transgredir límites éticos. La renuncia a un deseo por un bien superior, lejos de ser una vulgar represión, puede ser también expresión de evolución cultural y madurez de una personalidad. La sola ley del deseo pretende legitimar a veces antojos o caprichos. La sociedad sin límites que vemos en el cine puede ser un peligroso espejismo. Procreación, Sexualidad y Amor van juntas. Por un lado está la tentación de dejar en manos de los técnicos de un laboratorio el acto tan personal de procrear. Por otro lado tampoco es conveniente desconectarlo de la sexualidad y del amor. Porque así como se manipula la procreación, también la sexualidad se reduce, a veces, a la esfera genital y placentera, fuera de la órbita matrimonial. Y el vínculo amoroso y afectivo queda en la etapa adolescente, reducido al romanticismo incorpóreo y anoréxico, pero fuera de vínculos esponsales y parentales fuertes, responsables y significativos para los hijos. Así se logra establecer y mantener de modo inseparable los componentes fundamentales que articulan una familia estable y abierta a la vida: Amor, Sexualidad, Procreación. Donde el carácter unitivo y procreativo, lo placentero y la apertura a la vida no se disocian.
Columna publicada en el Diario Cambio el 25/8/2007 |
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Por Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto
Con el paso de los años, fruto de la experiencia, los intercambios, la avidez de conocimientos, las intuiciones del corazón y las creencias personales, algunas personas elaboran un arte de vivir, que a veces comunican a través de refranes o dichos populares. Uno de estos, con sabor criollo, es el del título. Solía usarlo Marcelo Mendiharat, obispo de Salto recientemente fallecido.
La expresión condensa una ley difícil de soslayar, ya que en una vida con espesor humano, no de plástico o fantasía, se alter |