COLUMNAS DE OPINIÓN
Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Diario CAMBIO - 2010

 

Navidad
La voz de la abuela


Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

En el intercambio de saludos, brindis, fuegos artificiales, risas y algún lagrimón, convocados por la rueda familiar de la Nochebuena, cuenta Landriscina que se oyó una voz que pasó el aviso: ¡Feliz Navidad! Era la voz de la abuela que en el alboroto familiar evocaba un valioso retazo de memoria, sin el cual la fiesta resultaba incompleta.

El cuento pinta muy bien lo que ocurre en muchas reuniones familiares en el filo de la medianoche, entre el 24 y 25. En estas reuniones familiares, como en tantas otras situaciones sociales, la gente tiene diferentes grados de fe o concepciones de la vida pero igualmente pueden intercambiar un “feliz navidad” o sencillamente “felicidades”.

Para los cristianos y en particular para los católicos en todo el mundo, Navidad es la conmemoración festiva del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que aconteció “en la plenitud de los tiempos” según expresión de San Pablo, cuando la Palabra eterna de Dios se hizo pequeña, visible y cercana, entrando al mundo en un humilde pesebre, que la iconografía tradicional adornó con un buey y un burrito, poniendo una cuota de calor, sencillez y realismo a una escena atravesada por insondable misterio.

Mientras los cristianos inundamos el ambiente con cantos como “Noche de Paz Noche de Amor”, en algunos espacios de la ciudad vemos que esta tradición convive con la figura de Papá Noel o Santa Claus, personaje legendario y gordinflón que trae regalos a los niños y sólo sabe decir “Jo Jo Jo”. Sin ignorar la simultaneidad de mensajes, que a veces deja perplejos a padres y educadores, esta diversidad de costumbres constituye para los cristianos un desafío, para no esconder la novedad que ofrece la visión cristiana de esta fiesta.

De ahí la importancia de evocar la auténtica memoria, que por boca de la abuela, símbolo de una reserva de tradición, conecta a las nuevas generaciones con el acontecimiento histórico que sustenta la Navidad. Y que incluso en un marco austero -como es el caso de la Navidad que vivirán los presos o los internados en un hospital o las familias que están de duelo-, constituye una buena noticia, fuente de segura esperanza.

El pueblo judío, según la Biblia, debía mantener vivo el recuerdo de los días memorables del éxodo: “será como una señal en tu mano, como un recuerdo en tus ojos” (Exodo cap. XIII, 9).

Cada familia al celebrar anualmente la Pascua debía introducir a los niños en el sentido de la celebración: “Y cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: ¿Qué significa esto?, le dirás: “Con mano fuerte nos sacó Dios de Egipto, de la tierra de esclavitud.” (Exodo XIII, 14). De esta forma una cultura adquiere dinamismo: es memoria, acción que continúa en el presente y estímulo hacia el futuro. Recordar no es sólo mirar con nostalgia hacia atrás sino creer que la eficacia de aquella intervención liberadora se continúa hoy. Salvando distancias, parecido a lo que canta Horacio Guarany: “Si se calla el cantor calla la vida”.

No es indiferente descubrir que la memoria está en la boca de la abuela. Los abuelos eran parte de la familia ampliada que reunía a tres generaciones (abuelos, padres, nietos) y que ha tenido gran incidencia en la transmisión de valores a las jóvenes generaciones. Esto tiende a desaparecer dejando enormes vacíos afectivos y educativos. Con el predominio de la familia nuclear, formada por padre, madre e hijos, o incluso más, con la multiplicación de las familias monoparentales constituidas por un solo miembro de la pareja progenitora y donde los hijos pierden cercanía con uno de los padres, la transmisión de valores, eje de la educación, experimenta un importante quiebre.

¿Quiénes cumplen hoy la tarea de las abuelas? No son comparables las charlas con una abuela mientras preparaba la merienda, con las horas de un niño o adolescente que regresando a casa lee un aviso en la heladera, se reporta mediante celular y se sienta solitario ante el televisor o navega por internet. Invito a las abuelas y a los abuelos a no abandonar sus lugares y sacar de sus cofres los valiosos tesoros que las nuevas generaciones necesitan como el pan de cada día.

Columna publicada en Diario “Cambio” del 14 de diciembre de 2010

 

Navidad desde el corazón
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
 
Al nacer traemos potencialidades que con ayuda del entorno familiar y social, desarrollamos.
 
Cada uno crece de acuerdo a su identidad: un árbol con agua, sol, fertilizantes y podas. Un perro conforme a sus instintos y adiestramientos. Y las personas crecemos con estímulos externos pero con una novedad: desde adentro, desde la propia conciencia, expresión de nuestra dignidad, libertad y responsabilidad. “E-ducar” significa eso: “sacar de adentro”.
 
La necesidad de un desarrollo humano se ha expresado en las sociedades y culturas mediante ritos de iniciación, marcando, por ejemplo, el tránsito del adolescente a la vida adulta. El rito del bautismo en la Iglesia católica expresa precisamente que vivir es mucho más que cumplir un ciclo biológico (nacer, crecer, morir). En cada uno duerme un llamado y una misión. La educación cristiana, expresada plásticamente en las fiestas cristianas, acompaña este camino.
 
La Navidad es un acontecimiento y también una fuente de inspiración. Destaco cinco aspectos para vivir la Navidad desde el corazón:
 
1. El camino de Nazaret a Belén. La vida es camino y el viaje expresa un movimiento interior, como lo expresó Dante en la Divina Comedia. Al término de largas jornadas acontece el alumbramiento, meta de una búsqueda de fe.


 2. El decreto de Augusto obligó a José a ir al lugar de sus orígenes, Belén, cuna de David, el que venció a Goliat, el elegido, pero también el adúltero y homicida, que lloró su pecado y fue perdonado. Jesús carga con todos nuestros lastres. Los habitantes de la aldea global necesitamos tocar tierra, descubrir arraigos que nos vinculan con otros, un lugar, nuestras raíces y con nuestro primer origen, el Creador.


3. El pesebre. En la ciudad el anonimato no se conmueve. Cada uno carga con una cuota de destino que debe aceptar, sin importar desprecios ni aplausos. Pero la novedad llega. En el pesebre de cada uno, incómodo y áspero, sonríe el Hijo de Dios. Ya no hay pobreza, soledad, miedo, complejo, depresión, desequilibrio, fragilidad, exclusión del color o espesor que sea, donde no entre el Niño pobre que nos hace ricos. El Dios lejano se vuelve cercano y el tesoro escondido está aquí, se puede ver, tocar y nos sonríe!
 

Se termina el ciclo de la religiosidad animista según la cual lo divino se percibe en los variados fenómenos de la naturaleza; desde ahora nos deja indiferentes el Supremo Arquitecto, elaboración de la razón humana que atisba por intuición o deducción una causa última del universo.


4. Envuelto en pañales. Dice el relato que María lo envolvió en pañales. Señal de que es de nuestra misma condición, no un superhéroe disfrazado de niño frágil. Quien cree y confía que esto le puede suceder también hoy a él, tiene que luchar para que las bengalas o estampidos de la vida ciudadana no anestesien el corazón. Por eso hay que apretar al Niño contra el pecho, cuidarlo, porque es Dios que quiere descansar en el calor, la protección y la fe de gestos humanos para tejer una historia de amor, a partir de la cual nunca más nos resignaremos a ser una “pasión inútil”, como llama Sartre a la existencia humana.
 

5. Los pastores. El acontecimiento se completa con el anuncio a los pastores que están cerca y a la intemperie. El encuentro con el Dios cercano inunda el espacio y es percibido por los que tienen el corazón sencillo y pobre como para romper la egolatría y salir del narcisismo. También yo puedo sentirme uno de esos pastores, a la intemperie de la vida, sin techo propio, lejos de la familia, con la precariedad de un trabajo sin tregua o protestando por un aumento que quizás se traduzca en más consumo.
 
Los que imitan su sencillez son tocados por la sorpresa y colmados por la cercanía del Todopoderoso que descansa en brazos de una jovencita. Admirable abrazo. Lo infinito se une para siempre a nuestra condición humana frágil. Desde entonces el llanto, la fatiga, palabras y silencios, miradas y gestos que se expresen en ese cuerpo serán también expresión del corazón de Dios. Y así lo humano adquiere una sobrecuota de dignidad que nunca hubiéramos imaginado.
 
Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 17 de diciembre de 2010

Verdades y mentiras

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Un moderno Robin Hood ha emprendido una tenaz campaña para desenmascarar algunas verdades oficiales del gobierno de Estados Unidos. Su arco y flecha es el portal en internet WikiLeaks y ha salido a “desfacer entuertos”, o como él declara, “a corregir algunos ataques a la verdad”.

 

Este hombre divulgó el mes pasado 400 mil documentos sobre la guerra en Irak, que delatan la muerte de más de 100 mil iraquíes desde 2003.

 

En menor escala algo pasa en nuestro país. El director del Observatorio de Criminología, Rafael Paternain, renunció a su cargo porque los datos presentados por el Ministerio del Interior sobre homicidios contenían errores técnicos y de interpretación. “Mi presencia allí no tenía ninguna utilidad para la autoridad política”. 

 

El revuelo de WikiLeaks hace pensar. Divulga lo que el poder político silencia, fractura el pensamiento único y sacude la opinión pública. Algunos se preguntan en qué medida es un servicio a la democracia y si es la única verdad sobre la guerra o sólo fragmentos.

 

El ciudadano tiene derecho y el Estado la obligación, de brindar información sobre sucesos importantes como una guerra o el auge delictivo en el país.

 

Admitamos que podrían existir motivos estratégicos para reservar informaciones, por ejemplo, para evitar pánico ante devastadoras epidemias. Los servicios de inteligencia de un país podrían demorar la difusión de una información, pero otra cosa muy diferente sería el encubrimiento sistemático, propio de regímenes totalitarios que amordazan la prensa libre.   

 

Actualmente se intenta poner límites al secreto bancario o se reivindica el derecho a la privacidad con respecto a informes médicos sobre factores hereditarios que señalen adicciones. Un profesional está obligado al secreto profesional. Y en el caso del sacerdote existen penas gravísimas para quien incurra en violación del sigilo sacramental.

 

La verdad, no tanto como valor abstracto sino como conducta, encarnada en acciones y palabras veraces, es un valor prioritario en cualquier lugar de la sociedad. Y hay que preferirla a la mentira, la duplicidad, la simulación y la hipocresía.

 

Qué difícil convivir en sociedad sin una confianza recíproca. ¿Podríamos creerle a un médico y tomar un medicamento, ver un informativo, comprar alimentos, subir a un ómnibus, dialogar en familia, mandar a un hijo o hija a un centro educativo, si vivimos bajo la sospecha de que me están ocultando información necesaria para tomar buenas decisiones? 

 

Muchos crímenes colectivos han sido durante largo tiempo silenciados. Un episodio de la Segunda Guerra Mundial fue llevado al cine recientemente en la película “Masacre en Katyn”, sobre la masacre de 22.000 oficiales polacos a manos del ejército soviético por orden de Stalin ocurrida en 1940. Un manto de mentira silenció la verdad durante 50 años alcanzando a las familias de las víctimas. Rusia sólo reconoció lo ocurrido en 1990, tras la caída del comunismo.

 

A veces la verdad se maquilla cambiándole el nombre a los hechos o empleando eufemismos. Un claro ejemplo es la “ley de salud reproductiva”, votada y parcialmente vetada por el ex Presidente Tabaré Vázquez, que a decir verdad, en su parte más sustancial y polémica, pretendía autorizar hasta determinada fecha la eliminación de una nueva vida sin ninguna consecuencia legal.

 

Otro recurso frecuente para maquillar la verdad es el uso del lenguaje políticamente correcto (LPC), con el que se pretende borrar del vocabulario cualquier expresión o calificativo considerado como intolerante. A principios de este año a la joven elegida Miss California se le preguntó qué pensaba sobre el matrimonio homosexual. Ella respondió que respetaba a quienes toman esa opción, pero que su posición es que el matrimonio debe ser entre varón y mujer. Bastó esa respuesta para arriesgar la corona. ¿Es que debía decir lo que el periodista o los grupos del poder gay pretendían?

 

La verdad es desafío y tarea de cada día. El creyente tiene un auxilio: “Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen…” dice el Salmo 42.

 

Columna publicada en el Diario “Cambio” el 26 de Noviembre de 2010

 

 

Tomar decisiones

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Decidir con libertad y responsabilidad es un rasgo revelador de nuestra dignidad personal. Lo máximo es cuando el amor despierta la libertad y la verdad da contenido a la responsabilidad.
Por el contrario, el perfil personal se debilita cuando actuamos por empujones, embalajes, miedos o automatismos y uno encuentra refugio en el gregarismo. De ahí el dicho: “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”. No menor es la incidencia de la televisión o de las estadísticas.

Me contaba un joven la situación confusa que vive con una chica y que le impide tomar una decisión frente a ella. Por un lado siente atracción a la que ella corresponde, pero con altibajos. Porque cuando él apuesta a un proyecto a largo plazo, ella levanta un muro invisible: no me siento enamorada del todo; te veo más bien como amigo.
Una grieta le muerde el corazón. Momentos luminosos se confunden con días grises y noches largas y la brújula pierde el norte. Y el desencanto oscurece el pensamiento y le tiende una trampa: si corto ya no encontraré otra como ella…

Cuando se trata de jóvenes en condiciones de alimentar un proyecto de vida matrimonial, el amor que irrumpió como un fogonazo hay que analizarlo en el largo plazo y no sólo en los momentos en que Cupido dispara sus saetas y pinta todo color rosa. Si aplicamos este criterio a otras decisiones, lo aconsejable es conocer lo luminoso y oscuro de uno y de la persona o asunto sobre el cual tenemos que tomar una decisión. Los enamoramientos fulminantes pueden ser un buen comienzo pero necesitan después momentos de serenidad para llegar a opciones definitivas. Las decisiones apresuradas no son aconsejables, si bien debo decir que conozco un matrimonio que no ha sido fácil, que cumplió 50 años de casados y todo empezó cuando ella entró a un negocio en Madrid.

En las decisiones donde hay vínculos afectivos de por medio y por lo tanto no se trata de simples ecuaciones matemáticas, hay un lado oscuro del corazón, que también juega su parte.

Me decía un veterinario: de animales te resuelvo cualquier problema, pero de los otros… Una vez mi padre contaba uno de sus viajes hacia Estados Unidos al comienzo de la década del cuarenta, cuando los submarinos nazis hacían peligrosa la navegación. Y con lógica infantil una nieta le dijo: ¿y por qué fuiste, abuelo? No entendía que la libertad asume responsabilidades y que la vida adulta incluye aceptar riesgos.

Hay decisiones, por tanto, que quien las toma o mantiene sabe que están bien tomadas y que afrontará sacrificios. Sabiendo que el amor a la familia no es menor cuando se aceptan compromisos riesgosos.

Pero hay decisiones que no se pueden postergar, como quien patea la pelota hacia adelante. El destino llama y no puedo dejar que las cosas se definan solas. Soy parte de ese destino y está en mis manos la decisión.

Decicir viene del latín “decidere” que significa cortar. Hay momentos en que las circunstancias de la vida exigen cortar aquí y ahora. Ya en el momento de nacer se hace imperioso cortar el cordón umbilical o de lo contrario se produce la muerte por asfixia.

A veces se piensa que la decisión acertada debe ir acompañada de sentimientos de armonía y paz. Pero paz no es ausencia de lucha. Como el médico que introduce el bisturí y abre una herida. Después vendrá la salud. Hay que mirar el bisturí y simultáneamente la salud que llegará.

Según la Biblia, cuando los judíos salieron de la tierra de Egipto donde eran esclavos, tuvieron que renunciar a un mínimo de seguridad. Pero optaron por la libertad, animados por la promesa de Dios. Si bien, cuando experimentaban hambre pataleaban contra Moisés, que había liderado la salida y hasta planeaban matarlo porque los sueños de libertad chocaban con experiencias de miseria y estrechez. Es el paradigma claro del camino de la libertad.

Algo semejante vivió Artigas cuando tomó la decisión de la redota. Gesto heroico y doloroso, que involucraba a soldados y sus familias. El presente era de pobreza y el sueño era el de un pueblo libre.
Las decisiones bien ponderadas, aunque dolorosas, son camino de crecimiento.

Columna de diario “Cambio”, edición del 19 de noviembre de 2010

La muerte: ¿Tabú?
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti


En el Día de los Difuntos, con ocasión de la visita al cementerio, surge naturalmente la pregunta sobre la actitud de los uruguayos con respecto a la muerte. ¿Es una realidad sobre la que se habla con naturalidad  o bien se prefiere evitar o soslayar, como tema tabú? He sido testigo de estas evitaciones cuando se habla delante de un familiar en etapa terminal y en lugar de intentar abordar con delicadeza este trance doloroso, se desvía la conversación hacia cualquier asunto trivial. Sabemos que no es sencillo, pero merece intentarlo.


Una visita al cementerio el Día de los Difuntos permite el diálogo silencioso, casi un reencuentro, con los que partieron pero siguen de algún modo  entre nosotros. Observé panteones y placas, me crucé con  rostros serenos y otros cabizbajos. Con algunos intercambié saludos e incluso una breve conversación.  


Allí están los viejos troncos de muchas ramas familiares salteñas. Son los inmigrantes que desembarcaron cargadas de sueños, fe y ganas de ganarse el pan con trabajo honesto, para dar de comer a su familia y un futuro a sus hijos.


Hay dos palabras que se repiten en las placas: recuerdo y agradecimiento. Dos nobles sentimientos hacia los padres o fundadores de una comunidad, familia o diversas instituciones u obras sociales. Recordar para reafirmar vínculos y tradiciones que enlazan con virtudes y valores de nuestros mayores. Agradecimiento para reconocer cuánto de lo que hoy somos, es fruto de sus fatigas, su constancia y perseverancia.


“Venimos a rezarle al Padre Marcelo”, me dijo una familia al entrar en el panteón donde está el Obispo Mendihart. Se oye un murmullo, retomando el hilo de una amistad que sigue iluminando. El perfume de una flor se difunde en el lugar.


Un día allí dormiremos, como lo recuerda bellamente la raíz griega de la palabra “cementerio”: lugar de los que duermen. Implícito acto de fe, pues quien duerme, un día despertará. Y así, la visita de cada 2 de noviembre es un modo de acercar vivencias que se entrelazan a cada momento: vida y muerte, el ahora y el más allá, abrazados y distantes, mirándose de reojo y amigándose de vez en cuando. Y por allí se filtra un susurro: somos hermanas inseparables.  


Hace varias décadas, el médico uruguayo Pochintesta, que después de jubilarse pidió ingreso en un  monasterio de Argentina, me hizo esta reflexión que no olvido: “Cuando nací, no me pidieron permiso; cuando me toque morir no quiero irme sin darme cuenta”. Me vienen estas palabras a la memoria cada vez que alguien comenta sobre un fallecido: “por suerte pasó de un sueño a otro; sin darse cuenta”.  Y me pregunto si esa será la mejor manera de despedirnos de este mundo. 


La muerte nos agarra mal preparados cuando nos falta entrenamiento. Y este ejercicio lo hacemos a diario, cada vez que elegimos algo bueno y dejamos morir otros proyectos. Pienso en una madre que cuando nace un bebe prematuro se dedica a él y se olvida de todo: televisión, amigas, salidas y paseos. Olvida todo eso y se entrega al cuidado de esa criatura que la reclama. Lo mismo dígase de un padre que con su trabajo diario no ahorra fatigas, realiza horas extras, busca otras changas y acepta privaciones para sostener a la familia, a los que hay que alentar para que no aflojen. El domingo pasado me decía una señora, ama de casa y peluquera, que recibió la Confirmación en la capilla de Salto Nuevo, que ella y su esposo, empleado municipal trabajan para apoyar a la hija que está haciendo Química en Montevideo. Cuántas horas extras, cuántas fatigas y sonrisas se dibujaban en el rostro cuando me lo contaba!


Hoy leí en un periódico capitalino que en el cementerio Central de Montevideo se había representado la obra Don Juan Tenorio, escrita en el siglo XIX por José Zorrilla. El protagonista regresa al cementerio a visitar la tumba de su amada. “La muerte, quizás el tabú más universal, cobra un protagonismo espectral en esta popular obra de arraigada tradición en España”, dice la crónica.


Pero la respuesta más acertada a la pregunta del título la tiene seguramente cada uno.


Columna publicada en el Diario “Cambio” del 5 de noviembre de 2010.

 

Piedras que hablan

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

En este caso son las piedras del templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, diseñado por el genial Antonio Gaudí. Esta iglesia será consagrada el próximo 7 de noviembre por el Papa Benedicto XVI, quedando así habilitada solemnemente como espacio de oración, alabanza y agradecimiento a Dios.

 

Muchos uruguayos que han visitado esta pujante ciudad, habrán podido admirar esta joya de la arquitectura religiosa. La primera vez que la visité fue en el año 1966. La otra en 1988 con el Padre Ernesto Popelka, en una gira que hicimos por varios centros europeos de espiritualidad. Respirando hondo pusimos el pie en  último escalón de una de las torres. En silencio fueron pasando imágenes de las manos que habían tallado esas piedras, qué sueños movían a los constructores de la Edad Media que ponían piedras de catedrales que nunca verían terminadas, como narra la novela de Jean Diwo “La primavera de las catedrales”. Victor Hugo decía que en la Edad Media, el género humano no pensó nada importante que no haya escrito en piedra. Y el sueño del gran Augusto Rodin era poder sentarse en el taller de aquellos talladores de piedras.

 

Cuarenta y tres años dedicó Gaudí a este templo, desde 1883 a 1926, al igual que los constructores de las grandes catedrales, de manera siempre más intensa y exclusiva, hasta que acabó mudándose al lugar de trabajo. Cuando murió se había concluido la cripta y alguna de sus torres. Pero eso a él no le preocupaba, pues su penetrante mirada sabía adivinar toda su obra en cada uno de los detalles.

 

Respondiendo a quienes inquirían sobre su obra, Gaudí respondió: “Deseamos que el conjunto del templo sea un verdadero símbolo, una obra de arte en sintonía con la época en que vivimos. En el exterior mostrará imágenes apologéticas y catequéticas, para introducir a los fieles a la contemplación del mundo sobrenatural representado en el interior”.

 

Explicando la fachada de la Gloria, la principal, aún no terminada, decía: “Ya que el ideal supremo del hombre es la glorificación de Dios, en la fachada se rendirá honor a la Santísima Trinidad y a la Sagrada Familia: sus virtudes y su ejemplo de trabajo. Estarán representadas la Fe, Esperanza y Caridad y el estado del alma después de la muerte, con su premio o castigo.

 

La fachada tendrá un pórtico, cuyas columnas mostrarán, en los capiteles, los dones del Espíritu Santo y los símbolos de las virtudes, mientras que en la base estarán los vicios opuestos.” Y  adelantaba, como en un diseño imaginario, parte de lo que hoy ya se puede apreciar solidificado en piedra.

 

Gaudí era consciente que su obra requeriría tiempos muy largos e intervenciones de diversos arquitectos y artistas, según épocas, gustos y tecnologías. Por eso no quiso establecer las técnicas constructivas; sabía que los progresos futuros sugerirían mejores soluciones. Por este motivo dejó terminadas algunas partes hasta los últimos detalles, de modo que pudieran servir de orientación para el futuro. En la guerra civil fueron destruidos los proyectos, pero quedaron sus palabras y sus sueños. “Sobre el altar mayor, explicaba, se adorará el Divino Crucifijo, en cuyo brazo vertical nacerá una vid, simbolizando las palabras de Cristo: “Yo soy la vid, ustedes las ramas. Quien permanece en mí y yo en ustedes, da mucho fruto…”

 

El artista japonés Etsuro Sotoo, apasionado por la piedra, dejó Kyoto en 1977 para radicarse en Barcelona como escultor. Con modestia reconoce cuál ha sido la clave que ha permitido continuar la obra sin un proyecto: no mirar tanto a Gaudí sino hacia dónde él miraba. “Unir estructura, funcionalidad y simbolismo es uno de los secretos de la obra de Gaudí que debemos aprender. En el mundo de hoy el auténtico simbolismo, aquel que puede orientarnos hacia nuestro destino, está ausente. El simbolismo da sentido a todos los materiales. El diseño de los símbolos es como la genética: en el mundo hay caos y Dios pone orden, según las primeras palabras de la Biblia. El simbolismo es el lenguaje con el cual Dios nos hace comprender el orden de las cosas”. 

 

Hoy como ayer, las piedras siguen hablando.

 

Publicado en Diario “Cambio” en la edición del 29 de octubre de 2010
 

Una propuesta atractiva: Educación para Jóvenes rurales
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
 
Entre las causas de la deserción estudiantil durante la enseñanza media, se señala la rigidez de un modelo único de liceo para todo el país. Con escasa flexibilidad para adaptarse a jóvenes con perfil social, económico y cultural diferente al escenario urbano.
 
Pero hay buenas noticias. En el pueblo Baltasar Brum (Dpto. de Artigas), con entusiasmo y trabajo, un grupo de adultos ha logrado congregar voluntades, jóvenes y familias, interpretando sueños que flotaban en el ambiente. En medio de condiciones adversas, como los caminos en mal estado. 
 
Las palabras del Presidente Mujica en Artigas, parecían recoger el pasado lunes esta expectativa. Habló de “un sistema de enseñanza sencillo, que le permita a los gurises generar oficios para pelear por la vida”. Es un capítulo de la deuda del país centralizado con las familias y jóvenes del norte.
 
En Baltasar Brum empezó algo nuevo; los programas liceales y de UTU se entrelazan. Un joven estudia la revolución francesa o el sistema solar al tiempo que aprende a esquilar.
La idea empezó con un grupo de hermanos jóvenes de la Sagrada Familia, que en el verano realizaron una misión en la zona.
 
Rumiando las desilusiones y expectativas juveniles, se acercaron al director nacional de UTU, Wilson Neto. Este, con ánimo receptivo, viajó, escuchó las necesidades y conoció historias de jóvenes desafiliados del estudio, sin horizontes, ante un muro al terminar cuarto de liceo.
 
Quedó planteada la conveniencia de poder sumar al liceo de Baltasar Brum el bachillerato agrario de UTU, que ya existía como carrera pero en el ámbito de UTU. Así, gurises que habían abandonado el estudio se reengancharon en un curso de carácter teórico-práctico. Fue la primera experiencia en el Uruguay, que se hacía en un lugar donde no funcionaba UTU. Dos organismos de enseñanza media unían esfuerzos para beneficio de jóvenes, familias y el país.
 
En el 2009 se iniciaron las clases en el aula enriquecidas con visitas a diversos establecimientos, donde el intercambio con productores y la confrontación con diversas modalidades de trabajo, concentran el interés de los jóvenes, tanto varones como mujeres que crecen en un clima de continuo intercambio, con docentes, productores, entre sueños y realidades y entre ellos mismos.
 
Entre las destrezas campestres con que se van familiarizando están el sistema de riegos, praderas y la invernada de corderos.
 
Personas e instituciones son eslabones de esta historia. Se firmaron convenios entre el liceo de Baltasar Brum y el SUL, con el apoyo incondicional del Ing. Agr. Jorge Aguerre. También con ONGs. (Fundación Logros, CEUTA, etc.) que ofrecieron a los jóvenes una formación complementaria. Resultó muy importante la figura articuladora de Mónica Sosa, veterinaria, alma mater de estos emprendimientos. Allí aprendieron cursos de esquila, acondicionamiento de lanas (tarea para la cual las manos femeninas están especialmente dotadas, si bien todavía las condiciones en los establecimientos rurales no permiten que se integren regularmente en las “comparsas” que realizan la esquila). Otro taller complementario fue la construcción de cocinas y calentadores solares (proyecto “Brum-Solar”), hilado y confección de jergones, ponchos, tejido y costura para mujeres, piscicultura, etc.
 
Estos logros son el fruto de sueños madurados con paciencia y sostenidos día a día por un grupo de personas pertenecientes a la comunidad cristiana y el Padre José, que atiende la capilla del pueblo. En el 2006 inauguraron un Hogar estudiantil que lleva el nombre del tercer obispo de Salto, Marcelo Mendiharat y que de lunes a viernes sirve de residencia para hijos e hijas de empleados rurales que trabajan en estancias. Están acompañados por una señora que, a partir de estos meses es pagada por la  Intendencia de Artigas y cuentan para la alimentación con el apoyo de INDA.
 
Allí los jóvenes encuentran un ambiente que estimula el  desarrollo humano, hábitos de colaboración y estudio junto a valores cristianos que completan un crecimiento integral.
 
Son logros que vale la pena destacar. 
 
Columna publicada en el Diario “Cambio”, edición del 1 de octubre de 2010

 

Rezar: ¿Evasión, alivio, riesgo?

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Las peripecias de los 33 mineros chilenos rescatados plantean la pregunta sobre la oración a Dios en las situaciones adversas y dramáticas de la vida.

Orar no es evasión. En los 69 días de encierro a 700 metros bajo tierra, el reducido espacio de convivencia fue testigo de lágrimas, esperanzas y clamores al cielo, que no dejaron de expresarse después del día 17º en que se estableció el contacto con el exterior. Los protagonistas reconocen y confiesan que la fe en Dios los conectó con un poder sobrehumano que irrumpe más fácilmente cuando fracasan  otros apoyos que brindan seguridad en la vida: familia, confort, libertad de movimiento, amistades, tecnología, o cualquier otro artificio. Cada uno, a su manera, contó con esa posibilidad de escuchar una voz que hablaba en el corazón durante las horas de tremenda incertidumbre, impotencia y espera. Algo parecido expresaron los sobrevivientes uruguayos de la tragedia de los Andes, cuando volvieron hace poco al trágico lugar, según la película “La sociedad de la nieve”.

Orar inspira confianza. El grito humano no se pierde en el vacío. El creyente sabe que la mano providente de Dios nunca abandona, pero la experiencia dice que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas y cálculos. Hace pocos días una noticia desde China mencionaba la tragedia de 11 mineros atrapados con escasas esperanzas de volver con vida, según afirmaron los equipos de rescatistas. Y en el sur de Ecuador hallaron sin vida a dos de los cuatro mineros que sufrieron un similar accidente a 150 metros de la superficie.

Orar alivia. Coloca a un ser humano limitado y sumergido en la angustia, en otras coordenadas donde ya no es la inteligencia humana la que domina por completo la situación. De un modo o de otro, en la respuesta favorable o en el más completo silencio el creyente sabe que no está solo y que un misterioso designio se va tejiendo aun en lo incomprensible y hasta absurdo. La semana pasada me tocó visitar la capilla de  Nuevo Berlín, en cuya cercanía hacía 13 años había caído un avión argentino que a raíz de un fuerte temporal perdió el rumbo y se estrelló con 77 personas a bordo. Los familiares que acudieron al lugar de la tragedia, con el corazón desgarrado elevaron oraciones por el eterno descanso de las víctimas. En lo absurdo también hay lugar para una oración.

Días pasados un hombre que perdió en un accidente a su esposa, hija y suegra, haciendo de tripas corazón, acabado el sepelio, agradeció a su suegra que lo recibió en su familia, a su esposa por los años de felicidad compartidos y a su hija de diez años.

Rezar muchas veces no modifica una situación pero cambia la actitud de quien vive horas de angustia. Quien ora se aproxima al borde de misteriosos caminos que no son fruto de la inteligencia ni de nuestros músculos. Orando aceptamos el presente doloroso y con el arco tenso de la fe atravesamos el espesor de los muros de este mundo, sostenidos por la certeza de que esta ceniza resucitará. Como dice el poeta minuano Olegario Núñez cantándole al cerro del Verdún: “Y en algún repliegue de tu serranía, mi humilde ceniza se estremecerá…”

Orar, cuando no es palabrerío o artificio mágico, implica riesgo para mi libertad. Lo aclaro con una anécdota. Durante unas jornadas de retiro espiritual, en el momento de la bendición de la mesa, se cantó: “¡Bendice Señor esta mesa y da también el pan a quien no lo tiene!”. Terminó el canto y el sacerdote italiano que dirigía las jornadas nos sorprendió diciendo: “Dice que ya lo mandó… y que está en….”. Quedaba claro que orar, interpela. 

Pedir la paz es disponernos a construirla y fomentar actitudes que la fortalezcan:  libertad, verdad, amor. Pedir pan para quien no lo tiene obliga a abrir los ojos y descubrir talentos que tenemos para multiplicar, de diversas formas, los panes para los hambrientos. Unos ofrecerán el pan de la educación, otros el de la solidaridad. Otros buscarán  criterios de justicia para dar a cada uno lo suyo, sin atropellar, sin robar, sin engañar. Otros se animarán a dar a sus semejantes en la familia o barrio la porción de amor y felicidad que rostros cercanos están esperando.

Publicado en diario “Cambio” del 22 de octubre de 2010

 

Algo saludable... Agradecer

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Cuando hablo de agradecer no lo limito a meras palabras de cortesía, como decirle gracias al que me deja el diario por la mañana o me sirve un café.

 

Disponerme al agradecimiento es ponerme unos lentes que me permiten descubrir que desde el nacimiento o mucho antes, desde que nuestros bisabuelos soñaron con venir a estas tierras no somos la suma de casualidades o méritos ganados únicamente con nuestro sudor. Si así lo pensáramos tendríamos un corazón ingrato, un perfil narcisista que nos hacen mirar al espejo y contar la historia al margen de todas las oportunidades, gracias y limitaciones que nos fueron modelando, a través de personas entrañables que nos dieron amor y que quizás no hemos agradecido como se lo merecen.

 

Los invito a esta saludable memoria, para descubrir los invisibles hilos de oro que tejen mi ser, mi cuerpo, mi conciencia, mis pensamientos, mis circunstancias familiares, de mi país, de mi iglesia o comunidad barrial a la cual estoy vinculado. Cuántas personas me han ayudado, en la educación, en becas para estudiar en lugares con excelentes profesores, cuántos creyeron en mí, cuántos perdonaron mis errores o soportaron mis caprichos, cuántos rezaron por mí desde que empecé a latir en el seno materno, cuántos han sido instrumentos de Dios providente a pesar de que muchas veces escondemos un corazón amargado mirando, como adolescentes insatisfechos, en lo que todavía no alcanzamos o no nos dieron,  en lugar de reconocer que es hora de dar y devolver tanto amor y beneficios que he recibido. 

 

Existen motivos, personas, acontecimientos pequeños y grandes, del mundo familiar o del ancho mundo, que han sido sorpresa o dolor, algo inmerecido e inesperado, una gracia singular. Y sería ingrato si hiciera un balance pensando en  logros y cualidades personales, ocultando miedos y cobardías, cuando prevaleció el miedo en lugar de la audacia, dejando enfriar o perder amistades. Los amigos que caminaron a mi lado, los que recuerdo y los que olvidé, los que viven y los que me miran desde la otra vida.

 

Dos psicólogos norteamericanos, R. Emmons y M. McCullough, afirman que ser agradecidos causa un estado subjetivo de “bienestar”, o sea, estar contentos con la propia vida.

 

A veces para indicar que alguien “está bien” se toman indicadores puramente exteriores (edad, inteligencia, salud, status social, bienes materiales, fama), considerados los lugares comunes del modelo consumista de la vida. Pero introduciendo un elemento más complejo e interior, como la predisposición a la gratitud, se advierte una conexión entre esa actitud y el “estar contento” de vivir. Las personas agradecidas tienden a ser felices. El sentido de gratitud permite, por ejemplo, mirar el futuro con mayor optimismo y serenidad, conteniendo miedos y recordando que hay motivos fundados y concretos por los cuales esperar.

 

Estos psicólogos dividieron a centenares de personas en tres grupos, asignando a cada uno trabajar tres semanas sobre algunas pistas. El primer grupo debía poner por escrito todo lo que había ocurrido durante el día, triste o alegre. El segundo debía registrar los sucesos desagradables de cada jornada. El tercero debía escribir un diario de gratitud. Concluido el experimento los técnicos quedaron sorprendidos. Los del tercer grupo (de las “buenas noticias”) resultaron mucho más enriquecidos por esta experiencia bajo varios aspectos: cognitivo, afectivo, somático y espiritual; las personas eran más capaces de empatía, de atención a los problemas de otros, tenían menos envidia y se mostraban abiertos a la dimensión espiritual. Incluso lograban dormir mejor.

 

Los investigadores observaron que los “agradecidos” se volvían más optimistas, capaces de entusiasmarse por las cosas y los aspectos negativos no los deprimían ni causaban estrés.

 

¿Por qué la gratitud contribuye a estar contentos de vivir? Porque ayuda a cambiar la mirada o actitud. “Todas las cosas parecen mejores cuando son vistas como regalos” decía Chesterton. Cosa que no le ocurre al depresivo, que siempre tiende a desplazar su tristeza sobre diferentes cosas.

Probemos si es así.

 

Columna publicada en el Diario “Cambio” el 8 de octubre de 2010

 

Jóvenes. Deserción y riesgo social

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

El domingo pasado encontré a un amigo, docente en un liceo de la ciudad de Salto. La charla puso ante mis ojos datos alarmantes sobre la deserción estudiantil.

 

Un primer año de liceo arrancó con 32 alumnos y hoy,  fines de setiembre, son 12. Abandonaron veinte y de los que quedan, unos cuantos tienen varias materias con notas bajas con peligro de repetición.

 

La deserción no es sólo un dato local. Según ANEP (año 2005) “Uruguay no transfiere sus logros educativos de primaria al nivel medio”. Inclusive, el más destacado logro desde el punto de vista social, que ha sido la incorporación de los niños de 4 y 5 años en forma masiva y rápida al sistema, queda desdibujado por lo que ocurre en la educación media.

 

La deserción es un importante botón de muestra de otros  aspectos sociales. Por ejemplo, los desertores del nivel medio son en su mayoría  quienes antes fueron repetidores en Primaria;  otras veces la condición de desertor está muy asociada a la condición de pobre. En este caso, estaríamos ante una fuerte desigualdad según su origen social.

 

Ya en 2001 se dispuso de datos sobre la magnitud del problema. Katzman y Filgueira vieron en el problema de la deserción el preámbulo de una clara  situación de riesgo social y lo definieron como el nudo gordiano de la reproducción intergeneracional de la pobreza. En efecto, el abandono del sistema  educativo constituye el momento en que el niño o el joven queda desconectado de su gran oportunidad de integración a la sociedad y del aprendizaje de las reglas o códigos de convivencia ciudadana. Nació pobre y seguirá siéndolo! 

 

La deserción educativa es una de las mayores amenazas que afectan la inclusión social a través de su principal herramienta que es la educación. Nos encontramos ante una situación de riesgo social para niños y jóvenes, que según lo definen Kaztman y Filgueira, son “todas las situaciones que pueden frenar o impedir la acumulación de los activos requeridos para una adecuada inserción  en la sociedad”. O sea, jóvenes que no estudian ni trabajan, en la mayoría de los casos, se desvinculan de las redes ciudadanas y caen más fácilmente en la marginalidad. 

 

Comparando datos del Cono Sur, tenemos que la cantidad de varones de bajos ingresos que había abandonado los estudios a los 15 años, en 1997, era: en Argentina el 21%, en Chile el 18,3% y en Uruguay era el 43,9%.

 

¿Dónde están las causas de la deserción o desafiliación? A veces es la necesidad económica del hogar y la búsqueda inmediata de empleo, aunque se ha comprobado que la mayor parte de los desertores no trabaja o pertenecen a la categoría de inactivos.

 

Pero la forma en que se desarrolla la educación fomenta también la predisposición al abandono. Entre los múltiples factores que inciden sobre los aprendizajes que logran los estudiantes están: a) el marco legal y la forma institucional que asume la enseñanza; b) la zona geográfica en que se encuentra el estudiante y su centro de estudios; c) los planes de estudio y las formas de evaluación que se aplican; d) la historia escolar de cada estudiante: logros y fracasos; e) el contexto sociocultural escolar o sea el nivel medio del grupo y de la escuela; f) el clima educativo del hogar; g) el conjunto de creencias y valores que rodean al estudiante, sobre todo las relativas a las expectativas sobre su desempeño (de sus pares, familia o adultos que lo rodean); h) el género: en muchos casos las estudiantes mujeres aventajan a los varones.

 

A pesar de algunos logros a nivel de educación primaria, como las Escuelas de Tiempo Completo, las Escuelas de Contexto Socio Cultural Crítico, permanecen serias dificultades, como la repetición en el nivel primario, que se mantiene como la más alta de A. Latina. Entre las múltiples causas de la deserción se mencionan: que exista un solo tipo de liceo, el pasaje brusco entre primaria y secundaria, la alta rotación de docentes y el ausentismo docente.

 

Mientras tanto podemos preguntarnos: ¿qué puedo hacer para alentar al estudiante desanimado que tengo a mi lado?

 

Agradezco a la Dra. A. Aristimuño, decana de la Facultad de Ciencias Humanas de la Univ. Católica, el trabajo que me envió sobre esta realidad.

 

Columna publicada en el Diario “Cambio”, del 24 de setiembre de 2010

Gran Bretaña
Optimismo ante visita papal


Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Reino Unido 2010Visita anhelada y con desafíos. Benedicto camina guiado por su fe y una sabiduría humilde que busca la verdad sin la arrogancia del soberbio. Mantiene la serenidad del Cardenal Ratzinger, con la que desapercibido entre la gente, atravesaba diariamente Plaza San Pedro, de ida y vuelta entre su apartamento, fuera del recinto vaticano y las oficinas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Piazza Sant´Uffizio. Humildad y audacia lo acompañan.

Una de las expectativas es el acercamiento con la iglesia de Inglaterra, de la cual la reina Isabel II es la jefa oficial y que desde el pasado 12 de julio, experimenta tensiones a raíz de la reñida votación favorable a la ordenación de mujeres obispo, que deberá ser refrendada dentro de un año. La comunión anglicana está compuesta por treinta y ocho provincias independientes, de las cuales Inglaterra es una. Algunos grupos disidentes de esta comunión han pedido ingreso en la iglesia católica.

El camino hacia la unidad es largo y desde el viaje de Juan Pablo II de 1982 se encaminó con creciente cordialidad. Con frecuencia se encuentran católicos y anglicanos para rezar y compartir iniciativas caritativas. El año pasado me invitó una parroquia anglicana de Londres a participar en un encuentro de obispos para conocer una experiencia de evangelización llamada Alpha, y que propone un camino de vuelta a la fe para gente adulta. Una mañana nos invitó el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams a la oración de la mañana seguida de un desayuno.

En el mismo camino, en la noche de hoy habrá una celebración ecuménica en la Abadía de Westminster que contará con la participación de representantes de muchas otras tradiciones cristianas de Inglaterra, Escocia y Gales.

La preocupación por la unidad estará también presente en la ceremonia en que un cardenal inglés, John Henry Newman, nacido en Londres en 1801, será declarado beato, o sea, la etapa previa a la declaración de “santo”, o sea, cristiano que vivió la fe y la caridad en grado heroico.

A los 15 años, Newman vivió una experiencia fundamental; tocó un fundamento absoluto y luminoso de su vida que para él era autoevidente: yo y mi creador. Regresará siempre a esta experiencia, cuando se le presenten momentos críticos.

El lento camino de Newman hacia la iglesia católica culminó a sus 45 años en que pidió ser aceptado en la iglesia católica. Los anglicanos lo consideraban un traidor mientras los católicos lo miraban con cierta desconfianza. Escribió: “¡Oh, qué triste y solitaria ha sido mi vida desde que soy católico!”. Pero jamás traicionó su conciencia. “Vivir es cambiar, y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”.

La conversión al catolicismo no fue para él cuestión de gusto personal. Le importaba más obedecer a la verdad, incluso contra el propio sentir, que seguir el propio gusto y los vínculos de amistad o los consensos dentro del grupo. En esta formidable coherencia coincide con Tomás Moro, mandado asesinar por Enrique VIII, de quien había sido canciller, no queriendo traicionar su propia conciencia ante los caprichos del rey.

Newman escribiendo al duque de Norfolk expresa su total coherencia: “Si yo tuviera que brindar por la religión, lo cual es altamente improbable, lo haría por el Papa. Pero en primer lugar por la conciencia. Solo después lo haría por el Papa.” Para este gran hombre, la fe no era de tipo fundamentalista sino adhesión a través de una dolorosa síntesis entre autoridad externa y subjetividad interna, cuyo punto de conexión es la verdad.

Tony Blair admira el coraje intelectual de este inglés, destacando en él la adhesión a la verdad como primer valor. “Oh luz amable, guíame por entre las tinieblas que me envuelven, condúceme; es noche oscura, lejos del hogar, condúceme”, rezaba Newman.

El embajador británico ante el Vaticano manifestó optimismo ante esta visita:

“Creo que la gente descubrirá a un personaje cálido e inteligente, en una visita llena de gestos de acercamiento. Para mí el momento más emotivo tendrá lugar el viernes por la tarde, a las 5 en punto, cuando tome la palabra en el Westminster Hall, en el lugar en que fue condenado a muerte Tomás Moro.”

Columna publicada en el Diario “Cambio”, el 19 de setiembre de 2010

 

Universo

¿Azar o diseño inteligente?

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

Solemos preguntamos: ¿cómo nació y evoluciona el Universo? ¿puro azar o una inteligencia guía la evolución?

 

En su reciente libro “El gran diseño”, el físico británico Stephen Hawking  afirma que Dios no tiene lugar en las actuales teorías científicas sobre la creación del universo.

 

Este científico sobrepasó la ciencia real metiéndose en el cientifismo o corriente intelectual según la cual las ciencias experimentales son capaces de resolvernos todos los problemas y satisfacer todos los deseos, aun los más espirituales.

 

Pero otros científicos, creyentes o sin afiliación religiosa, no piensan como Hawking. Por ejemplo Evandro Agazzi, Presidente de la Academia Internacional de Filosofía de la Ciencia, afirma que el azar no puede explicar la existencia del mundo. Quienes quieren explicarlo todo a partir de alguna ciencia positiva, añade, caen en una actitud reduccionista que en realidad es anticientífica.

 

Thomas Glick, especialista en Historia de la Ciencia de la Universidad de Boston, critica a los “fundamentalistas del materialismo” que se fabrican una especie de religión.

 

Werner Dekker, especialista holandés en biofísica molecular, recuerda que “el método de la ciencia por sí mismo no es cristiano ni ateo. Ciencia y religión no están en conflicto. Y la ciencia en sí misma encaja muy bien con la visión cristiana de mundo”.

Francis Collins, director del proyecto Genoma Humano, dijo: “Creo que el Universo fue creado por Dios. La existencia de un Dios es la única interpretación racional válida para explicar la naturaleza que observamos. A Dios puedo encontrarlo tanto en el laboratorio como en una catedral. Tengo una Biblia en mi mesa de trabajo.”

 

Los documentales sobre “El Origen del Hombre” (www.goyaproducciones.com) denuncian la manipulación de la ciencia, haciéndole decir lo que no dice. La serie señala los excesos del ateísmo ideológico y de los fundamentalistas, que hacen una lectura literal de cada frase de la Biblia.

 

El azar no explica nada. Así pensaba Einstein al decir: “Dios no juega a los dados”. Para él no hay lotería, simplemente no se conocen las variables ocultas. Vislumbraba en el universo una inteligencia superior infinita.

 

¿Hay o no un diseño que guía la evolución del universo? ¿O los dados  juegan solos? ¿No es esto una ingenuidad? ¿De dónde salieron las leyes que regulan la evolución de las especies, el movimiento constante y periódico de los astros y las variadísimas manifestaciones de la vida en el universo? 

 

El Big Bang, que dio origen a nuestro universo, ocurrió según unas leyes pre-existentes. ¿Puestas por quién? Ya que todo efecto requiere una causa.

 

El arzobispo de Canterbury criticó a Hawking por sus declaraciones en las que considera “superfluo” pensar en Dios como creador del universo.

"La física por sí sola no resolverá la cuestión de por qué existe algo en lugar de nada". Dios no es un  “tapa-agujeros”, aludiendo con esta imagen  a las numerosas incógnitas sobre el origen del universo y la vida. Creer en Dios es aceptar que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe.

"La ciencia desarma las cosas para ver cómo funcionan; la religión las junta para ver qué significan. Son dos tareas intelectuales distintas. Incluso ocupan diferentes hemisferios del cerebro."

 

Todos los científicos admiten que nuestro universo nació de aquella gran explosión o “Big Bang” y la ciencia moderna está en grado de contar minuto a minuto toda la película del universo que se disparó a partir de aquel lejanísimo acontecimiento ocurrido hace aproximadamente 14 mil millones de años.

 

La tesis de Hawking, opina Montaner, columnista de El País, aumentará el número de  agnósticos, -esos que viven titubeando frente a verdades o certezas,-. Para él sería la actitud más recomendable en sociedades con fundamentalismos religiosos. Los científicos creyentes que mencioné se extrañarían. También yo. La inteligencia es un instinto que apetece la verdad y se frustra cuando flota en la eterna duda. Como si alguien no tocara el dinero porque muchos lo han ensuciado con  sangre inocente y explotación.     

 

 

Fuente: Diario “Cambio”, 10 de setiembre de 2010

 

¿Una o muchas vidas?

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Hace pocos días escuché a una señora decir que una compañera de trabajo estaba muy interesada con la idea de la reencarnación.

 

Según esta creencia del hinduísmo, después de la muerte el alma de cada uno va a habitar otro cuerpo humano o un ser inferior (animal o vegetal) de acuerdo a la ley llamada “karma”. También el budismo profesa algo semejante, pero sin otorgarle identidad personal. Esta creencia, muy extendida en las religiones orientales, también es sostenida por la religión afro-brasileña y espiritista Umbanda. Entre las finalidades de la reencarnación, según los umbandistas, estaría la enmienda del pasado y el progreso y realización de misiones importantes.

 

En muchas ciudades de Occidente han desembarcado cientos de  gurúes que difunden e inician en estas creencias; otras veces también son conocidas a través de la práctica del yoga, no en cuanto posturas corporales sino en cuanto ideas que en el curso de tales sesiones, a veces, se proponen.

 

La idea de escribir esta columna se me avivó cuando leí que la actriz Julia Roberts se había convertido al hinduismo tras haber participado en la película “Comer, rezar, amar”, rodada en parte en India. “Soy hinduista practicante” dijo, añadiendo que la película fue ocasión para ahondar su interés por la meditación yoga y la práctica religiosa en los ashram o espacios donde se imparte la enseñanza del hinduismo.

 

Soy respetuoso de las personas con otras creencias. Y veo este hecho como un claro signo de que todos los seres humanos estamos “abiertos” a la dimensión religiosa, aunque muchos lo olviden, repriman  o lo vivan alternando con otros intereses y proyectos.

 

La reencarnación no es compatible con la fe cristiana, de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, según el cual al final de nuestro único recorrido vital, habrá un juicio y una eternidad, conforme a nuestras obras, puestas en la balanza por un Dios justo y misericordioso. Este final le imprime a nuestra vida un carácter único.

 

Estas ideas de algunas religiones, también pueden analizarse desde la filosofía. Julián Marías dice que el aspecto irrepetible de la vida humana podría expresarse así: “los días contados” y que esto nos obliga a tener que acertar. Es que si la vida fuera interminable no sería importante errar, porque el tiempo perdido sería indiferente; siempre quedaría otro capítulo para rectificar o volver a empezar.

 

Pero no sólo se trata de tener “los días contados”; también los tenemos, de algún modo, ordenados. Los días de la vida, dice Marías, más que al dinero se parecen a los cupones en las épocas de racionamiento. Si la riqueza es ilimitada (pensemos en la suposición bastante común que reinaba hasta hace algún tiempo de que las fuentes energéticas y los recursos naturales, como por ejemplo el agua, eran inagotables), no importa errar en lo que se compra con ella; si no sirve o no gusta, se descarta y se compra otra cosa. Pero si los recursos son limitados, esto no es posible. Cuando hay cupones de racionamiento,  concluye Marías con su ejemplo, no basta el dinero: hacen falta los cupones asignados a cada posible gasto, y si los he consumido ya no hay posibilidad de rectificación.

 

Cada porción de la vida gravita sobre todas las demás, de tal modo que cuando nos jugamos un fragmento de la vida, en cierta medida nos estamos jugando la vida entera. La vida es pues irrevocable. Aunque resulta curioso, comprueba  Marías (antes de conocer los play station) y  seguramente coincidirán muchos lectores de esta columna, nuestra época tiene una tremenda resistencia a aceptar la irrevocabilidad de la vida. El hombre actual no quiere que nada sea irrevocable (los años, envejecimiento, matrimonio, los votos religiosos…). “Lo malo es que esa resistencia es bastante inútil, porque nos guste o no, es así, y cuando se intenta contrariar esta condición, en primer lugar se desvaloriza aquello que se pretende hacer revocable.”

 

Termino citando a la Madre Teresa que por haber vivido largos años en Calcuta,  responde a esa concepción de la vida como sucesivas reencarnaciones. “Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.”  

 

Columna publicada el domingo 20 de agosto de 2010 en el diario “Cambio”

 

Educar para la inclusión

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

Las naciones latinoamericanas, que han consignado solemnes declaraciones de derechos humanos en sus constituciones, no pueden ocultar que en su población hay sectores significativos de ciudadanos que parecen vivir por fuera de las redes sociales continentadoras. Son marginados, desplazados, migrantes o campesinos sin tierra, que buscan sobrevivir en la economía informal.

 

La asamblea de obispos de nuestro continente, celebrada en Aparecida (Brasil) en  2007, registró algunos de estos grupos: los que pasan hambre o viven en la miseria, los portadores de VIH-SIDA  excluidos de la convivencia familiar y social, las víctimas de la violencia, terrorismo, conflictos armados e inseguridad ciudadana, los ancianos que se sienten excluidos del sistema productivo que además se sienten con frecuencia rechazados como personas incómodas e inútiles.

 

“Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente explotados sino sobrantes y desechables.” (Documento Aparecida, N. 65)

 

En algunas regiones de nuestro continente estos grupos humanos que no gozan de una adecuada inserción social, están conformados por amplios sectores de poblaciones indígenas y afroamericanas, cuya historia está atravesada por una exclusión social, económica, política y sobre todo, racial. Sufren discriminación  laboral, déficit educacional y desvalorización de sus expresiones culturales y religiosas.

 

Cabría la pregunta qué responsabilidad nos toca a quienes los miramos desde la vereda de enfrente y nos consideramos informados y educados, quejándonos –como buenos uruguayos- por  lo que aún no hemos alcanzado.

 

El fenómeno multicausal de la exclusión será abordado en la próxima cumbre iberoamericana a realizarse a fines del presente año en Mar del Plata, Argentina. Y el eje de sus debates tratará de explorar el papel de la educación como herramienta para llevar a un mayor grado de inclusión en el ancho campo de los derechos y deberes de una ciudadanía activa.

 

El siglo XXI está signado por el acceso al conocimiento. Los progresos tecnológicos del planeta son excepcionales y vertiginosos. Sin embargo, las cifras sobre la gente son inquietantes. El planea podría producir alimento para una población mucho mayor que la actual, sin embargo mil millones de de  personas padecen hambre. Las reservas de agua existentes podrían permitir suministrar agua potable a toda la población, sin embargo mil doscientos millones no tienen acceso a agua limpia. Tener un inodoro y sistemas de saneamiento es fundamental para una vida digna. Sin embargo dos mil seiscientos millones de personas carecen de ellos, lo que los lleva a una vida dura que afecta gravemente su salud. El déficit de agua y saneamiento podría reducirse a la mitad con sólo el presupuesto militar actual mundial de cinco días.

 

Todo esto en medio de la clonación de animales, los sofisticados aparatos electrónicos, computadoras de bolsillo, la biblioteca digital universal y otras maravillas de la tecnología. Son estas algunas pinceladas presentadas en el reciente libro “Primero la gente” escrito por el premio nobel de economía, Amartya Sen y Bernardo Kliksberg, asesor de organismos internacionales, activo militante de la comunidad judía y defensor de los valores éticos de honda raigambre bíblica y consistencia  ética.

 

Las desigualdades en el planeta resultan estridentes. El 10% más rico tiene el 85% del capital mundial mientras que la mitad de toda la población del planeta sólo el 1%.

 

El panorama de América Latina en lo referente a la deserción y repetición en etapa liceal, algo dramático en nuestro país, muestra que está concentrado en los sectores de menores ingresos. La mayoría de los jóvenes de extracción humilde van quedando por el camino. En el 20% más pobre sólo termina la secundaria un joven de cada cinco. En el 20% más rico son cuatro de cada cinco. 

Aún queda mucho por hacer.

 

Columna publicada el viernes 13 de agosto de 2010 en Diario “Cambio”

 

Mensajes opuestos

Natalidad o Envejecimiento

 

Columna de Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

Dos iniciativas recientes del actual gobierno proponen mensajes opuestos. Por un lado  facilita y abarata la píldora anticonceptiva. Por otro, el Presidente  se alarma ante nuestra tasa de natalidad, la “más paralizada” de América Latina. Un invierno demográfico, como ya se ve en países avanzados, donde hoy hay más féretros que cunas.

 

Alguien dirá: a unos dice A y a otros dice B; eso es gobernar. Pero cuando A y B salen de una misma persona y ministerio, cabe la duda sobre la verdad y coherencia de sus dichos. Como una madre que dice a su hija: usá anticonceptivos todas las veces que quieras; pero también se lamenta porque faltan niños en las escuelas y los jóvenes se desalientan en un ambiente manejado mayoritariamente por la gerontocracia.    

 

Se calcula que en el 2040 los mayores de 64 años pasarán a ser más que los menores de 15.

 

Otra consecuencia del envejecimiento poblacional es el deterioro de la solidaridad entre generaciones: crecen los jubilados y los activos que siguen aportando disminuyen.

 

Nuestro Presidente ha creado un grupo interministerial, coordinado por el Ministerio de Salud Pública para proponer políticas adecuadas. Pero ya largó algunas ideas, como la de fomentar la radicación de indígenas ecuatorianos y atraer a jubilados extranjeros. La cuestión no es tan sencilla. Poblar no es sólo trasplantar. ¿Cómo se integraría una colectividad indígena, con alta tasa de fecundidad y cultura autóctona, con  poblaciones locales? 

 

El gobierno habla de medidas audaces. Lo expresó el ministro de Trabajo Eduardo Brenta el 1º. de mayo en cadena de radio y televisión: “La situación demográfica del país exige medidas audaces para promover el incremento de la natalidad”. Informó que el gobierno está revisando el subsidio por maternidad para “extender los plazos vigentes, igualar la situación de las trabajadoras públicas y privadas y mejorar la calidad de las prestaciones.”

 

Fomentar la natalidad requiere pensar en la mujer y la maternidad, la etapa del embarazo, del parto, del  amamantamiento y la educación de los hijos. En un congreso al que asistí, decía una mujer, profesora en la universidad de Oslo: “Después de haber alumbrado por primera vez, me dije: ahora no temo a nada y puedo hacer todo”.

 

Alcanzar esta meta resultará de la conjunción de muchos componentes, empezando por la defensa sin titubeos de la vida que se inicia naturalmente en el seno de una madre desde el primer día. Natalidad, maternidad y familia tienen que caminar juntas. Necesitamos enfoques globales sobre la vida humana, donde sexualidad y procreación no se presenten necesariamente desconectados. Necesitamos fortalecer la familia y las organizaciones de la sociedad civil como también instrumentar mecanismos para acompañar conflictos familiares. Necesitamos ampliar redes solidarias desde la etapa escolar hasta el fin del ciclo liceal, para asistir a niños y jóvenes en el estudio, el deporte y el tiempo libre.  Necesitamos educadores que ayuden a encarar las preguntas vocacionales, inquietudes espirituales y la educación sexual no sólo como mecanismo biológico y autocomplaciente sino como expresión de un don y un compromiso de amor que cuida y acompaña.

 

¿Cómo compaginar las propuestas a favor de la natalidad con  otra iniciativa tendiente a la facilitación masiva de anticonceptivos? El doble discurso hace perder credibilidad. En un piso proponen una cosa y en otro la contraria.

Además, el Presidente Mujica, no estaría dispuesto a vetar la ley de despenalización del aborto, en caso de que el parlamento la aprobara.

 

Durante una bicicleteada en el Cerro y Casavalle, Mujica aprovechó para agradecer a las madres su coraje por traer niños al mundo. Una solución radical, tan vieja y tan nueva, tan natural y tan urgente. Señales de aprecio, estímulo y aliento a las madres y a las familias que verdaderamente “hacen patria” con cada hijo que aceptan traer al mundo y educarlo.

Un planteo transparente e integral, con solidaridad y con verdad, debería poner las cartas sobre la mesa, tratando de atenuar las incongruencias de otras propuestas simultáneas.

 

 Diario “Cambio”, 18 de junio de 2010

¡ARRIBA LA CELESTE!
FÚTBOL, METÁFORA DE UN PAÍS

Escribe: Mons. Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Morir en la capital

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
Columna publicada en el Diario “CAMBIO” del viernes 28 de mayo de 2010

 

 

Un amigo me llevaba el domingo pasado desde la terminal de Paysandú hasta la parroquia San José Obrero donde iba a confirmar a un grupo de jóvenes y adultos. En el trayecto le pregunté por su hijo mayor que este año fue a estudiar a Montevideo.

 

Con pocos trazos me pintó la desigualdad de oportunidades de los jóvenes del interior que tienen capacidades y desean estudiar. Una equidad efectiva significaría una valiosa oportunidad de crecimiento profesional para ellos y un beneficio para el país, además de un alivio para los padres que los respaldan en todo sentido.

 

Sobre descentralización ya hemos oído bastante. El tiempo político de las declaraciones creo que se agotó. Igualmente el de los proyectos elaborados por técnicos pero que, por razones desconocidas para la mayoría, no se activan con celeridad. Con un impulso de generosidad y audacia, renunciando a parcelas de poder político y económico, redistribuyendo los recursos presupuestales en beneficio de los contribuyentes de todo el país y apurando trámites encajonados en los laberintos de la burocracia, los plazos seguramente se acortarían. Para bien de muchos jóvenes embalados por la sana impaciencia propia de la edad, que perciben que las respuestas no llegan cuando las necesitan.

 

Es cierto que el estado uruguayo intenta moverse y ha dado algunos pasos, como es el caso de las alcaldías, que por el momento generan más expectativas que realidades en los lugares donde se votaron.

 

En nuestro Departamento, este año un grupo de jóvenes, familias y sectores de la sociedad se sintieron defraudados cuando poco antes del inicio de la carrera de Medicina en Salto, llegó la noticia de que todavía no estaban dadas las condiciones.

Es cierto que salir del pago puede ser beneficioso, como también lo es, especialmente en algunas ramas de la ciencia, el intercambio continuo de quien estudia con la realidad social, laboral, científica y cultural que lo rodea. La academia y la vida cotidiana no pueden divorciarse. Gráficamente lo hacía el gran Aristóteles acompañado por sus discípulos, que leía y enseñaba deambulando por los pórticos del Liceo de Atenas.

 

Este amigo, que es profesional y conoce por propia experiencia el tema, me comentaba los gastos que demanda su hijo que empezó la carrera de psicología dependiente de la Universidad de la República en Montevideo.

 

Mandar un hijo a Montevideo puede tener ventajas pero también tiene costos, empezando por un lugar donde vivir. Ellos optaron por una residencia católica  que les sale cuatro mil pesos al mes. A lo que hay que sumarle gastos diarios de transporte que ascienden a doscientos pesos por día. Dos veces por mes el hijo viaja para estar con su familia y amistades. En total son unos once mil pesos por mes.

 

El próximo año viajará el segundo varón que se inclina por la carrera de biología. Y atrás viene un tercero. La situación lo ha llevado a plantearse varias preguntas a él y su esposa.

 

La llegada de las XO a los chicos de escuelitas de ciudad y campaña fue un avance muy promocionado. ¿Por qué, entonces, no habilitar carreras donde algunas materias puedan cursarse por internet? ¿O habrá que esperar que estos chicos lleguen al nivel terciario o que algunos de ellos lleguen un día a la docencia? Otra inquietud es que la permanencia en la capital aumenta las chances de que los jóvenes elijan quedarse en Montevideo. Nadie puede oponerse a esta probabilidad. Pero también es bueno que una carrera cursada en el interior pueda ayudar a explorar nuevos horizontes de aplicación en  ambientes distintos a la capital.

 

La descentralización tiene mucho camino por andar en este nivel de la enseñanza. Un estudiante de Montevideo puede darse el lujo de hacer una carrera de seis en diez años, mientras trabaja o hace otras cosas. Las distancias para él no cuentan.

 

Este padre, además, no se explica los insólitos horarios de su hijo: lunes sin clase, martes dos horas, los demás días con muchas horas libres.

“Cuando quieras estudiar morís en la capital. Cuando quieras progresar morís en la capital”, cantaba Pablo Estramín.

 

Aclaración: quien esto escribe nació y vivió en la capital algo más de tres décadas.

 

“Piqueteros”. Negación como actitud

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Asambleístas radicales de Gualeguaychú -“piqueteros”- decidieron seguir con el corte del puente; porque es lo que más molesta.

 

Conocido el dictamen de La Haya continúa el bloqueo mental. ¿Cómo es posible  tal estado de negación y miopía? Lo afirmo mirando desde esta orilla y acepto que todos usamos lentes para mirar la realidad. Lo que importa es darnos cuenta de los filtros que usamos para mirar y juzgar.

 

El viernes pasado en Fray Bentos, en una reunión convocada por el párroco anglicano, los asambleístas defendieron su posición. 

 

La consistencia de una realidad, sea cual sea, puede ser afirmada como negada. En el segundo caso estaríamos ante el mecanismo de negación o “Verneinung” estudiado por el psicoanálisis. Cada uno podría contar sus propias resistencias.

 

Una historia de superación dolorosa de la negación la encontré en el novelista italiano Giuseppe Pontiggia, entrevistado sobre su novela “Nati due volte” (Nacidos dos veces).

La novela es la historia verdadera del hijo de Giuseppe, discapacitado desde que nació pero vencedor de una batalla por la propia dignidad en la cual tuvo como enemigo al propio padre, que después llegó a ser su mayor aliado.

 

Pontiggia confiesa: “el esfuerzo más radical que tuve que hacer para escribir Nati due volte ha sido respetar la realidad inexorable”. Tuvo que aproximarse a ella aceptando su propia condición mental y afectiva de “discapacitado”, negador de lo que no encaja con una idea preconcebida. 

 

La actitud realista es el punto de llegada de un largo camino. Admite que en la primera etapa de su producción literaria domina el tema de la fuga de la realidad. Su primera novela (La morte in banca) plantea la fuga de la cotidianidad; el protagonista no tolera el mundo en que vive y se escapa hacia una secreta vida intelectual: la verdadera vida comienza después del trabajo, cuando puede dedicarse a tareas más satisfactorias. Pero la madurez consiste en aceptar que las dos vidas son una sola realidad. De lo contrario muchas horas diarias quedan en la zona gris, rutinaria e improductiva. 

 

Su segunda novela, (El jugador invisible) es sobre una persona ausente; otra forma de fuga. El tema es la falta de realización y la lucha con un enemigo desconocido que está dentro de nosotros. El protagonista se suicida por el “no” de una mujer, pero antes escribe una carta anónima, signo de un estado adolescente que no logra superar. Los otros reconocerán el signo de una vida frustrada: un malestar agudo en el que sucumbe.

 

El tema de la fuga y la ausencia experimenta una metamorfosis decisiva en otra novela (La gran noche) que habla de un hombre que desaparece cortando todos los vínculos con su vida.

Una desaparición voluntaria y definitiva. Al final de esta larga búsqueda sobre la fuga, una cosa quedó clara: que un hombre no existe fuera de los vínculos reales que lo sostienen.  

 

Río para no llorar o ironías del destino, se suele decir. Mantener los opuestos: el llanto y la risa, ha sido siempre su ambición, en especial encarando el tema tan cercano a su vida como en “Nacidos dos veces”.

 

Antes de escribir esta novela publicó “Vida de hombres no ilustres” reuniendo biografías de personas comunes. Aquí Pontiggia renunció a todo tipo de fuga, aceptando la peripecia humana con sus límites, desde el nacimiento a la muerte. No es que estos personajes no conozcan el declive hacia la negación. Pero él ha preferido narrar esas historias desde la antítesis de la fuga. 

 

Quien acepta la realidad o su destino hasta el fondo, asume una postura religiosa, haciendo coincidir libertad y obediencia. A partir del hecho más asombroso que “el verbo se hizo carne”, (Juan 1,14), asumir la realidad es condición para  transformarla.

 

 Hay formas evasivas de alejamiento de la realidad: droga, juego, etc. Los piqueteros han elegido el camino de la negación, borrando lo que están mirando y cortando caminos de comprensión. Así no pueden integrar lo que demonizan, porque el mal está en la otra orilla. 

 

Termino con la oración de la serenidad que resume lo que intenté exponer:

 

“Dios mío, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar las cosas que puedo. Y sabiduría para conocer la diferencia.”

 

Publicada el 21 de mayo de 2010 en el Diario “Cambio”

La vida y sus rituales

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

El largo ritual electoral de los uruguayos ha terminado. Ahora le toca a quienes han sido elegidos preparar sus equipos de gobierno y poner en práctica sus promesas.

 

Mientras tanto los ciudadanos volvemos a las rutinas. Quiero conversar sobre la importancia de otros rituales sociales, familiares y personales que entretejen,  dan ritmo y chispa a las rutinas cotidianas.

 

Menciono algunos rituales sociales que tienen sus lados débiles: el ritual casi compulsivo de comprar y cambiar, alimentado por campañas que proponen fechas y oportunidades.

 

Otro ritual son los espectáculos deportivos, donde la competencia, los periodistas, la televisación, algunas cifras astronómicas que se manejan en los pases, etc. consumen energías.

 

Tanto el comprar como el presenciar un partido de fútbol son ocupaciones que hoy están incorporadas en la vida social. Y si no es el fútbol es el basquetbol y si no es el torneo uruguayo son los goles de los nuestros en el extranjero. Y si no es por el día de la madre será por algún cumpleaños, que el ir a ver vidrieras, elegir y comprar es una ocupación habitual. Además de las necesarias y diarias relativas a la comida y atención de la casa y los hijos.

 

Pero están los rituales relativos al trabajo, al seguimiento de los hijos en sus estudios y en aspectos de salud, como vacunaciones y visitas al médico.

 

También en el amplio campo de la vida social tenemos los rituales de fechas patrióticas que reavivan nuestro sentimiento de pertenencia a un espacio social y cultural común y nuestro agradecimiento a los padres de la patria, que todo hijo o hija de esta tierra debe despertar en su pensamiento.

 

Pasando a los rituales familiares, están las fechas y aniversarios, que pueden ser ocasión de agradecer, hacer una oración, expresar nuestro afecto, hacernos el tiempo para acompañarlos. Hay veces en que la familia participa en el ritual de un nuevo nacimiento, reafirmado después cuando los padres eligen bautizarlo, que sirve para enfatizar que la vida no está guiada por la casualidad ni fuerzas extrañas sino por un Dios Providente que cuida de una pequeña flor que hoy es y mañana se marchita y cuánto más se preocupa de cada uno de nosotros.

 

Pero hay tiempos difíciles en la familia, cuando aparece una enfermedad o un mayor entra en una etapa terminal. Y la familia rodea a quien vive ese trance.

 

Los gestos de acompañamiento deberían intentar la mayor transparencia, evitando mentiras, como decir al que le han pronosticado un fin inminente: no te preocupes, vas a sanarte y vamos a comer un asado juntos!

 

Pero entre los rituales familiares están también los momentos del comienzo de la mañana. Cuando un niño o niña corren a la cama  de sus papás para darles un beso y la madre le pregunta cómo durmieron. Y si son padres cristianos los invitan a hacer la señal de la cruz y confiarnos en que el día arranca bien cuando ponemos nuestra confianza en el Padre que está en el cielo de nuestro corazón.

 

Otro momento, que recuerdo en mi niñez es el de ir a dormir. Mi padre entraba al cuarto de los cuatro varones que dormíamos en cuchetas, nos cantaba algún canto de iglesia que sabíamos de memoria y con esos buenos pensamientos y alguna mímica nos despedía.

 

Entre los rituales familiares recuerdo algunas veces que alquilábamos una casa en vacaciones y nos íbamos a descansar. Pero eran pocas las veces pues mi padre tenía otras obligaciones y entonces siempre habría forma de entretenernos entre los varones.

 

Pero también están los rituales personales, que cada uno va incorporando en su vida, los primeros pensamientos al abrir los ojos, poniendo los ojos y el corazón en las manos de Dios. Si es posible es bueno dedicar un rato antes de salir a cumplir las obligaciones laborales, a tomar contacto con alguna página de la Biblia o los Evangelios. Basta una palabra, como “les doy mi paz” para aplacar el rápido curso del reloj. Esto no nos garantiza que después todo saldrá bien. Pero nos predispone y sabemos que podemos volver a ese punto interior donde hemos finado nuestra coordenada fundamental.

 

El ritmo semanal requiere un descanso. Dios descansó el séptimo día, dice la Biblia. Una pausa siempre necesaria que nos reconforma.

 

Publicado en Diario “Cambio”, edición del viernes 14 de mayo de 2010

 

¿Democracias frágiles?

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Extraña pregunta en la antesala de una jornada electoral. Pero la pregunta vale porque se impone al ciudadano y al cristiano comprometerse con su ciudad. Por eso expongo algunos puntos tomados de la prestigiosa revista internacional Civiltá Cattolica de los Jesuitas de Roma.

 

Votar no es el único ni el más importante indicador para tomar el pulso a una democracia. Las campañas son una feria de slogans y rostros, insuficientes para decidir un voto  ponderado.

 

¿Qué sucede, democráticamente hablando, durante el tiempo intermedio entre cada jornada electoral?

 

Un principio fundamental de la democracia es la transparencia de los candidatos y partidos. “La transparencia de la vida pública, afirma F.P. Casavola, es requisito para las decisiones libres y responsables de los ciudadanos. Si estas cualidades de un acto humano se anulan, la democracia es pura ficción de ritos y procedimientos formales.”

 

Libertad es una palabra clave que, entendida como libertad-de o libertad-para, seduce al mundo político. Pero “dado que las ideologías políticas son tantas y tan diversas, -decía el filósofo y politólogo N. Bobbio, ocurre que cada una puede proclamarse defensora de la libertad, con la condición de entender por libertad una cosa distinta a lo que piensan los demás.”

 

Para unos, democracia es el conjunto de procedimientos, universalmente válidos, para la constitución del gobierno y para la definición de las decisiones políticas, vinculantes para la comunidad. Para J. Rawls, es el conjunto de los procedimientos universales sustentados como “reglas de juego”. Para J. Habermas es expresión del consenso a través del diálogo. Para las teorías pluralistas y económicas, la democracia es el “mercado político” al interior del cual vive un sistema de transacciones individuales o de competencia entre los partidos.

 

Observando las democracias actuales, filósofos y politólogos diagnostican algunas debilidades. 

-La garantía de las libertades civiles está amenazada por las técnicas de informatización que permiten el control de la vida privada de los ciudadanos. En nuestro país, el parlamento abrió un debate sobre la creación de una base de datos con la información del ADN de los violadores. Si se aprobara ¿quién pondría límites a esta intromisión en la vida privada? Mañana podrían ser los enfermos de Sida, alcohólicos o con otras patologías. La democracia de la era tecnológica, perpleja por el fantasma de la inseguridad, podría coartar libertades y derechos humanos.

 

-La doctrina del gobierno representativo, que permite a los ciudadanos juzgar  a los gobernantes mediante elecciones libres, se entorpece por la cantidad de conocimientos especializados que hoy son indispensables para juzgar el ejercicio de las definiciones públicas de los gobernantes. Por ejemplo, Botnia.

 

-Otra fragilidad es el pragmatismo cínico y la indiferencia ética. ¿Puede la democracia sobrevivir a la decadencia moral de las élites que deberían guiarla, defendiendo las libertades, demostrando capacidad de resistencia frente a sus enemigos y coraje ante los grandes intereses económico-corporativos que la acechan?

 

-El politólogo alemán Ralf Dahrendorf señala los riesgos que corren las sociedades occidentales. Procurando reducir los gastos del Estado de bienestar, tienden a no considerar el conjunto de la sociedad civil como un bien que hay que proteger. El problema fundamental de las democracias es un callejón sin salida o “cuadratura del círculo”: desarrollo económico con libertad política pero sin cohesión social. O bien, desarrollo económico y cohesión social,  pero sin libertad política. Esta es la alternativa que las sociedades modernas deben afrontar.

 

-Remo Bodei,  observa desde 1989 un debilitamiento de la democracia, que ha entregado a otras fuerzas los compromisos del crecimiento humano y civil de los individuos. Para él las religiones responden hoy más a las necesidades de comunidad y de normas seguras en sociedades donde se han debilitado los vínculos interpersonales.

 

Creciendo en libertad y responsabilidad podemos atenuar las debilidades de la democracia.

 

Publicada en el Diario “Cambio” de Salto, el 7 de mayo de 2010
 

Trabajo, descanso, ocio
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti


Publicada en Diario Cambio de Salto el 30 de abril de 2010

 

Saludo a los hombres y mujeres, de la ciudad y del campo, en especial a los que animan diferentes medios de comunicación, ayudando a vivir mejor, brindando información y entretenimiento.

 

Una aproximación al estilo de vida de quienes trabajan, nos muestra a mucha gente que corre de un lugar a otro y con poco tiempo para descansar y estar en familia. Crece el hábito de destinar muchas horas a tareas productivas o redituables para redondear un salario familiar. El afán de lucro en empleadores y empleados, descuida legítimos derechos y anula la vida libre y creativa. Cuando un trabajo es extenuante, al terminar la jornada sólo quedan ganas de comer y dormir, o  bien bufar y descargar broncas.  

 

Algo similar ocurre cuando alguien pierde el trabajo y se deprime sintiéndose inútil. Esto indica la confusión entre el trabajo o la profesión con la misión que cada uno tiene que descubrir y cumplir en la vida. Pero muchos trabajan pero el fin de semana experimentan malestar. Viktor Frankl habla de “la actitud deportiva del fin de semana, con el que algunos tratan de aturdir su vacío interior. Este ajetreo es necesario para el hombre que no hace otra cosa que trabajar. Al llegar el domingo y detenerse el ritmo de toda la semana, queda al desnudo la pobreza de sentido de la vida cotidiana.”

 

Hay personas que los fines de semana llevan trabajo “atrasado” para su casa, como coartada para esgrimir ante imprevistos domésticos, como el pequeño que llora o se lastima y requiere atención o el SOS de la esposa el Domingo, cuando hierve el agua para la pasta y se terminó el supergas.

 

Estos ejemplos indicarían una sobrevaloración del trabajo, que absorbe energías a tal punto que otros asuntos familiares, de los esposos, hijos, parientes enfermos, de la reunión en la escuela o en la comisión vecinal o el cumpleaños de viejos amigos, se van borrando.  

La Biblia valoriza el trabajo de un modo singular. Según leemos en la primera página, “el séptimo día terminó Dios lo que había hecho, y descansó”. Trabajo y descanso son inseparables. Incluso más: toda la actividad culmina en este día de descanso, el shabat, día para agradecer, alabar al Creador, respirar aires de libertad y recuperar energías poniendo nuestras pequeñas manos en las del Creador.

 

Aristóteles enseñaba: “trabajamos para tener tiempo de ocio”. Palabras sorprendentes para nuestra mentalidad imbuida en la supervaloración de la actividad, del esfuerzo y de los engranajes productivos y globalizados que interconectan los procesos económicos mundiales.

 

Josef Pieper comprueba, en el mundo actual, una incapacidad de dejar que suceda sencillamente algo; una especie de impotencia para recibir sin más y permitir que a uno mismo le ocurra algo. Se piensa que lo bueno es, por naturaleza, difícil y lo que se hace sin fatiga carece de valor ético. Sin embargo los antiguos decían que las formas más sublimes de realización del bien no requieren esfuerzo, ya que por naturaleza brotan del amor. Tampoco las formas más altas de conocimiento, como una idea súbita y genial, son “trabajo intelectual”.

Sin embargo la mentalidad de nuestro tiempo valora más lo costoso y difícil. En el calendario abundan fechas con gancho comercial y para muchos el valor de un regalo depende del precio. Pieper se pregunta: ¿No habrá que buscar la razón más íntima de esto en la actitud negativa del hombre actual frente a cualquier “don”, sea quien fuere el donante?

 

El ocio no es vagancia sino creatividad y libertad. Es la forma de silencio indispensable para poder oír algo. El ocio es la actitud de autoinmersión puramente receptiva en la realidad; una apertura de alma capaz, ella sola, de dar cabida a esas grandiosas y felices intuiciones que no pueden lograrse con ningún “trabajo intelectual”. El ocio es una actitud festiva, que es lo contrario de esfuerzo o fatiga.

Por último, el ocio no debe confundirse con la pausa. Esta, aunque dure una hora o tres semanas, es sólo un descanso del trabajo para retomarlo después. Mientras que el ocio es algo muy distinto; permite contemplar el mundo con espíritu festivo. La auténtica cultura, opina Pieper, no prospera sino en el suelo del ocio. .

 

La fe de los uruguayos

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti | Viernes 23 de abril de 2010

 

El pasado fin de semana se pudo apreciar una multitudinaria manifestación de fe en las cercanías de Minas. Se estima que unos 40 mil visitantes llegaron a las orillas del cerro del Verdún en las sierras minuanas y muchos ascendieron por la ladera rugosa hasta llegar a la cumbre, meta de su peregrinación.

 

A lo largo de los siglos la gente ha buscado lugares altos para escalar. Unos por deporte o para batir records que entrarán en el libro Guinness. Pero muchos más para encontrar seguridad y protección que se encuentran levantando el corazón y confiando en Dios que es Padre y nunca olvida.

 

Cuando los pies y las piernas suben, la sensación es que también suben los pensamientos hacia el cielo y la vida se mira desde otra perspectiva. Somos a la vez valle y montaña y los conflictos se superan cuando se miran desde la altura. Pero escalar nada tiene que ver con la fracasada empresa de la torre de Babel que pretendió apoderarse de las llaves del mundo y terminó en confusión. Tampoco tiene que ver con Prometeo, que al robar el fuego a los dioses sufrió el castigo y quedó sicológicamente encadenado. El anhelo de subir está propuesto en la pedagogía cristiana que reitera la invitación: ¡sursum corda! ¡Arriba los corazones!

 

Coronando la cima, manos creyentes colocaron una imagen de la Virgen Inmaculada y Madre de Jesucristo, que intercede por todos. Por los que suben gozosos para dar gracias, los que suben heridos y con el peso de angustias personales o familiares, los que necesitan oxígeno para sus vidas asfixiadas por adversidades, o los que buscan horizontes nuevos para superar la rutina gris de cada día. Todos con hilos de fe que, como hilos de oro enlazan la trama humana al designio de un Dios creador y providente.

 

Aunque mirando desde fuera, nadie puede medir la intensidad de cada palabra ni la fuerza sustentadora de esos hilos invisibles.

 

El pasado lunes 19 los obispos declararon a ese lugar Santuario Nacional, ya que efectivamente ese es un espacio religioso y cultural significativo para mucha gente de nuestro país. 

 

Muchos lugares toman en la memoria colectiva esa significación. En este caso convergen las iniciativas de un grupo de católicos a comienzos del siglo XX, en tiempos en que la comunidad católica experimentaba por parte del Estado uruguayo acciones secularizadoras, que pretendían eliminar signos religiosos. Pero la fe es más fuerte que un decreto gubernamental, porque nace del derecho humano más fundamental, como es el derecho a la libertad religiosa, que es como decir, el derecho a pensar, sentir, hablar y expresar lo que la conciencia nos indica.

 

En moto, ómnibus o auto pude ver un río de caminantes, chicos y grandes, mamás con sus bebés y gente mayor. Algunos recogían pequeñas piedras, que evocan la permanencia de lo sagrado que jamás se borra del alma. Vi a unos jóvenes, él y ella con pies descalzos, bajando despacio entre piedras filosas, con cara serena, como si hubieran renovado en la cima un pacto de amor fiel y duradero, que exige caminar de la mano entre las piedras del camino, aceptando rasguños de sangre como ofrenda de un destino compartido.

 

¿Me bendecís esto? Me dijo una niña mostrando una estampa que quizás sería para su madre o algún enfermo, a quien ella quería obsequiar. No es otra cosa lo que enseña la Virgen: confiar en la Palabra de Dios, aceptar caminar y subir cada día, tomar de la mano a otros para que también hagan camino al andar.

 

En nuestro país hay otros lugares que son también puntos de atracción para mucha gente, como la gruta de Lourdes en Montevideo o el pequeño templo donde está la imagen de San Cono, en Florida. Son lugares donde se busca la manifestación de lo sagrado, que es respuesta a lo que cada uno lleva escrito en su propia alma.

 

La fe siempre puede crecer. Tarea de la Iglesia es ayudar a tomar conciencia de esos rumores que susurran en los repliegues del alma e invitan a subir y levantar la mirada, fortalecer la fe vacilante y expresarla en gestos. Cada uno necesita también purificar la propia fe de aspectos supersticiosos, que sin darnos cuenta pretenden manipular a Dios, mercantilizando un vínculo que debe ser expresión de amor, súplica y agradecimiento.

 

AMOR ETERNO Y AMOR LÍQUIDO


Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Columna publicada en diario “Cambio” de Salto, el viernes 16 de abril de 2010

 

Cuando pasan los años y veo que sigo en la huella que tomé cuando joven me pregunto por qué yo sí y otros no. Doy gracias a Dios y a las personas que me alentaron. No soy superman, experimento vaivenes y reavivo el lema elegido al inicio de mi tarea de obispo: mi fuerza en la debilidad. Un plagio que pedí prestado a San Pablo.

 

Fuerza y debilidad respiran por mis poros. Los amores eternos luchan cada día contra los amores líquidos, que llevan al completo olvido. “Hoy un juramento, mañana una traición; amores de estudiante flores de un día son”, canta Gardel. Pero también en la vida adulta sorprenden amores estudiantiles.

 

“Es lo que hay”, se oye decir con sabor fatalista. Otros bucean en profundidad y perciben un núcleo duro como el diamante. Ulises no sería recordado si en lugar de su obstinado e ingenioso esfuerzo por regresar a Ítaca junto a su esposa Penélope, hubiera tirado la toalla ante las interminables adversidades. Pero héroe que no tiembla no es un héroe.

 

El frenético consumo de una sociedad de mercado ha deteriorado los vínculos personales a tal punto que el otro es rebajado a la categoría de una mercancía más, de la que uno puede desprenderse, desecharla o desconectarla con relativa facilidad.

 

El vivir juntos no exige mayores esfuerzos de afinidad. No se hacen promesas, y las declaraciones, cuando existen, no son solemnes, ni están acompañadas por música ni manos entrelazadas. Casi nunca hay una comunidad como testigo. Afirma Zigmunt Bauman en su libro sobre el “amor líquido”, que uno pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, hay una hipoteca menor para pagar, y el plazo del pago es menos desalentador. Es obvio que esto también afecta a la sexualidad, que desconectada del amor, se condena finalmente a la frustración y la falsa felicidad.

 

Para el italiano Filippo La Porta, que analiza “las euforias y depresiones de la vida flexible”, el cambio es el resultado del gran impacto sobre la sensibilidad por parte de la tecnología, la publicidad y los medios: “soy un poeta de plástico, tengo emociones de plástico y el alma de propenonitrilo. Quiero un trabajo en que no tenga que pensar, siempre con el walkman”, son fragmentos textuales a modo de manifiesto del homo technologicus, citados por La Porta.

 

Esta nueva especie mutante, mucho más integrada con lo artificial, está dotada de un desarrollo hipertrofiado de la mente, tiene capacidades menores de experiencia directa e interacción física con los otros seres vivientes. “Y en general lo que caracteriza a la tecnología es la investigación sobre los mundos manipulables a voluntad, la sustitución del cuerpo humano, siempre precario y defectuoso, con las máquinas, verdaderas depositarias de lo incorruptible, de la olímpica serenidad analgésica y en el futuro, quizás, de la inmortalidad.”

 

Pero los seres humanos no estamos obligados a conformarnos con esa condición  de plástico; podemos rebelarnos. Jaspers, filósofo alemán, examina la dimensión de lo humano, que él llama “el requerimiento incondicional”, eso que da razón de los grandes amores, luchas o arduas iniciativas.

 

Y destaca figuras como la de Sócrates, que marchó sin dejarse perturbar por el odio o la tentación de la fuga. La de Tomás Moro, mártir por obedecer lo que su conciencia le dictaba frente a los halagos, cambiados después por atropellos, de Enrique VIII. Y por encima de todos resplandece la figura humano-divina de Jesucristo, cuya vida plasmó los designios de su Padre.

 

Rob Parsons escribió un pequeño libro para padres, invitándolos a la paciente tarea de cultivar un amor incondicional hacia los hijos. Recuerda que al término de un seminario se le acercó un hombre contándole que una vez siendo niño corrió a su casa contento para contarle al padre que había salido segundo en toda la ciudad en la prueba de música. ¿Cuándo llegarás a ser el primero? Fue lo único que escuchó. Tenía 50 años y no  olvidaba aquella respuesta de un amor condicionado.  

 

En el amor incondicional del padre lo que importa no es tanto el éxito sino el vínculo permanente con su hijo. El corazón de un amor paterno es la aceptación. Sentir latir ese vínculo es el mayor regalo en la vida.

 


Abusos sexuales a menores

VALENTÍA Y HUMILDAD   
 

Pablo Galimberti, Obispo de Salto

Carta humilde y fuerte. Actitud humilde para acercarse con respeto al dolor de las víctimas y fuerte para con los responsables directos e indirectos de los abusos sexuales de menores.

Documento honesto, que no busca excusas. Con estilo simple, sin palabras rebuscadas. Con una impronta personal y concreta, comprometida y sincera, como un padre que hilvana ideas con la lógica del corazón. Documento que no pretende descargar responsabilidades sobre otros.

Desde el inicio el Papa expresa que quiere compartir el profundo malestar y el sentido de traición experimentado por muchos al tomar conocimiento de los abusos y del modo inadecuado en que fueron encarados por las autoridades de la Iglesia católica en Irlanda.

La carta deja en claro el compromiso del Papa contra la pederastia en la Iglesia y contra la cultura del silencio. El encubrimiento no ha sido la mejor manera de evitar escándalos. Esta línea de conducta y acción la ha venido aplicando Benedicto XVI desde cuando dirigía la Congregación de la Doctrina de la Fe  (ex Santo Oficio).

Muchos dramas atormentaban a niños y jóvenes víctimas de estos atropellos. Los centros educativos, que debían favorecer el crecimiento sano e integral, fueron refugio para religiosos que abusaban de aquellos a quienes era su obligación proteger.

Hoy, esto no se tolera más. Pero lo que desde hace algunos años empezó a destaparse deberá recorrer seguramente un largo camino para hacer justicia contra los culpables y sanar las secuelas de tantas heridas.

La verdad que la Iglesia proclama como un requisito de la caridad se está  reflejando con mayor fuerza y de manera pública; y de esta manera podrá hacerse más creíble.

Múltiples iniciativas, tanto de personas afectadas como de instancias gubernamentales, han abierto el camino a investigaciones, obligando a la Iglesia a beber estas aguas amargas. El Papa se ha mostrado firme, exigiendo la renuncia de varios obispos irlandeses por haber omitido, en tiempo y forma, exhaustivas investigaciones, sanciones a los culpables y auxilio a las víctimas. Poniéndome en los zapatos de estos colegas, confieso que no es fácil denunciar a un hijo enfermo. Pero pensando en las víctimas no queda otro camino.   

Cabe destacar que la iglesia, además de sancionar a los autores a través de sus tribunales internos, ha manifestado su voluntad de respetar las leyes civiles de cada país y su disposición a colaborar con las autoridades en las investigaciones.

Ni excusas ni disculpas sino asumir responsabilidades ante lo que es grave. Nos parece que es el camino acertado y ejemplar.

Algunos dicen que los casos denunciados en instituciones de la Iglesia,

como es el caso de Austria, han sido 17, mientras que en el mismo período, en otros ambientes, los casos registrados han sido 510. Pero aún así, esto no quita la gravedad de los hechos.

Otros pensarán que justo ahora, que comenzamos la Semana Santa se divulgan estos hechos. Pero tratándose de cambios, con justicia y arrepentimiento, cualquier tiempo es oportuno. La verdad libera y la mentira prepara una bomba que explota tarde o temprano. Lo reprimido vuelve, no hay vuelta. Por un camino o por otro.  Por eso saludamos este gesto como un buen camino hacia la verdadera celebración de Pascua, en Irlanda como en cualquier parte del mundo. Porque el fenómeno de la pedofilia está lamentablemente presente en numerosos ambientes de la sociedad, donde se abusa sexualmente a menores.   

El Papa asume la responsabilidad de la Iglesia y en nombre de todos pide perdón a las víctimas de abusos cometidos por religiosos: “han sufrido inmensamente y me apena muchísimo. Sé que nada puede borrar el mal que han soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y vuestra dignidad violada.”

El Papa no omite dirigirse también a los culpables. “La justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocular nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia.” En síntesis: responder ante Dios y ante los tribunales.

Por este camino es de esperar una curación y renovación en la Iglesia.

 

Diario CAMBIO | 26 de marzo de 2010


REMEDIO CONTRA LA LOCURA:
CONÓCETE A TÍ MISMO

 

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

Raptos de locura todos tenemos; el problema es cuando les permitimos timonear el barco. Dos hechos recientes, que fueron tapa de diarios, son ilustrativos.
 
 En la capital, cuatro hombres secuestraron a un ex corredor de bolsa, extorsionando a pagar como rescate la friolera de dos millones de dólares. Resultado final: un exitoso procedimiento policial y chambonada de los secuestradores. El suspenso tuvo un final feliz.
 
 Paralelamente en Salto cuatro personas fueron procesadas como consecuencia de un asalto simulado por el que embolsaron 209 mil pesos uruguayos. Cayeron en la misma trampa que habían tendido: declararon que saliendo del banco con la remesa de dinero destinada a la asociación de jubilados y pensionistas donde trabajaban, fueron abordados por dos sujetos en moto y uno de ellos exigió con un arma la entrega del dinero.
 
La policía tomó declaraciones, comprobó incongruencias y concluyó que se trataba de un testimonio fraudulento. Ilusos y con plata dulce salieron de compras: motos, Play Station, etc. Conclusión: procesados por calumnia y simulación de delito.

 

Planear este tipo de acciones delictivas exige invertir tiempo y cerebro, buscar cómplices, idear una estrategia y asumir eventuales riesgos. Cabe la pregunta si en algún momento se plantearon si la acción planeada era honesta o si era un buen ejemplo para sus familias -si es que la tenían- o para sus hijos, vecinos o compañeros de trabajo. ¿Podrían seguir, una vez consumado el delito, en la misma empresa donde trabajaban? La burbuja ilusoria que los envolvía los llevó a subestimar los procedimientos policiales y a la ingenuidad de pensar que se tragarían sencillamente el cuento. ¿Cuándo comenzó la erosión de valores éticos, si los hubo?

 

Hay un dicho castellano: “Aunque malicia oscurezca verdad, no la puede apagar”; esa es mi esperanza para todo ciudadano de mi ciudad y de mi país; que la verdad acabe por resplandecer, por mucho que las mentiras traten de ocultarla.

 

Me pregunto dónde queda la cultura del trabajo honesto como medio de sustento, perfeccionamiento personal y servicio comunitario. A quien ame el trabajo bien hecho, cualquiera que sea, no creo que le quede tiempo para pergeñar locuras.

 

Y al fin y al cabo, ¿para qué tanta adrenalina invertida en urdir tramoyas? ¿Será el dinero fácil el móvil último? Las compras realizadas por los responsables del falso atraco de los remeseros no indican que detrás hubiera urgencias familiares, pues se trata de objetos que no son de primera necesidad.

 

Aquí se ve otro perfil de los ejecutores de estas acciones. Una conciencia enredada, donde los valores de consumo trepan por encima del valor de ser honesto, ante uno mismo y llevar la frente alta ante los demás. Cuando esto no importa ¿qué está pasando por esas cabezas? Las pautas sociales parecen no interesar, aun viviendo en una ciudad relativamente mediana donde cada uno merece un buen nombre para sí y para su familia.
 
 Los padres jesuitas que nos educaban en el Seminario marcaban, en el horario de cada jornada, un cuarto de hora antes del almuerzo para el “examen de conciencia”.

Recuerdo mi libretita en el bolsillo del lado del corazón donde intentaba poner en palabras los movimientos interiores del corazón.

 

Los antecedentes de esa práctica se remontan al siglo VI antes de Cristo, y aparecen en la puerta del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”. ¿No será que a veces la educación olvida este sabio principio del crecimiento personal? Estudiar filosofía podría ser para muchos jóvenes estímulo para el propio conocimiento y crecimiento en libertad y responsabilidad. Y los padres deberían ser los primeros en inculcar valores de honradez y laboriosidad.

 

La ausencia de ese autoconocimiento nos empuja a concretar esas locas fantasías. Jesús advierte sobre la inútil pretensión de sacar la paja en el ojo ajeno si ignoramos la viga en el propio!

 

Cuando la imaginación, esa “loca de la casa” según Santa Teresa, susurra locuras con frecuencia, es oportuno aplicar el conócete a ti mismo. Y si persisten, aconsejo acercarse a un sacerdote o a un sicólogo. Para salud de todos.
 

Publicada el 9 de abril de 2010 en Diario “Cambio” de Salto