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Mensaje
de Monseñor
Raúl Scarrone en
la Cuaresma 2004 |
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Todo esto sucede cuando se abandona la oración, la Palabra de Dios no tiene incidencia en la vida y cuando se dejan de lado por insignificantes el Sacramento de la Reconciliación y la celebración de la Eucaristía Dominical. Cuaresma es el tiempo oportuno para abrir el corazón a los conmovedores mensajes que nos presenta la liturgia en la Palabra de Dios, brindándonos la preciosa posibilidad de acercarnos a Jesucristo, entrando en nosotros mismos, para ponernos a la escucha de las sugerencias interiores de Dios.
No
olvidemos que el mundo siempre espera de los cristianos un testimonio
coherente de comunión y de solidaridad. Recordemos las palabras
iluminadoras de San Juan: “ Si alguno posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿ cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” 1 Jn. 3,17
Al
comienzo de un nuevo Año Pastoral vuelvo a invitar a hacer realidad las
opciones que como Iglesia Diocesana hemos asumido: Evangelizar,
evangelizar, evangelizar.
Sé que en los meses de verano muchos sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos han intentado dar lo mejor de sí y un poco de su tiempo para llevar la Palabra de Dios en las Misiones realizadas en varias localidades. A ellos les estamos muy agradecidos, pero hemos de continuar. Pues el Evangelio no es una realidad abstracta, que flota en el vacío.
El Evangelio es siempre “acontecimiento histórico”. Nunca, en ninguna parte, existe en sí mismo y por sí mismo. El Evangelio se encarna y existe en personas concretas que lo anuncian y comunican, que lo aceptan en su corazón y lo viven.
Por
eso no existe evangelización sino evangelizadores. Y no habrá
evangelización nueva si no hay evangelizadores nuevos. Muchas parroquias, comunidades y grupos de cristianos viven su fe sin sentirse llamados a comunicarla. Son muchos los cristianos, incluso practicantes convencidos, que viven sin sospechar siquiera que ellos pueden tener alguna responsabilidad de anunciar y comunicar algo a los demás.
El
Concilio Vaticano IIº afirma: “La Iglesia entera es misionera y la obra
de la evangelización es un deber fundamental de todo el Pueblo de
Dios”.
La
Gran Misión Diocesana nos brinda la ocasión de despertar la conciencia
de que todo el Pueblo de Dios es portador activo de la evangelización y
de que todos estamos llamados a evangelizar. Hago votos para que cada
bautizado despierte a su vocación misionera y crezca en nuestras
familias, en los grupos cristianos, en las comunidades y parroquias un
potencial evangelizador que nos renueve en el amor y podamos cumplir con
la hermosa misión que Jesús dejó en nuestras manos. Invito a todos al
comienzo de esta Cuaresma, cuando comenzamos un camino de conversión a
confiar en el Espíritu Santo, pidiéndole en nuestra oración la audacia
evangelizadora y misionera de las primeras comunidades cristianas, para
transformar con el testimonio de nuestra vida la Iglesia y el mundo.
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Raúl Scarrone
Obispo de Florida |