ANTE LA ACTUAL SITUACIÓN DEL
SECTOR AGROPECUARIO DE NUESTRO PAÍS

EL CONSEJO PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL URUGUAYA vive con preocupación la situación crítica del sector agropecuario de nuestro país. Es ya un viejo conflicto, casi endémico, que no logramos resolver entre todos eficazmente. En estos últimos meses, muchas voces están pidiendo soluciones urgentes. Como lo hemos hecho en otras ocasiones, también hoy aportamos nuestra palabra de Pastores.. En esta ocasión, rindiendo homenaje a nuestro hermano Mons. Carlos Parteli, que ya vive junto al Padre, escuchamos la palabra clara y concreta del que fue defensor intrépido de esta causa durante toda su vida de Pastor.

En este momento, nos preocupan, sobre todo, como a tantos compatriotas, estos tres desafíos: en primer lugar, la solución de fondo del problema; luego, la emigración creciente del campo a los pueblos y ciudades, sobre todo a Montevideo y a la frontera; y, finalmente, la situación difícil de los asalariados rurales.

 

Las soluciones de fondo
  1. No es fácil hallar la solución de fondo. Sin embargo, ésta ha de apuntar a crear políticas que eviten la baja rentabilidad del sector agropecuario, que privilegien la vida de las familias rurales, apostando por la producción y por su calidad de vida. Mons. Parteli, siendo Obispo de Tacuarembó, dijo en una de sus intervenciones en el aula conciliar del Vaticano II:
  2. "Si la solución del problema del hambre depende del agro, éste debe ser atendido en sus múltiples aspectos: la vida en el campo debe ser agradable de modo que retenga todos los brazos que necesita; debe dársele a los campesinos la capacitación técnica para que su trabajo sea fecundo; que los beneficios económicos sean alentadores".

    En su Carta Pastoral de Adviento, del 22 de noviembre de 1961, señalaba que la solución vendría poniendo en práctica la justicia social:

    "La reforma debe llegar por esta vía [de la justicia social]. Son las estructuras, las que deben sufrir un cambio profundo hasta quedar adecuadas a las exigencias reales de hoy. No necesitamos revoluciones de signo extremista para ello. Basta seguir la evolución que en los países cristianos se viene desarrollando en el siglo. No quisiéramos que una bandera de justicia social, tan limpia y tan hermosa, cayera en manos de quienes pretenden enarbolarla para contrabandear la tiranía".

    El grave fenómeno de la emigración

  3. Cada día, familias del campo emigran hacia los pueblos y ciudades. En nuestra Carta Pastoral Sobre la dignidad de la persona humana y sus derechos [20 de abril de 1988], los Obispos Uruguayos entendíamos que este éxodo estaba provocado por la falta de trabajo y por los bajos salarios. Decíamos entonces: "Síntoma de todo esto es: la cantidad de jóvenes que siguen emigrando, tanto del Interior a la capital como buscando horizontes fuera del País [....] La gente del interior del País no puede arraigarse en su tierra, sino que debe irse a las ciudades, especialmente a Montevideo y a la frontera, viéndose así una campaña despoblada y sin posibilidades de vida social organizada, especialmente para la mujer y la juventud" [n.29].

Muchos años antes, el 22 de noviembre de 1961, Mons. Parteli, preveía este fenómeno, que desde entonces hasta nuestros días se ha venido agravando. Escribía en su Carta Pastoral de Adviento:

"El progreso apareja el éxodo de la población rural hacia las ciudades. Es un fenómeno inevitable. Si no se equiparan las condiciones de vida del trabajador del campo y de la ciudad, no puede esperarse que la poesía de las mañanitas camperas alcance para neutralizar las ventajas indudables de la vida urbana".

Las condiciones de vida de los trabajadores del campo

4. La situación difícil de los pequeños productores y de los asalariados rurales. Es inquietante la realidad actual de tantos trabajadores del campo que trabajan por un mes, un jornal, una zafra y que carecen de seguro de paro, que no tienen jornadas de ocho horas, que carecen de instancias para la negociación salarial. Mons. Parteli, describía así, en el Aula conciliar del Vaticano II, esta situación:

"Lamentable e injustificada es la dolorosa situación en que se encuentran los campesinos de muchos lugares [...] En estas regiones y sobre todo en aquellas en donde se hace ganadería extensiva son muchos los que viven en el aislamiento y la pobreza lejos de las ciudades, muchas veces con dificultades para formar una familia regular, sin atención religiosa y sin las satisfacciones de la convivencia social con sus semejantes. Nada extraña, por tanto, si todos los que pueden, abandonan el campo y se van a las ciudades. Las autoridades públicas responsables del equilibrio general que debe existir en un país, aun valiéndose de los recursos económicos de toda la nación debería ir en ayuda de estas zonas deprimidas".

El Papa Juan Pablo II nos decía en Melo [8. Mayo.1988] refiriéndose a esta situación: "Quien tiene empleados a su servicio está moralmente obligado a velar para que tenga buenas condiciones de trabajo y una vivienda digna para cada uno con su propia familia. Asimismo debe cuidar que la remuneración sea suficiente para llevar una vida decorosa y, si es posible, que la rebase. De la misma forma, debe preocuparse que los trabajadores del campo puedan acceder a unas condiciones de vida que eviten la emigración a las ciudades, causa de graves problemas morales y sociales".

 

¿Qué hacer?

Somos todos conscientes de la complejidad de la situación actual. Todos los problemas de un país están entrelazados entre sí, y ubicados, además, en un mundo de profundas transformaciones.

Se necesitan reformas. Todos debemos hacerlas, pero, antes que nadie, aquellos que tienen responsabilidades directas. Para lograrlas, es preciso acudir al diálogo desinteresado e inteligente entre las partes, a fin de buscar juntos soluciones justas y eficaces, a corto y largo plazo, que abran definitivamente los horizontes nuevos necesarios, tan esperados desde hace tanto tiempo, por los trabajadores del mundo agropecuario, especialmente por los pequeños productores y los más humildes peones rurales y sus sacrificadas familias.

Se requieren urgentes políticas agropecuarias que den solución a tantos problemas. Soluciones que estén siempre iluminadas por los criterios y las propuestas de la justicia social, que beneficien a este sector tan importante y definitivo para la vida de nuestro Uruguay. Especialmente es necesario el apoyo para que los pequeños productores puedan organizarse eficazmente en forma cooperativa u otros sistemas de organización colectiva que les permita la defensa y la competitividad en una realidad de mercado cada vez más dura e injusta para con ellos, a pesar del esfuerzo que realizan. Asimismo es prioritaria la atención a la situación laboral de peones y jornaleros rurales, que permita revertir los muy bajos niveles salariales.

Antes de finalizar, aseguramos que, como Pastores, estamos muy cerca de quienes hoy sufren esta agudizada crisis.

Que el compromiso pastoral que asumió valerosamente Mons. Carlos Parteli en favor de este sector de nuestra vida uruguaya, continúe iluminando y apoyando los esfuerzos de todos.

 

Mons. Raúl Scarrone

Obispo de Florida

Presidente de la CEU

Mons. Carlos Collazzi

Obispo de Mercedes

Vicepresidente de la CEU Mons. Luis del Castillo

Secretario General de la CEU.

 

Montevideo, 9 de junio de 1999