Mensaje de las Obispos al Pueblo de Dios
y a los Hombres de buena voluntad.
1.Hace
ya cuatro años con ocasión de fas elecciones del
año 1984; y con toda la expectativa que se vivía,
decíamos en nuestra declaración Un espíritu
nuevo para un tiempo nuevo: "Con alegría y esperanza
el pueblo recobra su voz y retoma en sus manos la decisión
de su propio destino. Este acto ciudadano no sólo es el
término de un período debe ser el comienzo de un
tiempo nuevo que, por lo mismo, debe encararse y vivirse con un
espíritu nuevo" (n. 1).
2. Pasadas
estos años corresponde revisar el camino andado en este
tramo de nuestra historia, y ver si de veras inauguramos un tiempo
realmente nuevo. y hasta qué punto, hemos logrado infundir
un espíritu nuevo en la vida social. Tenemos que ver si,
dejado atrás el rumbo desgraciado que nos llevó
al descreimiento en las Instituciones democráticas y recogida
la dura experiencia, fuimos capaces de buscar otra senda marcada
por los valores de la Justicia y la solidaridad, única
base posible del tapo de convivencia que todos anhelamos.
En esta línea de pensamiento escribimos
hace poco una carta pastoral que Intitulamos la dignidad de la
persona humana y sus derechos, en la que, luego de constatar la
alegría por el restablecimiento de las instituciones democráticas
y señalar las luces y las sombras que ofrece el panorama
de la realidad actual, sugerimos algunos pasos a dar para que
una efectiva vigencia de los derechos humanas permita a todos
y a cada- uno de nuestros compatriotas una vida digna, acorde
con las posibilidades que ofrece nuestro país.
3. Llegamos
ahora a un nuevo tiempo electoral en que se nos plantean una vez
más diversas opciones para construir el futuro del país.
Con nuestra voz queremos ayudar a que esta ocasión signo
esperanzador de una democracia que se consolida sea aprovechada
al máximo para vitalizarla, extenderla, y hacerla más
efectiva por la participación de todos. En efecto, todos
estamos llamados a construir responsablemente sin retraernos sino
trabajando desde el propio lugar, según las condiciones
y competencias de cada uno, en la búsqueda de soluciones
comunes para los problemas comunes. Hacemos nuestro el enérgico
llamado de Juan Pablo II: "Quién quisiera renunciar
a la tarea, difícil pero exaltaste, de elevar la suerte
de todo el hombre y de "todos; los hombres; bajo el pretexto
del peso de la lucha y del esfuerzo incesante de superación,
o incluso por la experiencia de la derrota y del retorno al punto
de partida faltaría a la voluntad de Dios Creador"
(La preocupación social,30).
4 Dada
la importancia que tiene la política para el bien común,
los cristianos no podemos eximirnos de hacernos presentes en ese
campo; porque, como cristianos, tenemos que, impregnar con el
espíritu del Evangelio la totalidad de la existencia, incluida
su dimensión social y política. Por tanto, el espacio
de la fe no puede reducirse a la vida personal, familiar, dejando
afuera los otros campos que interesan sobremanera a la sociedad
tales como el profesional el económico, el cultural y desde
luego el político (Ver Puebla LG Vaticano II)
5 La tarea
política tiene una relación concreta en los partidos,
pero no se agota en ellos Supone para todo ciudadano, una tarea
permanente de análisis de la realidad, de reflexión
compartida y de apoyo a iniciativas concretas tendientes del bien
común. Nuestras comunidades cristianas son un lugar muy
propicio para esta reflexión, porque en ellas los fieles,
iluminados por la Palabra de Dios y la enseñanza del Magisterio,
aprenden a ver los problemas desde un ángulo específico,
complementario del que suelen aportar los partidos. En la hora
de dar el voto tendrán así un criterio sano para
juzgar evangélicamente las diversas propuestas partidarias,
además de cualidades de los candidatos, y decidir su opción
personal con tranquilidad de conciencia.
6Consideramos
de vital importancia que lo electoral no haga pasar a un segundo
plano lo que es primero y principal: la decidida voluntad de hacer
que todos los uruguayos tengan parte de los bienes materiales
y culturales que nos configuran como país. De este modo,
la puja de partidos y candidatos no rehuirá la discusión
sobre las transformaciones que queremos impulsar y los valores
que han de sustentarlas. Si bien en nuestro pueblo hay un vivo
anhelo de unidad; de aunar fuerzas para dar solución a
los serios problemas que aquejan nuestra vida nacional, seria
lamentable que las divisiones enconadas y los enfrentamientos
personalistas debilitaran el aprecio de la acción política
e impidieran crecer el sentido de unidad y solidaridad nacionales.
7En la
citada carta sobre La dignidad de la persona humana señalábamos
precisamente ".El espacio demasiado grande que separa
al ciudadano que deposita su voto en la urna y el elegido por
ese voto, hace que fácilmente se diluyan las propuestas
que ganaron la voluntad del elector o se olviden los compromisos
contraídos" (n. 26). Esta ha sido una de las causas
de que se haya ido Instalando entre nosotros un cierto desencanto
y desaliento, teñido a veces de escepticismo con respecto
a las expectativas y esperanzas que vivíamos hace cuatro
años y que mostraban el consenso mayoritario por impulsar
cambios que inauguraran realmente un tiempo nuevo. Sin desconocer
las dificultades internas y externas, creemos que no se ha estado
a la altura de esa voluntad popular y que es urgente, por tanto,
evitar el descrédito de las Instituciones y asegurar, por
el contrario; que ellas sean apreciadas y respetadas por estar
al servicio de los ciudadanos, al permitir conjugar con normalidad
la libertad y la autoridad.
8 En nuestro
país está faltando una visión integral del
hombre. Es imprescindible pasar de los números, los discursos
y las banderas -ciertamente importantes -a la gente concreta,
a sus problemas y necesidades. sus sueños y aspiraciones.
Respetando el papel que le corresponde a las teorías económicas
y mirando con corazón de Pastores a tantos hermanos y hermanas,
nos preguntamos simplemente cómo es posible que en el Uruguay,
con condiciones fuera de lo común en muchos sentidos no
avancemos clara y decididamente en asegurar a todos lo mínimo.
necesario para una vida digna(Ver La dignidad Nº 14 hacia
el final)
9. En cada
elección el pueblo tiene una misión privilegiada
de hacerse responsable de su propia historia. En el caso de nuestra
Patria, los diversos proyectos y propuestas han de ser juzgados
a la luz del designio de Dios sobre nuestro pueblo: que exista
y que posea esta tierra. Por eso "los dos polos que han de
servir de referencia tanto para el diagnóstico de los problemas
socio- económicos como para jerarquizar los proyectos de
su solución son: la demografía y la tierra (La dlgnldad...,
n. 29).. La cultura de muerte, cuya máxima expresión
es ahogar la vida en su propia fuente. debe ceder ante la cultura
de vida. Tal es el mandato divino: "Creced y multiplicaos
y dominada la tierra" (Gn. 1,28).. En consecuencia, las diversas
propuestas políticas deberían pronunciarse respecto
a cómo favorecerán la familia estable y numerosa,
así como sobre el modo en el que piensan ayudar a que nuestra
gente se arraigue en su tierra, en especial en las zonas rurales.
10. Para
discernir los caminos de superación que deseamos para nuestra
Patria, así como para desechar los que juzgamos equivocados,
recomendarnos a nuestras comunidades la lectura de la encíclica
de Juan Pablo ll La preocupación social. Allí encontramos
fundamentales criterios de juicio que mucho servirán para
orientar nuestro compromiso permanente y decidir en esta ocasión
nuestro voto. Dice el Papa refiriéndose a los errores de
los sistemas que hoy imperan en el mundo" No sería
verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara
ni promoviera los derechos humanos personales y sociales, económicos
y políticos... Hoy quizá más que antes se
percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca
de un desarrollo que fuera solamente económico. Este subordina
fácilmente la persona humana y sus necesidades a las exigencias
de la planificación económica o la ganancia exclusiva
(n.33) . Juan Pablo II enumera luego las notas que caracterizan
la concepción ética del proyecto de hombre y sociedad
que los creyentes buscamos:
---la viva conciencia del valor de los derechos
de todos y cada uno;
---la vigencia y promoción del derecho
a la vida en todas las fases de la existencia, y de --
los derechos de la familia como comunidad
social básica.
-- la práctica de la justicia en
las relaciones laborales y de los derechos concernientes a la
vida de la comunidad política;
- -el velar por los derechos basados en
la vocación trascendente del hombre;
- -la existencia de una igualdad fundamental,
base del derecho de todos a participar en el proceso de desarrollo
pleno;
- -la vigencia inseparable de la solidaridad
y la libertad;
- -el respeto permanente de la verdad y
el bien, así como todos los seres que constituyen con el
hombre la Naturaleza" (n. 33-34). Estas notas han de tenerse
muy en cuenta a la hora de juzgar las propuestas y programas de
los diversos candidatos y partidos, aunque no seria realista pensar
que está sólo en manos del gobierno su posible realización
Son muchas las instituciones, incluida la Iglesia, las que tienen
que ver en este proyecto. Tampoco es suficiente la lo la iniciativa
privada sin el concurso del Estado pues, por muchos que sean los
individuos comprometidos, sin el apoyo de la sociedad éstos
son incapaces de realizarse en plenitud.
11. Finalmente,
reiteramos nuestro llamado a construir la máxima unidad
posible de los uruguayos en tomo a un proyecto mínimo común
que asegure las transformaciones que el país reclama, escuchando
todos en especial la voz de los más postergados; Así
podremos reanimar la esperanza tan cuestionada en nuestro Uruguay
de hoy, evitando en especial que muchos jóvenes sigan experimentando
la necesidad de abandonar su tierra.
12. Unidos
a todos los compatriotas de buena voluntad, cómo discípulos
de Cristo, ciudadanos de este país, nos comprometemos a
seguir aportando nuestra cuota parte al esfuerzo común.
Como Pastores llamamos a todos los católicos
a estar activamente presentes en esta hora de decisiones para
nuestro pueblo. Para facilitar esta presencia recomendamos a nuestros
grupos, comunidades y organismos, tanto a nivel nacional como
diocesano; el estudio y la difusión de este documento y
de otros que ayuden a ver la realidad nacional, juzgarla objetivamente
a la luz del Evangelio y tomar decisiones maduras y responsables
Como creyentes tenemos la convicción
de que en todo lo que hagamos o dejemos de hacer por el bien común
de nuestro pueblo se juega nuestra fidelidad a Jesucristo, nuestro
Maestro y Señor Convencidos de que "si el Señor
no construye la casa, en vano se cansan los constructores"
(Sal. 127,1) pedimos a todos que eleven sus oraciones a Dios por
quienes asumirán la responsabilidad de conducir el país
en el nuevo período. Al implorar la protección de
la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de nuestra Patria, les
impartimos a todos nuestra bendición pastoral.
+Mons. José Gottardi, sdb
Arzobispo de Montevideo
+Mons. Carlos Parteli
Arzobispo Emérito de Montevideo
+Mons. Roberto Cáceres
Obispo de Melo
+Mons. Andrés Ma. Rubio, sdb.
Obispo de Mercedes
+Mons. Daniel Gil, sj.
Obispo de Salto
+Mons. Raúl Scarrone
Obispo de Florida
+Mons. Pablo Galimberti
Obispo de San José de Mayo
+Mons. Víctor Gil
Obispo de Minas
+Mons. Rodolfo Wirz
Obispo de Maldonado- Punta del Este
+Mons. Orlando Romero
Obispo Auxiliar de Montevideo
+Mons. Luis del Castillo, Sj.
Obispo Auxiliar de Montevideo
+Mons. Orestes S. Nuti, sdb
Obispo de Canelones
Montevideo,13 de noviembre de l988
Solemnidad de la Virgen de los Treinta
y Tres.