EN UN NUEVO 1º DE MAYO

 

MENSAJE DE LOS OBISPOS URUGUAYOS A LAS COMUNIDADES CRISTIANAS Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD

Los Obispos del Uruguay nos hemos reunido una vez más para tratar diversos puntos de la sección pastoral de la Iglesia. Y en ocasión de la fecha del 1º de mayo, fiesta religiosa de San José Obrero y también mundialmente celebrada como "Día de los Trabajadores", queremos dirigirles una palabra como pastores del Pueblo de Dios.

Y especialmente en este momento en que hemos retornado a la vigencia de la democracia en sistema de gobierno y en la convivencia nacional, nuestra palabra quiere ser a la vez orientadora, de aliento y de esperanza.

En una ocasión semejante, el 1º de mayo de 1982, nos dirigíamos a ustedes en una extensa Carta Pastoral en la que analizamos la situación del país e indicamos las orientaciones que en aquel momento nos parecieron necesarias.

Hoy, el contenido de dicha Carta Pastoral es tan vigente como entonces También hoy vemos el sufrimiento de tantos hermanos nuestros ocasionado por la angustia económica que afecta a todo el país por las insuficientes fuentes de trabajo, a pesar de la voluntad de trabajar de la gente; por salarios menguados; por las jubilaciones y pensiones exiguas; por las condiciones precarias de vivienda y de salud; por la desnutrición en amplios sectores populares, por muchos otros padecimientos que, a pesar de los intentos de quienes se esfuerzan en remediarlos, no han podido todavía ser aliviados, en parte a causa del escaso tiempo de esta nueva situación de derecho.

Al mismo tiempo, vemos con agrado el funcionamiento cada vez más pleno de las instituciones propias de la democracia: políticas, parlamentarias sindicales, empresariales, así como la vitalidad de múltiples instituciones de asistencia y promoción, incluidas las de nuestra propia Iglesia. A toda esto cabe añadir el anhelo de concertación de muchas maneras manifestado.

Ante esta situación, a partir de las enseñanzas del Evangelio y del ’Magisterio de la Iglesia, reafirmamos el derecho del hombre uruguayo a un trabajo de tal modo remunerado que sirva para sostén y desarrollo de su familia. También el derecho del recibir de la comunidad las prestaciones necesarias para un nivel de vida acorde con la dignidad de toda persona en aspectos tales como la educación, la vivienda y la salud. Todo esto responde al designio de Dios para los hombres y por ello la Iglesia está comprometida en alentar las realizaciones que busquen una mayor justicia social una mayor fraternidad y un más humano planteamiento de los problemas sociales, en espíritu de y de participación de todos Por eso, como decía el Papa a los obreros en Quito, "hoy sigue siendo indispensable esta solidaridad, que ha de encontrar cauce adecuado en las organizaciones sindicales y profesionales, cuando son verdaderamente representativas de los legítimos intereses y aspiraciones de los trabajadores, y no fuerzas políticas quizá separadas de ello".

Por esto mismo, la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en que se violan dichos derechos y contribuir a orientar los cambios necesarios para que se realice un auténtico progreso del hombre y ,de la sociedad.

En este día acompañamos a todos los trabajadores de nuestro país y queremos hacer un llamamiento fraterno sumando nuestra voz a la de todos aquellos que son sensibles a las necesidades y angustias de la gente. Invitamos a todos a buscar el bien común y también el particular de cada persona deponiendo los egoísmos personales y grupales, y encarando los problemas con sanos criterios que tengan en cuenta la realidad. "En la raíz de los males de la sociedad. Lo señalaba recientemente el hablando a los trabajadores del Perú ,se encuentran, sin duda, situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, a veces de alcance internacional, que la Iglesia denuncia como "pecados sociales".

Pero sabe al mismo tiempo, que ello es fruto de la acumulación y de la concentración de muchos "pecados personales", que sería necesario evitar como raíz... Pecado de los dirigentes y responsables como en general, ’de todos los que no cumplen con sus deberes sociales. En definitiva pecados de insolidaridad y egoísmo de búsqueda del poder y del lucro por encima del servicio a los demás.

Para combatir esas raíces del mal se hace necesaria una auténtica solidaridad y una verdadera voluntad de diálogo, que agoten las caminos del entendimiento y de las soluciones pacíficas, antes de apelar a medidas de lucha o enfrentamiento Es necesario no ceder a la tentación de ideologías materialistas que, lejos de resolver los problemas, muchas veces los agravan, privando a los hombres del amor y de los valores religiosos, que son los más profundos del espíritu humano. Como decía el Concilio Vaticano II en su Mensaje a los Trabajadores, "no es el odio lo que salva al mundo, no es sólo el pan de la tierra lo que puede saciar el hambre del hombre".

Hacemos un llamado urgente a que, sobre todo de cara al invierno que se avecina, todos ejerzan con creatividad y generosidad, una solidaridad social, afectiva e inmediata, con los más necesitados y los más desposeídos en forma personal o a través de los organismos y programas de ayuda ya existentes. Estamos seguros de que esta reflexión y este llamado serán considerados y atendidos por todos, y en particular por aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de adoptar medidas que atenúen estos problemas.

Reiteramos nuestra voluntad de que "nuestro compromiso crezca y se profundice en la doble fidelidad al Evangelio y al hombre en situación de trabajo, en nuestra realidad actual y en comunión con toda la Iglesia".

No miremos solo el momento presente sino también hacia el futuro. Trabajemos con esfuerzo y esperanza, en la certeza de que no solamente estamos colaborando en la solución de los problemas actuales sino construyendo el porvenir, puesto que, según decía Juan Pablo II en "Laborem Exercens", "la patria es una gran encarnación histórica y social del trabajo de todas las generaciones".

Montevideo, 23 de abril de 1985.

Por la Conferencia Episcopal del Uruguay, los saludan

 

+Carlos Parteli

Arzobispo de Montevideo

+José Gottardi sdb Presidente de la CEU

Obispo Auxiliar de Montevideo

Vicepresidente

+Orestes S. Nuti sdb.

Obispo de Canelones

Secretario General