MENSAJE DE LOS OBISPOS URUGUAYOS

CON MOTIVO DEL "DIA DE LOS TRABAJADORES"

 

1. Al celebrar el 1° de mayo, los Obispos compartimos con Ustedes, mujeres y hombres del Uruguay, la dignidad del trabajo, en el que realizan su historia personal, aseguran el sustento cotidiano, y hacen posible una calidad de vida digna para sus familias. Conocemos, sin embargo, y nos preocupan las situaciones difíciles que muchos de ustedes padecen y los desafíos que afrontan en su vida laboral.

2. Las crisis económicas que afectan a nuestra economía repercuten con dureza, sobre todo, en los sectores populares más pobres. Son algunas notas de esta crisis: la desocupación, el número creciente de quienes van al seguro de paro, el empleo informal y el sub-empleo, la difícil situación de los trabajadores del agro.

3. A pesar de todo, reafirmamos que la mujer y el hombre, su familia y su trabajo han de ser el centro de toda preocupación social. Tal es el designio creador de Dios, Padre de todos, en quien creemos. Ese es en definitiva, el fundamento de la dignidad humana. Por eso, todo agravio contra el trabajador es una ofensa a Dios y un pecado contra la comunidad. Les invitamos a todos a descubrir, por los caminos de la fe, a Dios, protector de la vida, que nos encargó el cuidado de la creación y que se ha revelado en Jesús, trabajador de Nazaret, muerto y resucitado.

4. Valoramos el esfuerzo que todos los trabajadores - en el campo o en la ciudad, en la educación, la industria o el comercio, en el arte o el deporte - hacen por humanizar más a nuestro mundo globalizado, tan exigido por intereses contrapuestos. De este modo, guiados por el Espíritu Santo, colaboran en la construcción de un mundo reconciliado, en el que se va gestando el Reino de Dios, basado en la verdad, la justicia y la paz.

5. En este año 1999, en el que todos estamos llamados a ejercer nuestra responsabilidad política: alentamos los nuevos emprendimientos para atenuar el desempleo, el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas, los esfuerzos por capacitar a los trabajadores y permitirles acceder a nuevos sectores del mercado. Animamos a los gestores del bien común, en los diversos puestos de responsabilidad, a lograr un país donde cada uno pueda realizarse mediante un trabajo digno. Toda iniciativa que asegure la estabilidad del trabajo, cree nuevas posibilidades laborales, y acreciente la globalización de la solidaridad, merece todo nuestro interés y apoyo.

Que el testimonio de San José, Patrono de los trabajadores, nos aliente a todos.

 

LOS OBISPOS DEL URUGUAY

20 de abril de 1999