Comunicado de la Conferencia Episcopal Uruguaya
Reunidos en Conferencia episcopal extraordinaria para estudiar el documento básico de la II Conferencia del episcopado latinoamericano, mientras dirigimos nuestro pensamiento a los problemas comunes latinoamericanos, no podemos dejar de mirar con especial preocupación los momentos difíciles que vive nuestra Patria.
Ya en la pastoral colectiva que publicamos en la Cuaresma del pasado año 1967, expresamos clara y detenidamente nuestra pensamiento sobre los problemas que aquejan al Uruguay, iluminando con la luz del Evangelio el camino de las posibles soluciones; por eso no es ahora el momento de volver a analizarlo con detención.
Proclamamos una vez más nuestra fraterna solidaridad con las angustias y esperanzas de los hombres de nuestro tiempo, porque no hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los discípulos de Cristo (Cfr. G. et S. n. l ),
Por esto ofrecemos a nuestro pueblo, en primer lugar, como mediadores "elegidos entre los hombres y constituidos en favor de los hombres para las cosas que se refieren a Dios" (Hebr. V, 1), nuestra oración al Padre de los cielos, por Jesucristo nuestro Señor oración a la que invitamos insistentemente se unan todos nuestros hermanos en la fe y cuantos creen en Dios y su providencia convencidos de que "si el Señor no protege la ciudad, en vano vigilan los que se afanan por ella" (Salmo 126).
Pero el Señor confió a los hombres el dominio del mundo y la construcción de una sociedad verdaderamente humana y ésta no se construirá sin la decidida colaboración de todos en la solidaria búsqueda del bien común.
Y aquí, creemos, radica una de las causas más graves de nuestra situación actual: son muchos los que persiguen sus propios intereses y quieren lograr su bienestar a costa del bien común nacional.
Mientras se afianza en todos la convicción de que la sociedad puede y debe construir un orden que esté más al servicio dei hombre, crece la des- esperanza de quienes no logran el nivel de vida que reclama su condición humana y ven con angustia el diferirse de las soluciones eficaces; situación violenta que amenaza irrumpir en actitudes de violencia.
Por esto, urgidos por la situación actual y haciéndonos eco de los frecuentes llamados de S.S. Paulo VI en estos últimos tiempos, invitamos a los católicos, en primer lugar, y a todos los uruguayos de buena voluntad a colaborar decididamente en la búsqueda de soluciones eficaces y rápidas para los problemas que angustian a vastos sectores de nuestra población, superando toda actitud de egoísmo personal o de grupo.
Grave sin duda el deber de los que por su posición de responsabilidad y de gobierno están en condiciones de promover dichas soluciones; y no menor el de todos los que con un trabajo serio y responsable debemos comprometernos en su realización. Por otra parte, cuidemos para que la desesperación no nos lleve a actitudes descontroladas que pueden agravar la situación en vez de resolverla; no olvidemos los cristianos que todo en nuestra vida ha de ser inspirado y animado por el amor, según el nuevo y supremo mandamiento del Señor, desterrando en absoluto el odio de nuestros pensamientos y actitudes, sin renunciar a las justas reivindicaciones. Concluimos recordando, con el Concilio Vaticano II, que la paz social, que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia,. no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas espirituales y materiales. Son absolutamente necesarios el firme propósito de respetar a los demás hombres, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad, en orden a construir la paz. Así la paz es también fruto del amor que sobrepasan la meta indicada por la justicia (Cfr. G. et S. n. 78). Los Obispos uruguayos reafirmamos nuestra confianza en el sentido de responsabilidad de nuestro Pueblo que nos hace abrigar esperanzas de tiempos mejores.
Llegue a todos, con nuestro sincero afecto, nuestra bendición pastoral.
Montevideo, 19 de junio de 1968.
+Mons. Carlos Parteli
Arzobispo Coadjuntor de Montevideo
Administrador Apostólico Sede Plena
Presidente de la CEU
+Mons. Luis Baccino
Obispo de San José
+Mons. Humberto Tonna
Obispo de Florida
+Mons. Antonio Corso
Obispo de Maldonado-Punta del Este
+Orestes S. Nuti
Obispo de Canelones
+Marcelo Mendiharat
Obispo Coadj. De Salto
+Roberto Cáceres
Obispo de Melo
+Enrique L.Cabrera
Obispo de Mercedes
+Miguel Balaguer
Obispo de Tacuarembó
+Edmundo E.Quaglia
Obispo de Minas
+Andrés Ma. Rubio
Electo Obispo Auxiliar de Montevideo
Por Mandato de Sus Excias. Revmas.
Pbro.Dr. Julio Delpiazzo
Secretario General del Episcopado