DOCUMENTO DE LA CONFERENCIA
EPISCOPAL DEL URUGUAY ACERCA DE LA SITUACION NACIONAL
A LOS CATOLICOS Y A LOS HOMBRES DE BUENA
VOLUNTAD E NUESTRO PAIS
Durante la reunión ordinaria de la
Conferencia Episcopal hemos considerado atentamente Ios documentos
de la Segunda Conferencia General del Episcopado de América
Latina realizada en Medellin que recogen, desarrollan y se aplican
a nuestro Continente las enseñanzas del Concilio Vaticano
II y del Magisterio ordinario en materia social.
Queremos afirmar que la Iglesia Católica
en el Uruguay hace suyos los documentos de Medellín y asume
la responsabi1idad de llevarlos a la práctica con una particular
preocupación por los problemas de los más pobres
y necesitados.
Por eso a nadie puede extrañar que
los obispos y sacerdotes pongamos énfasis en los problemas
sociales e instemos reiteradamente a los laicos a asumir su compromiso
en la transformación de una sociedad herida por múltiples
injusticias, para convertirla en más justa, mas humana
y más fraterna.
SITUACION ACTUAL
Consubstanciados con el pueblo, conocemos
su pensamiento, escuchamos su palabra y compartimos su sufrimiento
e inseguridad, especialmente la de los marginados, de los obreros
y de los integrantes de la llamada clase media.
Esta situación nos causa profunda
preocupación y angustia, pues comprobamos que los desniveles
sociales son cada vez más acentuados y que se multiplican
los hogares golpeados por la preocupación y por la indigencia
crecientes.
Aquí como en otras partes, las generaciones
nuevas sienten la inquietud, muchas veces angustiosa del futuro,
sin que sus anhelos y reclamos justos encuentren siempre respuesta
adecuada; muchos jóvenes y hombres capacitados emigran
hacia horizontes mas promisorios, privando al país de valiosas
energías.
El desencuentro generacional perturba la
unidad y hasta puede ser motivo de una quiebra en el proceso normal
de un país que construye su destino; el malestar reinante
se traduce en actitudes de violencia, de motivaciones diversas
que nos resulta difícil discernir y calificar, pero que
indudablemente causan daños irreparables y desembocan en
situaciones dramáticas.
Comprobamos una cierta tendencia, en todos
los niveles, a proclamar enfáticamente los derechos sin
la contrapartida de los deberes correspondientes; como también
un auge creciente de los llamados vicios sociales, sin que se
advierta una voluntad decidida de atacar las causas que los desatan.
Por otra parte los métodos compulsivos
no resuelven de por si los problemas si no se ataca el mal en
su origen. Las tensiones sociales son inevitables y hasta pueden
ser constructivas cuando conservan su equilibrio, manteniendo
un diálogo fecundo y respetuoso. La ausencia del diálogo
ha llevado inevitablemente a otras maneras de plantear y resolver
los problemas. Lamentablemente una larga experiencia ha inducido
a los ciudadanos de todos los niveles a que cualquier reclamación
por justa que sea, necesita apoyarse en presiones mas o menos
radicales para ser atendidas. No han sido ajenos a este pernicioso
hábito social el egoísmo los intereses de grupos,
y una política excesivamente partidista. Nos angustia pensar
que por falta de diálogo sean desatendidos los que no pueden
o no saben hablar, y así se afirme un sordo y permanente
estado conflictual en el seno de la familia uruguaya.
En la raíz de la situación
actual se descubre una grave crisis moral originada por una concepción
predominantemente materialista de la vida que se proyecta a distintos
niveles, según los grupos o las personas que los forman
y afecta los órdenes político, económico,
social, cultural, y familiar.
El país necesita cambiar su mentalidad.
Es el gran cambio que nos permitirá reencontrarnos con
lo bueno que tuvo nuestro pasado y con lo mejor que aguardamos
del porvenir.
MISION DE LA IGLESIA
Queremos, en un sincero afán constructivo,
repetir algunas consideraciones y orientaciones ya adelantadas
por nuestra Iglesia en otras oportunidades pero no suficientemente
tenidas en cuenta en su momento.
Acordes con lo que declara el Concilio,
manifestamos que: "A la Iglesia, integrada por jerarquía
y fieles, no impulsa ambición terrena alguna. Sólo
desea una cosa; continuar bajo la guía del Espíritu,
la obra misma de Cristo,quien vino al mundo para dar testimonio
de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para
ser servido"(G. et S.nº3)
"La Iglesia quiere servir al mundo;
irradiando sobre él una luz y una vida que cura y eleva
la dignidad de la persona humana, consolida la unidad de la sociedad
y da un sentido y un significado más profundo a toda la
actividad de los hombres" (Doc. de la Conf. de Medellín
( "Justicia y Paz").
A nosotros Pastores de la Iglesia nos corresponde
educar la conciencia, inspirar, estimular y ayudar a orientar
todas las iniciativas que contribuyan a la formación del
hombre. Nos corresponde también denunciar todo aquello,
que al ir contra la justicia destruye la paz" (Doc. De la
Conf. de Medellín :: "(Justicia y Paz").
ORIENTACIONES
Hoy, por consiguiente, no podemos dejar
de hablar.
"El orden social y su progresivo desarrollo
deben en todo momento subordinarse al bien de la persona ya que
el orden institucional debe someterse al orden de las personas
y no al contrario" (G. et S. n 26). El "orden"
para que sea ordenado y ordenador debe surgir del seno mismo de
la comunidad, de la adhesión del pueblo a sus instituciones,
de su confianza en sus rectores y en su destino próximo
y futuro. "El orden social hay que desarrollarlo día
a día, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia,
vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un
equilibrio cada vez más humano. Para cumplir todos estos
objetivos, hay que proceder a una renovación de los espíritus
y a profundas reformas de la sociedad" (G. et S.
n 26).
Hay pues, una tarea urgente de educación
social y política. Esta logrará su meta cuando todos
los individuos y los grupos, de cualquier Indole que sean, pongan
su punto de mira en el bien total de la comunidad y no en sus
bienes particulares o personales.
Pero nadie puede aceptar las obligaciones
que derivan de estos principios, si no siente vivamente la razón
de esta vida social y el destino de esta comunidad. Razón
y destino que están sin duda inscritos en el alma del
pueblo, pero que deben hacerse patentes, especialmente en momentos
difíciles, por la clarividencia y las decisiones de quienes
asumen la responsabilidad de la conducción del país
La educación social y política
no puede eludir el transitar por el camino de la austeridad. El
pueblo debe ser invitado a la austeridad y esto se ha hecho varias
veces con rectitud de intención sin duda; pero, además
de estar claramente motivada, esta invitación debe estar
firmemente garantizada por la certeza de que la austeridad alcanza
a todos los sectores sociales y en primer término, a aquellos
que, tienen una situación más favorecida:
LLAMADOS
A este respecto hacemos nuestra la recomendación
de la Conferencia. Episcopal de Medellín:
"Quisiéramos dirigir nuestro
llamado especial a los que tienen una mayor participación
en la riqueza, en la cultura y en el poder. Sabemos que hay dirigentes
que son sensibles a las necesidades y tratan de remediarlas Estos
mismos reconocen que los privilegiados en su conjunto, muchas
veces, presionan a los gobernantes, con todos los medios de que
disponen, impidiendo los cambios necesarios
"Por lo tanto, les hacemos un llamado
urgente a fin de que no se valgan de la posición pacífica
de la Iglesia para oponerse pasiva o activamente, a las transformaciones
profundas que son necesarias. Si retienen celosamente sus privilegios
y sobre todo si los defienden empleando ellos mismos medios, violentos,
se hacen responsables ante la Historia de provocar las revoluciones
explosivas de la desesperación" (Justicia y Paz).
De su actitud depende pues, en gran parte, el porvenir pacifico
del país.
"Son también responsables de
la injusticia todos los que no actúan en favor de la justicia
en la medida de los medios de que disponen y permanecen pasivos
por temor a los sacrificios y a los riesgos personales que implica
toda acción audaz y verdaderamente eficaz" (Conf.
De Medellín: "Justicia y Paz"). Esta responsabilidad
es mayor entre quienes, dada su investidura de representantes
del pueblo, tienen el deber de buscar, estudiar y concretar las
mejores soluciones para los problemas de la comunidad.
Dirigimos también un llamado a todos
y a cada uno de los integrantes de los demás sectores de
nuestra comunidad humana trabajadores, estudiantes profesionales,
etc. para que, como lo pide Pablo Vl en Bogotá sean sujetos
conscientes de sus derechos y obligaciones, sean libremente un
elemento válido de progreso económico, cívico
y moral de la sociedad a la que pertenecen; es la grande y primordial
empresa sin cuyo cumplimiento cualquier cambio repentino de estructuras
sociales sería un artificio vano, efímero y peligroso".
Estamos seguros que todos los uruguayos
están por el orden, por la tranquilidad y por la paz Pero
no por un orden sólo aparente sino por un orden verdadero,
que esté centrado en la persona humana, en el respeto de
su dignidad y en el reconocimiento de su libertad.
Si el cristiano cree en la fecundidad de
la paz para llegar a la justicia, cree también que la justicia
es una condición ineludible para la paz.
.El estado de crisis en que hemos caído
nos dice con dureza que hemos errado el camino. No nos queda otra
cosa que rectificar el rumbo con sacrificio sin duda, pero sin
el miedo que paraliza.
CONVERSION INTERIOR Y ACCION
Debemos tener clara conciencia de que "para
nuestra verdadera liberación, todos los hombres necesitamos
una profunda conversión a fin de que llegue a nosotros
el reino de justicia, de paz y de amor. El origen de todo menosprecio
deI hombre, de toda injusticia, debe ser buscado en el desequilibrio
interior de la libertad humana. La originalidad del mensaje cristiano
no consiste tanto en la afirmación de la necesidad de un
cambio de estructuras, cuanto en la insistencia que deben hacer
en la conversión del hombre (Doc. De Medellín: "(Justicia
y Paz")
A la conversión interior ha de seguir
necesariamente la acción comprometida en el medio; en este
campo, los laicos no deben esperar de sus Pastores soluciones
concretas para los problemas temporales, en los que obviamente,
son licitas distintas opciones; deben, sin embargo, recibir de
ellos orientaciones doctrinales e impulso espiritual para que
toda actividad temporal de los fieles quede como inundada por
la luz del Evangelio". (G. et. S. Nº 43).
Confiamos que "todos los Presbíteros,
sean diocesanos sean religiosos, quienes quedan constituidos en
diligentes cooperadores del orden episcopal, en unión de
voluntad con el Obispo hagan más provechosa la acción
pastoral de todos" (Christus Dominus nº8), ayudando,
con prudencia pastoral, hoy más que nunca necesaria en
esta coyuntura difícil que vivimos, en la clarificación
de los problemas y en la pacificación de los espíritus.
ESPERANZA
No olviden nunca los cristianos que todo
lo que acontece va preparando misteriosamente el advenimiento
del Reino del Padre en Cristo Salvador y Cabeza de la humanidad.
Esta esperanza, tiene su realización
aquí en la Historia parcialmente. No se realiza sin sufrimientos
y sin rupturas; pero todo está inmerso en el misterio pascual,
tránsito de muerte a vida. El cristiano debe ir alcanzando
estas metas parciales, sin perder de vista la realización
plena, escatológica del Reino final.
No obstante, la espera de una tierra nueva
no debe amortiguar, sino más bien avivar la preocupación
de perfeccionar esta tierra donde crece el cuerpo de la nueva
familia humana, el cual puede, de alguna manera, anticipar un
vislumbre del siglo nuevo" (G. et S. n 39).
Y mientras luchamos todos por la reconstrucción.
y transformación de nuestra comunidad nacional, oremos
al Señor para que ilumine los pasos de todos los que, con
buena voluntad y rectitud de intención, buscan por caminos,
justos y eficaces la solución de todos los problemas de
nuestra Patria
Al terminar este llamado dirigimos una súplica
confiada a la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona de nuestra
Patria, cuyo patrocinio queremos especialmente invocar en Florida
el próximo 10 de noviembre; Ella que acompañó
el nacimiento del Uruguay a una vida libre quiera asistirnos en
esta coyuntura de la Historia
Montevideo, 7 de octubre de 1968
+CARLOS PARTELI
Arzobispo Coadjutor de Montevideo
Administrador Apostólico Sede Plena
Presidente de Ia CEU
+MARCELO MENDIHARAT
Obispo Coadj. de Salto
+ HUMBERTO TONNA
Obispo de Florida
+ ROBERTO CACERES
Obispo de Melo
+ LUIS BACCINO
Obispo de San José
+ EDMUNDO E. QUAGLIA
Obispo de Minas
+ MIGUEL BALAGUER
Obispo de Tacuarembó
+ ENRIQUE L, CABRERA
Obispo de Mercedes
+ ORESTES S. NUTI
Obispo de Canelones
+ ANTONIO CORSO
Obispo de Maldonado y Punta de Este
+ANDRES MA. RUBIO
Obispo Auxiliar de Montevideo
Por mandato de los Sres. Obispos
Julio César Delpiazzo, Pbro.
Secretario General del Episcopado