REFLEXION PASTORAL

SOBRE LA SITUACION ACTUAL

A nuestros hermanos en la fe y a todos los hombres de buena voluntad les deseamos el favor y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo

1. INTRODUCCION

Como Pastores y servidores de los hombres, preocupados por servir con fidelidad a todo el Pueblo Uruguayo al que hemos sido enviados, observamos detenidamente con mirada de creyentes la situación actual de nuestro País.

Queremos compartir con ustedes nuestra visión de la hora presente y ayudarles a descubrir la misteriosa acción de Dios que discreta pero eficazmente actúa en nuestra historia obrando la salvación. Esta iniciativa del Señor nos invita y a dejarnos conducir por el Espíritu. Creemos que sólo así será posible inaugurar una nueva situación abierta a la esperanza de un futuro mejor.

La Iglesia se dispone a celebrar el Adviento: un tiempo de esperanza, de abrir caminos, de remover obstáculos, de hacer la salvación de Dios.

En el Adviento conmemoramos la primera venida del Señor, cuando en la pobreza total y en la humildad la Palabra de Dios, la Verdad Eterna que es Luz y Salvación se hizo hombre entre nosotros.

El Adviento será también para nosotros los cristianos, el tiempo de alzar el corazón hacia la segunda venida del Señor, en su gloria, a consumar la obra de la liberación definitiva y eterna del hombre y del mundo.

El Salvador que ya vino y realizó nuestra salvación es el fundamento inconmovible de muestra confianza y esperanza. Ciertamente, ¡el Señor ha salvado al hombre!

Pero el Adviento no nos invita solamente a mirar agradecidos al pasado y llenos de esperanza hacia el futuro. Es también un compromiso de presente. Donde el Señor y su Palabra esté todavía ausente, ahí deberá ocurrir y celebrarse la Navidad. Ese es el compromiso que asumimos: preparar los caminos, enderezar senderos en nosotros mismos y en nuestra sociedad.

Desde esta perspectiva de fe queremos contemplar las situaciones que atraviesa nuestro pueblo. Ciertamente podemos comprobar muchas situaciones que ofenden la dignidad de los hombres, pero creemos que el Señor ha vencido la raíz de esos males que es el pecado, y aunque las consecuencias del pecado aún nos oprimen y tiranizan provocando situaciones angustiosas, la esperanza de Jesús, "Dios con nosotros", y de su segunda venida introduce una realidad nueva para el tiempo presente. Esta es nuestra convicción de fe.

2. SITUACION GENERAL

Orientados por el estilo del actuar de Dios que para salvarnos se encarnó y asumió todas las situaciones humanas, menos el pecado, también nosotros queremos ser conscientes de nuestra situación y asumirla en sus rasgos positivos y negativos y proclamar sobre ella el mensaje de1 Evangelio.

Intentando ahora discernir las situaciones que afligen a nuestro pueblo y que desafían a nuestra acción pastoral, enumeramos algunas de ellas.

2. 1 Si bien los uruguayos nos sentimos felices de haber recobrado la normalidad institucional, la realidad que estamos viviendo nos dice que faltan todavía otros pasos para alcanzar la plenitud de una democracia auténtica.

Sin una renovación de las actitudes y los criterios que rigen la acción política y social y sin los cambios de ciertas estructuras inconciliables con la justicia distributiva, la sola libertad electoral es insuficiente para sostener un orden de convivencia, que conjugando con equidad los derechos y las obligaciones evite las frustraciones y los conflictos permanentes.

Existen unos claros indicadores que permiten conocer la vigencia o 1a ausencia de aquellos valores fundamentales que conforman una real convivencia democrática. Por ejemplo, la igualdad de posibilidades para todos de satisfacer las elementales necesidades de una vida decorosa; o, al revés, la notoria situación de miseria material y espiritual de grandes sectores del pueblo. La libre y efectiva participación de todos en los cuerpos intermedios; o; a la inversa, el silencio o el menosprecio de esas voces que expresan los anhelos del pueblo. La situación de privilegio de los pobres o de desamparo en que se encuentran los más pobres, son algunos de las signos que manifiestan el grado de vigencia del sentir democrático de una comunidad humana

Existe el desconcierto ante el espectáculo de disensos que parece haber sucedido a otros momentos de consenso Aumenta la deserción escolar, claro signo de la miseria material que exige el trabajo prematuro de los niños, empuja a la mendicidad o, lo que es peor; a la delincuencia infantil Todo ello oscurece el futuro de cada generación.

Las crisis políticas toman, a veces, tonos amenazasteis; los enfrentamientos de trabajadores sindicalizados y empresarios constituyen serios obstáculos para que el trabajo encuentre el lugar central dentro de la compleja problemática social (cfr, Laborem Exercens, 3): Continúa la emigración interna o externa hacia otros lugares con los inconvenientes de ese desarraigo; aumenta el consumo de drogas entre los adolescentes y jóvenes prosigue la pauperización, hasta el punto extremo de que algunos hermanos nuestros se alimentan de lo que otros desechan.

El aborto, crimen repudiable, sigue siendo una práctica tolerada. Una excesiva politización de los problemas impide plantearlos en su ámbito propio y, para ello, les cierra el paso a las convenientes soluciones; el pago de la enorme deuda extrema. optime y disminuye márgenes de esperanza para reestructurar Ia economía nacional con sentido social incremento de la delincuencia provoca angustia e inseguridad a todos.

La cultura nacional se debilita a causa de las agresiones culturales de los centros mundiales de poder y la decadencia moral genera inseguridad en los comportamientos de unos con los otros Cada ida comprobamos cómo se instrumenta la miseria y el dolor ajenos para provecho de grupos La familia, de una manera especial, sufre el impacto de todos estos males.

Duele también el ver como muchos van perdiendo su fe, cayendo en el desaliento que se expresa en la dolorosa experiencia de la ausencia del sentido de la vida.

2.2 Pero, felizmente estos rasgos sombríos de la situación que vivimos quedan, en parte, contrarrestados por muchos otros de signo positivo.

Vivimos en un Estado de Derecho con garantías públicas. Comprobamos en el pueblo un anhelo profundo de paz social de reconciliación histórica. El grado de participación de tantos organismos en la vida social es satisfactoriamente mayor y la conflictividad sociaI está regulada por Cauces de procesamiento civilizado e instancias de acuerdos justos. El pueblo desea la gobernabilidad del País,

Complace que los Derechos Humanos sean una aspiración de todos los grupos sociales y que todos busquen decididamente su vigencia en el País. Comprobamos con satisfacción cómo muchos cristianos asumen los compromisos de su fe en sus actividades profesionales, políticas y sociales. Llena de esperanza y de alegría el ver a tantos hombres honrados y sinceros que, tal vez, aún sin haber descubierto explícitamente al Señor de nuestra fe, luchan con lealtad por un Uruguay más justo y solidario de acuerdo con los valores éticos perennes, que alientan en los corazones rectos.

Conviene ahora dejar que estos hechos nos hablen y nos interroguen y que el creyente se disponga en oración a escuchar la voz del Señor que habla desde estos hechos. Con ellos, nos hacemos estas preguntas:

¿Qué mundo, qué valores, qué ideales estamos gestando para la generación que está surgiendo? ¿Qué Uruguay queremos construir? ¿Qué grado de conversión nos pide el Señor para ser fieles discípulos suyos? ¿Estamos colaborando en la explotación de los débiles o aceptando resignadamente que un sistema materialista, inspirado en el afán del lucro, margine y destruya a amplios sectores de nuestro pueblo? La religión del dios Dinero, del dios Placer y del dios Poder ¿ha logrado instalarse en nuestras vidas? ¿Nos confiamos a ilusorios mesianismos materialistas que desconocen a Jesús de Nazaret como Señor de la historia?

VALIDEZ DE LOS DERECHOS HUMANOS

Compartimos con tantos compatriotas el reclamo del respeto y promoción de los derechos humanos.

3. l Estos Derechos, tal como son reconocidos por todos, son esos valores que todos pueden aceptar sin violentar sus conciencias responsablemente formadas. Aun cuando los Uruguayos formamos parte de un País que dio ejemplo de una avanzada legislación social, sobre todo en el campo laboral, de la cual fue fervoroso animador e impulsor Mons. Mariano Soler, primer Arzobispo de Montevideo, sin embargo la violación de los Derechos Humanos también es parte de nuestra historia: la baja natalidad, la discriminación escolar entre alumnos que reciben educación gratuita y alumnos que, por ser coherentes con sus principios religiosos, sus familias deben pagar además la escuela de su preferencia; son algunos ejemplos del desconocimiento de los Derechos Humanos, anteriores al reciente período de nuestra historia, agitado tanto por la violencia de la subversión como de la represión.

3. 2 En esta hora actual, en la que estamos todos comprometidos, el cristiano ha de guiarse por las exigencias del Bien Común que predomina sobre los intereses partidarios y sectoriales. El respeto a los Derechos Humanos no es optativo; nos compete a todos. Es "patrimonio común" de todos los uruguayos y, por tanto, nadie tiene su monopolio.

En el caso de los Proyectos de Pacificación Nacional que ha ocasionado enfrentamientos en nuestra vida política y social, cabe decir lo siguiente: un pueblo elabora para sí un cuerpo jurídico de ordenamiento que es la expresión de su conciencia social y que, por tanto, exige un cumplimiento exacto. Sólo ea casos extraordinarios se acuden a la amnistía ya que ésta suspende la aplicación de esas normas consideradas por todos como obligatorias. Un exceso de la misma desalentaría los esfuerzos de superación moral y conduciría a una impunidad, a un permisivismo social disolvente. Y, por otra parte, no acudir a ella cuando es razonable provocaría más males que los que se intenta evitar y se dañaría el Bien Común por consideración a situaciones particulares.

Creemos que pertenece a los representantes del pueblo determinar en cada situación si se dan o no las condiciones que legitiman la amnistía.

3. 3 Dada la importancia del tema de los Derechos Humanos, esperamos que la legislación nacional provea de nuevas normas que cubran la defensa de los ciudadanos respecto a la tortura y malos tratos y de otros Derechos Humanos, ya que estamos convencidos de que la defensa de estos Derechos es anterior a cualquier opción política. Es la persona y su dignidad la que está en juego.

La importancia del tema de los Derechos Humanos nos ob1iga a dejar para otro momento un tratamiento más amplio y profundo. Deseamos abordar este tema, en otra ocasión, con mayor detenimiento.

4. LA LINEA DE NUESTRAS ORIENTACIONES PASTORALES

El 12 de noviembre de 1985, los Obispos invitábamos a toda la Comunidad Eclesial, en las Orientaciones Pastorales, a "acompañar evangélicamente al hombre y al pueblo uruguayo para ayudarlo a transformar desde dentro de su cultura, en hechos de salvación, los acontecimientos nuevos de su historia, su vida y ambientes concretos".

Hoy, a un año de aquella invitación, reafirmamos nuestro compromiso de servir a nuestro pueblo en los mismos términos que entonces nos proponíamos: "defender y promover Ios derechos de todos los oprimidos y denunciar todo lo que atente contra ellos", "favorecer el diálogo, la tolerancia y el legítimo pluralismo a todo nivel".

 

Con todo, somos conscientes de que no podemos quedarnos únicamente en ofrecerles estas reflexiones. Nos empeñamos además en continuar promoviendo una eficaz pastoral sociaI que eduque en La justicia, de acuerdo a la doctrina social de la Iglesia; sobre todo, en el Magisterio deI Papa Juan Pablo II, a quien pronto tendremos el gozo de recibir.

Apoyamos decididamente a los cristianos comprometidos en tareas políticas, gremiales, empresariales, estudiantiles, de enseñanza, cooperativistas, ruralistas y científicas. Estamos seguros de que el próximo Sínodo de los Obispos cuya temática será "La vocación y misión del laico en la Iglesia y en el mundo", iluminará ampliamente eI sentido de su compromiso cristiano.

Alentamos con este mensaje tanto a aquellos que enfrentan las urgencias ineludibIes de la hora presente como a Ios que tratan de buscar reflexivamente la raíz de los problemas que nos aquejan.

Todo este esfuerzo por recuperar una auténtica paz socia y por respetar los Derechos Humanos que nadie responsablemente puede eludir lo entendemos como experiencia característica del tiempo litúrgico de Adviento. Se trata de resumir y liberar en Jesús todo aqueIIo, el hombre y las cosas, que el Padre recapituló en su Hijo en el acontecimiento trascendente de la Encarnación. Por eso nuestra esperanza aún pasando por lo humano, lo trasciende. Buscamos y luchamos por una liberación total, por la Salvación revelada y realizada en Ia historia por el Señor que esperamos.

5. CONCLUSION

Al contemplar hoy nuestro País, cristiano por eI bautismo de la mayoría de sus hijos pero herido por la brecha escandalosa de pobres cada vez más numerosos y de ricos cada vez más ricos optamos por la justicia social que sacie el hambre de pan y el hambre de promoción y de paz. Y como administradores de los dones de Dios nos comprometemos a saciar el hambre de Dios que tantos hermanos nuestros padecen. Tenemos la esperanza de que llegue el día en que cada hombre se reconozca a si mismo como hijo de Dios en el mundo, creado a su imagen y semejanza, llamado a ser Señor de la creación y no su esclavo, y hermano de cada hombre. Esta es la esperanza que nos anima a procurar con ahínco la dignidad de cada hombre uruguayo.

Ponemos nuestra esperanza en manos de la Virgen de los Treinta y Tres, que desde los albores de la Patria nos fue guiando a la libertad como estrella de la Evangelización.

Con la responsabilidad de ser pastores pero, sobre todo, con el gozo y la alegría de ser cristianos nos despedimos y los bendecimos en Cristo, Redentor del mundo.

 

Montevideo, 12 noviembre de 1986.

+Mons. José Gottardi sdb

Arzobispo de Montevideo

Presidente de la CEU

+Mons. Marcelo Mendiharat

Obispo de Salto

Vicepresidente de la CEU

+ Mons. Humberto Tonna

Obispo de Florida

+ Mons. Roberto Cáceres

Obispo de Melo

+ Mons. Andrés M’ Rubio sdb

Obispo de Mercedes

+ Mons. Carlos A. Nicolini

Obispo Coadjutor de Salto

+ Mons. Raúl Scarrone

Obispo Auxiliar de Montevideo

+Mons. Daniel Gil sj

Obispo de Tacuarembó

+Mons. Pablo Galimberti

Obispo de San José de Mayo

+ Mons. Víctor Gil

Obispo de Minas

+ Mons. Orlando Romero

Obispo Auxiliar de Montevideo

+ Mons. Carlos Parteli

Arzobispo Emérito de Montevideo

+ Mons. Rodolfo Wirz

Obispo de Maldonado - Punta del Este

+ Mons. Orestes S. Nuti sdb

Obispo de Canelones

Secretario General