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Especial de NAVIDAD |
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Mensajes de Navidad de los Obispos uruguayos |
PORTADA | 2004 | |
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(Homilía de Mons. Orlando en la concelebración Eucarística con el Presbiterio en el día de su cumpleaños y del aniversario de su Ordenación Sacerdotal) |
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En
el Libro de los Proverbios leemos esta afirmación “Bebe
el agua de tu cisterna y la que fluye de tu propio pozo”. En
ella se inspira Bernardo de Claraval al hablar de la espiritualidad
diciendo que hay que saber “beber en su propio pozo”. Hay
acontecimientos y tiempos en nuestra propia vida: un cumpleaños, un
aniversario de
ordenación sacerdotal, el tiempo del Adviento que nos prepara a La
vida de cada uno es heredera de una trayectoria que nos antecede en el
tiempo, más aún, desde la eternidad, “Antes
de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras
del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las
naciones” (Jer.1,5). No
hemos comenzado de cero sino que nos hemos insertado en una historia que
nos precede y en la que hemos entrado por un llamado gratuito, tierno y
amoroso de
Dios. No somos necesarios si no es porque Dios ha querido que la historia
necesitara de nosotros. Sabemos
que no inventamos nada, a lo más, combinamos las cosas y las relaciones
humanas para extraer la novedad ya inserta en este mundo y en esta
historia que Dios gratuitamente nos ha regalado y nos ha confiado. La
vida no ha comenzado con nosotros ni terminará con nosotros; no obstante,
nos induce a no vivirla como si fuéramos dueño
de ella. Más
bien esto nos invita a
recibirla con profunda gratitud, a desarrollarla con cuidado e
inteligencia y entregarla con respecto a quienes nos sucederán. No
importa que no logremos todo lo que soñamos, ni acabemos todo lo
comenzado;
lo que sí importa es que el momento presente lo vivamos plena,
dócil y enteramente, con la consciencia de que desde este presente
aportamos lo nuevo y original de cada uno a la vida y a la historia que
nos ha precedido y continuará sin nosotros. No
podemos vivirla plenamente si nos dejamos atrapar por la angustia de un
pasado inacabado o estropeado, o por la ansiedad de un futuro que todavía
escapa a nuestras posibilidades o nos resulta incierto para lograr todo lo
que soñamos. Dios
es el que nos llamó y nos llama a la vida; es la primera y fundamental
vocación que nos marca, dignifica y compromete a
todos… nos ha llamado a compartir su misma vida por el bautismo,
nos ha sumergido en ese océano inmenso del amor de Más
aún, nos ha confiado el ministerio de la vida, para generarla en el mundo
y en la historia; ¡bendito ministerio por el que compartimos la
paternidad divina!. El Señor viene hoy en lo cotidiano y en el presente de nuestra historia. ¿De qué valdría de que el “Señor vino” o de que el “Señor vendrá” si no pasa por el “Hoy” en que El viene a un corazón abierto y purificado? “Ven
Señor Jesús y quédate con nosotros” eres
el fin de la historia humana, convergencia
de los deseos de
la historia y de la civilización, centro
del género humano, gozo
de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones. Amén
+Orlando |
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¡Feliz
Navidad para todos los uruguayos! Feliz y Santa Nochebuena para los
cristianos y las comunidades católicas de San José y Flores. Los
cristianos revivimos un acontecimiento asombroso: Dios infinito y
eterno, después de haber preparado un pueblo elegido, asumió nuestra
condición humana, haciéndose palpable y vulnerable. “Lo
hemos visto, tocado y oído”
testimonia el apóstol Juan. También nosotros podemos decir lo mismo. La
vida y el mensaje de Jesucristo revolucionan la historia del
pensamiento, la ética y la religión de todos los tiempos. Las acciones
que realiza, porque pertenecen al yo profundo del Hijo de Dios, saltan
las barreras del tiempo y constituyen una fuente y estímulo permanente
de novedad, que contradice las
visiones meramente economicistas, placenteras o evasivas de la vida. Navidad
no es retorno al pasado. Es la aventura de descubrir hoy, en las huellas
de la conciencia humana y en las vaivenes de la historia, la sed de
justicia y dignidad, procurando iluminarlas con las Palabras de Jesús,
Señor de la Historia. Los creyentes respondemos libremente a su llamado
y llevamos su Mensaje a todas las realidades y encrucijadas de la
sociedad: familia, trabajo, democracia, derechos humanos, educación,
ciencia y deseos de felicidad. Jesucristo nos ofrece la respuesta más
satisfactoria a la búsqueda religiosa de todos los tiempos. El
que nació en Belén jamás se aleja de este mundo. Porque Dios está
siempre silencioso y activo
en la creación y en la vida humana. En los pasos de fe, dudas,
miserias, tristezas y alegrías de cada uno de sus hijos nos sale al
encuentro con su gran misericordia. Esto es motivo de gozo, esperanza y
reconciliación. Ese es el acontecimiento que vale la pena celebrar una
vez más! A
todas las comunidades de la Diócesis les deseo abundantes frutos de Paz
Navideña contemplando el Rostro Compasivo de Dios.
+
Pablo Galimberti Obispo
de San José y Flores
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Cuando pensé enviar una tarjeta de Navidad a quienes me ligan deudas de amistad y de reconocimiento, sentí la necesidad de “desenvolver” de las tradicionales envolturas de colores, de engañosas ofertas de felicidad del “Papá Noel”, el paquete del Acontecimiento de la Navidad. Quise inspirarme en algo que no tuviera la solemnidad del lenguaje acostumbrado y que no condicionara al lector a ponerse en una educada receptividad o, después de leerlo, lo tirara respetuosamente en la papelera. Eché una mirada en la biblioteca para encontrar algún libro que me inspirara. De primera me impactó un título de Eduardo Galeano: “PATAS ARRIBA, LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS”. Un libro muy sugerente. Me pregunté cuál sería el mensaje de la Navidad en una realidad que la siento en muchas cosas de PATAS ARRIBA donde se educa al revés. Lo peor que nos puede pasar es andar de “patas arriba” sin tener conciencia de ello. Tenemos un rosario de palabras que el emplearlas son señal de buena honda, de sensibilidad social: los pobres y la pobreza, los niños, la mujer, los derechos humanos, la justicia, la solidaridad, el sexo y la sexualidad, el empobrecimiento, la paz… Estas palabras y todo el discurso que ellas originan, si no afectan efectivamente al que las proclaman, no tendrán la fuerza transformadora y convincente que ellas pretenden; se vaciarían de contenido en quienes discursean profanando lo sagrado que ellas encierran. Es andar de “patas arriba” cuando pretendemos implantar la paz con la guerra, defender la vida con la estrategia aterciopelada de la muerte, resaltar la dignidad de la persona con la negación de su identificación sexual, hablar de derechos donde “el vivo vive del bobo y el bobo de su escaso trabajo”; hablar de solidaridad porque doy de lo que me sobra, hablar de los pobres en un mundo inmensamente rico que fabrica incesantemente pobres. Celebrar la Navidad es celebrar al Dios de Jesucristo que no dudó en venir al mundo de “patas arriba”. No vino con la petulancia del conquistador, ni con la imposición de la verdad, ni con la bandera de la moralidad sino que siendo eterno y poderoso entra en nuestra historia en punta de pie, débil y frágil, siendo rico se hizo pobre, siendo sabio se hizo aprendiz de la vida por la cual canalizó su Mensaje. Fermento y sal en el corazón de la vida. El estilo del Dios de Jesucristo para las relaciones humanas que se inicia en el pesebre de Belén es el de la solidaridad fraterna. Por eso San Pablo nos exhorta: Entre ustedes tengan las misma actitud de Jesús: El, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios, al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos… presentándose como simple hombre. El trató de poner derecho lo que está al revés desde el corazón del hombre y de la mujer, desde el pobre, desde el marginado, desde los frágiles, desde los pisoteados, desde los últimos, no dando sino dándose. Navidad sello de la auténtica solidaridad: es la solidaridad del amor y el amor “no busca lo suyo… ni simpatiza con la injusticia”; es entrega de sí buscando comunión en igualdad de vida…Dios se hace “uno más” entre los hombres para que los hombres puedan enriquecerse hasta con la dignidad de hijos suyos. Proclamó “bienaventurados” a los pobres, a los desolados, a los pacientes, a los hambrientos y sedientos, a los que son capaces de compartir el padecimiento de los otros, a los que trabajan por la paz, a los de corazón recto, a los perseguidos por hacer el bien porque sus vidas son desde ya el lugar en que se genera la resurrección de transformación, de esperanza y de alegría. ¡FELIZ NAVIDAD! y ABUNDANTES BENDICIONES PARA EL NUEVO AÑO son mis anhelos fraternos. +Orlando |
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Navidad: Fiesta de la “cercanía” de Dios. En Jesús, Dios se hace cercano, se hace “Dios-con-nosotros” para que nosotros nos acerquemos a ÉL. ¿Cómo? ¿Por qué camino? Belén es el camino; el camino que nos acerca a Jesús, que nos lleva a encontrar a Jesús. Un camino que nos lleva a las afueras de la ciudad, a la periferia, donde viven los más pobres. Para verle resucitado será necesario “ir a Galilea” (Mt 28,7; Mc 16,7), a “la Galilea de los gentiles”, de los excluidos, de los “mal vistos”; ahora en la Navidad, para verle hay que dejarse guiar hasta la gruta de Belén, donde encontraremos a “un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en la pesebrera”; (Lc 2,12.19) es decir, en la batea donde comen los animales. Este es el camino que nos permite vivir la Navidad como la vivieron María y José, como la vivieron los Pastores de Belén, y como la vivieron los Magos de Oriente: el camino que nos lleva al encuentro de los más débiles, de los que viven en situaciones por las que nos recuerdan a aquel Niño pobre que nació en Belén. Para estar cerca de Jesús, en esta Navidad, es preciso acercarnos a los que, de algún modo se parecen a él: a los niños, a los que andan en la calle, a las madres solas, a los ancianos dejados de lado, a los discapacitados o minusválidos, a los que, como Jesús, cargan con el pecado del mundo ( Is 53, 11b. 12c; Jn 1,29). En estos días todos nos deseamos y decimos: ¡¡FELIZ NAVIDAD!!, la felicidad que yo les deseo, en esta Navidad, a cada uno de ustedes hermanas y hermanos, a las familias, a las comunidades cristianas de nuestra Diócesis, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: es la felicidad de ver a Jesús, de celebrar esta Fiesta con Jesús. En la medida en que abramos nuestros ojos, nuestros oídos y nuestro corazón a los más pobres, a los más débiles y a los que más sufren, podremos también nosotros en esta Navidad “alabar y glorificar a Dios” – como lo hicieron los pastores- “por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido” (Lc 2,20). En esta Noche Santa todos miramos hacia Jesús, hacia la ternura de Dios encarnada en la pequeñez de ese Niño que es “Dios-con-nosotros”. Pero desde este Niño, Dios también nos mira a nosotros, Dios también nos llama y nos pide un lugar para nacer. Si Dios eligió nacer en Belén, para que pueda nacer en nosotros, nuestro corazón tiene que parecerse a Belén, tiene que ser como Belén: pobre, humilde, sencillo, abierto; donde nadie se sienta rechazado, excluido. Que nuestro corazón sea Belén!! Que nuestra familia sea Belén!! Que nuestra comunidad sea Belén!! Somos Belén, cuando dejamos que lo nuevo de Dios nazca en nosotros. Somos Belén, cuando dejamos que Jesús transforme nuestra oscuridad en luz. Somos Belén, cuando nos dejamos atraer por este Niño cuyo nacimiento se nos anuncia como “Buena Noticia” (Lc 2,10). Un noticia, un Evangelio que es capaz de llenar de luz nuestra vida; una noticia que nos libera de la noche y nos rescata del pozo del desaliento y la desesperanza, de la rutina y el conformismo, porque la noche ha empezado a ser vencida por la luz de este Niño que nos trae el amanecer, para que también nosotros seamos capaces de admirar, de alabar y de cantar. Somos Belén, cuando nos dejamos CAMBIAR por este Niño que viene para hacernos más fraternos y solidarios, para hacernos más verdaderos y más alegres, para hacernos más comprometidos y responsables. Me viene a la memoria este hecho: un día, en una ciudad, los muros amanecieron pintados con consignas de guerra: “¡ármense!” “¡armémonos!”... y un niño con un pincel y un tarrito de pintura blanca iba tachando las “erres”, convirtiendo así al “ármense” en un “!ámense!” y al “armémonos” en ¡“amémonos”! Somos Belén, nuestro corazón es Belén, cuando dejamos que este Niño, que es Jesús, borre las “erres” de nuestros rencores, de nuestras rivalidades y resentimientos, de nuestros rechazos y rebeldías, de nuestras resistencias a lo nuevo de Dios; borre las “erres” de esa resignación, que nos lleva a bajar los brazos ante situaciones que podrían ser diferentes, resignación que nos lleva al entreguismo, a la desesperanza. Que nuestro corazón sea Belén, para que desde nosotros Dios siga llegando a los demás, como desde la pequeñez de los signos sacramentales, en la Eucaristía, llegará a nosotros en esta Noche Santa de la Navidad. Con corazón de padre, de pastor, de hermano y amigo les bendice y saluda entrañablemente su Obispo + Francisco |
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MENSAJE DE NAVIDAD DEL OBISPO DE MERCEDES "¡¡¡ A ÉL, nacido en Belén, lo Adoramos hoy en el Sacramento del Altar !!!" |
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A TODAS LAS COMUNIDADES Diócesis de Mercedes: La Navidad es una fecha de significado permanente, porque más que el recuerdo del día que nació Jesús, celebra el comienzo de su presencia entre nosotros. Al encarnarse en el seno de la Inmaculada y siempre Virgen María, la Palabra de Dios se hace hombre, asume todo lo humano y entra a compartir nuestra existencia, conduciéndonos por el camino de la salvación. El vino para quedarse siempre con nosotros, no sólo señalándonos el camino, sino acompañándonos en la marcha, animando a toda la familia humana. Por eso Él dice de si mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14,6) Él es el Señor, Señor de la Historia, que ejerce su señorío sin otro objetivo que la salvación. Precisamente porque nos ama quiere salvarnos, curarnos y liberarnos. Todos celebramos la Navidad con diversas expresiones de amor y fraternidad. La alegre Misa de la Nochebuena, los saludos y augurios, la fiesta familiar, los conciertos navideños, los brindis en los lugares de trabajo, las convivencias en las Comunidades, los pesebres vivientes....todo deja aflorar y manifiesta lo que se anida en el corazón humano: un fuerte anhelo de fraternidad, de alegría compartida, de convivencia fraterna, de prosperidad, de Amor y de Paz. Estos anhelos, se subrayan en estos días, pero de hecho están latentes en el corazón humano, y manifiestan el valor de la vida. Pero un valor delicado, expuesto a marchitarse ante el soplo de las pasiones, de los antivalores, presentes en la raíz de nuestra naturaleza de pecadores. Bien sabemos que vivir nos exige luchar, y sólo triunfan los que luchan contra su propio egoísmo, su orgullo y su codicia. Si no dominamos estas pasiones, el amor se enfría y pronto cambia de signo. Entonces en lugar de vínculo de unidad, se convierte en instrumento de división. En la noche de Belén los ángeles cantan la Gloria de Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad. Siglos antes, el profeta Isaías vislumbraba esa hora cuando anunciaba el reino del Mesías, y veía cómo las lanzas se transformaban en azadas y las espadas en arados. No es este un sueño inalcanzable, sino un proyecto. Sin duda difícil de lograr, pero posible y realizable en todo momento y en toda circunstancia, puesto que la historia no es algo acabado, sino un proceso. Es la marcha de la humanidad que peregrina en la tierra. Este llamado del Señor que pide amor y paz, tiene encerrada la promesa de ESTAR SIEMPRE CON NOSOTROS !!! Promesa que sostiene siempre la Esperanza. Nos sostiene en las alegrías y en las penas; en el gozo y en el sufrimiento. Firmes en esta esperanza, que brilla como la estrella que guiaba la marcha de los magos. Esperanza que reanima, y alienta a sembrar con fatiga para cosechar con alegría. Quiera el Señor en esta Navidad nos llegue un mensaje de Esperanza; a los sanos para que agradezcan el don de la salud, y a los enfermos para que aprecien la fecundad de su cruz; a los que sufren los tantos nombres que tienen los dolores familiares todo lo que nos dice el Niño nacido en la dura cuna del pesebre de Belén. Jesucristo nos convoca a todos a su alrededor para hablarnos de amor y pedirnos nuestra respuesta. Él se nos presenta como la Verdad que nos hace libres (Juan 8.32), cuando siempre experimentamos la prueba de tantas confusiones, en un mundo donde todo parece ser válido y verdadero. Él nos convoca a la vida de su Iglesia “ya que la contemporaneidad de Cristo respecto al hombre de cada época se realiza en el cuerpo vivo de la Iglesia” (Juan Pablo II, El esplendor de la Verdad,25) A El, nacido en Belén, lo Adoramos hoy en el Sacramento del Altar !!! “Yo soy ese pan vivo que ha bajado del Cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre” (Juan 6,51) Que vivamos intensamente este año de la Eucaristía, año de oración por las Vocaciones, año del segundo encuentro Diocesano de Niños. ¡Reciban mi saludo y augurio de Feliz y Santa Navidad! Con mi Bendición + Carlos María
Collazzi |
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CARTA PASTORAL DE Mons. Luis del Castillo (Obispo de Melo) "DENLES USTEDES DE COMER"