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¡LEVANTAOS! ¡VAMOS! El nuevo libro de Juan Pablo II en Uruguay |
Universidad
Católica del Uruguay
29 de junio de 2004
INTRODUCCIÓN I) Supongamos que nos proponen escribir nuestras
Memorias. - Qué capítulos : vivencias o sucesos, incluiríamos...?
-¿Cuál sería el “eje” invisible que le daría
unidad? Vean
entonces que no existen recetas y hay muchas formas de presentar un relato
en primera persona. Juan Pablo II habla en primera persona pero no aburre.
Me parece que el secreto está en que las vivencias y recuerdos que cuenta
poseen una dinámica o un ritmo que escapa a su total control. El no es
“dueño” de esa historia; tampoco es una marioneta o un fantoche. Como
decía tan gráficamente Teresa de Calcuta: soy
un lápiz en las manos de Dios! Juan Pablo II se muestra muchas veces
pensativo ante la realidad. Quiere conocerla mediante la inteligencia (que
de acuerdo a su etimología quiere decir “leer adentro”). Leemos en la
página 100 de su último libro: “Hoy
hace falta mucha imaginación para aprender a dialogar sobre la fe y sobre
las cuestiones más fundamentales para el hombre. Se necesitan personas
que amen y que piensen, porque la imaginación vive del amor y del
pensamiento, y ella, a su vez,
alimenta nuestro pensamiento y enciende nuestro amor.” Juan Pablo II
a veces adhiere con pasión y fortaleza, otras veces adopta una actitud
contemplativa, como mirando desde una “altura” (que puede ser la luz
cautivante del Tabor o la oscuridad del Viernes Santo, en el Gólgota). Las
veces que me he encontrado a solas con Juan Pablo II he tenido esa sensación:
ojos que miran, oídos que escuchan. Igualmente cuando lo he encontrado en
su Capilla privada, muy temprano, recogido en oración, antes de celebrar
la Misa. II)
CONTEXTO: Los invito a introducirnos en la línea del tiempo. Karol
Wojtyla fue nombrado Obispo auxiliar en el año 1958, a los 38 años de
edad, y a los 6 años arzobispo, para suceder al Arzobispo que había
fallecido. En lugar de un arzobispo príncipe, llegó un proletario,
expresó. Pues era costumbre que esa sede episcopal fuera ocupada por un
clérigo de la aristocracia. Recordemos que precisamente este obispo
“proletario” escribirá como Papa una encíclica (la tercera) dedicada
al trabajo. Cuando
Wojtyla es designado obispo, el escenario mundial está polarizado por la
“guerra fría”. El Papa recibe, escucha y dialoga con los principales
protagonistas que acuden a él. Escribe George Weigel en su libro “Testigo de la Esperanza: la vida de Juan Pablo II, protagonista del
siglo”: “…Durante los años
80 dio pruebas de excepcionales dotes diplomáticas y ha demostrado poseer
una visión casi profética del camino que la historia habría de
tomar.” (pág. 546, c de la edición italiana). Y
en otro pasaje relata lo siguiente: “El
27 de febrero de 1985 el Ministro de Relaciones Exteriores soviético,
Andrei Gromyko interrumpe el retiro anual del Papa solicitando audiencia.
Juan Pablo II le habló de la libertad religiosa y de la libertad de la
Iglesia, pero Gromyko tenía otros problemas en la cabeza: estaba
preocupado por la ´iniciativa de defensa estratégica americana´
(popularmente conocida como ´guerra de las galaxias´) y buscaba la ayuda
de la Iglesia contra los Estados Unidos” (Ibid. p. 624, c). Mientras
leía el libro de Juan Pablo II, hice un rápido repaso de algunos capítulos
de la Autobiografía de Lech Walesa “Un
camino de esperanza”, para sumergirme en el clima de tensiones y
luchas que acompañaron la fundación del sindicato Solidaridad y la lucha
por las libertades que costó el sacrificio y hasta el asesinato de muchos
obreros y también de algunos sacerdotes. Pero
hay algo sorprendente en todo esto. Es probable que cualquiera de nosotros
hubiera incorporado acontecimientos de esta índole en sus Memorias. Sin
embargo eso no aparece en este libro. Como ya dije, el Papa atraviesa con
su mirada profética la corteza de las peripecias históricas
particulares. Esto me sorprendió mucho y se los voy a ilustrar con una anécdota
que vivimos los obispos uruguayos durante un almuerzo con el Papa: Hacía
poco que había caído el Muro de Berlín (levantado en Agosto del 61 y
derribado el 9 de noviembre de 1989) como símbolo de un régimen
represivo que había llegado a su fin. Fue entonces que un obispo uruguayo
le dijo al Papa: “Santo Padre, usted tuvo mucho que ver en la caída del
régimen comunista en Polonia!” A lo cual el Papa respondió de
inmediato con la mayor tranquilidad: SÍ, PORQUE ME VINE!!! Qué
sorprendente la manera de estar metido “dentro” de los acontecimientos
y al mismo tiempo estar como “afuera”. ¿No es eso, precisamente, lo
que llamamos “libertad”? En
este libro nos cautiva la mirada de fe de un creyente. A
mí se me hubiera ocurrido decir algo sobre el atentado sufrido por Juan
Pablo II en la Plaza San Pedro el 13 de mayo de 1981, a las 17 horas 13
minutos. Alí Agca, un killer profesional, le disparó con una Browning 9
mm semiautomática: dos proyectiles perforaron órganos vitales. La imagen
del Papa con sotana blanca ensangrentada recorrió de inmediato todo el
mundo. Una religiosa polaca, allí presente, recordó una poesía del Papa
(que aparece en el libro), dedicada a San Estanislao mártir: “Si
la palabra no ha convertido, será la sangre la que convierta!” Pero
fíjense la interpretación que hará posteriormente el Papa: “Una mano disparó, otra guió el proyectil”. Es que el atentado
ocurrió precisamente el día de la Virgen de Fátima. Además, dirá el
Papa, “no existen simples
coincidencias en los designios de la Providencia”. Agca había
disparado desde corta distancia y un proyectil pasó a un pelo de la aorta
central; si lo hubiera alcanzado, Juan Pablo II no habría llegado con
vida al quirófano del piso 9º del Gemelli. Además el proyectil habría
podido paralizarlo; pero no tocó ninguno de los principales centros
nerviosos. Durante
un almuerzo con el Papa, pocos días después que había ido a visitar a
su agresor en la cárcel romana de Rebibbia, pude preguntar al Papa qué
le había dicho este hombre. Y la respuesta del Papa fue: “¡Que
nunca había errado un tiro!”
Aunque
no aparezcan detalles como este, sin embargo el libro presenta al creyente
que vive todos los sucesos de su vida desde una mirada de fe. Esto es algo
admirable que vale la pena comprobarlo. A
modo de síntesis de algunas vivencias que deja el libro, voy a señalar
las siguientes: 1-CONFIANZA,
ante miedos y adversidades. Un ejemplo es la Meditación sobre la
paternidad, (pág. 123). “Paternidad” significa tres cosas: seguridad,
claridad, valentía (pág. 126, b) 2-FORTALEZA: “cuando todo se derrumba
alrededor de nosotros y tal vez también dentro de nosotros, Cristo sigue
siendo nuestro apoyo indefectible” (pág. 170) 3-Heroísmo y Santidad que riegan la historia. (Ver al final la anécdota sobre la beatificación de la Madre Fancisca Rubatto) Llama la atención la cantidad de veces que se
mencionan en el libro nombres de cristianos que por sus virtudes heroicas
fueron declarados “santos”, del pasado y del presente, muchos de ellos
mártires, que derramaron su sangre también en los campos de concentración
de la IIa. Guerra: Auschwitz y Dachau. -
Santos de
Cracovia y de la nación polaca (pág. 166-8) -
“Todos los días rezo las Letanías de la Nación Polaca en las que se
incluye a San Alberto”, un cristiano que dejó el arte para servir a los
vagabundos ayudó al joven Wojtyla a definir su vocación. A esos santos
de Cracovia los considero “mis protectores”. -
Característica de Juan Pablo II es la cantidad de
santos y santas que ha promovido como modelos de santidad para los
cristianos de hoy: religiosos, obispos, sacerdotes, una madre, un padre,
trabajadores. De todas las profesiones y ambientes. -
Anécdota: en 1993 en Roma. Juan Pablo II
había beatificado a la Madre María Francisca Rubatto, nacida cerca de
Turín. Falleció en Montevideo en el año 1904 y fue sepultada en el
cementerio de La Teja, barrio donde había trabajado como misionera.
“Que mi cuerpo sea sepultado en medio de mis queridos pobres”, había
pedido. Lo llamativo fue que el Papa, en la Plaza San Pedro, la llamó públicamente
“la primera beata del Uruguay”, ante una enorme cantidad de paisanos
italianos que se quedaron con la boca abierta porque el Papa la había
hecho “uruguaya”. Pero lo
más interesante fue que en el discurso que normalmente se entrega
previamente al Cuerpo Diplomático, eso no estaba escrito. El que me confió
este suceso fue un obispo argentino que trabaja en el Vaticano. Como a los
pocos días los obispos uruguayos estábamos invitados a almorzar con el
Papa, le pregunté por qué nos había hecho este regalo: “quiero que todos tengan a sus propios santos!!” 4-Pasión por la verdad: no esconderla. Al Papa lo
impactó el ejemplo de Edith Stein (pág. 88, b). En su primer viaje apostólico
a América Latina en el Discurso inaugural en Puebla (hace 25 años, el 28
de enero de 1979), Juan Pablo II al proponer a los obispos
latinoamericanos la misión, los invita a ser “Maestros
de la Verdad”: la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia y la
verdad sobre el hombre. 5- Integrar todo: (teatro=liturgia; filología=Palabra;
… … ) 6- Libertad religiosa, un derecho fundamental. Ejemplo
de la procesión con el marco vacío, cuando la imagen de la Virgen fue
curiosamente “arrestada”. Lo que en un primer momento fue un
atropello, se transformó en un grito silencioso por la libertad
religiosa. (p.56, b) 7-
Transparencia: cómo lo privado y lo público se vinculan y entrelazan
continuamente. No son las “memorias” de un personaje sino de un
creyente que nos relata lo que aprende de los jóvenes, por qué reúne
cada tanto a investigadores y pensadores para dialogar con ellos. Nos dice
también dónde iba a confesarse, dónde se retiraba para rezar y meditar.
Cuáles eran sus amigos, por qué escribió poesías sobre algunas
experiencias fuertes de su vida. 8- Amor a su nación, a su cultura. Vivir impregnado
de las propias tradiciones particulares no impide integrarse en la cultura
de la “globalización” (pág. 156). 9-
La fe como movimiento y acción. La fe del cristiano, de quien tiene una
responsabilidad en la iglesia, y de todo aquel que no quiera ser borrado
del mapa, por los poderes de este mundo, tiene que “moverse”.
“Levantarse” y después marchar!! Pero el amor de Dios no impone
cargas que no podamos soportar; pide pero nos ofrece su ayuda! (pág. 181,
c) |