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Pautas
de reflexión Católicos
Sociedad
Política
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ANTE
EL AÑO ELECTORAL
MENSAJE
DE LOS OBISPOS URUGUAYOS
1. Los uruguayos reconocemos el
valor de las expresiones electorales para el ejercicio de nuestra
democracia. En un sistema que se aplica por segunda vez, la ciudadanía es
convocada a manifestarse sucesivamente en elecciones al interior de los
partidos, en elecciones nacionales en las que se elegirá a los
legisladores y se votará candidatos a la presidencia, en un eventual
balotaje si ninguno de esos candidatos logra superar el 50% de los votos
y, finalmente, a elecciones municipales. Ocasionalmente es también
convocada a pronunciarse en plebiscitos o referéndums. 2. Es mucho lo que se juega en
cada elección y, al mismo tiempo, suele ponerse sobre los políticos
expectativas y esperanzas desmedidas, sobrevalorando sus reales
posibilidades y márgenes de acción en caso de llegar al gobierno.
Precisamente porque la función de gobierno es cada vez más compleja y
difícil, en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente y en
una sociedad cada vez más plural, es importante elegir bien a quienes
deberán asumir esa grave responsabilidad. 3. En un aporte a la reflexión
preelectoral, los Obispos queremos presentar algunos criterios que han de
ser tenidos en cuenta en estas jornadas electorales. Mirando a los
partidos y a los candidatos, a sus programas y propuestas, podemos
preguntarnos acerca de sus posiciones y actitudes respecto a:
4.
Ante toda convocatoria a
referéndum, es fundamental el
conocimiento directo de la ley sobre la que se consulta. El voto no puede
ser decidido por mera simpatía personal o inclinación partidaria, sino
que debe ser el resultado de un examen serio del texto en disputa, en un
clima de respeto a los que piensan distinto y de valoración de otras
respuestas. 5. Es
bueno recordar que la participación ciudadana en lo político no se
reduce a lo electoral. Existen
en nuestra sociedad diversas instituciones, organizaciones y movimientos,
los cuales, más allá de la defensa de sus intereses sectoriales están
llamados a ser canales para la participación de todos los uruguayos en la
construcción de la sociedad. En ese espíritu es que ofreceremos próximamente
unas Pautas de reflexión para todos aquellos que quieran profundizar en
la responsabilidad social del cristiano en vistas al año electoral. Que
el Padre Dios, que nos guía por el camino de la vida al gozo eterno de su
Reino, nos muestre en esta circunstancia los mejores caminos para nuestra
Patria. Junto a María, la Virgen de los Treinta y Tres
Orientales, invitamos a nuestras comunidades a orar por estas instancias
de decisión. Florida,
12 de noviembre de 2003 INDICE
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I.
Introducción Presentación 1.
Nuestra
intención en este Documento de trabajo
2.
Mirada profética
Los invitamos a dirigir una mirada profética a todos los rostros y
dimensiones de la “realidad”, descubriendo en ella el drama de
“semillas del Verbo” que maduran o mueren pisoteadas; porque “la
historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino más
bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre libertades que se oponen entre sí”.1
Los cristianos existimos en estado de “atención” permanente,
con un oído pegado a la Palabra de Dios y otro a la historia, es decir,
acontecimientos, noticias y situaciones, que mediante una lectura “con
los ojos de la fe” adquiere el significado de una palabra que también
interpela. 3.
El lenguaje de Dios
En su Bondad y Misericordia, Dios se hace cercano a través de
muchos signos: la naturaleza y sus misterios, la voz de la conciencia, la
vida generosa y feliz de los santos, herencia viva que acompañan el
caminar de la Iglesia; las alegrías, adversidades y sorpresas en el
transcurso de cada jornada. Pero todas las pistas convergen hacia la luz
de la Palabra definitiva, Jesucristo, el Hijo de Dios y de María. Pero al
igual que todo lenguaje, sólo “habla” para el que escucha y desea ver
el Rostro del Señor. 4.
Los pobres, una opción preferencial
La Iglesia de Jesús mira constantemente a su Señor y
Maestro, escucha ávidamente sus palabras y aprende a descifrar el
significado de sus gestos. Un momento clave de su vida, que marca el
comienzo de su ministerio, ocurre en Nazaret, donde se había criado. Entró
en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para
hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollándolo,
encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está
sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los
pobres...”2 En
el horizonte de su ministerio estarán siempre los “pobres”. También
para la Iglesia. Para todos los pobres y todas las pobrezas, miserias,
dolencias y heridas de hoy y de cada época, Jesús trae una “buena
noticia”; más aún, él mismo es la “buena noticia” que al
recibirla produce un acontecimiento digno de hacer memoria. Muchos toman
distancia para no quedar implicados; creyéndose limpios y justos no
pueden comprender que Jesús se acerque tanto, e incluso coma, con gente
“pecadora”. La respuesta de Jesús devuelve sabiamente el planteo al
campo de sus adversarios: “¡No vine para curar a los sanos (es decir, a
los que se consideran “sanos”) sino a los enfermos!” 5.
Poderosos y humildes: el Canto de María
El corazón de Dios es selectivo: ama y rechaza. “Derribó a los
poderosos de su trono y elevó a los humildes”3, canta la
Madre de Dios. Pero es claro que poderosos y humildes no son categorías
necesariamente sociológicas o económicas. Pero expresan que la Voluntad
de Dios “derriba” y “eleva”, hunde y levanta. Y son una
advertencia cuando el corazón se apega y confía en el “tener”:
dinero, honores, posesiones, afectos. Y hasta decimos que “tengo” a
Dios como si se pudiera disponer de él en lugar de ponerse a su servicio.
Pero la Misericordia divina mira con ojos benévolos para rescatar al
“humilde” y curar al pobre que desde el fondo de su alma clama día y
noche aguardando misericordia. La joven María de Nazaret es la virgen
luminosa y sin fracturas en su alma. Dios puso su mirada en su humildad y
pequeñez. Junto a ella aprenden todos los pobres, aprendemos todos los
creyentes. Hacia ella también pueden mirar los poderosos para romper la
idolatría del “poder” que compite con Dios. Pero Dios no es
indiferente ni entra en nuestro juego: “Colmó de bienes a los
hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” 4. 6.
“Rostros”
de pobres Existe
una preferencia y una misteriosa presencia de Jesús en el “pobre”.
Inspirados en las palabras de Jesús “cada vez que lo hicieron con el más
pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”5 la Iglesia de nuestro continente, usando una metáfora
muy común en la Biblia, ha indicado
algunos “rostros” que interpelan más en nuestros días:
“rostros desfigurados por el hambre, consecuencia de la inflación, de
la deuda externa y de injusticias sociales; los rostros desilusionados por
los que prometen pero no cumplen; rostros humillados a causa de su propia
cultura, que no es respetada; rostros aterrorizados por la violencia
diaria e indiscriminada; rostros angustiados de los menores abandonados
que caminan por nuestras calles; rostros de las mujeres humilladas y
postergadas; rostros cansados de los migrantes, que no encuentran
digna acogida; rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo de
los que no tienen lo mínimo para sobrevivir dignamente. El amor
misericordioso es también volverse a los que se encuentran en carencia
espiritual, moral, social y cultural.”6 A
esos rostros podríamos añadir los que encontramos en nuestro camino, los
que hacen cola buscando un trabajo; los que en los semáforos limpian
parabrisas o hacen piruetas circenses por una moneda, los hambrientos que
meten la mano en la basura, los tristes que quieren y no pueden modificar
conductas compulsivas o adicciones que los van matando, los niños huérfanos
con padres vivos, los que “aguantan”
sentados en la vereda, los rostros endurecidos por la violencia, que
cierran las puertas a un futuro mejor. La lista de pobrezas, marginados o
excluidos que esperan “salvación”, en la que tendríamos que incluir
nuestro propio “rostro”, hoy, no tiene fin y siempre está abierta.
Las
cuestiones sociales integran la
enseñanza de la Iglesia
1.
“Intervenir” en política: un derecho y una necesidad Cuando
los Pastores (Obispos, Presbíteros) de la Iglesia hablan o intervienen en
cuestiones sociales, políticas y económicas, a algunos les parece que
entran en terreno ajeno. Pero ¿puede considerarse “ajeno” lo que
aflige a personas de carne y hueso, a familias o sectores de la sociedad?
¿Hace política la madre que llora a su pequeño hijo que murió en un
centro asistencial por falta de medicamentos? Son beneficiosas todas las
acciones que reclaman una atención digna para los pobres y ponen al
descubierto la injusta distribución de los recursos disponibles en el país.
Pero un Obispo o un Párroco, no puede reemplazar al fiel laico ni el
laico ocupar el lugar del Pastor. Cada uno debe desempeñarse en la misión
y en el lugar que le es propio a su estado y vocación. Reclamar
un derecho, señalar omisiones y colaborar en la medida de nuestras
posibilidades es deber de todo ciudadano honesto y es una contribución
necesaria a la democracia. Corresponderá después a los profesionales de
la política y a los técnicos, diseñar las soluciones más apropiadas
para la vigencia plena de todos los derechos humanos, la calidad de vida y
la felicidad de los ciudadanos. Hay veces, incluso, que las soluciones están
en nuestras propias manos. Así lo expresaba el Papa en una zona
carenciada de Guadalajara, Méjico: “Ante vuestra agobiante situación,
invito con todas mis fuerzas a todo el que tiene medios y se siente
cristiano, a renovarse y promover una mayor justicia, dando incluso de lo
propio para que a nadie falte el conveniente alimento, vestido, habitación,
cultura, trabajo; todo lo que da dignidad a la persona humana.”7 2.
El que ejerce un poder de decisión no puede ser improvisador Hay
muchas maneras de interesarse o involucrarse en los asuntos sociales y políticos.
Los fieles católicos, sal y fermento de la sociedad, necesitan que sus
pastores, respetando las legítimas opciones partidarias de los fieles,
propongan orientaciones y criterios de juicio, en especial en coyunturas
que requieren pronunciamientos ciudadanos. ”Se debe trabajar
incansablemente para la formación de los políticos, de todos los que
tienen algún poder decisorio, grande o pequeño y, en general, de todos
los miembros de la sociedad, de modo que asuman plenamente las propias
responsabilidades y sepan dar un rostro humano y solidario a la economía.”8 3.
Difundir la doctrina social: prioridad pastoral Difundir
la doctrina social de la Iglesia –expresaba Juan Pablo II- adquiere la
dimensión de “una verdadera prioridad pastoral”9, tanto
para afrontar adecuadamente
las diversas situaciones con una conciencia recta, iluminada por la fe,
como para fomentar y orientar el compromiso de los laicos en la vida pública.
“En efecto, de poco servirían las denuncias, la proclamación teórica
de los principios, si éstos no son firmemente interiorizados mediante una
formación generalizada y sistemática. De este modo se abre un cauce de
incidencia real y concreta de los valores inspirados por el Evangelio en
el mundo de la cultura, de la tecnología, de la economía o de la política.”10 Es importante que en América –decía el Papa- “los
agentes de evangelización –Obispos, sacerdotes, profesores, animadores
pastorales, etc.- asimilen este tesoro que es la doctrina social de la
Iglesia, e, iluminados por ella, se hagan capaces de leer la realidad
actual y buscar vías para la acción”11. La
Iglesia no solamente debe exponer los principios religiosos o dogmáticos,
sino los principios morales y de convivencia. Propone los principios
morales sobre el orden económico y social y emite juicios morales sobre
toda realidad humana “cuando esto lo exijan los derechos fundamentales
de la persona o de la salvación de las almas”12. Con esta
clara postura el Concilio Vaticano II, a mediados de la década del 60 salía
al cruce de algunas teorías y prácticas que relegan la Iglesia a la
sacristía. 4.
Todo
lo que se refiere a la vida en sociedad es “política”.
Los seres humanos siempre han buscado seguridad (defensa y protección)
para sus vidas a través de
distintos caminos. Uno de ellos ha sido poner freno a la ley del más
fuerte que oprime al más débil. Para conjurar esta amenaza los griegos
fundaron “ciudades”, que funcionaban como asociaciones de mutua
defensa.
Pero mientras solucionaban un problema estaban creando otro más
difícil: ¿cómo gobernar las ciudades? ¿cómo tomar decisiones
colectivas cuando los miembros de la ciudad no concuerdan entre sí? No
alcanzaba con levantar muros y fortificaciones, cuando el enemigo, un
tirano por ejemplo, duerme adentro. Pasó mucho tiempo antes de que los
griegos llegaran a la conclusión de que si la ciudad era una asociación
de personas libres que no querían someterse a la voluntad de nadie, sus
miembros debían darse una igual oportunidad de influir sobre los asuntos
comunes. Habían descubierto una nueva forma de convivencia a la que
dieron el nombre de política, adjetivo derivado de polis, o sea, todo lo
que se refiere a la ciudad y por lo tanto al ciudadano, a lo civil o público,
lo sociable y social. La política era el tipo de convivencia propio de
hombres libres que querían salvaguardar su libertad13. Por eso se reconocían mutuamente como iguales y
renunciaban al uso de la fuerza como manera de resolver sus conflictos. El
concepto de política, entendida como forma de actividad cuya esencia es
funcionar en base a compromisos y acuerdos.
5. Democracia: régimen siempre mejorable
A pesar de sus inestabilidades y enfrentamientos internos, la
democracia constituye un régimen político, o sea, un régimen sostenido
voluntariamente por ciudadanos que, a pesar de todas las diferencias y
dificultades que los pueden enfrentar, reconocen tener un elemento en común:
aceptan convertir sus conflictos en conflictos políticos, es decir, en
confrontaciones que deben ser resueltas dentro de ciertos límites y de
acuerdo con determinadas garantías que todos reconocen como legítimas.
La democracia es entonces, por naturaleza, un régimen inacabado, abierto
a transformaciones que lo perfeccionen en respuesta a cuestionamientos que
él mismo suscita.
6. Diálogo y discusión:
El diálogo y la discusión era una herramienta básica entre los
fundadores de la democracia. Un historiador reflexiona a este propósito:
“La vida de la polis, en una gran medida, consistía en discusiones
entre ciudadanos. En este hablar incesante los Griegos descubrieron que el
mundo que compartimos en común está constituido por lo general por un número
infinito de situaciones diferentes, a las cuales corresponden los puntos
de vista más diversos. En una oleada inagotable de argumentos, como
planteaban los Sofistas a los ciudadanos de Atenas, el Griego aprendía a
intercambiar su propio punto de vista, su propia opinión con sus
con-ciudadanos. Los Griegos aprendían a comprender
-no a comprenderse el uno al otro en cuanto personas individuales,
sino a considerar el mismo mundo a partir de la perspectiva de otro
Griego, a ver la misma cosa bajo aspectos muy diferentes y frecuentemente
opuestos.”14
7.
La política y los políticos en el escenario uruguayo
Trabajar en política es una actividad en la que algunos ciudadanos
invierten sus mejores energías; muchas veces es la puerta para obtener un
trabajo remunerado; para otros significa ingresar a una red de influencias
y de clientelismo de la cual eventualmente pueden obtenerse ventajas.
Muchos identifican la política con un sector privilegiado de la sociedad
cercano a las esferas de gobierno, con el cual hay que tratar y negociar,
apoyando o discrepando según los casos. Muchos ciudadanos ven el conjunto
de actividades públicas como resultado de un manejo discrecional poco
transparente, lo cual les causa perplejidad y por ello toman distancia.
Los cristianos, presentes en todos los rincones
de la sociedad, como el alma en el cuerpo, están presentes en
todos los ámbitos de la vida, privada, familiar, vecinal, nacional e
internacional, como lugares y oportunidades para hacer resplandecer con la
propia fe la luz de Cristo.
8.
Políticos ejemplares : heroísmo y santidad
A lo largo de la historia ha habido muchos hombres y mujeres que
ejercieron cargos de gobierno y brillaron por sus virtudes. También los
hubo en nuestro país. La Iglesia, por su parte, ha incorporado en el
calendario de Santos a numerosos cristianos que han servido a Dios a través
de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno.
Entre ellos, Santo Tomás Moro, proclamado Patrono de los Gobernantes y
Políticos, que supo testimoniar hasta el martirio la “inalienable
dignidad de la conciencia”15.
Aunque sometido a diversas
formas de presión psicológica, rechazó toda componenda, y sin abandonar
“la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones” que lo
distinguía, afirmó con su vida y su muerte que “el hombre no se puede
separar de Dios, ni la política de la moral”16
Trabajar en política puede exigir gestos heroicos a un
cristiano, cuando la conciencia no se doblega ante la injusticia y
mantiene su adhesión a la verdad a costa de cualquier sacrificio 17. 9.
La política, un lugar para el compromiso cristiano de los fieles
laicos Nuestro
país vive tiempos en que se agitan y confrontan memorias, análisis y
proyectos. Los fenómenos políticos despiertan renovado interés. Los
actores políticos propalan sospechas y acusaciones, los politólogos
ponen la lupa sobre los mínimos gestos. Las encuestas presentan instantáneas
y avanzan pronósticos electorales. A
la luz de algunas percepciones actuales de la gente18
el parlamento es una de las instituciones con baja o regular
estima. Como ha ocurrido en muchos Estados contemporáneos, la acción política
en nuestro país, ha perdido centralidad, creatividad y representatividad.
La dificultad para reconstruir relaciones fluidas entre pasado y presente,
reclama nuevos enfoques o aproximaciones. Los partidos, además de sus
propuestas pragmáticas y de su retórica política, necesitan renovar sus
preguntas y planteos en estrecha vinculación con todos los grandes temas
del Uruguay actual19. Hay que
repensar por tanto lo que ocurre y volver a situar la acción política en
su justo y necesario lugar en la sociedad. Pero ¿es un problema de
estructuras o de personas? Encuestas
recientes dan como resultado un bajísimo porcentaje, sólo el 10% que
manifiesta que hay “bastantes políticos confiables”; mientras que
para un 34% hay “algunos” y “pocos” para un 56%. La
Iglesia valoriza la política y su importante lugar en la sociedad. No
basta decir que el Evangelio vale para todos los tiempos, decía en una
entrevista el ex presidente italiano Oscar Luigi Scalfaro20.
“En dos mil años no ha envejecido ni una sola de sus palabras. El
Evangelio vale para todas las personas y para todos los pueblos. Vale para
los Estados y los gobiernos. No es posible creer y no servirse de él.”
(Ibid) “Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”21
-
“La Iglesia no tiene que meterse en política”. Comentar la frase,
señalando cómo deben “intervenir” obispos y presbíteros y cómo
deben hacerlo los fieles laicos que son la mayoría. -
¿Cómo hacer de la política un eficaz herramienta de convivencia? -
La enseñanza social de la Iglesia ¿es conocida por los católicos? - ¿Cómo suelen ver los laicos de nuestras comunidades la participación en la política partidaria? |
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II.
PAUTAS de REFLEXIÓN
Presentamos a continuación las siguientes pautas como marco
inspirador y criterios acerca de la presencia y acción de los cristianos
en la sociedad. I
. LA LEALTAD PRIMERA Y MAS FUERTE DEL CRISTIANO ES CON JESUCRISTO Y SU
IGLESIA. DESDE EL LA HISTORIA SE LEE DE OTRO MODO, DENUNCIANDO LO QUE
DESHUMANIZA Y ANUNCIANDO, CON PALABRAS Y ACCIONES, LO QUE ES ANTICIPO DE
UNA “NUEVA HUMANIDAD”. La
lealtad más profunda del cristiano es con Jesucristo, principio y fin de
la historia, el que es, ayer, hoy y siempre; la clave para buscar y
desentrañar el sentido, el peso y el hacia dónde de todo lo que acontece
en el mundo. Aunque caminemos por el mundo con diversas referencias, unas
permanentes y otras cambiantes, la que nos determina y nos hace pensar en
nuestras raíces más hondas, es nuestra pertenencia a Jesucristo. Es mi
origen y destino; es el que hace comprensible el fin último de nuestra
existencia; y quien tiene claro el fin puede encontrar más fácilmente
los medios. 1.
El Verbo se hizo “carne”
Jesucristo es la Palabra eterna de Dios, que nos habló a través
del espesor humano de una humanidad concreta y situada en la geografía y
en el cuadrante preciso de la historia. “Se hizo carne”22,
: el Hijo eterno que existe junto al Padre vive la fragilidad, la
vulnerabilidad, los límites, el “ser para la muerte”.
Los cristianos celebramos este asombroso acontecimiento con fe y
profunda piedad en la Nochebuena,
preludio de la tradicional fiesta de Navidad. Sobre ella
un teólogo ha escrito esta piadosa meditación: “Dios ha
llegado. Está aquí. Por eso todo es distinto de cómo pensamos. El
tiempo se ha transformado de eterno fluir en un suceso que con silenciosa
y clara finalidad lleva hacia un fin totalmente determinado. Allí
nosotros y el mundo nos presentamos ante el rostro desvelado de Dios. Dios
ha dicho al mundo su última, su más profunda y bella palabra en el Verbo
hecho carne; una palabra que ya no se puede retirar, porque es la obra
definitiva de Dios, porque es Dios mismo en el mundo. Y esta palabra dice:
“Te amo, a ti, mundo; a ti, hombre23” 2.
Asumió las “estructuras de intercambio”
¡Admirable intercambio! El Mediador por excelencia se dispone al
aprendizaje de nuestras mediaciones para llevar a cabo su misión. En su
nacimiento en el seno virginal de María, Jesús de Nazaret asumió una
condición humana semejante a la nuestra, con todas las “estructuras de
intercambio” propias de nuestro modo de existir : la corporeidad
(rostro, mirada, manos, sudor, llanto, hambre...), familia, trabajo,
pueblo, nación, lenguajes, ritos, símbolos, economía (monedas,
producciones regionales), religión, tradiciones, valores, fiestas, medio
ambiente, vestimenta, comida, usanzas, modos de festejar y hacer duelo.
Vivió desde adentro : infancia y adolescencia, juventud y madurez, bodas
y muertes, amistades, traiciones, violencias. 3.
Purificación de mesianismos políticos
Jesús experimentó de modo muy intenso los mesianismos políticos
que terminan en la ruina; purificó y levantó el horizonte, incluso en
sus seguidores más cercanos, los apóstoles, mostrándoles que el que
quiere reinar debe disponerse a servir y dar la vida hasta el final del
recorrido –eso es lo que significa “beber el cáliz”-24;
reorientó en sus seguidores las ambiciosas esperanzas mesiánicas de
corto plazo. Su vida no fue ajena a situaciones políticas amenazadoras;
su familia debe huir a Egipto porque en Israel reina un tirano que
idolatra su efímero reinado antes que la vida de niños inocentes25.
Percibió luces y sombras del poder y la geopolítica internacional de su
tiempo. Asumió en su cuerpo la herencia de un pueblo cuna del mesianismo,
elegido, que estructuró toda la cultura en función de esa perspectiva
movilizadora: “Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”26.
Pero al mismo tiempo fustigó a quienes demasiado apegados a las
estructuras religiosas y políticas
de su tiempo habían perdido capacidad de novedad27. 4.
Escribir la voluntad de Dios en los renglones ¿torcidos? de
la historia La existencia de Jesús fue intensa y apasionada, hasta el fin! Pero esta pasión no tiene nada que ver con los héroes trágicos de la cultura griega. Para él todo tenía su origen y su destino en Dios, su Padre, a quien escuchaba y libremente obedecía para escribir esa voluntad suprema en los renglones torcidos de la historia, hasta el último suspiro: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”. No fue un espectador neutro; hacía juicios de valor y escribía su historia según criterios de libertad y verdad que escapaban a previsiones y patrones de conducta preestablecidos : ¿”No sabían que debía ocuparme de las cosas de mi Padre”? Juzga a personas, grupos y tradiciones. Imprime el sello de su personalidad vigorosa y definida. No usaba máscaras para ocultarse ni impresionar a los oyentes. La fe y el grito doloroso de quienes en secreto (como Zaqueo) o a gritos (como el ciego de Jericó) tocaban su corazón y detenían su marcha. Coherente hasta la médula, bien podía decir “soy mi acto”, soy lo que hago y hago lo que soy. Expreso en cada minuto, con amor, dolor y obediencia, la eterna y substancial relación con mi Padre. Combina compasión y serenidad, inteligencia emocional y espíritu profético para discernir los tiempos, su “hora” y la de sus discípulos. In |