¡ARRIBA LA CELESTE!
FÚTBOL, METÁFORA DE UN PAÍS

Escribe: Mons. Pablo Galimberti,
Obispo de Salto
En tiempos de Mundial
Fútbol y Fe: la humildad y la gloria

Escribe: Mons. Heriberto Bodeant


Oración oficial aprobada por la Conferencia Episcopal de Sudáfrica

Oración por el Fútbol y el Deporte

ESPECIAL DE LA CONFERENCIA DE CHILE

ARTÍCULO DEL PBRO. GLENM GOMEZ
(Costa Rica)

Joseph Ratzinger indaga en los valores del fútbol Interesado por el impacto que tienen eventos como el Mundial

Conferencia Episcopal del Uruguay

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

¡ARRIBA LA CELESTE!
FÚTBOL, METÁFORA DE UN PAÍS


 

 

Escribe: Mons. Pablo Galimberti
Obispo de Salto

 

 

 

 

Por estos días el fútbol es un sentir colectivo que aproxima a todos los uruguayos, sin mirar edades, condición social, ocupación, ciudades o rincones del mundo en que se encuentren.

Un abrazo cruza mares y fronteras acortando distancias. Aficionados, jugadores, técnicos, dirigentes, periodistas, auspiciantes y distintivos patrios se entrecruzan en las avenidas y estadios de Sudáfrica, rivalizando con el palacio de las Naciones Unidas.

Si el lenguaje sustenta una cultura, ciertamente que el fútbol se ha ganado un lugar. Durante un almuerzo con Juan Pablo II su secretario expresó que Uruguay era conocido por el fútbol. Bajamos la guardia y nos espetó: ¡pero el fútbol de Europa es mejor! dando pie a Monseñor Daniel Gil para explicarle al Papa que el fútbol era una metáfora de la vida. Y citó expresiones como: sudar la camiseta, sacarle a uno tarjeta roja, etc. Y el Papa mostrándose conocedor del tema completó: ¡a mí algunos me dicen que los dejo en el banco de los suplentes!

La atracción por el fútbol tiene hondas raíces y dice mucho sobre lo que cada uno es. En efecto la vida no se rige sólo por obligaciones sino también por lo que es libre, se ritualiza en el juego, demanda competencia y superación.

Desde sus orígenes el juego es símbolo de lucha. Algo tan nuestro: “¿Cómo andás, hermano? Y, en la lucha …!” Lucha contra la muerte, como los juegos que organizó Aquiles en honor a su amigo Patroclo, según La Ilíada. O lucha contra fuerzas hostiles o contra sí mismo, ya sea miedo, debilidad, complejos, dudas, enfermedades, etc. Incluso cuando los juegos son simple pasatiempo, esconden una pizca de victoria, al menos para quien gana.

El juego implica enfrentamiento, azar, simulacro, donde el adversario representa desafíos, expectativas, obstáculos para afrontar. De ahí que nadie es ajeno y todos nos sentimos de algún modo dentro de ese movimiento, ya sea en un estadio, en la actividad social o la soledad de cada día.

La dinámica del juego, cualquiera que sea, está metida en lo medular de cada uno. Se asemeja con la vida real y requiere tres ingredientes. En primer lugar la totalidad de la persona, porque para conquistar la meta hay que “poner toda la carne en el asador”, equivalente al dicho de los alquimistas “ars requirit totum hominem” (el arte exige la totalidad). En segundo lugar hay que respetar reglas para que vivir no signifique puro salvajismo. En tercer lugar disponemos de un escenario para ejercer nuestra libertad o creatividad, trazar estrategias de aguante y dosificación de energías y tiempos hasta el último segundo, como se aprecia muy bien en un partido de basquetbol.

El juego tiende a sustituir la anarquía en las relaciones humanas haciendo pasar de las reacciones humanas silvestres a los vínculos propios de un nivel civilizado. En el respeto de las reglas el juego permite manifestar la espontaneidad y adecuar las reacciones más personales a las exigencias exteriores. De ahí la importancia que el juego sea educativo y no meramente competitivo, como me decía un entrenador de Baby fútbol, lamentándose de ciertos padres o madres excesivamente fanatizados por pretender hacer rápidamente de sus hijos deportistas con futuro asegurado.

Los grandes juegos públicos alcanzaban una gran influencia social y psicológica. En torno a ellos cristalizaba el sentimiento cívico y nacional. Eran el vínculo que unía a una comunidad. Incidían en la vida privada como en la pública y los distinguía de los “bárbaros”.

Durante el tiempo de los juegos se suspendían guerras, ejecuciones capitales y embargos judiciales. Era tiempo de tregua. Días consagrados generalmente a los dioses tutelares de las ciudades y confederaciones.

Los juegos también pueden asumir el valor de una ofrenda. Los antagonistas rivalizan en destreza y resistencia y este derroche de energías, fatigas, sudores y hasta lágrimas lo ofrecen o dedican a un ser querido o a un ser superior. Algo de esto se ve al final de un partido o competencia ciclista cuando el vencedor de una prueba dedica el triunfo a su madre; o cuando un equipo camina hasta San Cono en Florida.

Ojalá que algo de esto ocurra también en estos días.

 

 

En tiempos de Mundial
Fútbol y Fe: la humildad y la gloria

Escribe: Mons. Heriberto Bodeant

 

 

Al entrar a la cancha o al hacer un gol, muchas veces se ve a los jugadores haciendo la señal de la cruz (no sé si Obdulio Varela lo hacía)... ¿Qué significa ese gesto para ellos? Allá por el año 1975, Juan C. Acosta, centrodelantero de la selección juvenil uruguaya que había ganado en Lima el campeonato sudamericano, lo explicaba así: Por ella pedimos a Dios que nos ayude y nos proteja. Frecuentemente hay lesiones que nos marginan de la competencia. Cuando ingresamos a la cancha nos exponemos a muchos riesgos. Pedimos a Dios, no tanto el triunfo, sino su protección, para poder jugar siempre. Que Él esté de parte nuestra.

Luego del gol, bueno, le agradecemos que nos haya permitido vivir ese momento, poder hacerlo, agregaba Ricardo Ortiz, capitán de aquel equipo celeste (1).

Encomendarnos a Dios, ponernos bajo la protección del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es reconocer que somos criaturas, que no somos omnipotentes, sino frágiles, vulnerables. Agradecer es reconocer que la lucidez, la inteligencia, las habilidades, las fuerzas que se ponen en la cancha no son sólo resultado del trabajo y el esfuerzo, sino ante todo dones que hemos recibido de nuestro Creador y que hemos podido desarrollar.

Hacerse la señal de la cruz puede ser así un signo de humildad. Humildad, del latín humilitas, que viene a su vez de humus, tierra. Esto nos recuerda que somos "de barro", que nuestra vida es pasajera: "polvo eres y en polvo te convertirás". A la vez, nos encomendamos a Aquel del que viene la Vida, el único que puede realmente colmarnos, y que nos promete participar para siempre de su vida Divina, en definitiva, el que nos hace entrar en su Gloria.

"Gloria" es una palabra común a las expresiones de fe y al fútbol. "La gloriosa celeste", decimos con orgullo los uruguayos. Los cristianos alabamos a Dios diciendo "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo..."

Pero ¿qué es esa Gloria de Dios? El Evangelio de Juan nos acerca a ese tema desde un ángulo tal vez inesperado: la Gloria es la manifestación de la Verdad más profunda de Dios., es decir, su Amor, porque Dios es Amor. Dar Gloria a Dios, glorificarlo, es nada más, y nada menos, que reconocer abiertamente esa realidad. Asi, en el Evangelio de Juan, Jesús aparece muchas veces glorificando al Padre, pidiendo que el Padre glorifique su nombre, anunciando que el Hijo va a ser glorificado por el Padre... Podríamos traducirlo así: Jesús aparece muchas manifestando la verdad más profunda que hay en el Padre, Jesús pide al Padre que manifieste una vez más su Amor, Jesús anuncia que el Padre va a hacer visible, evidente, el Amor con que el Hijo se entrega...

¿Cuál es la gloria de un equipo, de un jugador? La copa, la medalla, el premio, es ese reconocimiento de una realidad: es el que ganó, el que salió campeón, el que convirtió más goles, el que atajó los penales del alargue... Esa es "la hora de la verdad", suele decirse., porque"fútbol son goles", y con los goles se ganan los partidos... Sin embargo, mirando algunas trayectorias individuales, hay una gloria más profunda en aquellos que, junto a su habilidad deportiva, que les valió premios y reconocimientos, cultivaron otros valores: su espíritu verdaderamente deportivo, su caballerosidad, su respeto por el otro... Esa "gloria" está más cerca de no ser la gloria pasajera, la que hacía decir a los antiguos romanos Sic transit gloria mundi: "Así pasa la gloria del mundo" o, como suele decirse hoy, "los 15 segundos de fama"...


+ Heriberto


(1) "¡Salud, campeones! El fútbol refleja lo que acontece en la vida", nota del quincenario INFORMACIONES, de la Arquidiócesis de Montevideo, primera época, Nº 51, 20 de setiembre de 1975.

Una interesante reseña de la vida de Obdulio Varela, resaltando sus valores
http://www.efdeportes.com/efd100/obdulio.htm

Un sitio de la Iglesia Católica en Chile dedicado al Mundial de Fútbol
http://www.iglesia.cl/especiales/futbol2010/

 

Oración oficial aprobada por la Conferencia Episcopal de Sudáfrica

Dios todopoderoso,
creador de todo, mientras personas
de todas las naciones se congregan, con pasión
y entusiasmo para la Copa Mundial de Fútbol 2010, que
nosotros los sudafricanos podamos ser buenos anfitriones, que
nuestros visitantes sean huéspedes bienvenidos y que los jugadores de
todos los equipos sean bendecidos con un buen espíritu deportivo y con
la salud. Que tu Espíritu de equidad, justicia y paz prevalezca entre jugadores
y participantes. Que puedan contribuir, cada uno a su manera, de forma positiva
para la prevención, el control y la lucha contra el crimen y la corrupción, el
vandalismo de cualquier tipo y la explotación y el abuso, sobre todo de
los más vulnerables. Que aquellos que están lejos de sus hogares y
de sus familias encuentren mucha alegría con ocasión de la
celebración del hermoso juego del fútbol y del bello
juego de la vida conforme a Tu plan
para el bien común de todos.
Amén



Oración por el Fútbol y el Deporte

Dios Padre de bondad,
te alabamos por la vida que nos regalas
y por todos los valores humanos
presentes en el fútbol y el deporte
donde reconocemos tu infinito amor.

Te bendecimos, Padre
porque nos diste el don del juego
que nos permite divertirnos y crecer
física y espiritualmente.

En Ti nos reconocemos hermanos y hermanas,
también en las competencias y torneos
porque Tú quieres que seamos uno
y que nos congreguemos en un mismo amor.

Nosotros, discípulos misioneros de tu Hijo,
le reconocemos como Camino, Verdad y Vida,
fuente de encuentro y de alegría.
En su triunfo sobre la muerte
fundamos nuestra esperanza
en la Copa definitiva y verdadera.

Bendice, Señor,
a todos los futbolistas y deportistas,
a sus familias y a quienes les apoyan.
Ayúdales a sacar el mayor bien
de su talento y espíritu de equipo.
Que sean siempre personas sanas,
honestas y solidarias.

Y a todos nosotros,
danos ánimo para jugar siempre limpio
en el fútbol y en toda la vida
para que podamos, con tu Gracia,
alcanzar el título eterno de la Vida en Ti.

Amén.

Leyendo entre líneas
“Y Dios: ¿irá al mundial?”

Pbro. Glenm Gómez (Sacerdote de Costa Rica)

Dios estorba en todas partes. Al menos, así lo manifiestan quienes, con la certeza de defender la independencia del orden temporal y sus instituciones, amén de fomentar la razón y la libertad humana, están empeñados en excluirlo de la cultura, de la historia, de la educación y de toda esfera pública, incluyendo, ahora, el deporte rey pues, según algunas agencias noticiosas, la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) se ha fijado como meta prohibir cualquier "exaltación pública de fe" de los jugadores en el Mundial de Sudáfrica.


En apariencia, la medida se gesta, desde el año pasado, a partir de una “reprimenda” de la FIFA a la selección brasileña, por agradecer a Dios la victoria contra Estados Unidos en la final de la Copa Confederaciones, hecho que, llevó a la federación danesa a juzgar el acontecimiento como “peligroso” pues, “no existe espacio para la religión en el futbol”.

Esta eventual política, que aplicaría para las manifestaciones cristianas y todas las confesiones y credos representados en este evento, abre desde ya el debate sobre la “neutralidad religiosa” en el futbol y la supresión de la libertad religiosa y de expresión de los participantes.

Sutilmente, ya desde el año 2000, Juan Pablo II en su encuentro con los miembros de la FIFA, solicitó poner de relieve los valores más nobles del deporte y darlos a conocer mediante los organismos representados en esta federación.

En contraste con la imprecisión conceptual y práctica de la FIFA, con una clara lectura del fenómeno religioso, la Iglesia Anglicana preparó algunas plegarias en las que se clama a Dios por el éxito de esta gesta deportiva.


En ellas, además de rogar por la salud de los participantes y el respeto e incremento del “juego limpio”, se pide por la fortaleza de carácter y autodominio que debemos ejercitar quienes no somos devotos a la pasión de las multitudes: “Señor, ahora que en nuestro alrededor todos se ven presos de la fiebre del futbol, concédenos comprensión, fortalécenos con paciencia y otórganos el regalo de la empatía cuando la necesitemos. Amén”.


Esta iniciativa no me sorprende, cuanto más, al constatar que la Iglesia, durante muchos años y de diversas formas, ha querido hacer de este deporte- contaminado por los intereses económicos, el racismo, la violencia y la vanidad suma- un espacio que promueva la grandeza y la dignidad de la persona: “Desde esta perspectiva, las estructuras del fútbol están llamadas a ser un terreno de auténtica humanidad, en el que se aliente a los jóvenes a cultivar los grandes valores de la vida y a difundir por doquier las grandes virtudes que constituyen el fundamento de una digna convivencia humana, como son la tolerancia, el respeto a la dignidad humana, la paz y la fraternidad.” (Cf. Juan Pablo II a los dirigentes de la UEFA- 8 de mayo de 2000)


Donde otros ven, estrictamente, diversión, competencia o negocio; los cristianos estamos llamados a descubrir a Dios presente en un deporte que, como señalara el entonces Cardenal Ratzinger, se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el mundo por encima de las fronteras nacionales, con un mismo sentir, con idénticas ilusiones, temores, pasiones y alegrías e inculca el valor de la vida, la confrontación leal, la salud, la disciplina, la solidaridad, la fiesta y la paz: “(…) la visión de un mundo que vibra con el juego debiera servirnos para algo más que para entretenernos, porque si fuéramos al fondo de la cuestión, el juego podría mostrarnos una nueva forma de entender la vida.”


Desde mi “atrofia intelectual”, estoy seguro que, a pesar de Joseph Blatter y su sequito, el Dios que se insertó en la historia y que potencia toda obra buena, contemplará la unión y la alegría reinante, aunque ciertamente temporal, entre los hombres y mujeres del orbe.


Como enseñaba el Papa Juan Pablo II: “En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios.”

Joseph Ratzinger indaga en los valores del fútbol Interesado por el impacto que tienen eventos como el Mundial

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 16 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI, cuando todavía no era Papa, ha escrito sobre el fútbol, interesado por el enorme impacto que tienen eventos como el Mundial.

 

"Con su periodicidad de cuatro años, el Campeonato Mundial de Fútbol demuestra ser un acontecimiento que cautiva a cientos de millones de personas", reconocía en un texto escrito en los años ochenta por el cardenal Joseph Ratzinger, que se puede ahora leer en el portal de revista Humanitas (www.humanitas.cl) de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

"No hay casi ningún otro acontecimiento en la tierra que alcance una repercusión de vastedad semejante --añade--. Lo que demuestra que con ello está tocándose algo radicalmente humano, y cabe preguntarse dónde se encuentra el fundamento de este poder en juego".

El escrito fue recogido en 1985 por un libro que se tituló "Suchen, was droben ist" (Buscar lo de arriba). entonces cardenal destaca en esas líneas que "como juego de equipo, el fútbol obliga a un ordenamiento de lo propio dentro del conjunto; une a través del objetivo común: el éxito y el fracaso de cada uno están cifrados en el éxito y el fracaso del conjunto".

 

A lo cual añade que "el fútbol enseña un enfrentamiento limpio en que la regla común a la que el juego se somete sigue siendo lo que une y vincula aun en la posición de adversarios".

 

En consonancia con el título de esta compilación, Buscar lo de arriba, el autor concluye que "la libertad vive de la regla, de la disciplina que aprende el actuar conjunto y el correcto enfrentamiento, el ser independiente del éxito exterior y de la arbitrariedad, y de ese modo llega a ser verdaderamente libre".

 

 

Un Papa muy humano

 

El cardenal Ratzinger, actual Benedicto XVI, reflexiona sobre el fútbol

 

Una de las características más acusadas de la personalidad de Benedicto XVI es su profunda humanidad junto con su interés por todas las facetas de la vida humana. Se puede decir con toda justicia, con los clásicos, al evocar su vida y leer sus escritos que nada humano le es ajeno.

 

Como explicaba a la RAI el cardenal Bertone, antes de comenzar a hablar de temas "muchos más serios y más graves de la Iglesia y del mundo", suelen comentar un suceso divertido o hablar de la marcha de la liga de fútbol.

 

El cardenal comenta que el Papa "es fresco y espontáneo como un niño", y destaca "su grandeza y sencillez". "Quien le ha podido saludar un instante en las audiencias destaca sus ojos penetrantes, su capacidad de escuchar, de decir siempre la palabra justa, como si fuera un amigo de siempre".

 

Antes de ser elegido Papa, el cardenal Ratzinger escribió en un libro que recoge su pensamiento como teólogo y autor espiritual, -Mitarbeiter der Warheit- un artículo sobre el fútbol.

 

Es una reflexión profunda y sagaz, rebosante de hondura y comprensión del corazón humano.

 

Cuando se hojea la prensa y se escucha la radio, se comprueba enseguida que hay un tema dominante: el fútbol y la liga de fútbol. Este deporte se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el mundo por encima de las fronteras nacionales, con un mismo sentir, con idénticas ilusiones, temores, pasiones y alegrías. Todo esto nos revela que nos encontramos frente a un fenómeno genuinamente humano.

 

Surge espontánea la pregunta sobre el por qué de la fascinación que ejerce este juego. El pesimista contestará que es una repetición más de lo que ya se experimentó en la antigua Roma: pan y circo; panem et circenses.

Pero, incluso si aceptáramos esta respuesta, tendríamos que preguntarnos: ¿y a qué se debe semejante fascinación, que lleva poner el juego junto al pan, y a darle la misma importancia?

 

Volviendo de nuevo en la antigua Roma, podríamos contestar a esta pregunta diciendo que aquel grito que pedía "pan y juego" era la expresión del deseo de una vida paradísiaca. En este sentido, el juego es se presenta como una especie de regreso al hogar primero, al paraíso; como una escapatoria de la existencia cotidiana, con su dureza esclavizante.

Sin embargo el juego tiene, sobre todo en los niños, un sentido distinto: es un entrenamiento para la vida.

 

A mi juicio, la fascinación por el fútbol consiste, esencialmente, en que sabe unir de forma convincente estos dos sentidos: ayuda al hombre a autodisciplinarse y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, mostrándole como puede enfrentarse con los otros de una forma noble.

 

Al contemplarlo, los hombres se identifican con ese juego, haciendo suyo ese espíritu de colaboración y de confrontación leal con los demás.

 

Desde luego, la seriedad sombría del dinero, unida a los intereses mercantiles, pueden echar todo esto a perder.

Al pensar detenidamente en todo esto, se plantea la posibilidad de aprender a vivir con el espíritu del juego, porque la libertad del hombre se alimenta también de reglas y de autodisciplina.

 

En todo caso, la visión de un mundo que vibra con el juego debiera servirnos para algo más que para el entretenernos, porque si fuéramos al fondo de la cuestión, el juego podría mostrarnos una nueva forma de entender la vida.

 

Cardenal Ratzinger