Jornada
Nacional de
la Juventud 2009
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Compartimos la reflexión en torno a la actividad, al lema y a la palabra de Dios elegida por los jóvenes, elaborada para el CLAM por el Obispo Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de la CEU, Mons. Heriberto Bodeant.
Encontramos a Jesús puede entenderse como algo que ya sucedió o algo que está sucediendo. La voz encontramos corresponde en la conjugación de “encontrar” tanto al tiempo pasado como al tiempo presente. Pero esa afirmación tiene también el carácter de un testimonio.
Es la palabra de quienes han encontrado (en el pasado) y encuentran (en el presente) a Jesús en la vida y comparten, dan a conocer a los demás ese hallazgo. Así, el lema se hace también invitación para todos aquéllos y aquéllas jóvenes que estén en búsqueda de Dios, para que busquen en su vida ese encuentro con Jesús.
El encuentro con Jesús Cuando leemos los Evangelios, hallamos por una parte discursos, palabras de Jesús y por otra, narraciones de acontecimientos de su vida. La mayor parte de esos relatos nos habla de diversos encuentros de distintas personas con Jesús.
Jesús salió al encuentro de toda clase de personas: niños y jóvenes, hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores. A todos los invitó a seguirlo.
Son encuentros en la vida, porque, a menudo, el lugar del encuentro es el lugar de la vida diaria: la orilla del lago entre barcas y redes de pescadores; la mesa del cobrador de impuestos; las calles de Jericó; la puerta de entrada de las ciudades y, tantas veces, los caminos que Jesús recorría con sus discípulos.
Más allá de esa circunstancia cotidiana, son encuentros en la vida, porque tocan profundamente la vida de las personas. Podemos decir que, para quien ha encontrado a Jesús, hay un antes y un después. Es un encuentro que no deja indiferente. El encuentro con Jesús coloca a la otra persona frente a una decisión: seguirlo o dar la vuelta.
Jesús llama a algunos en forma directa, explícita, a seguirlo, para estar con él y para enviarlos a predicar. Son aquéllos que forman el grupo de Doce discípulos que lo acompaña permanentemente.
Otros, simplemente, se sienten llamados a partir del encuentro y comienzan a seguirlo, como el ciego Bartimeo, que recupera la vista y se pone a andar tras de Jesús por el camino, dando a la vez testimonio de lo que le ha ocurrido.
Otros se hacen también discípulos que abren su casa y su corazón a Jesús: pensemos en el arrepentido Zaqueo, que recibió a Jesús con alegría, o en los amigos como Marta, María y Lázaro que tantas veces ofrecieron a Jesús y a sus discípulos un hogar acogedor.
Discípulos Misioneros La decisión de responder a la interpelación y al llamado que resultan del encuentro con Jesús, hace que el discípulo se haga muy pronto, casi inmediatamente misionero: “discípulo misionero”, como expresa el Documento de la V Asamblea del Episcopado Latinoamericano (Aparecida). El texto motivador elegido para esta XXXI JNJ nos muestra claramente esta dinámica. Andrés, después de encontrar a Jesús, encuentra a su hermano Simón, y le manifiesta “Hemos encontrado al Mesías” y lo lleva a conocer al Maestro.
También Felipe, recién llamado por Jesús, le cuenta a su amigo Natanael: “Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado”. Así es como esos primeros discípulos se hacen también misioneros, compartiendo con sus hermanos y amigos su encuentro con Jesús en la vida.
Jesús muestra ante ellos su especial conocimiento de las personas, su extraordinaria capacidad para ver toda su capacidad de amar, de dar, de vivir en el bien y la verdad: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”, dice al ver a Natanael.
La mirada de Jesús es la mirada del amigo verdadero, aquel que es capaz de hacer aflorar lo mejor de nosotros mismos.
Natanael se asombra de esa perspicacia de Jesús. Jesús le anuncia que llegará a ver cosas más grandes. Muchas veces hablamos humanamente de “ensanchar nuestro horizonte”. Jesús quiere abrir para sus discípulos no sólo el horizonte de la tierra, sino el horizonte de la Eternidad, el horizonte del Padre Dios. Si se me permite la expresión paradójica, el horizonte “vertical”. “Ustedes verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. En definitiva, los discípulos verán la realización del proyecto de Dios en su Hijo Jesús, para salvación de la humanidad.
Señor Jesús, tú sigues llamando: haz que podamos escuchar de corazón tu llamado y seguirte de verdad. Señor Jesús, tú nos miras con un cariño que es capaz de hacer brotar el bien en nuestro corazón: haz que no nos cerremos a tu amor y nos abramos a nuestros hermanos. Señor Jesús, tú nos abres el cielo para que contemplemos el proyecto del Padre realizado en Ti: haz que estemos disponibles y animosos para anunciar a nuestros hermanos y hermanas la Vida en abundancia que Tú nos has traído.
+ Heriberto Bodeant, Obispo de Melo Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil |
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“Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo” 1Tm 4,10 |
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“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” Mt 16, 24 |
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Jornada Nacional de la Juventud 4 de setiembre de 2005 Melo, Cerro Largo
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