Introducción
Queridos hermanas, queridos hermanos, para mí tiene un significado muy
particular
estar
esta mañana aquí como servidor de la Palabra, para compartir con ustedes
la reflexión que esa Palabra nos dirige, nos sugiere.
Yo
vine siendo niño a Florida con 11 años y desde el Seminario Mons.
Jacinto Vera, presidido en aquel tiempo por los padres Operarios
Diocesanos, pasé 7 años podríamos
decir, un poco a la sombra de la Virgen de los Treinta y Tres. Aquí
fuimos monaguillos, acólitos, de la época de Monseñor Paternain, del
padre Matonte como maestro de ceremonias (que daba las órdenes en latín),
del padre Feliciano Urdampilleta,
el párroco, y otros tantos.
Nunca
me imaginé en el andar de los años, que un día iba a ser invitado a
predicar, a hacer la homilía
como el obispo más nuevo del país en esta celebración tan
preciosa.
Reseña
histórica
Queridos
hermanos y hermanas: esta ciudad, esta plaza, está entrañablemente
ligada con los acontecimientos de 1825, en aquel entonces la Banda
Oriental estaba invadida por los portugueses, ocupada por fuerzas
opuestas, contrarias a lo que habían sido los sueños
y los proyectos de Artigas. Cuando los hombres de la Agraciada
inclinaron su bandera, e invocaron la protección de la Virgen Inmaculada
ante esta imagen que preside el santuario de Florida, lo hicieron porque
entendían que la empresa que ellos estaban
realizando, estaba en sintonía con lo que Dios quería para todos
sus hijos: que sean libres. En sintonía con aquello que Dios hizo cuando
nos mandó a su Hijo, que nació de María para liberarnos de todo mal,
para liberarnos del pecado y de todas sus consecuencias.
Empobrecimiento
Hoy
hermanos y hermanas, la Patria de Artigas, esa Patria que Artigas soñó
libre ya no está invadida por ejércitos extranjeros, pero si lo está
por otras fuerzas más sutiles, pero que no son menos opresoras que
aquellas. Nos ha invadido el empobrecimiento, no somos más pobres que
antes, pero sí son muchos más los pobres en este país, y nos aflige,
nos preocupa hondamente el fenómeno de la infantilización de la pobreza,
que más del 50 por ciento de los hijos de esta Patria, de los niños,
nazcan y vivan debajo de los
niveles de pobreza.
Envejecimiento
poblacional
Hermanos
y hermanas: nos preocupa el envejecimiento poblacional, nos estamos
volviendo (con todo respeto a las personas mayores), como un inmenso hogar
de ancianos, por 2 causas fundamentales: por el antinatalismo que nos
lleva a tener un 0.6 por ciento de crecimiento demográfico anual; y esa
dolorosa sangría que es la emigración de miles de jóvenes hacia otros
países, buscando oportunidades y perspectivas mejores.
Pérdida
de Valores
Nos
lástima hermanos y hermanas, esa otra pobreza más trágica: la pérdida
de valores, la desintegración familiar, la desmoralización, la gente
desmotivada, la desocupación, la precariedad laboral, la pérdida del
sentido de la vida, el aumento alarmante del número de suicidios entre
adolescentes y jóvenes.
Miramos
hacia María
Hermanos,
desde nuestras situaciones que popularmente decimos de desgracia, hoy
miramos hacia María, es la llena de Gracia que brilla como estrella
luminosa, anuncio y profecía de lo que un día vamos a ser, gracias a la
acción liberadora de Cristo.
Hoy
hermanos y hermanas, en nosotros los que estamos aquí, es todo el Uruguay
el que viene peregrino hasta este santuario de la Virgen de los Treinta y
Tres; la Virgen Inmaculada, señal visible de la liberación total que
Dios ha obrado en Cristo y que quiere que llegue a todo sus hijos los
hombres.
En
nosotros hermanas y hermanos, en nuestros ojos y en nuestros oídos, en
nuestro corazón traemos esta mañana la penas y las alegrías de todos
los uruguayos, como también traemos las esperanzas y las alegrías,
expectativas de todo nuestro pueblo en este momento histórico que nos está
tocando vivir.
Queridos
hermanos y hermanas, estamos aquí porque queremos agradecer la Patria que
tenemos, chiquita y preciosa como es tu
imagen María Virgen de los Treinta y Tres. Queremos agradecer los
valores que caracterizan nuestra identidad, decir gracias por ser
sencillos, abiertos, acogedores, solidarios siempre dispuestos
a dar una mano, gracias por ser un pueblo tolerante y un pueblo
respetuoso del pensar ajeno.
Venimos
a agradecer también, no sólo por los sentimientos y cualidades
sino también por hechos como son los emprendimientos sociales y
productivos con los que tanta gente busca hacer frente uniéndose a la difícil
situación económica que vive. Venimos a dar gracias por los que
sirven a la vida, por los que pueden cantar como decía Viglietti,
“...niño mi niño te traigo en primavera y aunque nazcas pobre
te traigo también, se precisan niños para amanecer...”
Fiesta
Cívica
También
venimos hermanos y hermanas, a agradecer a los pies de María, por la
preciosa fiesta cívica que vivimos el pasado domingo en nuestro país.
Como nos lo sugería Pablo, traemos en nuestro corazón y en nuestros
labios nuestra oración por la Patria, por sus nuevas autoridades y por
este tiempo nuevo que nos disponemos a iniciar. Hoy necesitamos otra vez,
que tu figura Inmaculada Virgen María nos aliente en la esperanza y nos
anime a participar responsablemente en la búsqueda del bien común, que
significa el bien para todos y para todo el hombre.
Experimentar
la cercanía de Jesús
Como
creyentes, como Iglesia, te pedimos que sepamos como tú
en la casa de Isabel y
de Zacarías, darle al Uruguay la alegría de experimentar la cercanía de
Jesús.
Que
seamos una Iglesia dispuesta a ponerse en camino para ir al encuentro de
este pueblo. Lo más triste que nos podría suceder es ser una Iglesia que
ya no camine, que ya no acompaña, que ya no siente el estremecimiento por
todo lo que hay que hacer en el corazón de este pueblo, de este pueblo
embarazado de tantas esperanzas y expectativas en este momento. Ir al
encuentro de ese pueblo, ayudarlo como tú lo hiciste con Isabel al creer
que el Señor es poderoso y que
no se olvida de los pobres, que baja del trono a los prepotentes y eleva a
los humildes para que se comprometan y participen en la realización de
sus sueños y proyectos.
Consigna
de Juan Pablo II
Ayúdanos,
Madre de la Patria, a construir un país en el que germine y florezca la
esperanza, ayúdanos a construir un país que como nuestras tierras fértiles
ofrezca espacio y condiciones para la vida, para la vida
cada día más digna, un país en el que como decía Pablo VI
pensando principalmente en nuestra América, se multiplique el pan en las
mesas y no se disminuya el número de invitados a la fiesta de la vida.
Ayúdanos
Madre de la Patria y Madre nuestra para que podamos hacer
nuestra la consigna que Juan Pablo II le decía a América al
ofrecerle la Exhortación Apostólica
“Ecclesia in América” después del Sínodo de las Américas:
“...Que este país de la esperanza, sea también el país de la vida, éste
es nuestro grito y nuestro ruego, vida digna para todos, vida digna para
los que han sido concebidos en el seno de las madres, para los niños de
la calle, vida digna para los jóvenes sin oportunidades, vida digna para
nuestros ancianos y para todos los que sufren cualquier forma de
pobreza...” terminaba el Papa diciendo “...ha llegado el momento de
hacer desaparecer todo ataque contra la vida... “
María
nos reúne
Queridos
hermanos, queridas hermanas, hoy María nos reúne alrededor de la mesa de
Jesús en esta Eucaristía, pienso yo que como en aquella
asamblea del Cenáculo después de la Ascensión de Jesús, en la
que María se mantenía firme en la oración con los discípulos, recordándoles
todo lo que había guardado de El en su corazón. Hoy lo estamos viviendo:
María nos reúne alrededor de esta mesa y nos anima a mantenernos
también nosotros a partir de esta Eucaristía, en la actitud
ferviente y entusiasmada de oración por la Patria. Y al finalizar esta
Misa vamos a entrar en el Santuario de María, vamos a entrar en su casa,
sé que muchos de ustedes, han recibido la visita de la Virgen o están
recibiendo la visita de la Virgen en sus casas, a lo largo y lo ancho de
todo el país, ahora nos toca a nosotros entrar en Su casa. Ella es como
ese vientre en el que la vida se gesta, y por eso también nosotros vamos
a cosechar desde este santuario, el principio de una vida nueva, de una
vida más fraterna, de una vida más solidaria, de una vida más
comprometida, de una vida más abierta
a los proyectos del Padre y al Evangelio de Jesús. Ella hoy nos
recibe y nos hace Iglesia, pueblo reunido para anunciar a Cristo en el
Uruguay, para servir a la vida y a la esperanza del pueblo uruguayo.
Ya
que veo allí, un cartel que dice, “Diócesis de Minas presente...”
permítanme terminar con una
estrofa de nuestro poeta Santos
Inzaurralde:
”
...Madre
de los Treinta y Tres misionera
inmaculada, Madre de la independencia Madre en Jesús, Madre en Patria,
Madre de blanco y celeste como mi Virgen serrana...” |