Santuario de SAN JOSÉ
25
de Mayo 472 - SAN JOSÉ DE MAYO |
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Imagen del altar mayor de la CATEDRAL de la ciudad de San José |
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1.
ORIGEN DE LA DEVOCIÓN
La devoción a San José fue siempre muy extendida en la Iglesia. San Ignacio de Antioquía, San Bernardino de Siena. Santa Brígida de Suecia. Santa Teresa de Ávila, fueron grandes devotos del santo, y más recientemente los papas Pío IX, León Xlll y Juan XXIII han seguido propagando esta devoción.
El
8 de diciembre de 1870 el Papa Pio IX en momentos muy tristes para su
pontificado declaró a San José patrono de la Iglesia universal. El Papa
León Xlll dedica al Santo varias cartas encíclicas y Juan XXIII al
convocar el Concilio Vaticano II, lo coloca bajo la protección de San José,
introduciendo la mención del Santo en el canon de la Misa. Hoy en Uruguay hay más de 10 parroquias dedicadas a San José, sin contar las innumerables capillas.
Evidentemente
al fundarse en 1783 la ciudad de San José, la devoción al Santo que le
daba el nombre se arraigó más en nuestra tierra.
2. HISTORIA DEL SANTUARIO
La primitiva capillita de barro y paja fue reemplazada por una nueva iglesia en 1805 cuando el poblado de San José fue erigido a Parroquia.
El '8 de marzo de 1806 el obispo Lué y Riega bendecía la nueva iglesia. El 10 de julio de 1857 una comisión presidida por don Francisco Larriera determinaba erigir un nuevo y grandioso templo a San José y el 17 de diciembre del mismo año se ponía la primera piedra. Pero, fue sólo en 1875 que se pudo inaugurar el actual templo-santuario.
En 1955 el Papa Pío XII crea la nueva diócesis de San José de Mayo y dos años después los obispos del Uruguay con fecha 3 de setiembre de 1957 declaran la catedral de esta diócesis como Santuario Nacional a San José. |
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Más
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San
José, Patrono de la iglesia y del departamento |
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Es un hombre “justo” como lo llama la Biblia. Justo es el que defiende los derechos de todos, los de Dios en primer lugar y los de los hijos e hijas de Dios. Es un hombre joven, vigoroso y soñador. Enamorado de una jovencita, María, con quien ya se había comprometido. Pero un buen día Dios se cruzó en su vida y su historia parecía un rompecabezas. No le echó la culpa al destino ni a la mala suerte, ni a los astros que en aquella época también transitaban. En la noche escuchó una mensaje singular: no tengas miedo! Porque, la verdad, que el joven andaba muy asustado. No temas recibir a María como esposa porque lo que ella ha concebido proviene del Espíritu Santo! Creer o reventar de duda. Y José se la jugó y obedeció a esa voz. Grande y sorprendente. Humilde y glorioso. Ni se borró ni pensó que porque amaba a esa joven tenía que ser el único dueño de ella. Dios tenía para ella un designio extraordinario; a través de ella nacería el Mesías, largamente soñado y esperado. Pero Dios necesitaba a José como esposo y padre adoptivo para cuidar a ese bendito hogar de Nazaret, donde crecería el niño y adolescente Jesús. Por eso que le sobran méritos a ese silencioso José, que creyó que era Dios quien le hablaba y no que eran delirios. Aceptó entrar en el juego del misterio y puso su experiencia para educar a ese niño tan especial, sin manuales, sostenido por la milenaria experiencia religiosa del pueblo elegido, que estructuraba la vida en torno a su fe religiosa. Que este Patrono, tan grande y tan humilde, ayude a los padres y educadores a estar muy activos en la vida de muchos hijos y jóvenes necesitados de una buena dosis de contención y orientación, para domesticar la dosis de violencia que explota irracionalmente ante un hincha del equipo contrario. |
