| FELIZ PASCUA |
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Los 40 días de cuaresma estuvimos acompañando a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿A qué iba Jesús a Jerusalén? No iba a una fiesta como otras veces, sino que iba a pasar de este mundo al Padre. Este paso de Jesús de este mundo al Padre a través de su muerte y resurrección, es el misterio fundamental de nuestra Fe, que llamamos Misterio Pascual. ¿Y por qué nos decimos Feliz Pascua, Feliz Pascua? Porque ese paso de este mundo al Padre, Jesús lo hace también para todos nosotros. Como si hubiera abierto un boquete en el cielo para que la vida y la historia de los hombres desemboquen en la eterna felicidad de Dios. La resurrección de Jesús ya es por anticipado el fin del mundo. Esto quiere decir que el término final de nuestra vida no es la podredumbre del sepulcro, sino la resurrección a una vida gloriosa en una Tierra Nueva y un Cielo Nuevo. Esta es nuestra fe, que confesamos en cada Misa diciendo "Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna". Cuando decimos que Jesús resucitó glorioso ¿qué es lo que resucitó? Toda la vida que Jesús vivió en obediencia al proyecto de salvación que Dios Padre le propuso, todo eso resucitó. Lo único que no puede resucitar glorioso es el pecado y como Jesús no tuvo pecado todos sus años vividos resucitaron día por día. La resurrección de Jesús nos muestra también lo que ocurrirá a su debido tiempo con nuestra propia resurrección. Todo lo que hayamos vivido en la obediencia de la fe en el Evangelio de Jesús, todo eso resucitará glorioso. La vida de los cristianos, pues, es como la gestación de la vida gloriosa y eterna; el único tiempo perdido, realmente perdido, es el pecado, porque el pecado, que es siempre ausencia de amor no puede ser glorificado. Esta fe nuestra en la resurrección de Jesús y de quienes vivan como Él nos enseñó es la luz que ilumina la libertad humana; luz que nos da la certeza de que nuestras vidas se encaminan en Cristo hacia el final, luz eterna.
Daniel Gil Zorrilla |