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HOMILÍAS
 

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE MONTEVIDEO, MONS. NICOLAS COTUGNO EN LA MISA CRISMAL
 

HOMILÍA  EN LA MISA CRISMAL DEL OBISPO DE MERCEDES, MONS. CARLOS COLLAZZI

 
MISA CRISMAL EN LA CATEDRAL DE FLORIDA Y SALUDO A LOS SACERDOTES POR PARTE DE MONS. RAÚL SCARRONE

HOMILÍA DE MONS. JULIO BONINO EN LA MISA CRISMAL DE VILLA ANSINA.

 

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE MONTEVIDEO, MONS. NICOLAS COTUGNO EN LA MISA CRISMAL

 

Todos los JUEVES SANTOS, por la mañana, nos encontramos en nuestra Catedral y escuchamos a Jesús, el Señor, que hace suyas las palabras del profeta Isaías: “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 16-21).

 

El HOY de Cristo nos ubica en el tiempo de Dios, que es el ámbito de lo definitivo, tiempo de gracia y de liberación, desde donde mejor se aprecia y mide la consistencia y el valor de los acontecimientos de nuestra vida. EN ESTE HOY DE DIOS SE UBICA EL AHORA DE NUESTRA CELEBRACIÓN.

 

Creo no equivocarme demasiado si sostengo que muchos de los presentes (presbíteros, diáconos, consagradas y consagrados, fieles laicos y seminaristas) somos casi los mismos del año anterior. Eso sí, con una notable y hermosa novedad: Mons. Martín Pérez Scremini ya no es mi auxiliar, sino el Obispo de Florida…Para él, con la promesa de nuestra constante oración, el augurio fraterno de un fecundo servicio episcopal en una diócesis que tiene el privilegio de estar bajo la mirada especial de la Patrona del Uruguay, la Virgen de los Treinta y Tres.

 

La Misa crismal nos ofrece la oportunidad de encontrarnos como familia diocesana y de dar una mirada, desde los grandes misterios de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial totalmente orientado a la misma, a las cosas de la casa, sabiendo que la diócesis es la gran familia de la Iglesia.

 

En este contexto de Casa de Dios, en la presencia de ese Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo que hacen constantemente a la Iglesia, vamos a conversar de nuestras cosas, de los cosas de la casa, de nuestra casa.

 

El año pasado, en abril, los invitaba a traducir las orientaciones sinodales en tres aspectos:

 

PRIMERO: asumir juntos y con entusiasmo la novedad del enfoque sinodal de la CATEQUESIS DE INICIACION CRISTIANA, MEDIANTE ITINERARIOS MISTAGÓGICOS QUE ESTAMOS LLAMADOS A INSTRUMENTAR CORRESPONSABLEMENTE EN COMUNIÓN CON la Vicaria de la catequesis.

 

SEGUNDO: asumir con mucha esperanza, siempre según las orientaciones de nuestro Sínodo, LA PRIORIDAD PASTORAL DE LA FAMILIA, recordando lo que nos dice el Papa Benedicto en la Exhortación Sacramentum caritatis: “Deseo llamar la atención de modo especial sobre la relación que hay entre iniciación cristiana y familia. EN LA ACCION PASTORAL SE TIENE QUE ASOCIAR SIEMPRE LA FAMILIA CRISTIANA AL ITINERARIO DE INICICIÓN” (nº19). Queremos que  la parroquia sea familia de familias a fin de que nuestra Arquidiócesis sea UNA  GRAN FAMILIA DE FAMILIAS: en efecto, la familia es la pequeña iglesia de la casa; y la diócesis es la casa de la gran familia de la Iglesia.

 

TERCERO: ACOMPAÑAR LOS PROCESOS FORMATIVOS INSTRUMENTADOS A NIVEL CAPILAR ZONAL POR LA ARQUIDIOCESIS.

 

*  *  *

 

También les decía que “LA V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y EL CARIBE DE APARECIDA NOS APORTARÁ ELEMENTOS QUE NOS AYUDARÁN A SER DISCIPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO PARA QUE NUESTROS PUEBLOS TENGAN EN ÉL VIDA ABUNDANTE, SIGUIENDO A CRISTO CAMINO, VERDAD Y VIDA.

 

 

APARECIDA, celebrada en mayo, ha sido el acontecimiento eclesial latinoamericano y caribeño que como un nuevo Pentecostés ha despertado en cada uno de los cristianos y en todas las diócesis el deseo de ser cada vez más DISCIPULOS-MISIONEROS DE JESUCRISTO.

 

Es un gran apoyo para nuestro IV SINODO ARQUIDIOCESANO que nos quiere DISCIPULOS Y TESTIGOS DEL RESUCITADO, JUNTOS, TODOS Y SIEMPRE.

 

El libro del Apocalipsis nos presenta a “Aquél que es, que era y que viene, a Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos” (Ap 1, 4b-8).

 

A menudo he repetido que la mejor manera de ser misioneros es la de ser testigos: USTEDES SERÁN MIS TESTIGOS, dirá Jesús a sus discípulos en el momento de su ascensión. sintetizando en EL TESTIMONIO toda la misión evangelizadora de la Iglesia (Cfr He 1,8).

 

A este respecto, son muy oportunas las palabras de san Ignacio de Antioquia en su Carta a los Efesios: “Quienes hacen profesión de pertenecer a Cristo se reconocerán por sus obras. Ahora no se trata de hacer una profesión de fe con palabras, sino de perseverar en la práctica de la fe hasta el final. ES MEJOR SER CRISTIANO SIN DECIRLO QUE PROCLAMARLO SIN SERLO”  (Carta a los Efesios).

 

Por supuesto: si tengo que optar entre ‘decirlo sin serlo’ y ‘serlo sin decirlo’, opto por SERLO SIN DECIRLO. Pero también está la posibilidad de SERLO y DECIRLO. El “dar razón de la propia fe” (Cfr 1Pe) exige tener una forma de vida que se torne interpelación y pregunta para los demás acerca del sentido que para mí tiene la vida, si la vivo de esa forma que, de alguna manera, llama la atención. El testimonio apunta, como a su objetivo específico, a lo cotidiano de la vida, a lo existencial, a lo ‘concreto’ en el sentido de una apretada serie de elementos que crecen junto a la persona y con la persona, en la comunidad y con la comunidad, es decir en el sentido fundamental de las relaciones interpersonales y sociales en el tejido de las situaciones históricas y en los más diversos ámbitos de la vida.

 

Estos ámbitos de la vida son transversales que se van entretejiendo en cada persona y en la comunidad que la van transformando en ‘signo’ que dice, que habla, por sí mismo y con la fuerza de atracción seductora típica de la vida vivida con ganas, irradiando la belleza del ser como fruto de su autenticidad. ¡Que bellas personas Teresa, Chiara y muchas otras que conocemos en el barrio, en la ciudad, en el país, en el mundo…

 

Ahora, estos ámbitos, vividos en el testimonio evangélico de los cristianos trazan un rostro concreto y ‘popular’ de la Iglesia misioneras fuertemente enraizada en el territorio y presente en las situaciones fundamentales de la existencia: una comunidad con rostro de familia edificada alrededor de la Eucaristía los domingos, fuerte en sus miembros más débiles, donde todos tienen ciudadanía y contribuyen a edificar la civilización de la verdad, de la solidaridad y del amor.

 

En este contexto nuestro Cuerpo de Vicarios ha elaborado, en conformidad con cuanto les había pedido al finalizar el Sínodo y en comunión y colaboración con todos los organismos diocesanos de comunión, participación y corresponsabilidad, el PROYECTO PASTORAL ARQUIDIOCESANO.

 

Este fue entregado a toda la comunidad eclesial en la persona de los responsables zonales en la celebración del día de la Arquidiócesis el año pasado. Ahora, cada hermana y cada hermano podrán tener copia personal del mismo. Allí encontramos el objetivo-lema de nuestro PROYECTO PASTORAL ARQUIDIOCESANO:

 

DISCIPULOS-MISIONEROS

DE JESUCRISTO,

EL SEÑOR RESUCITADO,

JUNTOS, TODOS Y SIEMPRE,

ENVIADOS

COMO TESTIGOS

PARA QUE NUESTRO PUEBLO

EN ÉL

TENGA VIDA.

 

 

Nuestro PPA quiere dejarse dinamizar por el impulso de Aparecida que pone a cada cristiano y a cada Iglesia particular en todo el continente en estado   de misión permanente. De acuerdo a las orientaciones que se darán a nivel de CELAM y de nuestra Conferencia Episcopal, nuestra arquidiócesis ajustará en todo lo que sea necesario y oportuno este PROYECTO  que ha sido pensado por un periodo de 8 años. Se articula en TRES ETAPAS y cada etapa tendrá su PLAN PARTICULAR.

 

En la celebración de nuestros Patronos san Felipe y Santiago, en los primeros dias de mayo se hará entrega del PRIMER PLAN PASTORAL que tendrá la duración de dos años.

 

 

 

*  *  *

 

 

 

Ahora, bajo la mirada de Aquél que viene, el Testigo fiel, Jesucristo, el Señor, para que todos estos proyectos, planes, asambleas, conferencias…no suenen a estribillos machaconamente repetidos, contemplando el misterio que estamos celebrando quisiera detenerme es esa maravillosa realidad histórica que constituye un perenne punto de referencia para todos los discípulos de Cristo, pero particularmente para nosotros llamados al sacerdocio ministerial:

 

 

Entre Jesús y los Apóstoles se da una realidad única: la EXPERIENCIA DEL ENCUENTRO POR MEDIO DE LA CONVIVENCIA.

 

 

Nosotros nos hemos encontrado con Cristo porque Cristo ha tenido la iniciativa de encontrarse con nosotros: no son Uds. que me han elegido; soy yo quien los he elegido a Uds. La convivencia de los Apóstoles ha permitido el ahondar en el encuentro esa relación de amor que, alcanzando la plenitud con la venida del Espíritu en Pentecostés, los hizo capaces de amar a los demás como Cristo los amó a cada uno de ellos.

 

Queridos hermanos presbíteros y diáconos, queridos seminaristas y consagradas y consagrados todos, si no vivimos la frescura del ENCUENTRO CON JESÚS EL SEÑOR a través de la CONVIVENCIA con Él, podríamos correr el riesgo de que nuestra capacidad de ser discípulos-misioneros enviados a ser testigos se vacíe en una repetición rutinaria de ritos que difícilmente podrían llegar a ser sacramentos portadores de la vida del Resucitado. Son grandes los desafíos que nos esperan. Lo sabemos y lo constatamos a diario. Solos, nos hundimos. En la celebración penitencial del clero del viernes meditábamos en la palabra de Dios, que nos decía a través de Pablo en la carta a los Filipenses: Es Dios el que produce en ustedes tanto el querer como el obrar para agradarle (Fil 2,13). Necesitamos desde lo más hondo de nuestro ser este PERENNE ENCUENTRO CON JESÚS, EL SEÑOR.

 

 

La fecundidad del ENCUENTRO CON CRISTO se realiza a través de la intimidad de la CONVIVENCIA CON Él. Nuestra ORACIÓN, HOY, ES LO QUE FUE, PARA LOS APOSTOLES LA CONVIVENCIA CON JESÚS. Convivimos con Cristo y con todos los hermanos del presbiterio y por supuesto con todos los discípulos del Señor, en la medida en que hacemos nuestra una oración que es muy, muy nuestra, aunque abierta a todos: la celebración amorosa de la Liturgia de las Horas y sobre todo de la Eucaristía diaria.

 

Por supuesto que en la espiritualidad del clero secular, y de todos los discípulos, la actividad ministerial, lejos de constituir un peligro de vaciamiento y de dispersión en un activismo fin a sí mismo, debe llegar a ser fuente y expresión de la caridad pastoral por la que entramos en esa corriente de caridad apostólica que hace de nosotros, por el perenne Pentecostés de nuestra ordenación sacerdotal, sacramentos de Jesús, Buen Pastor. Pero, aún así, Jesús se quedaba largos ratos a solas, con su Padre y llamaba a lo Doce a estar a solas con él, por más que las multitudes reclamaran su presencia y su palabra.

 

 

Muy acertadamente nos dice Aparecida: “Sólo gracias a ESE ENCUENTRO Y SEGUIMIENTO, que se convierte en FAMILIARIDAD Y COMUNIÓN, por desborde de gratitud y de alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar” (A 549).

 

Mientras miramos, nos sigue diciendo Aparecida, el “rostro de Cristo, muerto y resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso, podemos ver, con la mirada de la fe el rostro humillado de tantos hombres y mujeres de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, su vocación a la libertad  de los hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos” (A 32). Cuanto más miramos a Cristo, más percibimos que “la Iglesia está al servicio de todos los seres humanos, hijos e hijas de Dios” (Ib).

 

Los óleos que vamos a bendecir para los catecúmenos y la unción de los enfermos y el crisma que vamos a consagrar, son los signos sacramentales de la presencia y de la acción eficaz de Jesús, el Redentor del hombre.

 

El sacramento del Orden que hoy revivimos agradecidos y cuyos compromisos reafirmamos renovando nuestras promesas sacerdotales, nos impulsa a esa conversión pastoral por la que somos – dóciles a la acción del Espíritu Santo – “una Iglesia llena del ímpetu y audacia evangelizadora” (A 549). “Estamos llamados a recomenzar desde Cristo, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años, y con los ‘Juan Diego’ del Nuevo Mundo.

 

Hacemos nuestra la invitación de Pablo VI que en su Evangeli nuntiandi nos exhorta a “conservar la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo…con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá el mundo actual – que busca a veces con angustia, a veces con esperanza – pueda recibir la Buena Noticia, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo” (EN 80).

 

Estamos con el Resucitado, nuestro Sumo y  Eterno Sacerdote que nos ha llamado y nos sigue llamando.  “Guiados por María, fijamos los ojos en Jesucristo, autor y consumador de la fe, y le decimos con el Sucesor de Pedro: “Quédate con nosotros, Señor, aunque no siempre hayamos sabido reconocerte. Quédate con nosotros, porque en torno a nosotros se van haciendo más densas las sombras, y tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y tú los haces arder con la certeza de la Pascua. Estamos cansados del camino, pero tú nos confortas en la fracción del pan para anunciar a nuestros hermanos que en verdad tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección” (A 554).

 

Ven ESPÍRITU SANTO, enriquécenos con tus dones para que todos seamos

DISCÍPULOS-MISIONEROS DE JESUCRISTO,

EL SEÑOR RESUCITADO, JUNTOS, TODOS Y SIEMPRE,

ENVIADOS COMO TESTIGOS

PARA QUE NUESTRO PUEBLO EN ÉL TENGA VIDA.

 

 

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HOMILÍA  EN LA MISA CRISMAL DEL OBISPO DE MERCEDES, MONS. CARLOS COLLAZZI

 

“…EL BAUTISMO ES UNA VERDADERA ENTRADA EN LA SANTIDAD DE DIOS. POR ELLO SERÍA UN CONTRASENTIDO CONTENTARNOS CON UNA VIDA MEDIOCRE, TIBIA, UN MÍNIMO COMPROMISO Y/O UNA RELIGIOSIDAD SUPERFICIAL….”

 

Miércoles Santo – 19 de marzo de 2008

Iglesia Catedral “Nuestra Señora de las Mercedes”

 

                           Querida Familia Diocesana:

 

“Gracias a la bondad de Dios, cada Miércoles Santo por la tarde, se va haciendo feliz y alegre tradición, la celebración de esta fiesta del Pueblo Santo de Dios que vive en los Departamentos de Soriano y Colonia” (Informe a la Santa Sede, Visita “ad limina”)

 

Reunido hoy aquí en la Iglesia Madre, la Catedral, se manifiesta una de las realidades más profundas de la Iglesia: su Unidad!!! Su ser Pueblo Sacerdotal!!!

 

La Misa Crismal la celebramos en el umbral del Triduo Pascual, centro y cumbre del Año Litúrgico.

 

Esta Celebración, recibe su luz, por decirlo así, de aquel humilde Cenáculo donde Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, en la última cena se entregó a si mismo, anticipando el sacrificio de la Cruz.

 

De la mesa eucarística, desciende la unción sagrada. El Espíritu de Dios se difunde en toda la Casa, es decir, la Iglesia. En este día los Presbíteros y Diáconos, damos gracias porque por una llamada especial, llena de amor,  nos hace partícipes de la misma Consagración del Hijo amado del Padre.

 

Todo nos lleva a cantar desde lo hondo del corazón y en el significado más profundo de esta celebración, las misericordias del Señor. ¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!

 

Todo bautizado está llamado a alabar, cantar al Señor, y dar testimonio del amor misericordioso de Dios, con una vida santa. Lo mismo debemos decir de todas las comunidades cristianas.

 

El gran Apóstol Pablo escribe: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” ( 1Tes 4,3) y el Concilio Vaticano II precisa: “Todos los fieles están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (L.G.40)

 

 

Poner nuestra vida en esta órbita y en esta sintonía, significa expresar la convicción de que, el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios. Por ello sería un contrasentido contentarnos con una vida mediocre, tibia, un mínimo compromiso y/o una religiosidad superficial.

 

Jesús es el fundamento y modelo de toda nuestra vida. El es conciente de que ha sido enviado por el Padre para anunciar la buena nueva, el Evangelio de salvación a todos. Para cumplir esta misión hace suyo el plan del Padre, el proyecto del Reino.

 

Para el cumplimiento de la misión confiada por el Padre, Jesús llamó a sus discípulos. De entre ellos designó a los Doce, y les enseñó, les inculcó un amor apasionado por el Reino, en torno al cual giraba toda su vida y predicación. Toda la actividad enmarcada en el proyecto del Reino, apuntando a la transformación total de la situación del mundo, con vista a la vida plena ofrecida por Dios.

 

Ese es Jesús el Buen Pastor, el Servidor, que nos comunica vida  en todas las dimensiones. Dice el Documento de Aparecida, todo en Él al servicio de la Vida (Aparecida 353)

 

De esta misión participamos todos, por el Bautismo y la Confirmación. Nos enriqueció con el Don del Espíritu Santo en Pentecostés, llenándonos de ardor, de valentía y anhelos de santidad.

 

Los cristianos de las primeras comunidades comunicaban el Evangelio siendo testigos de la Resurrección. Esto indica un estilo de vida nuevo conforme al Evangelio y una actitud de conversión permanente, constante, ante el imperativo del Maestro para entrar en el Reino.

 

El impulso misionero nace en la comunidad eclesial del amor de Dios. Por amor, Dios quiere que todos se salven. Por amor envía el Padre al Hijo; por amor el Hijo obedece al Padre. Por amor los discípulos de Jesucristo hacemos lo posible para que la voluntad del Padre se realice.

 

La obra de la evangelización es tarea esencial de toda la Iglesia. Recibir la Unción implica la misión. Dice Aparecida: La Iglesia, por recibir y realizar la misma misión de Cristo, debe estar al servicio de una vida plena para todos (Aparecida 358-359)

 

Tarea que se vuelve cada vez más imperiosa, pues constatamos que la llamada “cultura de la Muerte” se hace sentir de diversos modos en todos los ambientes donde vivimos.

 

Para poder realizar la Misión Evangelizadora que el Señor nos confía, debemos despertar como discípulos. La escucha atenta del Señor en su Palabra y en los signos que a diario el nos da para descubrir su voluntad.

 

En virtud del Bautismo y de la Confirmación somos misioneros. Estamos dispuestos, con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión, con nuestra labor diaria, con nuestra profesión de Fe y con su Palabra (Aparecida 376)

 

Este espíritu misionero, lleva a toda la Iglesia a ponerse en estado permanente de misión. Esto implica la decisión de recorrer juntos un camino de conversión que nos lleve a ser discípulos misioneros de Jesucristo. Discipulado y Misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva.

 

El estado permanente de misión implica ardor interior, confianza en el Señor, continuidad, firmeza y constancia. El mismo Espíritu despertará en nosotros creatividad para encontrar formas diversas para  acercarnos a los hermanos, que seguramente muchos de ellos ya están bautizados pero no evangelizados.

 

Implicará también disponibilidad para repensar y reformar estructuras pastorales. Abiertas, acogedoras, para hacer de cada comunidad casa y escuela de comunión. Lugares donde bebemos la Palabra, nos alimentamos de la Eucaristía, formamos comunidades y servimos a la sociedad.

 

Esta conversión pastoral de que nos habla Aparecida pide a los Ministros Ordenados, renovar por la acción de la Gracia, la comunión con el Obispo y de ellos entre sí. Así como el entusiasmo y la entrega al servicio del Evangelio. Uds. son los portadores primeros de todo este impulso misionero que brota de la entrega al Señor y la constante caridad pastoral para buscar a los alejados.

 

Esta conversión pastoral pide a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada, sentir el llamado a participar activamente en este estado permanente de misión, con la participación activa en la Iglesia Diocesana, aplicando los planes pastorales que deben estar por encima de toda iniciativa particular.

 

Cualquier esfuerzo, los proyectos concretos que se irán proponiendo, exige de manera particular, la participación activa y comprometida de los laicos, con su compromiso cristiano en la Iglesia y en el mundo, para ser agente de transformación, constructor del Reino.

 

Nos pide a todos valorar los Consejos Pastorales Parroquiales como, organismos de animación y coordinación pastoral.  Son Ellos el ámbito natural para toda planificación pastoral. Son los espacios fuertes de comunión participación desde donde debemos proyectar toda la acción misionera de la Iglesia Diocesana en cada lugar.

 

Queridos Hermanos e Hijos en el Señor, hay  algo que debe marcar la fisonomía de la Iglesia: la opción preferencial por los pobres. “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo” De nuestra Fe brota la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio (Aparecida 391-394)

 

Dijo Aparecida: La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta  en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, el acomodarnos al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimente el esfuerzo de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad “(362)

 

Le confiamos a Nuestra Señora, la de las Mercedes, la de los Regalos, la Liberadora de cautivos, este espíritu misionero que el Espíritu del Señor quiere despertar en todos nosotros. Le confiamos a la Virgen, al estar cercano el Jubileo Diocesano, el Año Santo Diocesano, que Dios mediante, inauguremos el día de la Diócesis del año 2009.

 

Señora, te confiamos la Diócesis, la vida de todos los Diocesanos, Presbíteros, Diáconos, Consagrados y Consagradas, todos los Laicos. Te confiamos nuestros Departamentos de Soriano y Colonia

 

                                                       +Carlos María Collazzi

                                                          Obispo Diocesano

 

 

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MISA CRISMAL EN LA CATEDRAL DE FLORIDA Y SALUDO A LOS SACERDOTES POR PARTE DE MONS. RAÚL SCARRONE

 

 

Hace más de 2000 años en la ciudad de Jerusalén Jesús se reunió con sus Apóstoles, en una pequeña sala y en una cena de despedida  les dijo: ¨ Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros ¨, también nosotros como Presbiterio nos reunimos con el Obispo en esta Iglesia Catedral en la celebración del Jueves Santo que tiene un profundo significado.  Al igual que en aquella oportunidad como Jesús les abro el corazón, aunque no estaba en mis planes, Dios en su Providencia ha querido que todavía esté con ustedes, porque a nadie se le oculta que después de más de 20 años como Pastor de esta Diócesis es la última vez que presido esta concelebración sacerdotal, la más importante del año litúrgico . El Papa Benedicto XVI nos ha regalado un muy buen Obispo para la Diócesis en la persona de Mons. Martín Pérez Scremini, a quien recibiremos con mucho afecto, como el 4º Obispo de Florida, el sábado 26 de abril.

 

Hoy Jueves Santo es la fiesta, en particular de los que hemos sido consagrados mediante el sacramento del orden: diáconos, presbíteros y obispos.

 

Una fiesta en la que se nos invita no sólo a renovar los compromisos vinculados a la ordenación, sino también a reavivar los sentimientos que inspiraron nuestra entrega al Señor, profundizando y gustando sin cesar la belleza del gesto de nuestra respuesta a la vocación a seguir de cerca a Cristo.

 

A nosotros, sacerdotes y obispos, este día del Jueves Santo nos abre el corazón para renovar las promesas con las que nos vinculamos a Cristo Sacerdote el día de nuestra ordenación y nos pide el compromiso y podría decir, la alegría y el gozo de vivir en plenitud la belleza de nuestro ministerio, en el seguimiento de Cristo, solidariamente entregados al servicio de los demás.

Dentro de unos momentos renovaremos con alegría el ¨ si ¨ de la ordenación sacerdotal, conscientes del gran valor del regalo recibido en la Iglesia y para la Iglesia. Queremos renovar el ¨ si ¨ inicial de la historia de nuestra vocación, es decir, de aquella primera decisión de poner en el centro de nuestra vida y en la cumbre de nuestros intereses y actividades a Cristo Jesús. Conscientes de que ese ¨ si ¨ dicho con amor ha transformado progresivamente nuestra existencia con Cristo en camino de santidad y fecundidad apostólica.

 

A pesar de nuestras limitaciones y fragilidades, con alegría y voluntad firme, hoy queremos renovar nuestra fidelidad sacerdotal a Aquel que con su muerte y resurrección nos ha liberado de nuestros pecados y queremos perseverar, con coherencia y entrega, en el servicio pastoral de ministros de Cristo. Al elegir Jesús a hombres como los 12 Apóstoles no se hacía muchas ilusiones y sabía que en esa debilidad humana fue donde Él puso el sello sacramental de su presencia. La razón la señala San Pablo: ¨ llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros ¨. 2 Cor. 4,7

 

Resuenan con especial énfasis en nuestros oídos en el día de hoy las palabras de Jesús: ¨ No son ustedes los que me han elegido soy yo quien los he elegido ¨. En verdad, pobres de nosotros nada hemos elegido,  sólo nos queda la paz de saber que Alguien nos ha elegido y nos ha llevado donde no esperábamos.

 

Que Alguien nos ha seleccionado como a los Apóstoles junto al lago de Galilea: ¨ Ven y sígueme ¨ o como al Profeta Habacuc cuando se disponía a abrir la fiambrera para comer, fue tomado por los pelos por un ángel del Señor y se encontró en la fosa de los leones con Daniel, para luego devolverlo nuevamente a su viña.

 

Alguien nos ha elegido y aquí estamos, nuestra historia personal es tan especial que sólo puede darnos paz, el saber que nos conducen. No podemos sicoanalizar los pequeños indicios que nos llevaron a la ordenación.

A veces ponemos esos indicios vocacionales en experiencias íntimas, consoladoras, llenas de paz, de fervor, de piedad y de inexplicable maravilla. En el fondo hemos de aceptar que en nuestro itinerario vocacional, a pesar de todo, era Dios el que nos guiaba. Y al cabo de los años uno sabe que es sacerdote no por llamaradas especiales de fervor sino por el empujón de las miradas de tantas personas que reclaman nuestra presencia , nuestra compañía, nuestro testimonio coherente de vida, esas miradas que nos estimulan en nuestra misión de cada día, son signo de la mirada de Dios.

Estamos aquí porque Dios nos ha traído y ya no nos pertenecemos.

 

Hoy es un día especial para agradecerle a Jesús porque nos ha elegido y asociado de una manera especial a su sacerdocio y nos ha marcado con un carácter indeleble que nos capacita para ofrecer su mismo sacrificio como sacrificio de su Pueblo.

Le agradecemos porque nos ha hecho ministros de la Eucaristía y del Perdón, partícipes de su misión evangelizadora y servidores del Pueblo de la Nueva Alianza.

 

Conscientes cada uno de nosotros que mediante el E.S. hemos recibido el sacerdocio ministerial, pidamos cada día tener un corazón nuevo y confirmar continuamente con la propia vida, el auténtico significado que la vocación sacerdotal tiene, tanto para nosotros como para todos los hombres y mujeres, para que cada vez de modo más maduro veamos con los ojos de  la fe la verdadera dimensión y belleza del sacerdocio y para que perseveremos en la acción de gracias por el don de la vocación como una gracia no merecida.

 

Este don, es totalmente gratuito y por serlo obliga más, pidamos pues. por nuestra fidelidad y la de todos  los sacerdotes dando gracias al Señor porque, a pesar de nuestras debilidades y  fragilidades humanas ha tenido confianza en nosotros. Pidamos ser fieles hasta el fin  con un corazón puro y una conciencia recta.

Que nunca seamos causa de tristeza para el Espíritu Santo, que con sus dones de sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo, piedad y santo temor de Dios sepamos discernir siempre lo que procede de Dios de lo que procede del espíritu del mal.

Que nunca nos falte la fe, el coraje y la disponibilidad para testimoniar el Evangelio y nos conceda aquel amor que ¨ todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta ¨ y  se complace, como dice mi lema episcopal haciendo ¨  la verdad en la caridad ¨

Pidamos al Padre Dios en este día amar con su mismo amor, con el amor que amó al mundo y le entregó a su Hijo Jesús para que todo el que crea Él no se pierda sino que tenga la vida eterna.

 

Decía el Papa Benedicto XVI el 2 de febrero pasado: ¨ Aunque pueda parecer que la vida del sacerdote no atrae el interés de la mayoría de la gente, en realidad se trata de la aventura más interesante y necesaria para el mundo, la aventura de mostrar y hacer presente la plenitud de vida a la que todos aspiran. Es una aventura muy exigente y no podría ser de otra manera, porque el sacerdote está llamado a imitar a Jesús: ¨ que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por muchos ¨ Mt. 20,28

Ser sacerdote significa ser amigo de Jesucristo y esta amistad debe comprometernos todos los días. La amistad con Jesús se cultiva en el diálogo de la oración,  cada sacerdote ante de todo, debe ser un hombre de oración, si decae la fuerza de nuestra oración simultáneamente  nuestras capacidades y nuestras actividades se convertirán en destructivas.

 

No puedo menos, queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas al terminar mi misión como Pastor de esta Diócesis quiero darle gracias a Dios porque siempre lo he sentido muy cercano, darles a Ustedes un GRACIAS GRANDE y ENORME por la amistad sincera y toda la colaboración que me han prestado en estos largos años y porque han sido eficaces colaboradores en el apoyo que me han brindado, pues cuanto más grande es mi debilidad, más necesaria ha sido para mi vuestra presencia en la Diócesis. Quiero especialmente agradecer al querido P. Bernardo, Vicario General y Pastoral que también pronto se marcha en obediencia a sus Superiores a un nuevo destino, su cercanía, apoyo y amistad en estos años no tiene precio. Sin querer dejar a nadie de lado agradezco especialmente a aquellos sacerdotes que están en la Diócesis acompañando con abnegación a sus comunidades, desde antes que yo llegara a la Diócesis, los Padres Conrado, Severino y Gregorio. Un  gracias muy especial al querido clero secular de la Diócesis, son pocos pero muy valiosos, cada uno con los dones que Dios les ha regalado. Queda como materia pendiente algo que siempre fue mi anhelo: el acrecentar urgentemente el clero secular comprometido por vida en esta porción del Pueblo de Dios de Florida y Durazno y el aumento de las vocaciones. Gracias a todas las comunidades religiosas y especialmente a aquellos que dejando patria, familia y cultura se han hecho uno entre nosotros para llevar a todos a Cristo Jesús.

 

Gracias a todos los Hermanos y Hermanas de las distintas comunidades y   a los queridísimos seminaristas. Saludos especialmente a los queridos jóvenes que culminan su Retiro Espiritual de Semana Santa ahora y  han venido a esta celebración para acompañar a sus sacerdotes y participar en la bendición del crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos, por medio de los cuales la gracia divina se derramará en las almas, proporcionándoles luz, apoyo y fuerza, a la vez que la Iglesia se edificará mediante los sacramentos.

 

Que esta celebración del Jueves Santo, tan impregnada de pensamientos y sentimientos, en este cumpleaños del sacerdocio católico, fortalezca en nuestros seminaristas, diáconos, sacerdotes y Obispo , la convicción profunda de que somos más necesarios que nunca para una humanidad, que anda como ovejas sin pastor, porque Cristo es hoy más necesario que nunca.

 

Que la Eucaristía, centro y cumbre de nuestro ministerio se convierta para cada uno de nosotros en una experiencia gozosa hasta el final de la vida y en el manantial de nuestro dinamismo pastoral y de nuestro servicio a la Iglesia y al mundo entero. 

 

 

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HOMILÍA DE MONS. JULIO BONINO EN LA MISA CRISMAL DE VILLA ANSINA.

 

Recordaba como por acción del Papa Bueno Juan XXIII que cortaba una ramita de la Diócesis de Florida y plantaba ésta nuestra diócesis, que ya empezamos a pensar en la celebración de sus 50 años de Vida que se cumplen en el 2010, una historia que vale la pena conocer y saben? hace un ratito me llamaron de una radio para preguntarme sobre estos 18 años que cumplo hoy en este día como Obispo de Uds y no dudo en decir cómo bendigo a Dios que me llamó un día a cruzar el río Negro y entonces a aprender tantas cosas de este mi país, de ésta mi Iglesia, que no conocía al haber estudiado en el sur. Nosotros en este lugar de nuestra patria, tenemos como Iglesia Diocesana la tarea indispensable de Evangelizar y si hay algo que todos nos tenemos que poner a pensar es ¿Cómo se Evangeliza? Porque estamos en un inmenso cambio en la humanidad, en el País , a veces digo, no podía suponer hace 18 años cuando llegaba a esta región, ser testigos de estos enormes cambios que se dan hoy entre nosotros porque ha cambiado desde el paisaje hasta la economía . Yo pensaba que iba a ser un Obispo que hasta el final iba a ser una región ganadera, arrocera, en algunos casos papelera (aunque ya no tenemos esa vigencia que parecía que teníamos) y entonces por el enclave de estas multinacionales que han venido a transformarnos la vida , la cotidianeidad nuestra , estemos atentos a los signos de los tiempos para convertirnos en los evangelizadores que Hoy necesita nuestra Iglesia. Si no lo hacemos nunca vamos a recomenzar una evangelización, pero además tenemos que continuar una historia evangelizadora, por eso me parece muy importante entonces haber venido al altar con estos dos objetos que puse ahí, la agenda de nuestra diócesis y el documento de Aparecida.

 

•          Año 48 de la creación de la diócesis de Tacuarembó- Rivera.

•          Año 18 de de este Obispo que acompaña en este tiempo.

•          Año 7 de un pueblo constituido en zonas pastorales ( zona rural norte, zona sur, zona tacuarembó, zona rivera).

•          Ano 17 de estas casas que llamamos Casas diocesanas, una en Tacuarembó y otra en Rivera que intenta ser signo de lo que es la organicidad de la unidad de acción de la Iglesia Diocesana.

 

En esta agenda están los nombres de los sacerdotes, religiosos-as, laicos-as que tienen en sus hombros la tarea coordinadora de la conducción de la diócesis y yo quería presentarles a ustedes, nombrar a estos sacerdotes que hoy rodean el altar y que están haciendo con sus comunidades diocesanas, responsables de caminar unidos intentando la fidelidad que hoy venimos a renovar como pueblote sacerdotes , profetas y reyes y entonces siguiendo el orden de la agenda le pido que se ponga de pie el Padre.

 

Nombró uno por uno de los sacerdotes y diáconos, también seminaristas.

 

Se me ocurría que lo más importante era nombrar delante de Dios a cada uno de los sacerdotes que representa nuestra diócesis (y los diáconos) que representan de alguna manera la realidad de nuestras comunidades de nuestra diócesis.

La misa Crismal es una oportunidad que ojalá, que a pesar de las limitaciones que a lo largo de estos 18 años hayan conocido de este Obispo puedan trascender las mismas, y entender que aquí de lo que se trata es que el Buen Pastor  los convocó  a esta Parroquia de Ansina para que renovaran esa gracia recibida el día que el Obispo les impuso las manos ungiéndolos como sacerdotes.

Ustedes saben que la misa de hoy se trata de la renovación de las promesas sacerdotales que dentro de un ratito van hacer, sacerdotes y diáconos.

 

Un día de renovación, un día de actualizar aquello que cuando se usa el crisma es para siempre. Hoy vamos a asistir a ese momento cuando el Obispo bendice el aceite de oliva para que sea usado como expresión de la unción del Espíritu Santo, por los sacerdotes, del bautismo, la confirmación, el orden sagrado,  y cada vez que algo es ungido por el santo Crisma vive una experiencia que marca Carácter dice la Iglesia es la verdadera consagración de algo para siempre , nunca más volvemos a bautizarnos ni a confirmarnos ni a ser ordenados sacerdotes.

 

Hoy renovamos esa condición de ungidos por el Espíritu Santo en el Bautismo de todos nosotros. El día de nuestra confirmación el Obispo nos decía “ Recibe por esta unción la gracia del Espíritu Santo” esa consagración hoy estamos recordando. El sacerdote el día de su consagración extiende las dos manos para que el Obispo unja  con este Crisma, que es el signo de la Unción del Espíritu Santo, esa Consagración, hoy estamos recordando todos juntos esa unción. El día que fui consagrado Obispo la unción me la hicieron en la cabeza , algunos dicen que es por eso que somos tan pelados los Obispos , por habernos hecho la unción por acá ( risas ).

 

Hoy es un día para que cada uno de  ustedes extienda  sus manos para renovar esa actitud que decimos en el ministerio sacerdotal que es la realidad pastoral, que un día en que el Señor único Pastor de esta diócesis quiere verdaderamente soplar para que ese Espíritu este brillando en cada una de las palabras, en todos los gestos, en todas las entrega de vida que cada uno realiza.

 

El Obispo además leyó el documento de Aparecida la parte que es dedicada a los sacerdotes y para finalizar dijo.” Estamos en el tiempo de tener que construir con la inspiración de Aparecida un nuevo proyecto pastoral de la diócesis, teniendo en cuenta las orientaciones de la CEU (Conferencia Episcopal Uruguaya) que los obispos vamos a aprobar después de Pascua, teniendo en cuenta el documento de Aparecida, teniendo en cuenta todo lo que en la consulta con las fichas para Aparecida hicieron nuestras comunidades.

 

Vamos a intentar construir un nuevo proyecto pastoral diocesano.

De verdad cuánta Gratitud tengo a los sacerdotes que los veo disponerse una vez más a una tarea exigente, muchas veces tediosa como es ésta, desde las situaciones tan diversas que se dan en las parroquias, tener que disponerse a una tarea común y colectiva. La comunión clara del Presbiterio con el Obispo , y entonces tenemos que hacerlo con estos desafíos , parroquias muy pobres que hacen que los sacerdotes estén realizando cosas para subsistir, parroquias en lugares de violencia e inseguridad, la falta y mala distribución de los presbíteros en la Iglesia, en este contexto MI GRATITUD!  A ustedes sacerdotes ni decir a los diáconos permanentes que van a renovar también su compromiso.

Que esta Iglesia Diocesana con todos sus sacerdotes, diáconos, religiosos-as, laicos-as pueden en este tiempo de la historia continuar esa historia que ha sido evocada al inicio de la misa pero que sobre todo seamos capaces de Evangelizar en estos tiempos que nos toca vivir . QUE ASI SEA!( APLAUSOS)

 

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