Especial de SEMANA SANTA

Mensaje de Pascua del
Obispo de MINAS
 
Mons. Francisco Barbosa

JESÚS, EL QUE VIVE, NOS LLAMA A
SER SUS DISCÍPULOS Y MISIONEROS

Conferencia Episcopal del Uruguay -2007

 

JESÚS, EL QUE VIVE, NOS LLAMA A SER SUS
DISCÍPULOS Y MISIONEROS

 

 

¡¡¡El Señor ha resucitado!!!

 

El que fue crucificado y murió el viernes, VIVE; ha triunfado sobre la muerte; está presente. A esta verdad los Apóstoles llegaron por un camino nada fácil. Les cuesta creer en el testimonio de aquellas mujeres sobre el sepulcro vacío y la noticia de la resurrección (Lc 24,11.22-24). Los relatos de los Evangelios muestran a los Apóstoles con dificultad para admitir que el Crucificado vive: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme…” “trae aquí tu mano; métela en mi costado” (Lc 24, 38 ss; Jn 20,27). Al mismo tiempo perciben con claridad que, siendo el mismo, el Maestro es distinto; les cuesta reconocerlo. La Magdalena, aunque ve al jardinero cerca del sepulcro, no lo reconoce (Jn 20,11-18); en el lago tampoco lo reconocen los discípulos (Jn 21,4); en el Cenáculo dudan, no se atreven a preguntarle quien es, aunque sabían que era Él (Jn 21,12). Los discípulos de Emaús a pesar del camino compartido escuchándolo, no le reconocen hasta que desaparece de su vista (Lc 24).

 

Jesús de Nazareth, el Señor, es el mismo, pero existe y vive de otro modo; no vuelve simplemente a estar con ellos “como antes”; ahora existe y está presente de un modo distinto y superior a la cercanía física.

 

Para los Apóstoles la Resurrección de Jesús no es un hecho que pasa, como no es simplemente un suceso que los marca, pero que pertenece ya al pasado. Es una realidad presente: el Resucitado vive y está entre ellos.

           

Los relatos de las apariciones de Jesús, en los Evangelios, son una catequesis riquísima sobre la nueva presencia del Resucitado junto a los suyos:

 

•           Cuando están juntos, compartiendo los momentos difíciles y los momentos luminosos (Jn 21,1-8) cumpliéndose aquellas palabras que Mateo pone en labios de Jesús: “donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos” (Mt 18,20) y  este “reunidos en mi Nombre” podríamos traducirlo diciendo: cuando se tome en serio la vida; cuando se comparta lo vivido; cuando se dialogue, se sufra y se goce juntos… cuando se viva aquel “vamos también nosotros contigo” (Jn 21,3). Este estar “reunidos en mi Nombre” encuentra su expresión más perfecta y lograda en la Iglesia. La Comunidad de los bautizados es el principal signo de la presencia de Jesús Resucitado  (1Cor 12, 12-13.27-28).  Es por eso que cuando aparece la comunidad reunida, aparece Jesús Resucitado (Jn 21,3).

 

•           La Comunidad experimenta la presencia de Jesús Resucitado cuando se lee y comenta la Palabra de Dios: “¿no ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras” (Lc 24,32). Por eso los creyentes se reunían y perseveraban en la escucha de la enseñaza de los Apóstoles (Hch 2,42).

 

•           De un modo especial la Comunidad reconoce la presencia de Jesús Resucitado en el gesto de partir el pan (Lc 24,30-31). Desde entonces la Comunidad celebra la Eucaristía como una epifanía o aparición del Señor (Hch 2,42), cumpliendo así el mandato dado por Él (1Cor  11,23-26).

 

•           El nuevo modo de estar presente Jesús Resucitado se concreta sobre todo en el Espíritu que nos comunica. El Espíritu Santo es el don por excelencia del Resucitado: resucitar significa para Jesús llegar a ser Espíritu vivificante, fuente de agua viva que salta hasta la Vida Eterna (Jn 4,14; 7,37-39). Gracias al Espíritu que nos comunica el Señor no está ya simplemente con nosotros, como estaba con los Apóstoles antes del Viernes Santo; desde Pascua está en ellos, está en nosotros (Ga 2,20; 2Cor 12).

 

•           El Papa Juan Pablo II en su Carta “Al comienzo del nuevo milenio” (NMI), nos dice que al rostro de Jesús Resucitado “tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse: ‘tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, estaba de paso, y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’ (Mt 25,35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad – escribe el Papa – es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo” (NMI 49). Porque en ella nos deja una pista muy clara para reconocerlo hoy entre nosotros, en el pobre, en el necesitado, en el excluido.

 

•           He dejado para el final, el compartir con ustedes, en esta Pascua de 2007, otro signo de la presencia de Jesús Resucitado en medio de los suyos: el Pastor. San Ignacio de Antioquía presentaba al Obispo como imagen visible del Pastor invisible que es Cristo. El Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Los Pastores de la Grey” dice: “Cristo es el ícono (imagen) original del Padre y la manifestación de su presencia misericordiosa entre los hombres. El Obispo…se convierte,  para la Iglesia a él confiada, en signo vivo del Señor Jesús” (PG 7). “En cuanto pastor de la grey y servidor del Evangelio de Jesucristo en la esperanza, el Obispo debe reflejar y en cierto modo hacer transparente en si mismo la persona de Cristo, el Pastor Supremo” (PG 13). “Nuestro cometido es ser para cada persona de manera eminente y visible, un signo vivo de Jesucristo (PG 74).

 

Nada mejor que el marco de esta fiesta de Pascua para anunciarles que voy a realizar la VISITA PASTORAL a las Parroquias de la Diócesis, a partir del segundo semestre de este año y a lo largo del próximo.

 

Para las Comunidades y los Pueblos que la reciben, “la Visita Pastoral es un acontecimiento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que ‘el supremo pastor (1Pe 5,4) y guardián de nuestras almas ( 1Pe 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su Pueblo (Lc 1, 68)” (Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, 220).

 

En la Biblia podemos encontrar el sentido de la Visita del Señor, que acompaña, que libera, que salva a su Pueblo. En el Evangelio, ya antes de su Nacimiento Jesús se hace visitante (Lc 2,39-45). El será la suprema visita de Dios a los hombres. Su visita es la visita de Dios, lleva alegría y estremecimiento. El secreto más importante de la Visita Pastoral, de la Visita del Obispo a las Comunidades, es precisamente permitir experimentar esta cercanía de Dios.

 

Es por eso que el Papa Juan Pablo II escribe: “En su visita pastoral a las Parroquias el Obispo ha de dar prioridad al encuentro con las personas, empezando por el Párroco y los demás sacerdotes. Es el momento en que ejerce más cerca de su pueblo el ministerio de la Palabra, la santificación y la guía pastoral, en  contacto más directo con las angustias y preocupaciones, las alegrías y las expectativas de la gente, con la posibilidad de exhortar a todos a la esperanza. En esta ocasión, el Obispo tiene sobre todo un contacto directo, con las personas más pobres, los ancianos y los enfermos. Realizada así, la Visita Pastoral, muestra lo que es, un signo de la presencia del Señor que visita a su Pueblo en la Paz” (PG 46).

 

He querido que este anuncio de la Visita Pastoral sea mi regalo de Pascua para todas y cada una de las comunidades parroquiales, de las capillas de los barrios, y de los pueblos y zonas rurales de nuestra Diócesis.

 

En el mes de mayo participaré como delegado de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) en la Vª Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, Brasil, que estará presidida en su acto inaugural por el Santo Padre el Papa Benedicto XVI. Al volver fijaremos las fechas de la Visita Pastoral y les enviaremos los criterios para que en cada Parroquia, con la participación del Consejo Pastoral, se organice el programa concreto para esa Visita.

 

Que María, la “visitada por Dios” y “portadora de la visita de Dios” (Lc 1); la que supo estar firme junto a la Cruz de su Hijo (Jn 19) y junto a sus Discípulos en el Cenáculo (Hch 1), ayudando a permanecer como discípulos y a esperar la fuerza prometida de lo alto para ser misioneros, los acompañe también a todos ustedes, hermanos y hermanas, ayudándolos a permanecer recios y esperanzados, pues Jesús, QUE VIVE porque ha resucitado, los necesita y llama para que sean sus discípulos y misioneros enviados.

 

Con un corazón de Padre y Pastor, de hermano y amigo, les desea FELICES PASCUAS y bendice su Obispo

 

 

 +Francisco

 

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