Especial de SEMANA SANTA

Mensaje de Pascua del
Obispo de CANELONES
 
Mons. Orlando Romero
Conferencia Episcopal del Uruguay -2007

 

“CRISTO RESUCITÓ” ¡ALLELUIA!

Después del invierno, en el que parece que todo muere, viene la primavera en que la vida estalla en múltiples manifestaciones.

 

Es todo una señal de la presencia de vida nueva que refleja la Vida Nueva de Jesús resucitado quien bajó hasta lo más profundo de la realidad humana para vivificarla. Se hizo hombre y “descendió a los infiernos”, como proclamamos en el Credo, a la realidad más oscura del corazón humano. Desde allí comienza todo un camino de ascenso de propuestas de trasformación para construir el hombre nuevo, “los cielos nuevos y la tierra nueva”.

 

La Pascua es el paso cotidiano que Jesús fue dando en el transcurso de su vida hasta su culminación en la Muerte y Resurrección.  El deseo y la esperanza, profundamente impresos en el ser humano, se alimentan y confluyen en la gran posibilidad a la que nos abre la fe en la Muerte y Resurrección de Jesucristo. Lo cual  significa abrirnos a la Pascua, desde ahora, pasando de la oscuridad a la luz, de la estrechez a la inmensidad, de la rigidez a la vitalidad, de la postura yacente de la tumba a la postura vertical de quien está de pie y camina hacia una comunidad humana en la que haya un espacio  en el que los abatidos se enderecen, los discriminados sean integrados, los esclavos sean liberados, los desesperanzados recobren el sentido de sus vidas, y los oprimidos y entumecidos vuelvan a la vida.

 

Los gestos extraordinarios que Jesús hizo  por los caminos de la Palestina  mostraban que el Reinado de Dios,  donde reina la paz y la justicia, el amor y la vida, la fraternidad y la solidaridad, estaba cerca y ya había comenzado a germinar por doquier. Este Reino se iba haciendo visible en una nueva convivencia, en el equilibrio de las relaciones entre el ser humano y la creación donde se refleje la belleza del Creador. Este es el camino y la meta por donde el discípulo está invitado a seguir. Contemplar, conocer y dejarnos renovar por quien no tiene otro anhelo sino compartir su Vida con la nuestra. En este caminar no estamos solos sino integrados en una comunidad, donde vamos creciendo como discípulos y misioneros, comprometidos en compartir con los demás el sentido de nuestra vida y la esperanza que nos anima. Esta es el llamado de todo seguidor de Jesús: anunciarlo para que todos tengan vida en Él.

 

“Su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifiesta Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con Él, llenos de gloria” (Col.3,4)

 

¡Felices Pascuas de Resurrección!

 

                                                                                              +Orlando Romero

                                                                                             Obispo de Canelones

 

HOMILÍA DEL OBISPO DE CANELONES,
MONS. ORLANDO ROMERO EN LA MISA CRISMAL  – 2007

“PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS, TRASPARENCIAS DE LA TERNURA ENTRAÑABLE DE JESÚS DE NAZARETH”

                                                                                                                                

Introducción

 

Queridos hermanos y hermanas que hacen presente a esta Iglesia Diocesana; queridos sacerdotes y diáconos, llamados a ser servidores de este Pueblo de Dios:

Es particularmente emotivo para mí celebrar con ustedes la Institución del Sacerdocio y de la Eucaristía en este año Jubilar  de mis Bodas de Oro sacerdotales.

 

Nuestro ministerio de presbíteros y diáconos nos ha configurado con Jesucristo, con una marca imborrable que nos delata para siempre como sus seguidores y testigos. Es lo que fundamenta nuestra  tarea específica en nuestras comunidades.

En este tiempo litúrgico, el Evangelio de San Lucas, nos muestra al Dios de la misericordia y de la ternura entrañable con el ser humano; hecha palpable, visible y audible en Jesús de Nazareth de corazón tierno,  compasivo, benevolente y de gratuita amistad para con todos los seres humanos pero de manera particular con los  débiles y excluidos.

 

La Institución del Sacerdocio y de la Eucaristía en la Última Cena, nace de este corazón  misericordioso, como la herencia más valiosa de su amor para  su pueblo.

 

-Las comidas de Jesús

Para Lucas, la Cena Pascual es como la prolongación de la diversas comidas en las que participó Jesús, es la expresión culminante de una forma de anunciar la presencia de la misericordia del Padre y el amor fraterno por los hombres, a quienes regala el amor y la compasión incondicional y gratuitamente, el perdón de los pecados y la sanación de sus heridas.   Estas comidas con publicanos y pecadores están marcadas por la alegría y la gratitud, y muestran la proximidad liberadora y sanadora de Dios. Pero, al mismo tiempo, han sido comidas que han producido escándalo en quienes se consideraban justos y fieles cumplidores de la Ley, por hacerlas con gente de mala vida. Buscan desprestigiarlo y lo acusan de borracho y comilón.

 

-La comida en casa de Leví

La primera comida de la que nos da noticias Lucas es la que ofreció Leví a Jesús en la que participaron numerosos publicanos y pecadores. Estamos invitados a la comida del amor tal como somos, con todos nuestros defectos y debilidades. Esto llevó a los escribas y fariseos a poner el grito en el cielo y a preguntar a sus discípulos: “¿Porqué ustedes  comen y beben con publicanos y pecadores?”. Jesús respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc. 5,27-32).

 

-Otras comidas

Otras comidas tienen lugar en casas de fariseos a quienes les muestra  cómo es el amor incluyente de un Dios rico en misericordia y cercano, que prodiga su perdón  a todos los que lo necesitan, y son concientes de su pecado. Solo quien se atrinchera en su pretendida pureza y justicia se cierra a esta oferta de misericordia y de liberación.. La presencia de una pecadora pública, que vence el miedo y que no se deja intimidar ante la mirada maliciosa de los comensales, ni le importa la humillación a que es sometida por lo que se consideran honestos y puros, no duda “en colocarse a los pies de Jesús, y llorando comenzó a lavar con sus lágrimas sus pies y a enjugárselos con los cabellos de su cabeza, mientras se los cubría de besos y se los ungía con el perfume”. Esta actitud arranca del corazón de Cristo el perdón misericordioso de sus muchos pecados porque ha demostrado mucho amor: “Tus pecados te son perdonados”.

 

En otra oportunidad Jesús es invitado por un fariseo a una comida, quien “se extrañó al ver que no se había lavado las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo: Ustedes los fariseos limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de codicia y de maldad”. ¡Ay de ustedes fariseos!...Jesús rechaza radicalmente el “disfraz” que simula aparecer ante los demás, no como uno es, sino  como cada cual quiere que los demás lo vean.  Cada comida en la que participa Jesús  denuncia la deblez que deshumaniza  al ser humano.

 

El banquete festivo para festejar el retorno del hijo pródigo como el celebrado en la casa de Zaqueo son preciosas manifestaciones de la alegría del Padre “porque el hijo considerado muerto, ha vuelto a la vida,  que estaba perdido ha sido encontrado”, que estaba destruido ha sido recreado, que estaba esclavizado ha sido liberado, el que estaba desheredado ha recuperado su condición de hijo… Tiene la premura del abrazo y de la fiesta, de ofrecer lo mejor, más aún, de darse a sí mismo, sin medida, “Hoy ha llegado la salvación…” dice Jesús a Zaqueo. Solamente  el desgaste de una fidelidad desmotivada  incomoda al hermano mayor quien se disgusta, se cierra y permanece insensible ante la invitación cariñosa del padre  a celebrar el retorno del hermano derrochador pero arrepentido. Por eso alguien ha dicho que “a Jesús lo crucificaron por su forma de comer” ya que en ello expresaba una nueva manera de concebir la salvación y al mismo Dios.

 

“Hagan esto en memoria mía”

 

Jesús al compartir la Última Cena, en la que instituye la Eucaristía y el ministerio presbiteral, muestra la cumbre de todo aquello que Él anunció, disfrutó, y que los seres humanos anhelan en cada comida.

“Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios”  (Lc.22,14-16), mientras tanto: “Hagan esto en memoria mía”.

 “Las primeras comunidades cristianas continuaron y aún  radicalizaron  la forma de partir el pan de Jesús y sus consecuencias. Para ellos no era un mero alimentarse biológico sino una forma de comer que formaba parte de una manera de vivir y convivir. El reunir para compartir el pan era inseparable del “hacer memoria” y continuar la práctica de Jesús de compartir una misma mesa con los excluidos dentro de la comunidad y en la sociedad (Hech.2,42 ss.). El partir el pan iba unido a una preocupación porque comieran los pobres y desposeídos de la comunidad y esto no solo por una razón humanitaria sino por la exigencia de formar la Iglesia, sacramento de la presencia viva de Jesús.

Estaban convencidos de que donde no se respeta la fraternidad, no se celebra la cena del Señor. Por eso San Pablo en la carta a los Corintios declara que si el partir el pan no constituye la expresión sacramental de un estilo de vida solidario en el que se comparte lo que se es y se tiene “eso no es la Cena del Señor” (1Cor.11,21).

 

La Renovación de nuestras Promesas sacerdotales y diaconales

 

Queridos hermanos, sacerdotes y diáconos:

La renovación de nuestras promesas sacerdotales y diaconales van más allá de ser un gesto ritual, más allá de conservar una disciplina eclesiástica… es consagrar, modelar nuestras vidas conforme al sentir  del Corazón de Cristo como consecuencia de esa marca imborrable que él imprimió en lo más íntimo de cada uno de nosotros como señal de su predilección. Nuestras vidas de obispos, presbíteros y diáconos están destinadas a acompañar y animar a las comunidades para que sean memoriales vivientes de misericordia y de solidaridad, de compasión  y apertura de quienes son los preferidos de Jesús en medio de una realidad que se congela en el frío de la indiferencia, de la violencia, del egoísmo, “de sálvese quien pueda”…

Por eso, renovamos el compromiso de desbloquear el amor de nuestro corazón para que esté abierto a todos, sin excluir ni discriminar a nadie: (es el SI a una castidad gozosa y plenificadora);

 

Por eso, renovamos el compromiso de abrir nuestro corazón a la inagotable predilección del Padre: “te he llamado por tu nombre, tu eres mi hijo muy querido, tu me perteneces” :(es el SI a una adhesión radical a los valores absolutos del Evangelio);

 

Por eso renovamos el compromiso de liberarnos de las ataduras de los pequeños absolutos que construimos y que nos impiden estar disponibles para ir al encuentro cordial de tantos que esperan el abrazo  de padres y de hermanos: (es el SI a una pobreza generadora de un auténtica y fecunda libertad que nos dignifica).

 

Señor,

tu nos conoces.

Sabes de nuestros entusiasmos

y de nuestras depresiones,

de nuestras fidelidades

y de nuestras negaciones,

de nuestros momentos

luminosos u oscuros,

de nuestras riquezas

y de nuestras pobrezas.

Tú crees en nosotros

y siempre nos esperas.

Míranos como servidores  anhelantes

de ser fieles en lo que nos has confiado.

No dejes de remover y abonar

la tierra de nuestro corazón,

para dar los frutos

que tu esperas.

Que en todos los instantes

de nuestras vidas,

nunca dejemos de decirte

con filial entrega:

¡Abbá! ¡Padre!

Amén

 

 

OBISPO DE CANELONES PRESIDIO MISA CRISMAL DE DIÓCESIS DE SAN JOSE

Al hallarse vacante la Diócesis de San José, el Administrador Diocesano, Pbro. Alejandro Gallesio invitó al Obispo de Canelones, Mons. Orlando Romero, a presidir la Misa Crismal el martes Santo, en la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores y San Isidro de la ciudad de Libertad  .

 

“Ante la ausencia de un Pastor de esta Iglesia particular es que con alegría recibimos y agradecemos la presencia de Mons. Orlando, Obispo de Canelones con el cual nos une una cercanía de vecinos y de un arraigo a esta tierra, ya que Mons. Orlando es oriundo de esta tierra, de San José”, así comenzó agradeciendo la presencia de Mons. Romero en esta celebración el Pbro. Gallesio ante los sacerdotes de la diócesis de San José y Flores, laicos procedentes de distintos lugares de dicha jurisdicción eclesiástica y  fieles de la ciudad de Libertad.

 

“Quisiera hoy tener la alegría de estar entre ustedes, agradeciendo la invitación para presidir y compartir esta Misa Crismal como un obispo de paso en espera del pastor propio, el cual creo que en un tiempo no muy prolongado un día estará entre ustedes y también con alegría lo recibirán y verán de una manera estable esa presencia de Cristo como único Pastor de la Iglesia”, así comenzó Mons. Romero la Homilía que dirigió particularmente a los 14 sacerdotes presentes.

 

 En su prédica Mons. Romero se refirió al Evangelio de San Lucas, señalando a partir de su lectura, el significado que podemos dar a las comidas en las Jesús participaba y estaba invitado, la mayor parte de éstas marcadas por el escándalo y el descontento de muchos.

 

“Dios no ama excluyendo sino incluyendo y de esa manera lleva el amor a todos los que necesitan y son conscientes de sus pecados; solo los que se atrincheran en su pretendida pureza y justicia se cierran a esta oferta de Dios Misericordia que es liberadora”, señaló el Prelado.

 

“La renovación de nuestras promesas sacerdotales van más allá de ser un gesto ritual, va más allá de conservar una disciplina eclesiástica, es consagrar, modelar nuestras vidas conforme al sentir del corazón de Cristo, como consecuencia y marca imborrable que Él mismo imprimió como señal de predilección en nuestras vidas de obispos, sacerdotes, diáconos cuyas vidas están destinadas a acompañar y animar a las comunidades para que sean memoriales vivientes de misericordia y solidaridad, de compasión y de apertura de quienes son los preferidos de Jesús en una realidad que se congela en el frío de la indiferencia, de la violencia, del egoísmo, del sálvese quien pueda”, enfatizó Mons. Romero.

 

“Por eso nosotros renovamos el compromiso de desbloquear al amor del corazón para que esté abierto a todos, sin exclusión, sin discriminar a nadie, es el si a una castidad gozosa y plenificadora”, destacó Mons. Romero.

 

HOMILÍA COMPLETA DE MONS. ORLANDO ROMERO

Obispo de Canelones

Celebración de la MISA CRISMAL junto a los sacerdotes de San José y Flores.

Libertad, Martes Santo 3 de abril de 2007

Galería de imágenes de la Celebración www.sanjosedemayo.diocesis.ws

 

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